ELS MENINFOTS

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 10-06-2009 en General. Comentarios (12)

 

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En Valenciano, un “meninfot” es una persona que le da igual todo, que no se preocupa por nada, que no es capaz de quejarse ni revelarse contra nada por muy malo que sea para él. Siempre se ha dicho que los valencianos somos “meninfots”, y por lo que parece es verdad.

 

Las elecciones europeas del pasado domingo han dejado una participación muy baja y un resultado bastante ajustado en el global de España. Sin embargo, en la comunidad valenciana esto no ha sido así. La participación ha sido superior a la media, y la distancia abismal a favor del PP, casi 15 puntos.

Cada día que pasa, cada nueva circunstancia política que vivo, me hace pensar que no vivo en un sitio normal. Todos sabemos que el PP es muy fuerte en Valencia, que ha absorbido lo peor, en mi opinión, de la política valenciana, el Lizondismo. Sabemos que el imperio de la manipulación Orweliana que representa canal 9 es de una potencia tal que es muy difícil luchar contar él. Conocemos cómo se ha convencido al valenciano de a pié que valencia está rodeada de enemigos (Catalanes, madrileños, aragoneses, parlamentarios europeos) que la envidian por su prosperidad y que, carcomidos por el resentimiento y manejados por el diablo, quieren hundirla y acabar con ella.

Bien, eso ya lo sabíamos. Eso está ahí, y es una terrible losa que se cierne sobre el futuro de esta tierra. Algún día, en el futuro, tendremos que ver como encaramos eso. Pero ahora las circunstancias habían cambiado.

Por más que la manipulación informativa intentase taparlo y por más que algunos clamaran contra la persecución inquisitorial, todos lo habíamos visto. A él, al “curita”, como algunos le llaman, entrar como imputado por la puerta del juzgado en calidad de imputado por un delito de cohecho. La mayor vergüenza de la democracia valenciana desde que ésta existe.

Gracias al eco de los medios de comunicación nacionales, habíamos escuchado tertulias, opiniones e informaciones sobre el honorable president y su presumible delito de cohecho. Además, el secretario del PP valenciano, Ricardo Costa, también estaba en el ajo. Por otro lado el presidente de la diputación de Castellón, Fabra, había sido por fin imputado por una de sus numerosas irregularidades. También recordábamos a Alperi, otro ilustre imputado que ha desaparecido del mapa hace escasos meses. Esto ya era demasiado.

 

Muchos confiamos en un despertar de la sociedad Valenciana. Incluso, al ver los datos de participación del domingo, patéticamente queríamos pensar en un voto de castigo. Pero no. Era todo una ilusión, en este caso de iluso, pensar que mis paisanos iban a reaccionar ante la corrupción generalizada.

El PP barría como siempre barre desde hace unos años. Rita, presumiblemente con un par de copas de más, saltaba y brincaba en la sede popular. Camps aparecía a modo de héroe, e incluso Ricardo Costa se atrevía a pedir la dimisión de Alarte. El mundo al revés.

 

Las últimas convocatorias demuestran que la corrupción no desgasta electoralmente a quien la comete. Casi todos los imputados en delitos que se presentan a una reelección la ganan. Aquí tendríamos que preguntarnos muchas cosas, si es que la corrupción sólo se da en aquellas poblaciones o regiones que son tolerantes ante ella, o si directamente los españoles tenemos algún tipo de cultura social inmoral por la que admiramos a los corruptos porque en el fondo nos gustaría ser como ellos.

Pero fuera de eso, hay que reconocer que el caso valenciano el flagrante. El honrado Fabra dijo anteayer que a los valencianos no les importaba si él o Camps eran culpables, si no que lo único que les interesaba era el paro. La frase es patética e indigna en boca de un político, pero es la puñetera verdad. Y Fabra sabe muy bien de que habla, porque ha desarrollado una red clientelar que le perpetúa en el poder.

De hecho un amigo mío, hijo de un importante alcalde de la provincia de Castellón y miembro destacado de NN.GG del PP, me comentó un día que en Castellón se estaba con Fabra porque si estabas con él te iban bien las cosas.

Otro caso muy valenciano es el del innombrable Alfonso Rus, presidente de la diputación de Valencia y alcalde de Xàtiva, político lamentable donde los haya, dedicado al insulto y al aprovechamiento del poder como método de satisfacer su ego. En Xàtiva cuentan que Alfonso Rus da trabajo a quien se lo pide (usando su influencia), por lo que tiene fama de ser muy buena persona. Esta es la típica red clientelar que mantiene a una sociedad dominada, al amparo del cacique, que ayuda a la gente siempre que le sean fieles.

Me viene otro recuerdo a la cabeza. El alcalde de Tous. Este señor, un mes antes de las elecciones municipales del 2007, decretó que el importe determinado impuesto municipal (creo que era el de recogida de basuras) de los últimos 4 años le fuera devuelto de forma retroactiva a la gente. Pero no se lo ingresó en cuanta bancaria. Montó una especie de reunión del pueblo en el que el señor alcalde le iba entregando a cada uno de los presentes su “cheque”, mientras los honrados ciudadanos, por supuesto, le daban las gracias. Recuerdo estar almorzando en el hogar del pensionista de Tous unos días antes de tan magno evento y oír las odas al alcalde, que obviamente volvió a ganar.

 

En fin, si nos ponemos a pensar sacaríamos decenas de casos parecidos. Esta es la política del PP en la comunidad Valenciana. En zonas rurales, caciquismo puro y duro. Pero en las urbanas…¡¡Rita Barberá gana de 19 puntos!!...Bien es cierto que Rita no tiene escándalos de corrupción, pero estoy seguro que si le regalasen trajes, o botellas de beefeater, ganaría por 21.

 

Quizá estoy siendo demasiado dramático, no lo sé. Es cierto que son unas europeas, que no vota ni el “tato”, que Zamora (en este caso Valencia) no se conquistó en una hora. De acuerdo, no quiero excederme. Pero convendréis conmigo que lo de la Comunidad Valenciana sólo tiene parangón con Marbella, o con la Italia de Berlusconi, y ni eso, porque por lo menos en Italia el partido Anti-Berlusconi “La Italia de los valores” ha capitalizado un voto de castigo, y “il Cavaliere” ha perdido muchos votos.

 

Voy a volver a citar a Azaña: Decía que no gustaban muchas cosas de España. Su atraso, su envidia, su fanatismo, etc. Pero que a pesar de esto no podía dar la espalda a España y desentenderse. Bien, yo me siento de forma parecida. Este “meninfotisme” me parece terrible, este victimismo atroz que está en el subconsciente colectivo de los valencianos, el caciquismo que sobrevive en nuestra tierra, etc. Pero a pesar de todo esto, siento que como valenciano tengo que colaborar para que esto cambie, para que nuestro pueblo se dignifique, para que podamos tener un futuro mejor.

Porque repetiré mi argumento del otro día. Un pueblo que no es crítico y que no considera la ética como uno de los principales pilares de lo público, está destinado a tener corruptos e incompetentes en el poder. Ya lo dice la frase “cada país tiene el gobierno que se merece”.