LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

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JOSÉ I BONAPARTE

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 15-01-2010 en General. Comentarios (12)

 

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Cuando hice el post sobre Juan Negrín dije que ha sido probablemente el personaje de la historia de España más vilipendiado. Quizá hay otro personaje en la historia de España igual o más vilipendiado todavía que Negrín, y este es José Bonaparte, efímero Rey de España por la voluntad de su hermano el emperador Francés Napoleón Bonaparte.

 

En la creación romántica de la conciencia nacional Española la guerra de la independencia ha jugado un papel crucial. La lucha contra el invasor por parte de unas clases populares que habían decidido declararse en rebeldía contra el gobierno legal, por ilegítimo, es la base para la confirmación de una conciencia nacional colectiva de todos los españoles, independientemente de su clase o lugar de origen.

Esta idea fue repetida durante todo el siglo XIX, e incluso durante partes del XX. Incluso en el siglo XXI muchas personas insisten en esta visión, bastante maniquea según muestran los historiadores especializados en la época, como por ejemplo la presidenta Madrileña Esperanza Aguirre a la que he oído unas cuantas veces hablar sobre estas cosas, quizá en las celebraciones del 2 de Mayo.

 

Seguramente todos conocemos la historia, aunque sea por encima. El primado del Rey Carlos IV, el Sr. Godoy, tuvo a bien permitirle a Napoleón utilizar el territorio Español como puente para poder atacar Portugal. Una vez las tropas napoleónicas estuvieron en España decidieron quedarse, provocando una ola de indignación popular contra Godoy, que aprovechada por el entonces príncipe Fernando provocó su destitución y la abdicación de Carlos IV.

La Caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV estuvieron enmarcadas en medio de las tensiones de la España de la época y en una guerra abierta entre el avaricioso príncipe Fernando y el Rey Carlos. Napoleón aprovechó esta situación para llamar a ambos Borbones, a los que despreciaba, a Bayona, básicamente para decirles que ahora en España mandaba él y que le tenían que ceder los derechos dinásticos a él mismo, cosa que ambos Borbones hicieron siendo desde ese momento prisioneros de Napoleón, aunque parece ser que en condiciones bastante lujosas, dedicándose desde ese momento ambos a cultivar el hedonismo que era lo que parece que más les gustaba.

Napoleón obviamente no podía ejercer directamente el trono de España, y se lo cedió a su hermano José. José I fue nombrado rey de España por su hermano hecho que provocó el levantamiento del 2 de Mayo y el inicio de la guerra de Independencia.

 

No obstante no es cierto que el país entero se alzase contra José I. Muchos funcionarios y la mayoría de las personas ilustradas de España aceptaron al Rey José con más o menos ilusión.

Para estos ilustrados la nueva dinastía acabaría con el oscurantismo del absolutismo Español. El Rey José nada más acceder al trono aprobó el Estatuto de Bayona (o constitución de Bayona), texto mediante el cual se finiquitaba el antiguo régimen en España y se concedía una mínima soberanía al pueblo Español, aunque muy limitada por las decisiones reales. No era una constitución como las entendemos ahora, pero fue el primer intento constitucional que tuvo España, aunque nunca llegó a ser aplicado.

 

Una de las ideas que tenía Napoleón sobre España y que asumió su hermano es que los españoles eran un pueblo de bárbaros dominados por un clero fanático. Por eso una de las primera medidas que tomó Napoleón fue la abolición de la inquisición. José I, ya en el trono, también optó por  la realización de una pequeña desamortización, y se dice que demolió multitud de conventos e iglesias en Madrid, aunque parece que con intenciones urbanísticas.

 

Las intenciones políticas de José I fueron bastante ilustradas (como demuestra su política arquitectónica), al igual que lo fueron la mayoría de sus ministros. Sin embargo la propia situación de Guerra que vivía España hace difícil analizar el reinado de José.

Según parece el Rey José era bastante más contemporizador que su hermano, y siempre intentó ganarse las simpatías de los Españoles, algo que llevaba a Napoleón a decir que su hermano era “demasiado bondadoso”. Sin embargo José I tuvo un problema básico, que fue su propio hermano y el ejército francés, que se comportaban como un ejército invasor mientras el rey quería ganarse la confianza de los españoles.

