Rebajas y compras

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 12-01-2011 en General. Comentarios (0)

 

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El 7 de enero comenzaron las rebajas. En Valencia, además, este día era festivo por el traslado de la fiesta local de San Vicente Mártir, por lo que la afluencia al primer día de rebajas tenía pinta de ser mayor de lo normal, como así fue.

Como les pasa a mayoría de novios o maridos tuve que acompañar a mi novia ese día a hacer un cambio de un regalo de reyes y a comprar otro regalo, y por lo tanto pude observar de primera mano una cosa que siempre me ha dado pánico: El primer día de rebajas.

 

Os cuento alguna cosa sobre mi personalidad: Odio el consumismo, odio el comprar por comprar. Cuando cayó la RDA había una serie de políticos que, a pesar de estar a favor de los cambios democráticos, se resistían a la entrada del capitalismo del oeste a la RDA. Uno de ellos argumentó una vez: “¿Para qué necesitamos 50 tipos de cepillos de dientes diferentes? Eso es un despilfarro.”

Tengo que reconocer que cuando voy a un centro comercial pienso lo mismo que esos señores. Centenares de pantalones, de camisas, camisetas, zapatos, todos prácticamente iguales, con diferencias casi imperceptibles a una mirada no incisiva…Me agobia sobremanera ver tantas cosas iguales, tanta moda calcada, me parece un despilfarro de energías y trabajo.

Y lo curioso es que cuando voy a comprar ropa, a pesar de que no me gusta nada ir de compras, las tiendas y los centros comerciales y me supone bastante estrés, a la hora de probarme las prendas que me gustan creo que nada me sienta bien. A pesar de las millones de opciones difícilmente encuentro algo que me deje totalmente satisfecho. Últimamente le dejo la elección a mi novia y yo no hago más que de filtro sobre lo que claramente no me gusta, que suele ser bastante la verdad.

La mayor alegría que tengo cuando voy de compras es, sin duda, ver que ya he acabado. Como voy muy poco a comprar ropa cuando he acabado siento que no voy a tener que volver en mucho tiempo, algo que me alegra mucho.

 

El otro día cuando iba por el centro comercial y mi novia entraba por la mayoría de tiendas que veía, hubo un momento en que perdí el sentido de la orientación. Tengo que reconocer que mi sentido de la orientación no es excelente, pero tampoco es especialmente malo y cuando me guío por él no suelo equivocarme. Pero de tanta tienda al final, si me hubiesen soltado, no hubiese sabido decir donde estaba la puerta de entrada del centro.

Otra faceta de mi personalidad es que suelo “desconectar” del entorno en ciertas circunstancias. Normalmente en reuniones con muchas personas, si no me interesa de lo que están hablando, pierdo el hilo de la conversación y me pongo a pensar en mis cosas, quedando ausente. En algunas circunstancias en que no me gusta nada lo que estoy haciendo también tiendo a desconectar, y ni me fijo ni me entero de casi nada.

El otro día en medio de la vorágine de las rebajas también desconecté, siendo incapaz de analizar lo que pasaba a mi alrededor una vez decidí que no había nada que me interesase.

 

Francamente no puedo entender lo de las rebajas. Aglomeraciones, colas enormes, ropa por los suelos pisada, señoras maleducadas y acaparadoras… ¿Por qué va la gente al primer día de las rebajas? ¿Todo para conseguir ropa rebajada un 15 ó un 20%? Ropa que muy posiblemente no necesitan, ropa que posiblemente tampoco deseen para renovar su vestuario porque es muy probable que hayan recibido algunas prendas de regalo en navidad.

Después de la época de la navidad, que se supone que es la de mayor gasto del año, la gente se lanza a las rebajas compulsivamente. He leído por ahí que se espera que el gasto medio de persona ronde los 200 euros en la rebajas, ¡¡200 euros!! Luego nos quejamos de la cuesta de enero.

 

El fallecido escritor José Saramago criticaba en su libro La Caverna la sociedad consumista. En ella aplicaba la metáfora de la Caverna de Platón (la diferencia entre el mundo que vemos a través de los sentidos en contraposición con el mundo que existe y que podríamos ver a través de la razón) a los centros comerciales y la sociedad consumista, definiendo una sociedad subyugada por el consumismo sin plantearse las realidades que hay detrás de éste.

Cuando veo a la masa humana que arrasa las tiendas de los centros comerciales comprando sin sentido y sin control simplemente porque está más barato pienso hacia donde va esta sociedad enajenada por la compra y el consumo, pienso a dónde pueden ir los países si el grueso de la opinión pública tiene exclusivamente estas preocupaciones superficiales. ¿Cuántas de las personas que compraban alegremente sabrían decir algo sobre la próxima reforma de las pensiones? Me encantaría saber la respuesta.