LA ERA DEL MARXISMO-REAGANISMO

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 09-10-2008 en General. Comentarios (3)

Según mandaban los cánones del Marxismo-leninismo, el estado tenía que nacionalizar los medios de producción (además de la Banca, la Tierra, etc.), y así estos pasarían a ser propiedad del “pueblo”, siendo el estado el propietario real que se encargaría de administrarlos. Esto llevaría a la socialización de la economía, y los beneficios de las actividades económicas redundarían en beneficio del pueblo, que jamás volvería  a pasar necesidades.

El tiempo se llevó el Marxismo-leninismo a una de las páginas de la historia y en el mundo post-comunista, y en el que nunca lo fue, se implantó un neoliberalismo triunfante que, según sus defensores, había demostrado ser el mejor de los sistemas. Como el capitalismo era tan inteligente, se pensó que él sólo sería capaz de regularse (contradiciendo las enseñanzas de un tal Keynes) y se decidió que los ineficientes estados se dedicasen lo mínimo a molestar a tan benéfica fuerza que, sin ataduras, expandiría la prosperidad por todos los rincones de la tierra. Y en estas llegó la crisis, y el cuento se acabó.

La reunión de una docena de premios Nóbel de economía hace unos meses acabó con la conclusión de que no tenían ni puñetera idea sobre como solucionar la crisis. Los gobiernos de todo el mundo se dedican a tomar medidas improvisadas y ha hacer previsiones sobre un futuro que son incapaces de prever. Las oposiciones de todos los países del mundo se dedican a echarle la culpa de la crisis al partido que gobierna, a pesar de que es evidente que la crisis afecta a todos los países del mundo con gobiernos de todos los signos políticos posibles.

En estas circunstancias los gobiernos de todo el mundo, empezando por el americano, han decidido inyectar liquidez en el sistema financiero, para intentar taponar la hemorragia.  La polémica medida busca arreglar la raíz del problema, esperando que el resto del puzzle se rehaga en cuanto desaparezca la causa original. Sin entrar a valorar la utilidad de la medida, que está por ver, ésta representa una intervención del estado en la economía que parecía prohibida por el purismo liberal. Los estados están comprando activos que no necesitan para nada, simplemente para evitar un desastre aún mayor en el sistema bancario que se lleve todo por delante.

Estas medidas se toman, evidentemente, por el bien del “pueblo”, puesto que de no rescatar a las entidades bancarias de esta situación, la economía se resentiría y los ciudadanos podrían perder sus trabajos, sus ahorros, sus bienes. En el fondo es el estado “que administra el dinero del pueblo”, quien paga por el bien del “pueblo”, pero a diferencia del antiguo Marxismo que nacionalizaba los medios de producción y sus beneficios, esta nueva teoría nacionaliza las pérdidas que ha producido la iniciativa privada.

El liberalismo, que promueve la iniciativa privada para obtener beneficios, ahora reclama la intervención pública para rescatar al sistema de las pérdidas. Bendita contradicción a la que asisten impávidos todos aquellos que elevaron a rango de dogma el sistema neoliberal y la iniciativa y “responsabilidad” de los agentes económicos. Esta situación, que es en el fondo una extorsión del propio sistema económico hacia la sociedad, ya no es liberalismo. Es un socialismo en el que se colectiviza la pérdida, el fraude y la irresponsabilidad de los demás. La máxima es clara: El beneficio es privado, pero la pérdida es pública.

Un nuevo sistema económico se acaba de gestar, un nuevo Marxismo económico, cuyos padres son el señor Reagan y la señora Thatcher, cuyo problema ya no es que no funcione, sino que es una inmoralidad y una extorsión en toda regla. Se podría bautizar como el Marxismo-Reaganismo. Y lo peor es que no hay político en el mundo que alce la voz planteando una alternativa.