Un ejemplo de esto fue, por ejemplo, la política cultural que intentó llevar a la capital, creando el actual museo del prado (que no llegó a ser inaugurado), cuyo verdadero objetivo era evitar el expolio cultural del las tropas francesas sobre el arte español.

Quizá el más claro ejemplo de esto fue la decisión de Napoleón de Febrero de 1810 de convertir Aragón, Cataluña, Navarra y el país Vasco en zonas con gobierno militar independiente bajo administración Francesa. El Rey José intentó que su hermano no tomase esta decisión, cosa que no consiguió. Quizá este hecho, más que ningún otro, demostró que José I no era más que una figura sin poder real que tenía que someterse a los dictados del emperador Francés. De hecho, en 1811 Cataluña fue anexionada al imperio Francés.

 

José I era pues un rey desposeído tanto por la insumisión de sus detractores como por la propia política de invasión que tenía su hermano y los generales que mandaban en el ejército que lo mantenía en el trono.

El rey que pensó que llevaría la luz de la ilustración y de la revolución a España no se encontró más que un pueblo que lo odiaba por ser un rey invasor y un ejército que actuaba con una crueldad y una política que él parece que no aprobaba.

Sobre José I corren muchas leyendas, la primera la que le apodaba como “Pepe Botella” y le acusaba de ser un borrachín, que parece que es falsa puesto que José Bonaparte no bebía. Sí que era cierta, en cambio, su promiscuidad, ya que se le conocen bastantes amantes.

 

Cuando se analiza sin prejuicios a José Bonaparte desde la época actual, cuando se analizan sus ideas y personalidad, se puede pensar que, en una situación normal, hubiese podido ser un buen rey que hubiese podido sacar a España del oscurantismo en el que vivía.

Sin embargo cuando llegas de la mano de una invasión militar es casi imposible que el pueblo sobre el que vas a gobernar te acepte. José I personalizó para los Españoles patriotas todos los desmanes de la invasión francesa, desde la enorme represión de los sucesos del 2 de Mayo, que corrió a cargo de su enemigo Murat cuando él todavía no había llegado a España, hasta todas las acciones del ejército Francés, que respondía ante Napoleón.

Por muy moderno que sea un gobierno o un gobernante, por mucho que mejore lo anterior, si está de la mano de una invasión militar se está destinado al fracaso. Lo que pasó en España no es muy distinto, salvando las distancias históricas, a lo que está pasando en Afganistán (también durante la invasión soviética) y en Irak.

Pasan los siglos y las potencias militares siguen cometiendo los mismos errores.

 

JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 29-06-2009 en General. Comentarios (1)

 

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Uno de los personajes más conocidos de la historia de España es, seguramente, José Antonio Primo de Rivera. Para la inmensa mayoría de gente José Antonio (se le suele conocer por su nombre) es un personaje relacionado al régimen de Franco. Las personas de una cierta edad recuerdan su fotografía junto al retrato de Franco en los colegios y centros oficiales, y los más jóvenes piensan que era algún tipo de Franquista de primera hora.

Es cierto que José Antonio, su nombre e imagen formaron parte de la mitología del régimen Franquista. Retratos, féretro en el Valle de los caídos (cuyo traslado provocó una caravana de muertes), el “¡José Antonio Presente!”, etc. Esa imagen de José Antonio ha sido la que ha pasado a la historia, y seguramente quedará así para la posteridad.

Sin embargo, José Antonio Primo de Rivera, el hombre, el político, no se parece exactamente con esa deformación histórica que se ha hecho de él.

 

José Antonio, en vida, siempre fue el “hijo del dictador”. Sus inicios políticos consistieron en crear un pequeño movimiento de defensa de la imagen de su padre.

La dictadura primoriverista estaba totalmente desprestigiada al inicio de los años 30. La reciente república había llegado como reacción a la dictadura y a la monarquía por igual, y los colaboradores de la dictadura fueron llamados a responder por su responsabilidad. Nadie parecía recordar que, cuando el general Primo de Rivera se alzó en el año 23, la mayoría de los ciudadanos la habían acogido con benevolencia o resignación, pensando que la dictadura limpiaría el corrupto “stablishment” político de la restauración.

