LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

manuel

MANUEL AZAÑA (II)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 13-05-2010 en General. Comentarios (4)

 

UN PATRIOTA EN LA GUERRA CIVIL

 

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Aquí sigo con la vida de Don Manuel Azaña:

 

Azaña se convirtió, pues, en la cabeza del Frente Popular. La coalición de Republicanos de centro, de centro izquierda, socialistas y comunistas tuvo un programa bastante moderado y su fundamento es que la izquierda “proletaria” daría su apoyo parlamentario a los burgueses progresistas para que estos gobernasen sin que los partidos proletarios entrasen en el gobierno, algo explicitado en el programa del Frente Popular Español. Obsérvese que el Frente Popular Francés era, en este sentido, más radical que el Español.

 

El 16 de Febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones con una mayoría bastante ajustada. El presidente del gobierno en ese momento, Portela Valladares, citó a Azaña para cederle inmediatamente una presidencia de la que huía. Azaña tuvo que formar su gobierno al día siguiente, que incluyó tan sólo a republicanos burgueses.

La amnistía de los presos políticos de la revolución de Asturias, y la reactivación de las políticas del primer bienio republicano fueron las primeras medidas del nuevo gobierno. Sin embargo, el gobierno se vio desbordado por una situación de desorden a nivel de calle. Los socialistas empezaron a hacer “desfiles de la victoria”, haciendo como si la victoria electoral hubiese sido una victoria proletaria, algo que asustaba a las grandes fortunas del país y a parte de la clase media. Azaña, al ver que no cesaban, exigió a Largo caballero que parasen los desfiles, cosa que consiguió del veterano socialista que en ese momento padecía lo que Lenin llamó “La enfermedad infantil del socialismo”.

Pero el problema principal a nivel de orden público eran los asesinatos. Falange Española inició una campaña de terror contra personalidades izquierdistas, lo que le llevó a ser ilegalizada. Generalmente ante los asesinatos distintos grupos izquierdistas actuaban de la misma manera, creando un clima de venganza y terror.

El gobierno Azaña tuvo que recurrir al estado de alarma para intentar controlar la situación, cosa que no consiguió. Hay que entender que ya existían avanzadísimos planes de golpe de estado, prácticamente desde el mismo momento en que el Frente Popular ganó las elecciones, y que esta violencia de Falange respondía exactamente a crear un clima que hiciese que los militares se sublevasen.

 

Al formarse el nuevo parlamento se discutió el futuro del presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora. En un momento de estúpida venganza las cortes votaron la destitución del presidente de la república, al que casi nadie ni en la derecha ni en la izquierda defendió.

Sin Alcalá Zamora las cortes no podían ponerse de acuerdo en quien sería el nuevo presidente de la república. Martínez Barrio no acababa de gustar a los grupos proletarios, al igual que Felipe Sánchez Román que se retiró del Frente Popular cuando entraron en él los comunistas. La heterogeneidad del frente popular hacía difícil que un candidato fuese aceptado por todos sus grupos, así que finalmente se decidió que sería Azaña, único con el apoyo total del Frente Popular, aunque también de los radicales, los republicanos de derecha y el PNV; quien ocuparía la presidencia.

Azaña se vio, pues, oficialmente “ascendido”, aunque realmente este ascenso llevaba parejo una pérdida de poder real. Casares Quiroga, sustituto de Azaña, no tenía ni la autoridad ni la capacidad de Azaña, y por eso mismo sus decisiones durante la rebelión del 17 de Julio no fueron las más acertadas.

 

18 de Julio de 1936, fecha trágica en la historia de este país que perdurará en su memoria por generaciones, parte del ejército español secunda el alzamiento de Marruecos. Casares dimite y Azaña, desde su autoridad de Jefe del estado, hace un último intento para evitar la guerra civil. Encarga la formación de un gobierno de concentración nacional a Martínez Barrio, incidiendo en que ese gobierno debía contener a personalidades de la derecha republicana, y no debía incluir a comunistas.

