LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

impuestos

Impuestos y Consumo

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 08-01-2011 en General. Comentarios (3)

 

http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/img/consumo.jpg 

 

Cuando los países entran en una espiral de crisis la economía hacen aguas por todos lados: Sube el paro, baja el consumo, aumenta el déficit, etc. Además, las circunstancias actuales económicas hacen que la inflación también suba (fundamentalmente a causa del petróleo), y la realidad económica de la zona euro lleva a que las políticas monetarias no respondan a los intereses de los países en crisis, si no más bien a los intereses de su guardián, la cancillería Alemana.

En España los problemas son varios pero uno es básico: La inmensa deuda privada de ciudadanos, empresas y bancos. Esta deuda es una losa terrible para la futura recuperación del país, pues ni va a permitir endeudarse más de forma fácil ni siquiera a quienes pueden hacerlo, y va a suponer una reducción del consumo importante que puede durar hasta que parte de esas deuda sea digerida, algo que tardará muchos años en el futuro. De hecho los que analizan los parámetros macroeconómicos dicen que el problema principal de la economía hoy es la caída del consumo.

 

Que el consumo caiga es algo normal, pues hemos estado consumiendo en parte a crédito, algo insostenible. Sin embargo unos niveles de consumo moderados y lógicos en función de los ingresos hay que mantenerlos, pues nuestra economía depende fundamentalmente de este consumo. No creo que debamos desconocer tampoco que, para potenciar el consumo, debe haber una política industrial importante que emplee a una parte importante de la población.

Hace un par de días entablé una discusión sobre el efecto de los impuestos en el consumo. Mi interlocutor sostenía que a menos impuestos hay más consumo, premisa que parece lógica así expuesta pero que es probablemente falsa si hacemos un análisis lógico. Esto es importante para poder dar desde los poderes públicos los empujones necesarios a la economía para que ésta no se hunda.

Antes de nada querría hacer unas cuantas consideraciones a modo de hipótesis, que me permitirán sostener mi opinión posterior:

 

1-      Existe un nivel de consumo “base” que se compone de los productos de consumo básicos (comida, vivienda, ropa, transporte, etc.).

2-      Este consumo base se va incrementando con la renta, es decir, el gasto en estos productos básicos aumenta con la renta porque se compran bienes más caros.

3-      Conforme aumenta el nivel de renta personal aumenta el consumo en rentas bajas y medias.

4-      En rentas medio-altas el consumo ya no es lineal con los ingresos, pues comienza a existir una parte importante de los ingresos que van a la inversión, posiblemente a modo de productos bancarios determinados o acciones.

5-      En rentas altas el porcentaje de consumo respecto a la renta es menor que en los otros grupos. La inversión es importante en este grupo.

 

No todo el mundo sigue este esquema pero es el esquema general. Las rentas bajas y medias gastan una parte importante de sus ingresos en consumo, las bajas por necesidad de adquirir los bienes básicos, y las medias por cierta seguridad psicológica (por eso no hay tasas de ahorro altas normalmente). En rentas más altas el consumo es menor en relación con los ingresos, básicamente por la inversión. No voy a entrar en lo conveniente que es la inversión, pues es tema de otra entrada, pero por inversión se entiende tanto la productiva (en actividades económicas que generan empleo) como la no productiva (productos de ahorro que ofrecen los bancos, etc.). Además de esto hay otro punto importante: Las rentas muy altas tienden muchas veces a guardar parte de sus ingresos a países con regímenes fiscales privilegiados y a veces con secreto bancario, algo que no favorece en absoluto al país de salida de los fondos.

 

Cuando hablamos de los impuestos es obvio que, cara al ciudadano que los paga, esto le resta renta disponible en un primer momento. Sin embargo los impuestos no van a un saco y desaparecen, si no que se reintegran en el sistema de distintas maneras (sueldos de funcionarios públicos, servicios, subvenciones, ayudas, pensiones, etc.). De hecho los impuestos sirven para mantener el gasto del estado, y este gasto del estado redunda directamente en el consumo.

