Populismo político, integrismo ciudadano

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 18-11-2010 en General. Comentarios (2)

 

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Las declaraciones del candidato de ERC a la presidencia de la generalitat de Cataluña, Joan Puigcercos,  sobre que en Andalucía “no paga impuestos ni dios” han levantado ampollas. Los Andaluces se han indignado y con razón, aunque el gobierno andaluz ha sido bastante más elegante que Puigcercos.

Este comentario de Puigcercos es puro populismo destinado a fomentar el victimismo de los votantes catalanes, que convenientemente orientado se convierte en un voto cautivo e irracional. Yo soy Valenciano, sé cómo de enfermizamente victimista puede ser un político y esto me lo conozco perfectamente. Lo que hace Puigcercos es exactamente lo mismo que hace Camps, lo que pasa es que uno lo orienta hacia el independentismo y el otro hacia el antisocialismo. Pero lo mismo es, opio para el pueblo, vísceras para la piara.

 

No creo que haga falta reseñar la absurdez de la frase de Puigcercos. Deducciones aparte, un trabajador en Andalucía paga prácticamente lo mismo de impuestos que en otras partes de España en función de la renta que tenga por sus cotizaciones al IRPF y la S.S, el impuesto de sociedades lo pagan las empresas Andaluzas al igual que las del resto de España, etc. Si, en términos generales, en Andalucía se pagan menos impuestos que en Cataluña, como realmente se pagan, es porque su renta y beneficios son menores.

Otra cosa es que Cataluña sienta que no se la financia correctamente, pero eso es un tema aparte. Si se quiere entrar en eso lo que se debe hacer es plantear los temas seriamente, descubrir deficiencias y buscar alternativas, no cargar como un bárbaro contra otras comunidades tachándolas de aprovechadas y ladronas. El señor Puigcercos merecería, en un país serio, una dura amonestación y un desprecio de sus votantes, a los que trata como una masa enardecida e ilógicamente visceral.

No sabéis como lamento ver estas cosas en Cataluña, donde hasta hace unos años el debate político parecía propio de una democracia europea avanzada.

 

Estas palabras necias generalmente no afectan al político, que al final no se cree lo que dice y no hace más que actuar y tomar por imbécil al público, pero sí que genera un efecto pernicioso en la ciudadanía. Los ciudadanos que menos conocimiento político tienen son progresivamente fanatizados hacia el interés de un grupo político, perdiendo la necesaria razonabilidad política para poder ejercer una acción auditora ciudadana adecuada y generando odios absurdos.

Y cuidado, que esto no es algo sólo propio de ERC, es algo casi general. Os voy a contar una anécdota.

 

Estuve el otro día visitando a un cliente con el que tenía que negociar una operación económica bastante importante. Tengo bastante confianza con este cliente y un trato muy afable, así que nos tratamos casi como conocidos de toda la vida. Estuvimos hablando de la evolución de la vivienda, de su hermana que era funcionaria, etc.

Hubo un momento en que el cliente, creo que hablando de la bajada de sueldo de su hermana, me dijo: “La verdad, a quien vuelva a votar al PSOE habría que meterlo en un barco y mandarlo a Venezuela, ya que tanto les gusta eso, o a Cuba, o no, mejor, a Corea del Norte”.

El cliente me dijo esto sin saber mis orientaciones políticas, lo cual me dejó verdaderamente sorprendido. El hombre debió suponer por alguna razón que yo era de derechas e iba a compartir su criterio, lo cual de primeras ya es un absurdo porque cualquier derechista sensato jamás aprobaría un despropósito así, pero además me sorprendió mucho como se puede decir esto cuando existe la posibilidad de que tu interlocutor pueda ser uno de los que quieres meter en el barco. Y no penséis que mi cliente es algún empresario bárbaro y semianalfabeto, nada de eso. Es un jefe de compras de un grupo empresarial relativamente importante, licenciado en económicas y que gestiona muchos millones de euros anualmente. Es un hombre verdaderamente meticuloso en sus estudios y en su toma de decisiones, quizá de los más analíticos que conozco. Era increíble, pues, que pudiese estar en una posición tan integrista y tan obviamente disparatada.