Este gobierno hubiese representado la ruptura de facto del frente popular, justificado por la situación de emergencia. Sin embargo tanto personalidades de derecha como Miguel Maura, “Ya es tarde para todo” dijo, como los socialistas rechazaron entrar en el gobierno. El gobierno se formó con miembros de los dos partidos republicanos que ya lo componían y un miembro del partido nacional republicano.

Martínez Barrio llegó a hablar con algunos generales sublevados, a lo que intentó, sin éxito, convencer para que reconsiderasen su posición y así evitar una guerra. Las manifestaciones del partido comunista y los anarquistas contra este gobierno, al que consideraban “traidor”, dieron la puntilla al gobierno y derrumbaron el experimento. Martínez Barrio dimitió a las 24 horas de formar el gobierno, y Azaña le encargó a su íntimo José Giral la formación de un nuevo gobierno, de nuevo exclusivamente formado por republicanos Burgueses.

Muchos historiadores consideran que en intento de Azaña fue tardío. Nunca es tarde para intentar evitar una guerra civil.

 

Desde el inicio de la guerra la personalidad de Azaña cambia casi radicalmente. El político seguro y soberbio de la época de paz desaparece, y nos encontramos ante un político consternado con lo que está pasando su país y absolutamente preocupado por poner fin a la guerra, encontrándonos un Azaña mucho más humano y sentimental.

Al ver a la república convertida en una especie de estado mixto que combinaba una democracia parlamentaria formal con una situación revolucionaria de facto manejada por partidos proletarios y sindicatos, parece que Azaña pensó en dimitir, aunque su lealtad a España y a la república no se lo permitió.

Pero hay que entender a alguien como Azaña en ese momento. Asesinatos, milicias en las calles, violencia, odio, leguaje revolucionario, muerte…Para un Burgués, para un progresista con él este ambiente era deprimente. Él, que años antes discutiendo con su amigo Ángel Ossorio sobre las leyes y los castigos a los insurrectos decía “En este país alguien tiene que empezar a gobernar sin fusilar a troche y moche. Empezaré yo”, se veía envuelto en un ambiente de violencia fratricida. Él, defensor de la ley y de la reforma, veía como una revolución sin control, sin métodos, sin objetivos claros, sin coordinación ninguna se superponía a las leyes de la república. Él, que vio como su mentor político Melquíades Álvarez era fusilado por milicias descontroladas en la cárcel modelo de Madrid. Imaginad en impacto para una persona así.

 

El gobierno Giral dimitió para que Largo Caballero, el Lenin Español que le llamaban en esa época, formase un gobierno de concentración con todos aquellos que defendían a la república. Nacionalistas, comunistas y anarquistas entraban en el gobierno, ante la protesta de Azaña por la entrada de los dos últimos grupos.

La relación con Caballero fue siempre difícil. Leyendo los diarios de Azaña se observa como Largo Caballero era el único de sus ministros al que alababa en 1932 (Al resto los tenía por incompetentes, excepto a Carner). Sin embargo en 1936 Largo se había convertido el una especie de líder espiritual de la revolución Española, dejándose llevar por la corriente del momento, considerándole Azaña como un “cadáver”. Ni siquiera la rápida evolución de Caballero en el poder, que pasó en cuestión de meses de ser un revolucionario infantil a ser un hombre de estado fuertemente anticomunista, sirvió para que Azaña reconsiderase su opinión.

Las discrepancias entre ambos eran profundas. Largo aceptaba de buen grado la semi-revolución que se había dado en la zona republicana, mientras Azaña quería volver al orden republicano de antes de la guerra. Largo hablaba de ganar la guerra, Azaña quería convencer a Francia e Inglaterra para que iniciasen una mediación que trajese la paz manteniendo la democracia.

