LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

paro

EL PARO JUVENIL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 12-08-2010 en General. Comentarios (20)

 

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Hoy se ha publicado un estudio de la organización internacional del trabajo sobre el paro juvenil en el mundo. En este informe se puede observar como el paro juvenil en España, de jóvenes entre 15 y 24 años, es del 37,8%, cifra que parece más escandalosa de lo que es aunque es escandalosa igualmente.

 

Vamos a analizar un poco la cifra para contextualizarla mejor. Para hacer el cálculo se supone que estamos hablando de jóvenes económicamente activos, es decir, que no son estudiantes. Por lo tanto esta cifra no quiere decir que el 40% de los jóvenes estén en paro, si no que lo están el 40% de los que quieren trabajar.

España es un país donde se estudia mucho y se entra en el mercado laboral muy tarde. Por lo tanto la mayoría de estos jóvenes son personas que han tenido poca formación, o bien que acaban de finalizar sus estudios universitarios. La población la compondrán jóvenes sin formación, gentes provenientes de la FP y universitarios recién salidos de la carrera sin experiencia.

También hay que decir que el dato no es nada nuevo. Si hacemos caso a los datos de paro juvenil registrados esta cifra supera el 43%. La diferencia vendrá, probablemente, de aquellos jóvenes que estén estudiando pero que estén como demandantes de empleo.

 

De esta cifra podemos sacar una conclusión clara: El mercado laboral no absorbe al trabajador joven no cualificado, y le cuesta absorber al trabajador joven cualificado pero sin experiencia.

Los jóvenes sin estudios han podido trabajar estos últimos años fundamentalmente en el sector de la construcción y como peones en empresas industriales que mayormente se alimentaban del boom inmobiliario. Cuando la crisis llegó este empleo en el sector de la construcción desapareció, y en el sector industrial ante la caída de demanda los jóvenes fueron los despedidos, fundamentalmente porque tenían contratos temporales e indemnizaciones más baratas.

Estos jóvenes ahora no tienen trabajo, y muchos de los que lo tienen trabajan en la economía sumergida. En zonas rurales muchos de estos jóvenes están desplazando a los inmigrantes en la recogida de la fruta o en cualquier actividad temporera del sector agrario.

 

El trabajador titulado sin experiencia desde hace muchos años ha tardado mucho en colocarse, y casi siempre empezaba en puestos de “infraempleo”, es decir, en empleos por debajo de su cualificación profesional.

Es muy frecuente el trabajo en negro en academias, los puestos de becarios y los doctorados sin beca y sin remuneración que hacen muchos jóvenes titulados al ver que no pueden obtener un empleo. Un gran número de ellos, ante el mercado laboral que ven, se dedican a estudiar oposiciones porque ven que en la función pública van a obtener condiciones laborales mucho mejores de lo que les podría ofrecer el mercado de trabajo privado. La propia realidad de la crisis está llevando a que se sobresaturen las oposiciones, creando una situación de enorme dificultad para acceder a un puesto público. Y si hablamos de un concurso-oposición, la cosa ya roza  lo imposible y la máxima aspiración es estar en “bolsa” para hacer sustituciones y ganar puntos y así, en pocos años, aspirar realmente a la plaza.

 

Después del análisis la pregunta es automática, ¿Cómo se arregla esto?

El problema no es baladí y mucho menos en un país como este donde se está hablando que la gente entra muy tarde en el mercado laboral y el problema que genera esto para las pensiones. Y si juntamos este problema con el problema que comentamos en la entrada anterior, con mi amigo Amalio como ejemplo de las personas mayores que no pueden encontrar empleo, la realidad se vuelve explosiva. Cualquiera diría que sólo es considerado trabajador válido alguien entre 25 y 45 años.

La solución facilona que intentan dar los expertos es la formación, orientada a este segmento de jóvenes sin formación. Aunque esto es parcialmente verdad no debemos olvidad que en cualquier mercado laboral y sistema productivo hay muchos puestos de trabajo que no van a requerir ninguna formación específica. El problema para un joven parado en concreto puede ser su falta de formación, pero si analizamos a los jóvenes sin formación como grupo vemos que el problema no es ese, el problema es que no hay trabajo de forma genérica.

Por otro lado la otra parte del segmento tiene el problema contrario. Tienen formación pero no tienen experiencia, y ante un mercado laboral tan sobresaturado de parados cualquier empresa siempre encuentra algún trabajador de 30 años que cumpla estas dos características, y como en la situación actual la mayoría de gente acepta las condiciones laborales que le ofrecen pues son estos los que acaban trabajando. Al final el problema es idéntico al otro, el mercado laboral no puede absorber a tanto titulado porque nuestra distribución económica no da para ello y nuestra cultura empresarial no sabe canalizar adecuadamente estos recursos humanos.

Quizá el único segmento que se libra de esto son las personas de las formaciones profesionales, que suelen encontrar trabajo rápidamente, aunque no sea muy bueno. Este es un campo a incidir y donde reorientar la formación, aunque si se sobresatura esta formación lo único que haremos es trasladar el problema a este grupo.