A parte de los servicios, generalmente los sueldos de funcionarios, las pensiones, las prestaciones de desempleo, las subvenciones y las ayudas van destinados en un porcentaje alto a las rentas bajas y medias, que son las rentas que mayor porcentaje de sus ingresos consumen.

Así pues el cobro de impuestos progresivos (en los que se paga en función de la renta) ayudaría y potenciaría el consumo, mientras el cobro de impuestos lineales e indirectos (como el IVA) realmente no mejoraría el consumo y posiblemente si el destino de ese dinero no es en gasto social el efecto de estos impuestos sería reducir el consumo.

 

De forma general podríamos decir que unos impuestos moderadamente altos potencian el consumo y el destino de esos ingresos es el que he explicado antes. Esto, por supuesto, no quita del resto de consideraciones, como por ejemplo la de no superar una cierta carga fiscal que podría desincentivar gravemente las actividades económicas.

Potenciar el consumo no es ni debe ser el único objetivo del estado. La inversión también es importante, fundamentalmente la inversión productiva, pero la orientación de esta inversión hacia actividades productivas se realiza mediante otros mecanismos legales y fiscales y, también, mediante el valor del impuesto de sociedades.

Pero en términos generales la existencia de impuestos progresivos es útil y quizá necesaria para poder mantener la demanda agregada de la economía y el consumo, un consumo del que países como en nuestro dependen fuertemente hasta que la economía se oriente de otra manera, algo que puede tardar lustros.

 

LOS IMPUESTOS EN ESPAÑA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 16-08-2010 en General. Comentarios (5)

 

http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/img/impuestoshelp.jpg 

 

Dos noticias sobre los impuestos se han dado paralelamente estos últimos días. En primer lugar se ha conocido un estudio del ministerio de hacienda donde se concluye que la tributación media de las empresas españolas por el impuesto de sociedades, que es el que se aplica a los beneficios de las empresas, está en el 10%, cuando realmente éste es del 30% para las grandes empresas, 25% para las Pymes.

Por otro lado el ministro de Fomento, principal afectado del recorte del gasto público, ha declarado, quizá conocedor de este informe, que los impuestos en España son bajos en comparación con la media europea, teorizando sobre la probable necesidad de subirlos para tener unos servicios de calidad.

 

Puede sorprender que el impuesto de sociedades “real” que paguen las empresas sea un tercio del impuesto teórico. Esto se debe a la existencia de deducciones fiscales de todo tipo que las empresas se aplican, y que en un alto porcentaje de casos se hace fraudulentamente. Ya expresé hace meses en la entrada “Las deducciones fiscales” la cantidad de fraude que existe en dos deducciones con conozco bien, las inversiones por mejoras medioambientales y el gasto en proyectos de I+D.

Igual que estas deducciones, existen decenas de ellas con posibilidades de fraude parecidas. Las ideas de las deducciones fiscales es orientar la inversión en determinadas direcciones, a donde la inversión directa en forma de subvenciones no puede llegar. Sin embargo se han convertido en la forma más fácil de no pagar impuestos, pues la cantidad de deducciones que hay y el contenido susceptible de manipulación de muchas de ellas (bien por ser técnicas, bien por ser fácilmente camuflables con ingeniería fiscal) las han hecho incontrolables para la administración.

 

Como en este país somos muy inteligentes en los años de bonanza y en base a un superávit provocado por una situación económica sobredimensionada en uno de los ciclos típicos del capitalismo financiero en el que vivimos, nuestro gobierno se dedicó a bajar impuestos de distintas maneras. Las dos más sangrantes, para mi, fue la eliminación del impuesto de patrimonio para todo el mundo y la reducción del impuesto de sociedades del 35% al 30% actual.

Claro, entre el descenso de los beneficios de las empresas, la infinidad de deducciones y la bajada del tipo “inicial” del impuesto ha llevado a que en tres años la recaudación por este impuesto se haya reducido a la mitad.

 

Los estados del bienestar mediterráneos han sido y siguen siendo los más débiles entre los distintos modelos de estados del bienestar. La protección social se ha construido mediante un mercado de trabajo rígido, que protegía a los trabajadores cubriendo las carencias del débil estado del bienestar.