 

Los sucesos de Barcelona de 1937 provocan una especia de pacto entre socialistas anti-caballeristas, republicanos y comunistas para echar a Largo del poder y poner a Negrín. Con Negrín en el poder, mucho más moderado que Caballero, Azaña parece recuperar la esperanza. Con la revolución en retroceso, con los crímenes casi erradicados, el primer gobierno Negrín intenta recuperar cierta normalidad democrática, con la entusiasta adhesión de Azaña. Ambos comparten también un rechazo hacia como los nacionalismos Catalán y vasco están actuando.

Sin embargo con el tiempo Azaña y Negrín se distancian enormemente. Azaña quería que el gobierno forzase una mediación internacional para acabar con la guerra, pero Negrín se convence de que eso es imposible y se presta a seguir la guerra hasta el final. Cada vez más el presidente Azaña considera a Negrín un hombre irresponsable, un aventurero, una persona que no sabe analizar la realidad. Sobre todo desde la destitución de Prieto como ministro de defensa nacional (forzada por los comunistas) su relación se vuelve insoportable. Sus conversaciones en Pedralbes son durísimas, diciéndole Azaña que no le destituye porque el Frente Popular le apoya y no debe hacerlo pero que si por él fuese lo haría ipso facto, y respondiendo Negrín que le destituya si se atreve, que él en su situación usaría esa prerrogativa, pero que sabe que no lo puede hacer.

Negrín y Azaña, Azaña y Negrín. Dos grandes personalidades que ven la guerra desde puntos de vista radicalmente distintos, que sienten la responsabilidad sobre sus espaldas, y que eso les lleva a enemistarse fuertemente.

 

Desde el corte de la zona republicana en dos por Vinaroz, Azaña da la guerra por perdida. Espera los días que queden hasta que, o bien sea la república derrotada, o bien el gobierno pida abiertamente una mediación internacional.

Después de la batalla del Ebro, Cataluña comienza a ser ocupada. Gobierno y presidente son evacuados y se dirigen hacia Francia. Una vez cae Cataluña los gobiernos Francés e Inglés reconocen al gobierno de Burgos, lo cual provoca la dimisión del presidente Azaña (que se encontraba en Paris) y la negativa del presidente de la cortes, Diego Martínez Barrio, a ocupar el puesto tal y como indicaba la constitución. La república quedaba descabezada.

Aún así Negrín intentó continuar la resistencia en la zona centro-sur, hasta que el golpe militar del coronel Casado puso fin a las hostilidades y preparó la rendición.

 

Exiliado y retirado de toda actividad política las desgracias persiguieron a Azaña hasta el final de sus días. En España se le aplicó la ley de responsabilidades políticas, calificándolo como “enemigo del ejército, la religión y la patria, pervertido sexual, masón y marxista” y confiscándole todos sus bienes.

La guerra mundial y la invasión alemana de Francia provocó que Azaña, ya bastante enfermo, tuviese que cambiar de residencia ante el avance Alemán. Ya en ese momento una obsesión circulaba por su mente, que repetía constantemente: “Si Franco me captura, me paseará por Madrid con una soga al cuello”. Temía, más que la muerte, que le mostrasen como trofeo de guerra.

Estuvieron cerca de hacerlo. Perseguidos por la Gestapo, que llegó a asaltar la casa donde vivía cerca de Burdeos cuando afortunadamente ya se había ido de allí (y donde detuvieron a su cuñado Cipriano Rivas Cheriff quien fue deportado a España),  se trasladó a Montauban, donde encontró la desinteresada y valiente protección del embajador Mexicano, Luís Rodríguez, quien decide alquilar unas cuantas habitaciones del hotel Midi de esa localidad donde iza bandera mexicana para darle estatuto de extraterritorialidad y así proteger al presidente Azaña. Las precauciones del embajador no son casuales, pues es conocedor de que hay un comando de Falangistas enviado desde Madrid con el objetivo de secuestrar a Azaña. De hecho, la comitiva que llevaba a Azaña al hotel Midi es parada por la policía secreta de la Francia de Vichy, que se tiene que retirar forzosamente al ver las credenciales del embajador Mexicano.