 

El paro juvenil ha sido un problema en España desde hace más de dos décadas. En 1988 el paro juvenil fue considerado un problema por el Gobierno de Felipe González y como remedio se ofreció un contrato temporal para jóvenes trabajadores, que provocó la huelga general de 1988.

Desde ese momento no han cesado las reformas “flexibilizadoras” respecto al empleo y, sobre todo, respecto al empleo juvenil. ¿Consecuencia? Las tasas de paro juvenil lejos de disminuir han aumentado año a año, y cuanto más se flexibiliza más paro juvenil hay. Este aparente contrasentido no es una anécdota, es una realidad terrible.

Todavía hay gente que habla de que el problema del paro entre los jóvenes la rigidez del mercado laboral. Con las infinitas modalidades de contratos de obra y servicio, los contratos temporales de indemnizaciones de 8 días por año trabajado (un fortunón), los contratos de prácticas, becarios, etc, etc. Y después de que esté más que demostrado que cada reforma en esta dirección no ha hecho más que agrandar el problema, no puedo entender como se puede seguir defendiendo estas posturas. Y lo grave no es que lo defiendan personas individuales, es que es la postura general de los gobiernos mundiales.

La rigidez laboral puede ser un problema cuando hablamos de trabajadores con muchos años en una empresa o en tanto en cuanto impide la movilidad laboral para la búsqueda de un trabajo mejor, pero seguir insistiendo en esto como causa del empleo juvenil es, cuanto menos, asombroso.

 

El problema del paro juvenil es múltiple, pero básicamente se debe a un mercado laboral que no es capaz de absorberlo. Los esfuerzos para adecuar las enseñanzas y la formación a la demanda del mercado son importantes, pero más importante si cabe son los esfuerzos para generar una demanda empresarial acorde con los recursos humanos disponibles. No es posible que un país con una juventud tan formada no genere iniciativas empresariales que necesiten un personal altamente cualificado. No es posible que nadie sea capaz de ver cómo sacar rendimiento a tanto conocimiento. No es posible una cultura de recursos humanos tan nefasta a nivel de país.

Ese debe ser el principal campo de actuación, porque si realmente generamos empleo de calidad, empleo tecnificado y empresas basadas en el conocimiento, podremos solucionar este problema y concentrarlo en la carencia de formación. Pero si no hay empleo ni para jóvenes con un alto grado de formación tenemos una mala solución.

 

AUDACES FORTUNA IUVAT

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 11-10-2009 en General. Comentarios (5)

 

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Hoy os voy a contar una historia personal que tenía pensado hace tiempo relatar aquí. La orientación original que quería darle a este post era optimista, y tenía mucho que ver con la frase que compone el nombre de este blog. Sin embargo, una vez hemos entrado en el debate de las prestaciones de desempleo y se saca a colación la hipotética vagancia de los españoles, creo que mi historia personal puede traer un nuevo punto de vista.

 

Hasta febrero pasado yo estaba trabajando en una pequeña empresa que se acababa de instalar hacía menos de un año en la comunidad Valenciana. Era un proyecto nuevo que trabajaba en el entorno industrial, así que como comprenderéis la situación económica de esta actividad en el contexto de crisis no era precisamente boyante.

Yo acabé un viernes mi jornada laboral, después de entregar en correos un proyecto urgentísimo que estuve toda la semana haciendo. Pasé el fin de semana como cualquier otro y llegué el lunes a primera hora a trabajar. Cuando llegué, tenía el finiquito sobre la mesa, sin previo aviso. Me dijeron aquello de que la empresa iba mal, que mantener mi nómina en entorno de crisis no era posible, etc. A las 10 de la mañana me encontré en mi casa, despedido, sin llegar a interiorizar bien lo que estaba sucediendo. Nadie me avisó, nadie me dijo nada. Estuve la semana anterior echándole muchísimas horas más allá de la jornada para acabar un proyecto urgente, cuando mi jefe sabía perfectamente que estaba de facto despedido.

 

Afortunadamente nuestro sistema social nos concede un derecho al desempleo que hace que no te quedes en la reverenda calle. El primer día arreglé los papeles del paro, y eso siempre te concede una mínima tranquilidad para encarar la búsqueda de empleo.

La verdad es que tuve suerte y conseguí entrevistas de empleo bastante rápido. Hice dos paralelamente, una en una importante multinacional y otra en una empresa local del mismo sector del que provenía. En la empresa multinacional el proceso selectivo era uno de estos procesos larguísimos con sucesión de entrevistas, dinámicas de grupo, etc. A veces parece una especie de competición en la que vas pasando cortes y quitando rivales de en medio. Finalmente no fui seleccionado en esta entrevista, aunque quede en la última terna, algo que siendo un proceso tan competitivo me hizo recuperar la autoestima que otros me quitaron.

