LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

liberales

LA CURVA DE LAFFER

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 03-09-2009 en General. Comentarios (11)

 

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Curva de Laffer

 

La curva de Laffer es uno de estos mitos “liberales” que parecen haber invadido el subconsciente colectivo de la sociedad.

¿Qué se conoce por curva de Laffer? Esta curva representa una ecuación matemática que dice que, en ciertas circunstancias, bajar los impuestos puede hacer subir la recaudación fiscal del estado.

¡¿Cómo es eso?! Muy sencillo. Según este modelo, cuando los impuestos en una sociedad son elevados, estos desincentivan la actividad económica. Pongamos un caso extremo, en el caso de que los impuestos fuesen del 100% de los ingresos la recaudación sería cero, puesto que nadie trabajaría para no ganar nada.

Bajo este precepto se dice que, al reducir los impuestos, se incentiva la actividad económica. Si esta actividad crece se invierte más, se contrata más gente, etc. Y todo esto crea más contribuyentes, más consumo, y, por lo tanto, más recaudación fiscal.

 

Los “liberales” se basan en la curva de Laffer para argumentar lo positivo de una bajada de impuestos: Se pagan menos impuestos y se recauda más, vamos, la medida perfecta.

Pero claro, esto tiene trampa. Porque la curva de Laffer, como su nombre indica, es una curva y no una recta, es decir, no tiene una relación directamente proporcional.

La propia curva de Laffer indica que llega un momento en que la tendencia se revierte, es decir, se hace lógica, y pasamos a una situación en la que a menos impuestos, menos ingresos, correspondiente a la parte izquierda de la parábola.

 

Lo que explica la curva de Laffer no es que al bajar impuestos aumente la recaudación. Eso es una falsedad interesada, un comentario falaz por parte de los “liberales”. Lo que dice la curva es que al aumentar impuestos se aumenta recaudación pero hay un momento, cuando los impuestos son excesivos, que los impuestos desincentivarán la actividad económica, haciendo contraproducente esta subida.

Por lo tanto existe un punto óptimo, en el que se consigue la máxima recaudación y no se desincentiva la actividad económica. ¿En que punto se encuentra una sociedad? Nadie lo sabe. Pero ese mismo desconocimiento lleva a que sea igualmente probable que estemos a la derecha o a la izquierda del punto óptimo. De hecho, este punto óptimo será cambiante, y dependerá de las circunstancias, del país y de la época.

 

Cuando los dirigentes de derechas hablan de que subir los impuestos perjudica a la incentivación de la economía y del empleo están presuponiendo que se encuentran en la parte descendente de la parábola, cuando esto es sólo una opinión no contrastada. Sin embargo, parece que la sociedad ha asumido este principio, esta curva de Laffer partida por la mitad que interesa, como una verdad absoluta.

 

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Curva de Laffer vista por un "liberal",seguramente debido a algún extraño defecto visual

 

¿Podría beneficiar a la economía aumentar los impuestos? La respuesta es sí, podría, siempre dependiendo que se haga con estos impuestos. Pongo un ejemplo.

Los impuestos se aumentan, y con ese dinero el estado crea una red de guarderías públicas gratuitas. Como todos sabemos, cuando se crea una red amplia de cobertura (como la sanidad) se minimizan los costes respecto a pequeños centros. Por la misma razón que el sistema nacional de salud consigue las mismas coberturas sanitarias por menos dinero que un sistema privado aquí pasaría lo mismo.

Al haber una red pública y gratuita de guarderías, muchos ciudadanos tendrían una parte de su renta liberada al no tener que pagar una guardería privada. Ese dinero extra incentivaría el consumo y crearía actividad económica.

 

Este tipo de argumentos no los hará un “liberal” en la vida. Porque, al final, no es cuestión de mejorar objetivamente el funcionamiento económico. Para estos “liberales” la cuestión es seguir los mitos del neoliberalismo, mitos creados por personas que pretendían arrimar el ascua a su sardina y vender a la sociedad como positivo las cosas que eran positivas para ellos.

Un “liberal” no reconocería jamás la conveniencia de subir ciertos impuestos. Un “liberal” cortará la curva de Laffer como le interese y no reconocerá la mitad que no quiere ver. No reconocerá jamás que puede ser positiva la presencia de el estado en la economía, o las empresas públicas.

 

Al final, estos “liberales” que pretenden ser objetivos analistas, no son más que aquello que decía no recuerdo qué autor: Fundamentalistas del mercado.

Cuanto más oigo a estos “liberales”, sobre todo después de la que ha caído gracias a estas ideas, más tengo la sensación que se basan en algún tipo Fe religiosa para justificar sus tesis.

CAPITALISMO HISPANO (II)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 02-09-2009 en General. Comentarios (5)

 

EL FUNCIONARISMO

 

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Desde la visión neoliberal de la economía y la sociedad se ensalza mucho al empresario. El empresario, dicen, arriesga su patrimonio, tiene iniciativa y trabaja muchísimas horas para sacar su empresa adelante. Gracias al empresario se crea empleo, crecimiento económico y la sociedad progresa, por lo que deben ser defendidos. Según estos “liberales”, el papel del empresario cobra todavía más importancia en una sociedad como la Española, donde parece que todo el mundo quiere ser funcionario, y nadie tiene la capacidad de asumir el más mínimo riesgo. Los españoles, solo quieren seguridad en el trabajo y que no les puedan echar, además de tener escasas ganas de trabajar y de hacer cosas nuevas.