 

Tanto el embajador como directamente el presidente mexicano General Cárdenas intentan mediar ante las autoridades de Vichy para que Azaña, muy enfermo, pueda salir del país y recibir atención médica adecuada, pero es inútil. Cercado por los Falangistas no podrá salir nunca del hotel Midi y allí morirá.

El embajador Mexicano intentará que se le entierre con honores de Jefe de estado, a lo que el gobierno colaboracionista se negará tajantemente. Tampoco permitió que se le enterrase cubierto por la bandera tricolor republicana, sugiriendo patéticamente que se usase la bandera rojigualda (entended que significado tenía en ese momento). Finalmente Luís Rodríguez decide que el presidente Azaña sea enterrado cubierto por la bandera Mexicana, “Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza y para ustedes una dolorosa lección” le dijo Rodríguez al prefecto militar de la región.

 

Cuando analizas la vida de Azaña parece representar simbólicamente la vida de España reflejada en la vida de una persona. Plá dijo que Azaña se podría llegar a confundir con la república misma, pero yo creo que realmente se puede confundir con la época misma.

Intelectual, político idealista, decepción por la evolución de los acontecimientos y muerte trágica. Estos cuatro conceptos son los componentes de la tragedia Española de la primera mitad del siglo XX. Dos generaciones de asombrosos intelectuales, un país muy dinámico políticamente y ansioso de cambios; una radicalización de la sociedad, un país que decide arreglar sus problemas con la fuerza, un gusto obsceno por la sangre; y finalmente un terrible genocidio y una herida violentísima en la nación que la devuelve al oscurantismo de su pasado.

Azaña era la república, sí, pero sobre todo era España, era la representación de los conflictos y dilemas de la época, su vida es el reflejo de lo mejor y lo peor de este país. Por eso Azaña es el personaje, con mayúsculas, de la España del Siglo XX.

 

 

MANUEL AZAÑA (I)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 09-05-2010 en General. Comentarios (8)

 

INTELECTUAL Y POLÍTICO

 

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¿Cuál es el personaje histórico más importante de la España del siglo XX? La pregunta es difícil. Si hablamos del personaje central del siglo este sería el General Franco, hombre que permaneció en el poder casi 40 años. Sin embargo Franco es un personaje de un nivel intelectual y político mediocre, rozando la indignidad. Militarmente posiblemente sí era un gran militar, aunque hay algún estudio que niega la mayor, y por supuesto si hablamos de moral y ética no se nos puede ni pasar por la cabeza destacar a Franco, ya que hablamos probablemente del mayor asesino de la historia de España.

Franco, pues, no nos vale como personaje más importante del siglo.

 

Si para elegir a este personaje nos centramos en el terreno político, yo daría 6 candidatos: Antonio Maura, José Canalejas, Manuel Azaña, Juan Negrín, Adolfo Suárez y Felipe González.

Si por importancia consideramos la prevalencia en la sociedad de sus decisiones o acción política, quizá deberíamos elegir a Adolfo Suárez o a Felipe González, pues el resto fracasaron en sus principales objetivos; pero si hacemos un análisis global, destacando la faceta intelectual, política, su visión de la sociedad, su altura de miras, etc. Yo me quedaría sin duda con uno de ellos: Don Manuel Azaña.

 

Azaña se definió a sí mismo como “Un intelectual, un liberal, un Burgués”, y era todas esas cosas. También era un patriota, un afrancesado, un progresista y un humanista.

Miembro de una familia relativamente pudiente, Azaña estudió derecho interno en el Escorial, estudios tutelados por una orden religiosa católica. Este hecho marcó, quizá, el resto de su vida, pues Azaña abandonó el centro parece ser que por una crisis religiosa y enfrentado con los religiosos, sacándose el título por libre.