Las ideas de la dictadura sobre su papel de método para la regeneración del país eran defendidas por José Antonio como  el legado positivo de su padre que nadie quería ver. Sin embargo, muy pronto adoptó un camino propio. El auge de las ideas totalitarias el la Europa de los años 30 le hizo simpatizar con el fascismo de Mussolini.

José Antonio, que era muy católico y defensor de la disciplina militar, quería combinar esta faceta conservadora con una cierta mejora en las condiciones de vida de las clases trabajadoras y con una reducción de los privilegios de las clases pudientes. En el fondo, quería ser revolucionario (en un sentido “proletario” de la palabra) y, a la vez, conservador (En un sentido “moral”) en un país donde lo militar y católico era profundamente reaccionario y enemigo del progreso económico de las clases bajas.

Fue por eso por lo que se sintió tentado por el fascismo. El fascismo aseguraba disciplina, fin del concepto de lucha de clases, y, a la vez, una mejora importante el las condiciones de vida de los trabajadores.

 

La verdad es que José Antonio fue evolucionando progresivamente hacia un fascismo bastante claro hasta cierto momento de su vida. Y ese momento fue el estallido de la Guerra civil.

El 18 de Julio de 1936 José Antonio estaba preso en Alicante. Había sido encarcelado mientras su partido, la Falange, había sido ilegalizada por participar activamente en un movimiento de “terrorismo” contra personalidades y entidades republicanas.

En la cárcel, José Antonio había aprobado la participación de Falange en el Alzamiento militar, pero con una extraña petición, que era que éste “fuese apoyado por el pueblo” (Cosa que parecía bastante complicada en una persona informada).

Cuando a José Antonio le llegaron las primeras noticias del fracaso del alzamiento militar empieza a dudar de su propia visión de las cosas. El Alzamiento no había sido popular, es más, había sido sofocado en muchas partes con la activa colaboración popular. Supongo que en ese momento se replantea muchas cosas.

 

Durante su estancia en prisión, y antes de su juicio que acabaría en ejecución, José Antonio se entera de lo que pasa en la guerra, de la política de ambos bandos y de la brutal represión. En sus escritos de aquellos momentos se ve como cada vez tiende más a una actitud conciliadora, de acabar con una guerra absurda y de intentar una mediación.

Ya cerca de la muerte, José Antonio escribió un manifiesto político, en el que pedía un cese de hostilidades, una vuelta a la situación anterior al 18 de Julio, y la formación de un gobierno de concentración nacional con una mayoría de republicanos.

En este manifiesto se observa una postura, digamos, intermedia entre los dos bandos contendientes, tan sólo 4 meses después de haber apoyado el alzamiento militar. En un momento del manifiesto dice que sería tan mala una victoria gubernamental como una sublevada, lo que le sitúa claramente en una posición neutral.

 

Como todos sabemos, José Antonio fue condenado a muerte por un tribunal popular y fusilado el 20 de Noviembre a las pocas horas de la condena, algo ilegal puesto que se debía esperar el enterado del gobierno. Mientras tanto, en la zona sublevada creaban un mito sobre su cadáver.

La utilización de su imagen por parte del franquismo (con la aceptación de buen grado de sus familiares, todo sea dicho) es uno de tantos casos en la historia de manipulación de una personalidad para convertirla en “mártir” de una causa que nunca aprobó en vida.

 

¿Qué hubiese pasado si José Antonio hubiese vivido? Esto es entrar en el terreno de la especulación. Pero viendo su evolución política mientras estuvo en la cárcel me inclino a pensar que hubiese acabado defendiendo posturas moderadamente prorrepublicanas y siempre cercanas a restablecer la paz. O quizá, en el mejor de los casos, hubiese acabado revelándose contra Franco como Hizo su segundo Manuel Hedilla.

Sea como Fuere, lo que sí parece claro es que no hubiese contemporizado con un régimen como el Franquista, tan reaccionario, inmovilista y criminal.

Desgraciadamente, este José Antonio, el José Antonio real, ha sido víctima del José Antonio mitificado y manipulado.