LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

fallas,

SALVAJISMO FALLERO

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 20-03-2010 en General. Comentarios (8)

 

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Hoy estoy muy contento. Por fin ha acabado esta fiesta terrible, invasiva e incivilizada de las fallas.

Mis palabras serían tachadas de antivalencianidad por nuestras queridas autoridades, que han convertido en obligatoria la afección a cualquier costumbre valenciana, por bárbara que sea, so pena de caer en la lista de enemigos de la patria. Vamos, a veces parece que le vayan a la zaga a Batasuna.

 

Sí amigos, una fiesta salvaje. La mayoría de los valencianos que pueden huyen de la capital en fallas hacia cualquier destino en el que puedan tener la libertad que Valencia no te permite. Otros muchos valencianos se quedan porque no tienen más remedio, como es mi caso, pues en fallas no hay vacaciones y las personas que vivimos en la capital tenemos que ir a trabajar, aunque no podamos dormir o coger el coche.

Quien haya vivido unas fallas como vecino lo conoce. Calles cortadas, muchas pues aquí hay fallas en casi todas las calles, carpas ocupando la vía pública sin compasión, verbenas callejeras hasta altas horas de la madrugada, tracas y petardos 24 horas diarias, etc.

 

Lo de los petardos es una cosa terrible. Fijaos, el día 18 por la noche fui a ver el castillo de fuegos artificiales final de las fallas, la “nit del foc”. Para ello debes acudir cerca del antiguo cauce del río Turia, que es donde se dispara el castillo.

Como obviamente no puedes ir en coche ni en transporte público (o porque no circula, o porque es imposible entrar en los vagones), debes ir caminando. Para ir hacia el castillo desde dos horas antes hay verdaderas aglomeraciones, muy cercanas a la concentración que puede haber en una manifestación, con lo que te cuesta más de 1 hora lo que te costaría 15 minutos en cualquier otra ocasión.

Pero el problema del camino no es la aglomeración, que más o menos es llevable. Lo peor es que hay montones de “terroristas urbanos” que lanzan hacia las masas los famosos petardos “borrachos”. Estos petardos, bastante peligrosos, son petardos que antes de explosionar se mueven a velocidades altas locamente de un lugar a otro, muchas veces persiguiendo a la gente. Los petardos borrachos persiguen a la gente porque en su movimiento se guían por las bolsas de aire que existen a su alrededor. Las personas, al correr para evitar los petardos, generan una corriente de aire que hace que el petardo los persiga.

Veréis que el altamente peligroso el uso de estos petardos, y mucho más lanzarlos contra la multitud. Pues bien esto es una costumbre general en cualquier aglomeración fallera, sin que nadie haga nada por evitarlo. Por mucho que la policía diga que perseguirá a los que lancen estos petardos, la verdad es que no hacen nada, fundamentalmente porque es imposible controlar nada cuando hay más de 1 millón de personas en la calle en un espacio muy reducido e intransitable.

 

Bien, como decía la otra noche, en el castillo, se tiraban también petardos. Pero me ví envuelto en una situación de barbarismo extrema. En una famosa calle de valencia con multitud de locales de ocio, dos grupos de subnormales situados en ambos extremos de la calle se tiraban “borrachos” los unos a los otros. Claro, la calle estaba siendo transitada por verdaderas columnas de personas, que una vez de daban cuenta de esto corrían para que no les afectase la guerra de borrachos, provocando esas corrientes de aire que he explicado antes.

Yo pasé por esa calle. Cuando me dí cuenta que había dos grupos haciendo esto ya estaba en medio de la calle, y me apresuré a salir. Uno de estos “borrachos” me golpeó en la espalda en uno de sus movimientos, aunque afortunadamente ni me quemó (en el movimiento desprenden chispas por uno de sus orificios), ni explotó en ese momento, cosa que podía haber hecho perfectamente causándome heridas.

 

Accidentes por culpa de los borrachos u otros petardos potentes hay multitud todas las fallas. La mayoría son de los propios usuarios, pero hay muchos que son de víctimas que inocentemente pasaban por la calle. Estos últimos suelen ser accidentes leves, pero existen (a pesar del curioso silencio de casi todos los medios de comunicación), y no hay ningún derecho a que estas cosas puedan pasar.

Quizá os preguntaréis como se permite esto. Y no es que se permita esto, es que se tolera para ser más exactos. Teóricamente está prohibido tirar cualquier petardo fuera de las zonas habilitadas para ello (valladas y cerradas), pero la realidad es que se tiran en todas partes, quizá sea en las zonas habilitadas donde menos se tiran.

Además, existe una directiva europea sobre uso de materiales pirotécnicos y seguridad, que es de 2007. Una parte de esa directiva dice “los artículos pirotécnicos no se moverán de manera errática e imprevisible”, lo que prohibiría estos petardos, además de otras muchas limitaciones contempladas en esta directiva. Pero tanto el ayuntamiento como la generalitat están pidiendo una moratoria, para que se sigan haciendo desmanes en aras de la valencianidad.