En su juventud militó en el partido reformista de Melquíades Álvarez, que proponía una democratización de la monarquía de Alfonso XIII. Fracasó en su intento de ser diputado, lo cual posiblemente le favoreció al no mezclarse con ese régimen viciado y en franca disolución. Además de su carrera política en segunda fila, Azaña fue miembro del ateneo de Madrid desde muy joven, del que llegó a ser presidente.

 

Como veis el Azaña de antes de 1930 fue un personaje bastante irrelevante a nivel político y mediático. Esto representa los 50 primeros años de su vida, años en que la mayoría de políticos hacen carrera en los puestos bajos de la política, mientras Azaña no pasó de una frustrada presentación a las elecciones generales y una ruptura con su partido al inicio de la dictadura de Primo de Rivera.

Este perfil tan diferente al de cualquier político se debe a que Azaña, más que un político, era un intelectual. Él disfrutaba de la política en tanto en cuanto esta se refiere a la mejora de la sociedad, al desarrollo de una teoría política de progreso social y a la modernización de España; disfrutaba, realmente, de la “teoría” política.  Pero en cuanto la política dejaba la teoría y el idealismo de lado y pasaba a convertirse en un empleo, ésta dejaba de tener sentido para él.

De hecho Azaña no disfrutaba en absoluto con el ejercicio del poder, quizá sí con el reconocimiento público de la magistratura que representaba pero no con el poder en sí.

 

Tras la dimisión de Primo de Rivera y la perspectiva de vuelta a un sistema de partidos, Azaña fundó Acción republicana, pequeño partido compuesto básicamente por intelectuales y funcionarios de rango medio. Acción se diluyó en una alianza mayor, la alianza republicana, que formó con distintos grupos republicanos tanto de derechas como de izquierdas.

Y esta alianza se unió a los socialistas en las elecciones del 12 de Abril de 1931 que llevaron, dos días después, a la proclamación de la II república Española. Azaña pasó a formar parte del gobierno provisional de la República como ministro de guerra, y ahí se descubrió como el mayor valor del republicanismo Español en muy poco tiempo.

No era fácil destacar en un gobierno con personalidades como Alcalá Zamora, Lerroux, Miguel Maura, Fernando de los Rios, Marcelino Domingo…sin embargo Azaña destacó rápidamente en este ministerio quizá por una razón: Porque tenía un plan clarísimo de lo que quería hacer con el ejército Español desde hacía muchísimos años.

 

Estudioso de la historia militar, fundamentalmente del ejército francés, Azaña interpretó que el ejército Español era disfuncional, repleto de oficiales y de generales que lo eran por caprichos personales del rey y por reparto de ascensos a modo de regalos. Su proyecto en el ministerio de guerra fue la reestructuración entera del ejército, reduciendo el número de oficiales en gran proporción mediante un sistema de retiros forzados que solían orientarse a los oficiales que consideraba más comprometidos con la monarquía y la dictadura, consiguiendo así su segundo objetivo: Democratizarlo.

La reforma militar de Azaña fue muy respetada por la prensa de la época y ha sido alabada por historiadores de todas las tendencias. Sin embargo lo que fue un acierto en el fondo pudo ser bastante hiriente en la forma. Azaña, que creía en la supremacía del poder civil sobre el militar, no se cortaba en demostrar a los militares que quien mandaba era él, un civil. Sus formas, además, no eran precisamente suaves ni contemporizadoras. Medio siglo después, Felipe González repetía a su ministro de defensa: “No debemos cometer el mismo error que cometió Azaña” y por eso fueron cautos y respetuosos con sus reformas militares. Quizá historiadores de la siguiente generación estudien si esas cautelas pudieron tener algo que ver con el asunto de los GAL…

 

Pero el ascenso de Azaña al estrellato se produjo un día de octubre de 1931. En las cortes se estaba discutiendo qué hacer con las órdenes religiosas y con el estatus de la religión católica. Hubo un momento en que parecía que una moción del partido socialista y el partido radical-socialista sobre la expulsión de todas las órdenes religiosas de España saldría adelante, algo que el gobierno consideraba excesivamente radical. Sin embargo ningún ministro, por unas razones o por otras, se atrevió a hablar y a defender la posición del gobierno, hasta que Azaña dijo “Voy a hablar”.