Creo que este cliente es un buen ejemplo de a dónde lleva la fanatización ciudadana y cómo incluso personas de un nivel intelectual alto se pueden ver envueltas en estas cosas.

 

Un par de días después el cliente me mandó un email con unas declaraciones de Rodrigo Rato sobre el precio de la vivienda, que según el exministro tiene que bajar como mínimo un 30% más, comentándome que el comentario Rato era “como tú decías”. Le respondí con los datos que yo creía que eran relevantes para ver que, efectivamente, el precio de la vivienda tiene que caer de forma muy importante y durante muchos años, y se los listé a modo de resumen.

Su respuesta fue graciosa: “No dudo que lo harías mucho mejor que la famosa exministra de la vivienda Trujillo. Debes entrar en política y poner un poco de orden de una vez” (¿De verdad le gustaría a este cliente que yo entrase en política? Lo dudo…).

Le comenté a mis compañeros la respuesta del cliente, y con ésta como base comenzamos a discutir sobre la deducción de vivienda habitual. Ellos sostenían que el PP la restablecerá en 2012 y yo decía que no.  La conversación evolucionó y ellos defendieron que la deducción por vivienda daba más beneficio al estado por el incremento de la actividad que suponía esta ayuda a la compra (al recaudarse más impuestos), mientras yo sostenía que ésta había sido un error, que esa presunción era demasiado osada en un entorno depresivo, que no era demostrable para el contexto actual y que en una situación de déficit como la presente hace que eso sea implanteable.

Mis interlocutores no cedían y hacían argumentos macroeconómicos simplistas, llegando a argumentar que cualquier subvención a la compra era beneficiosa para las arcas del estado (argumento absurdo que no hace falta rebatir, pero si tenéis duda pensad, simplemente, una subvención en los artículos de alimentación).

Uno de mis compañeros comenzó a deslizar la conversación hacia argumentos contra el gasto social, los funcionarios, etc. Él es muy capitalista y la cabra tira al monte. Como tampoco era el debate intenté hacerle ver la complejidad de la gobernación del estado, cómo hay miles de partidas, cómo hay que analizar más consecuencias que la propia balanza de ingresos y gastos del estado, cómo hay muchas fuerzas en liza y cada acción tiene una consecuencia sobre la economía y la sociedad.

Pues nada, mi colega, inserto en el calor del debate, no aceptaba nada y se empeñaba en arreglar el país con argumentos de frutería que parece que los centenares de expertos del ministerio de economía, idotas ellos,  no sabían ver. Y mi colega no es ningún tonto, es doctor ingeniero y una persona con muchísima experiencia empresarial y conocimiento de la industria española. ¿Fue simplemente el calor del debate? Creo que en parte sí, porque luego aceptó que teníamos “visiones diferentes de ver el mundo”, pero en parte creo que se le podía haber dicho lo contrario que le dijo Felipe González a Fraga hace más de 30 años, eso de que “le cabe el estado en la cabeza”. A casi nadie le cabe el estado en la cabeza, como es normal, pero creo que en este país casi nadie quiere, tampoco, intentar entender la complejidad del mismo y de la propia sociedad. Los esquemas simples parecen más atractivos.

 

Irresponsabilidad política y poco análisis ciudadano, combinación terrible. Un país que quiere gestionarse bien a si mismo y ser capaz de maximizar sus posibilidades debe tener ética y responsabilidad política, por un lado, y conocimiento político y capacidad de análisis ciudadano por otro. Sin eso estamos condenados a caer en las garras del populismo, el victimismo, la demagogia y los odios absurdos.

Tan sólo me pregunto sí la falta de análisis político ciudadano es causa de la irresponsabilidad política o al revés. ¿Qué fue primero, el huevo o la Gallina?