Este modelo, que puede ser adecuado para países de desarrollo medio, llega un momento en que debe ser superado para ir hacia modelos de bienestar basados en muchas prestaciones y menor seguridad laboral. En los tiempos que nos ha tocado vivir, donde ya no se trabaja en la misma empresa toda la vida como antaño, donde se ha creado una dualidad entre el trabajador que lleva toda la vida en la misma empresa y el joven con trabajo temporal, y donde las necesidades de tanta pequeña empresa con dificultades de supervivencia también aprietan, era más necesario si cabe este cambio.

Sin embargo para crear un estado del bienestar “nórdico” es necesario, de forma urgente, un aumento importantísimo del dinero disponible para sustentar este estado del bienestar. Y para conseguir esto se debe hacer por tres vías: Aumento de la recaudación, minimización del despilfarro y gastos superfluos, y combate contra el fraude fiscal.

 

El ministro Blanco, que me ha resultado siempre un político horrible pero que ha demostrado ser mucho mejor ministro que político de partido, no va mal encaminado. Es cierto, hay una baja presión fiscal en España y es necesario subirla. Pero claro lo que se le debería decir al ministro Blanco, por si se le ha olvidado, es que el gobierno del que él forma parte, y todos los gobiernos anteriores desde 1993, se ha dedicado de forma sistemática a bajar impuestos.

Que el ministro se queje es normal, pero a quien se lo tendría que decir es a su presidente y a los que mandan en la política económica de su partido, que para quien no lo recuerde están en Bruselas y en Wall Street. La única subida de presión fiscal de este gobierno ha sido el aumento del IVA, precisamente la subida de impuestos que debía ser el último recurso pues grava claramente a quien menos capacitado está para pagar impuestos.

 

Observando este ejemplo del IVA vemos que los impuestos no pueden ser tratados como un todo que tenga una finalidad exclusivamente recaudatoria. No, nos equivoquemos y no caigamos en clichés. Subir impuestos no es bueno ni es malo de por sí, como tampoco es lo contrario, lo importante son las consecuencias de esa subida o bajada en función de los objetivos que tengas y cual es el destino de esa recaudación.

Las subidas de impuestos no deben gravar especialmente el consumo y deben concentrarse en la medida de lo posible a los capitales ociosos y no productivos. Las deducciones fiscales deben hacerse con el claro y comprobado objetivo de aumentar la inversión que produzca empleo y la modernización, sin hacer experimentos con gaseosa; las demás deben ser eliminadas. Subir un impuesto cuando se puede conseguir con una mayor eficiencia en el gasto es contraproducente. De nada vale subir un impuesto si estás permitiendo la exención de la obligación por otro medio, etc, etc.

Hay que tener claro qué pretendes, y como va a afectar la política de impuestos a este objetivo. No hay que llegar al absurdo de Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, pero no tiene que ser necesariamente de derechas en ciertos entornos. Nunca me ha gustado el fundamentalismo en este punto.

 

El ministro se da cuenta ahora que está en el cargo de que la restricción de gastos va a dejar en cuarentena importantes infraestructuras para España, y que sin estas infraestructuras va a ser más difícil crecer. A lo mejor si no se hubiesen dedicado a bajar impuestos cuando no era necesario para incentivar nada no tendrían estos problemas ahora, pues habría podido hacer mucha más obra pública en aquel momento o haber tenido un superávit mayor que no obligase a estas restricciones.

También hubiese sido interesante haber controlado los excesos megalomaniacos y caciquiles de la mayoría de los municipios de España que hincharon los presupuestos municipales gracias al boom del ladrillo y que ahora, sin esos ingresos extraordinarios, se ven sin dinero ni para las cosas más básica.

 

Pero sí, hace falta aumentar los impuestos directos sobre los beneficios y los grandes patrimonios, pero es más importante todavía combatir el fraude. Y todo ello, combinado con planes de eficiencia.

Esta triple vía es necesaria para fortalecer el estado social. No obstante Sr. Ministro, ¿No le parece que esto está demasiado alejado de lo que están haciendo desde el gobierno? Porque si queremos fortalecer el estado social y queremos usar el impulso público para mejorar este país, quizá usted esté en el partido equivocado, por lo menos en el partido equivocado en esta época.