El discurso de Azaña fue brillante. Defendió que expulsar a las órdenes religiosas era un error, y centró el debate en un punto: Que las órdenes religiosas no pudiesen ejercer la enseñanza. Él, que tenía una experiencia personal con la educación religiosa, consideró que esa era la clave de la cuestión sin entrar en radicalismos absurdos.

Al finalizar el discurso los propios diputados socialistas y radical-socialistas aplaudían a rabiar, lloraban o gritaban blasfemias como el bueno de Indalecio Prieto, cambiando mansa y entusiastamente el sentido de su voto para defender la postura de Azaña. Sin embargo el presidente del gobierno provisional, Niceto Alcalá Zamora, se veía profundamente consternado por el artículo aprobado (Era católico de misa y comunión diaria), lo que le llevó a dimitir.

Ante la dimisión del presidente y el enorme efecto mediático del discurso, Azaña fue convencido por sus compañeros de gobierno para que aceptase la presidencia. El 14 de Octubre de 1931 fue presidente del gobierno (del consejo de ministros se decía entonces) por primera vez.

 

Al aprobarse la constitución, dos meses después, el gobierno de Azaña sufrió una crisis. Los radicales se quejaron a Azaña de que habían sido marginados en una modificación del gobierno, quedándose sólo con dos carteras cuando eran un grupo parlamentario muy numeroso, y expresaron su voluntad de abandonar el gobierno. La jugada del líder de los Radicales, Alejandro Lerroux, era clara: Poner a Azaña en un compromiso. Un gobierno con radicales y socialistas era insostenible a la larga, por lo que Azaña debía elegir si gobernar con los socialistas o con los radicales. Si gobernaba con los radicales, Lerroux sabía que tarde o temprano la presidencia la iba a ocupar él, pues era el presidente del grupo parlamentario más numeroso a parte del socialista.

Azaña tuvo que elegir si hacer un gobierno izquierdista con los socialistas, o uno centrista con los radicales. Y eligió gobernar con los socialistas. Supongo que en esta decisión pesaría la sensación de que los socialistas eran absolutamente necesarios para las reformas que él quería efectuar, por un lado, y que no se fiaba nada de Lerroux por el otro, ya que conocía las tendencias corruptas de éste. Él sabía que gobernar con los radicales era más fácil cara a la opinión pública, aunque era más difícil para las votaciones parlamentarias, y quizá priorizó el tener una mayoría parlamentaria sólida.

 

Azaña, así, se convertía en la cabeza de una coalición izquierdista destinada a la reforma profunda de España.

El gran escritor en lengua Catalana Josep Pla, escribió entonces que Azaña era casi como la representación en persona de la república. Pla dijo que la república estaba sustentada por un trípode. La primera pata de este trípode era la reacción contra la dictadura y los militares, representando la prevalencia del poder civil sobre el militar. Azaña, personalmente, era el ministro de guerra que había hecho planes de profunda reforma del ejército para democratizarlo y evitar su intromisión en la política.

La segunda pata era la reacción contra la preponderancia de la Iglesia católica en la vida del país. Azaña, después del discurso que le llevó a ser presidente, se había convertido en la personificación de esta política secularizadora.

Y la tercera pata era la pata “social”, la república como esperanza de mejora de los más pobres de la población. Y al gobernar con los socialistas Azaña era también el referente de esta tercera pata.