 

Esta visión podría ser rebatida con argumentos contrarios, hasta que llegásemos a una verdad intermedia, ya que siempre todo argumento tiene parte de verdad. Se podría decir que la mayoría de los que arriesgan su patrimonio tienen una situación que les permite hacerlo: Tienen patrimonio. También se podría decir cuantos empresarios lo son simplemente por herencia. Además, podríamos criticar la demagogia de esta visión, ya que si hacemos caso del riesgo al que está sometido el empresario y la enorme cantidad de horas, podríamos concluir que los empresarios son unos desgraciados, ¿Por qué no venden su empresa y se dedican a otra cosa? ¿Por qué no se hacen comunistas, y defienden una sociedad sin riesgo y con tiempo libre?

 

De todos modos me interesa especialmente rebatir esta visión de que los españoles solo queremos ser funcionarios. Bien es cierto que hay una gran cantidad de gente que aspira al funcionariado, quizá demasiada. Yo me he encontrado a lo largo de mi vida a mucha gente cuya única aspiración laboral era ser funcionario, sin importarle qué puesto. Cada persona tiene sus circunstancias personales, pero la verdad es que esta visión de ser funcionario independientemente del puesto me ha causado siempre cierta lástima.

 

¿Se debe esto a algún virus funcionarial más contagioso que la gripe A? ¿Tenemos los españoles algún gen de conformismo y aversión al riesgo? ¿La aspiración hispana es simplemente ser un vago en un puesto en que no te puedan echar?

Nada de esto. Por mucho que los “liberales” defiendan esta teoría, no es más que una falacia interesada.

¿Por qué los españoles queremos ser funcionarios? Es sencillo, se debe fundamentalmente a que nuestro mercado laboral es, en términos generales, una basura. En el mercado laboral y en las empresas privadas te puedes encontrar de todo, pero lo que más abunda es inseguridad laboral, contratos temporales, mileurismo, horas extras que no se cobran, vulneraciones de los convenios y las leyes laborales, mobbing laboral, etc. En estas condiciones, ¿Qué motivación encuentra una persona para entrar en este mercado?

 

Los “liberales” hablan mucho de que en España falta iniciativa y gente con ganas de trabajar. Una falacia. Hay jóvenes titulados muy capaces que usan esta capacidad para sacarse un puesto de funcionario de grupo A, ¿Por qué lo hacen? Porque con un trabajo así tendrán horarios coherentes y sueldos altos (¿Unos 30.000 euros anuales?).

Estos titulados saben que si, en cambio, entran por el camino de la empresa privada, tendrán muchas promesas, pero muy pocas realidades. Empezarán cobrando la mitad, con contratos de 6 meses, harán más horas que un burro. Y saben que nadie les garantiza que esto dejará se ser así; muchas promesas, pocas realidades.

Lo que es aplicable a un titulado también lo puede ser a un administrativo, incluso con más razón. Un funcionario de grupo C cobra sustancialmente más que un administrativo medio de una empresa privada, y lo que es aplicable en el caso anterior lo es también en este.

 

No puedo entender estos “liberales” que pretenden, ¿Gente capacitada trabajando 10 horas al día por 1000 euros? Y cuando la sociedad elige lo que considera el único camino para salir de esta situación, tiene que soportar que estas personas la tachen de sociedad vaga y conformista.

 

¿Quieren gente preparada? Paguen sueldos decentes, den condiciones adecuadas. En Inglaterra, en Francia, en Alemania, en EEUU, la empresa privada es mucho más legal y aporta mucho más al trabajador que en España. Allí los sueldos son mucho más altos que en España, jornadas de trabajo cortas, y empresas mucho más modernas que las de aquí.

Con estas condiciones laborales, con estos sueldos, con estos empresarios y con esta cultura empresarial del pelotazo no se puede pedir otra cosa que una sociedad pasiva y deprimida. Para aprovechar nuestra enorme cantidad de gente preparada (Tenemos uno de los índices de titulados más altos del mundo) necesitamos unas condiciones laborales óptimas. Para que nuestra economía sea competitiva necesitamos a estas personas activas, contentas y con ganas. Y ese es el camino para la competitividad, no la contención salarial y la explotación que acaba por destruir la iniciativa, las ideas y la capacidad de innovación que la gente lleva dentro.

 

En los países avanzados, estos de los que hablan los “liberales”, en la empresa privada se cobra de media más que en la función pública. Lo contrario, es de país tercermundista. Ahora, por si no fuese suficiente, pretenden eliminar la única prebenda que tienen los trabajadores españoles, las altas indemnizaciones por despido.

Entrar por este camino, en tentar a la suerte de convertirse en otra Argentina.