 

En la pequeña empresa tuve más suerte, porque me ofrecieron en puesto en la misma entrevista. No estaba excesivamente convencido porque la empresa parecía bastante cutre y me dio poca sensación de seriedad. Acabé de decidirme en mi rechazo cuando me ofrecieron el salario, que venía a ser lo mismo que cuando empecé a trabajar sin experiencia ninguna años antes.

Le dije a mi interlocutor que no pensaba aceptar ese salario, que me parecía insultante y qué quizá lo que estaba buscando era un becario con el salario que ofrecían, ¡Me ofrecían lo mismo que cobraba en el paro! Obviamente no buscaban un becario, lo que buscaban era pagar lo menos posible ya que sabían que muchas personas aceptarían esas condiciones, como así debió ser. Yo, reciente parado, tuve la tentación de aceptar, pero también tuve la sensación de que debía ser más exigente por muy mal que estuviese la situación económica, y esa fue la decisión que tomé: Ser más exigente, no conformarme con lo primero que viniese y con las primeras migajas que me ofreciesen, ser Audaz.

 

Esa decisión la pude tomar gracias a que tenía una prestación de desempleo que estaba cobrando. Si no la hubiese tenido, hubiese tenido que aceptar cualquier cosa que me hubiesen ofrecido. Y cuando estás trabajando, por mucho que creas que no, no puedes llevar una búsqueda de empleo activamente ni presentarme a tantas entrevistas (obviamente a procesos de selección largos no hubiese podido presentarme). Rechazar ese puesto era la adecuado y coherente con el plan que tenía en mi cabeza, y ahora veréis como mi decisión fue la correcta.

 

Esta empresa me volvió a llamar en pocos días, para ver si estaba interesado en el puesto de director de la delegación de Valencia (o sea, el puesto del que hubiese sido mi jefe si hubiese aceptado el primer puesto). Es curioso como una empresa que opina que puedes servir como jefe de su delegación es capaz de ofrecerte un sueldo miserable y no renegociarlo para un puesto menor. Así va la empresa española, priorizan los bajos salarios a la capacidad de sus trabajadores. Luego nos quejamos de la falta de iniciativa de los españoles, de las ganas de ser funcionario, de que no tenemos innovación, cuando son las empresas españolas las primeras que han instaurado una política de precarización, sueldos bajos y desprecio a la capacidad, ¿Cómo vamos a tener una economía avanzada con esta mentalidad?

Finalmente tampoco fui seleccionado para este puesto.

 

Al final conseguí un puesto de trabajo en una gran empresa. La verdad es que accedí a él gracias a mi situación de parado, ya que entré cubriendo una baja de maternidad. Si hubiese estado trabajando en otro sitio no hubiese aceptado un cambio para cubrir una baja maternal, pero gracias a mi situación lo pude hacer. Finalmente ese paso me sirvió para acceder a otra plaza idéntica que la empresa sacó.

La verdad es que la diferencia entre el puesto que me ofrecieron que os he contado antes y el actual es abismal en todos los aspectos, desde vacaciones hasta condiciones económicas, ¡Cobro prácticamente el doble de lo que me ofrecieron en la otra empresa! Por no hablar de la seriedad que desprende esta empresa en comparación al tufillo pirata de aquella.

 

Cuando cuento esta historia reciente sobre mis vivencias quiero transmitir una idea muy clara, que es que nunca se sabe como va a ser un cambio, y que una aparente desgracia se puede convertir en una oportunidad fantástica de conseguir algo mejor. Ser despedido me sirvió para encontrar una buena oportunidad, y lo que fue una desgracia y un trauma en su momento lo contemplo hoy prácticamente como un hecho afortunado. Por otro lado, tal y como dice la frase “La suerte sonríe a los audaces”, esa actitud osada de no conformarme con lo primero, de valorarme como profesional y ser relativamente exigente a la hora de elegir me ha traído suerte. Los romanos parece que tenían razón.

 

Pero también hay otra moraleja en esta historia. Cuando me ofrecieron aquel trabajo ¿Qué se supone que tenía que haber hecho? ¿Aceptarlo aunque fuese aprovecharse de mi situación? Muchos de aquellos que se quejan de los parados y de sus prestaciones podrían pensar que yo, al rechazar este puesto de trabajo, no merecía cobrar el paro. En el fondo no estaba trabajando porque no quería.

Pero si eso fuese así, si no existiesen las prestaciones de desempleo, o si fuesen tan estrictas que las quitasen a la mínima que rechazas algo, yo estaría trabajando ahora en una empresa que se estaría aprovechando de mi situación personal y de la del país, que me estaría pagando lo que le diese la gana en las condiciones que le diese la gana.  

Estas prestaciones, esta protección social, es la que nos permite no estar como en el siglo XIX, cuando los trabajadores tenían que trabajar de lo que sea y en las condiciones que fuese porque si no lo hacían no comían. Creo que no debemos olvidarlo, para no entrar en aventuras peligrosas que nos pueden llevar a una situación muy difícil a todos los que vivimos de nuestro trabajo.