Por esta razón se corre el riesgo de que Azaña sea confundido con la república misma” y “se está generando la sensación de que Azaña o hará la república o hundirá España”. Lamentablemente no le dejaron que pudiésemos comprobar si la percepción de Josep Pla era la correcta.

 

Hay otra faceta importante de la política de Azaña, y esta fue su empeño en otorgar un estatuto de autonomía a Cataluña. Azaña era profundamente patriota (patriota Español me refiero), pero entendía que el reconocimiento de la idiosincrasia especial de Cataluña y de cierto autogobierno haría que Cataluña y los catalanes se sintiesen más cómodos como españoles y que esto fortaleciese a la república.

En 1932 se aprobó el estatuto de Cataluña con especial implicación del presidente Azaña (obsérvese la similitud con Zapatero, ¿Coincidencia o imitación?). Este quizá fue el momento álgido del Alcalaíno, ya que a partir de ahí llegaron los problemas. Eternos conflictos para sacar una reforma agraria adelante, crisis internacional, y el asunto de Casas Viejas, con el que intentaron acabar con el presidente.

Cuando vio su gobierno quemado y sin fuerzas, Azaña decidió dimitir dejando paso a nuevas elecciones, que ganaría la derecha. En la oposición lo pasó mal, pues su pequeño partido fue casi fulminado, y sufrió otro intento de desprestigio, encarcelamiento por el levantamiento catalán (con el que no tuvo nada que ver), decepción por la polarización que estaba sufriendo el país., etc.

 

Sin embargo el intelectual sacó fuerzas de la decepción y vislumbró un nuevo reto: Una nueva conjunción republicano-socialista lo más amplia posible que devolviese al país a las reformas y acabase con la radicalización de parte de la izquierda. Esta idea coincidiría con un movimiento internacional de unión de las izquierdas, y desembocaría en la coalición más heterogenea e ingobernable que ha dado la política: Un frente popular.

 

Continuará…

 

MANUEL FRAGA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 20-10-2009 en General. Comentarios (4)

 

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Hacía tiempo que quería hacer un perfil de este personaje pero no encontraba el momento. Ahora, tras la nueva presencia de Fraga en las primeras de los medios de comunicación diciendo las únicas palabras con criterio sobre la trama Gürtel provenientes de un político del PP, creo que es el momento adecuado.

En muchos comentarios en prensa y blogs veo designar a Fraga como un franquista que debería estar en la cárcel. Siempre me han dado mucha rabia estos comentarios poco razonados, pues Manuel Fraga ha jugado un importante papel en la consolidación de la democracia en España, y sólo por eso creo que merece un respeto.

 

Manuel Fraga empezó su carrera política en el seno de la dictadura. Cuando en un país hay una dictadura tan larga como la hubo en España, o en los países del este, mucha gente que quiere incorporarse a la estructura de la gobernación del estado lo hace sin tener por qué ser adicto al poder político. En este tipo de países se observa, en momentos de transición, un aparente cambio de chaqueta de muchos miembros del stablishment, algo que puede parecer sorpresivo pero que realmente no lo es, ya que hay un gran número de tecnócratas que se integran en estas estructuras políticas y acaban desnaturalizándolas, afortunadamente.

Este fue el caso de algunos políticos que acabaron en UCD o en opciones más a la izquierda. No sé si es exactamente el de Manuel Fraga, porque él se ha negado siempre a condenar su pasado como ministro de la dictadura, pero bien es cierto que Fraga era ligeramente aperturista para lo que se estilaba en los gobiernos del infame caudillo.

 

Cuando llegó la transición Manuel Fraga no quería una democracia moderna. El partido que fundó, Alianza Popular (AP, actual PP), quería una serie de reformas liberales que mantuviesen cierta esencia del régimen anterior. Sin embargo, la escasa fuerza que obtuvo en las elecciones de 1977, muy por detrás de la UCD y el PSOE, e incluso detrás del PCE, frustraron esa extraña opción que él defendía.

En ese momento, en el debate constituyente y hasta 1982, creo que Fraga juega su papel político más relevante. Durante el debate constituyente mostró inconvenientes continuos sobre lo que UCD,PSOE y PCE pactaban. Sin embargo, a última hora Fraga pidió el voto para el sí en el referéndum constituyente. Dijo que había muchas lagunas, muchas cosas que no le gustaban, pero que aún así pedía el sí sirviendo un importante papel a la nación. Fraga reunía al franquismo sociológico, a la gente muy derechista que no llegaban a ser extremistas fanáticos, y esa gente se sentía muy desconfiada ante los cambios que vivía España.

Si ese franquismo sociológico hubiese tenido un líder que se hubiese posicionado claramente en contra de la constitución, ésta hubiese tenido muchas dificultades para haberse consolidado, sobre todo porque el ruido de sables alentado por estos sectores hubiese sido insoportable, mucho más que el que llevó al 23-F. Pero Fraga le sirvió un gran papel a la democracia en ese momento. Él votó a favor de la constitución e hizo un llamamiento a que sus seguidores también lo hiciesen, aunque la mayoría de su grupo parlamentario no votó a favor, y optó por la abstención o la negativa, algo que hace ver que tipo de partido era AP en aquel momento.

 

También fue destacable su papel durante el 23-F. Se escondió como casi todos los diputados debajo del escaño, pero no dudo en oponerse al golpe y estuvo en las manifestaciones del día después. Las malas lenguas dicen que no tenía miedo porque sabía que el futuro gobierno militar le iba a hacer ministro, pero creo que la actitud de Fraga en aquel momento es casi intachable.

En 1982 absorbió la mayoría del voto de la UCD, debido a la descomposición de ésta y a que desde 1979 supo rodearse de gente menos franquista y más moderada, lo que disminuyó el rechazo a su partido.

Sin embargo en 1986 tocó techo electoral. Fraga era una persona proveniente del franquismo, un tipo dialectalmente duro, sin complejos y con tendencia a comentarios muy inconvenientes, lo que le provocaba un amplio rechazo. Él entendió que no podía ganar unas elecciones generales en la vida con ese curriculum, y dejó el relevo a gente más joven, aunque el tiempo ha demostrado que menos honesta que él.

 

Fraga se “retiró” de la política nacional yendo a Galicia, donde gobernó varias legislaturas con mayoría absoluta. Finalmente, después de perder el gobierno en 2005, está situado en un tranquilo retiro en el senado, cámara de jubilados y gentes que no se sabe donde poner. También es presidente de honor del PP, partido que fundó.

Desde 2004 y el paso del PP a la oposición, la voz de Manuel Fraga ha sido la más sensata del PP. Muchas veces ha actuado como voz de la conciencia del PP, aunque nadie en su partido le haya caso, mostrando su oposición a algunas de las actitudes en las que los actuales y pasados dirigentes del PP están instalados hace un lustro. Cuando estás de vuelta de todo eres más honesto y no estás continuamente conspirando y maquinando contra el gobierno al que pretendes derribar. Pero no es solo eso: Manuel Fraga tiene un amplio bagaje político en sus espaldas y sabe que las actitudes conspiranoides y poco críticas pasan factura, que hay que esforzarse por parecer centrista, que no se puede hacer daño al estado porque sí. Esto es algo que sus compañeros, en su miopía, ambición y falta de paciencia no son capaces de ver, porque tienen infinitamente menos capacidad política que el veterano don Manuel, con su acusado sentido de la supervivencia política.

 

Hace unos años vi una gran avenida en Torremolinos llamada avenida de Manuel Fraga. Me pareció extraño que a una persona aún en vida se le dedique tal avenida, pero en cierta manera no me disgustó. Manuel Fraga ha sido una personalidad importante en este país y ha prestado un importante servicio en la transición. Bien se merece este homenaje, por muy lejos que se pueda encontrar de mis ideas.