 

También hay mucho que hablar sobre la destrucción de mobiliario urbano y la suciedad generada. Me ha hecho mucha gracia una noticia que he visto en una televisión hace un rato sobre la cantidad de residuos que se ha generado en un macrobotellón en no sé que lugar de Andalucía la noche pasada, ¡Estoy seguro que los residuos generados en Valencia multiplican por más de 500 veces aquellos! Pero parece que los residuos del macrobotellón son un problema y estos no.

Porque la ciudad, damas y caballeros, da verdadero asco. Basura, destrozo de mobiliario urbano (más de 200.000 euros de destrozos según calcula el ayuntamiento), orines por todas partes. Recuerdo en 18 por la noche como todos los chavales que se emborrachaban en las verbenas meaban en la entrada de un garaje que tenía, como es obvio, pendiente descendente. Los chavales caminaban por un lago de orín para mear allí, algo verdaderamente asqueroso. El ayuntamiento ha dicho que había urinarios públicos, pero yo no los vi, y mira que sobraron cantidad de la visita del papa. Por las cifras que dio el ayuntamiento creo que la cifra de esta vez (en el caso de que existiesen) era infinitamente menor que el día de la visita del papa. Se ve que los peregrinos católicos mean más que los borrachos de verbena por algún extraño proceso fisiológico que no llego a comprender.

 

Esta comunidad ha sido convertida en una especie de parque temático para turistas. Los ciudadanos no pintamos un carajo. Nos pueden alterar la vida de la manera que les de la gana para que los dirigentes políticos vean cumplidos sus baños de multitudes y su pan y circo que regalan a las masas. Una ciudad de 800.000 habitantes llevada al estado de sitio durante 5 días. Luego esto sienta precedente y se extiende, ¿Por qué no vamos a cortar la cuidad varios días para hacer un circuito urbano de F-1? Que se joda el ciudadano. Aquí parece que no tenemos derechos.

Como he dicho al principio mi discurso podría ser tildado de anti-valenciano por muchos de mis paisanos, primeramente por los propios políticos que usan estas tradiciones para hacer un pupurri de tradición, localismo exacerbado y sus propios intereses electorales. Como dije muchas veces, aquí en PP valenciano ha buscado y encontrado una fusión mística entre la valencianidad como ellos la entienden y el PP.

 

Sólo hay que ver como se mueve Rita Barberá por la fallas. Parece la musa de las fiestas, la reina madre de las fallas. El otro día fue la vicepresidente de la Vega y la pitaron. Me hicieron mucha gracia los comentarios de los periodistas, pues se extrañaban de que había sido la única política silbada en el palco de autoridades, pues ni el presidente del senado Javier Rojo ni el secretario general del PSPV Jorge Alarte, socialistas ambos, fueron pitados.

La verdad es que el comentario es estúpido. Los que pitaron a la vicepresidenta probablemente serían algunos cazurros con el cerebro lavado con las ideas de que los socialistas son enemigos de Valencia. Si no pitaron a Rojo o Alarte es, simplemente, porque no sabían quienes eran. Es lo que tiene la cultura.

 

En fin, estos son mis sentimientos sobre nuestra querida fiesta. Ya los expresé en DICTADURA FALLERA (http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/1237040460/), pero conviene recordarlos cada año, porque esta opinión amigos míos, es bastante más general de lo que vosotros pensáis. Eso sí, no la veréis en ningún medio de comunicación ni en boca de ningún político. Hay cosas que parece que no se pueden decir, y defender el derecho del ciudadano a poder vivir de forma normal y tranquila sobre las patentes de corso de ciertas tradiciones es una de ellas.

DICTADURA FALLERA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

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Como cada inicio de Marzo en nuestra soleada ciudad, ha llegado la hora de las Fallas. Los más afortunados, poseedores de segundas propiedades no muy lejos de la capital, se exilian temporalmente con inusitada tranquilidad de la ciudad, antes de que llegue la vorágine. Para el resto llega el momento de disfrutar…o sufrir.

Las fallas en la ciudad de Valencia son una fiesta peculiar. Todas la fiestas patronales suponen una alteración en la vida de una ciudad, pero en el caso de Valencia no hay una alteración, lo que hay es una revolución a todos los niveles. Todo el entorno en el que sucede nuestra vida social se ve alterado. Las calles por las que circulamos están cortadas, los lugares donde aparcamos están ocupados, las zonas por las que paseamos están colapsadas por una invasión de chavales petarderos que actúan en régimen de impunidad, los exteriores de nuestras viviendas están sometidos cada noche a unos decibelios insoportables, que nos impiden dormir.  Además, podríamos hablar de los colapsos típicos de este tipo de fiestas, que impiden prácticamente cualquier visita a zonas céntricas de la ciudad. En fin, un auténtico “Estado de Guerra”.

Muchas asociaciones vecinales se quejan anualmente por esta situación, pero parece que están silenciadas ante la opinión pública. La única conquista de los vecinos fue el cierre de las verbenas callejeras a las 3 de la mañana, con lo que se consigue que el ruido cese a las 5 de la mañana, cuando se dispersa la gente, con lo que el honrado trabajador que se levanta a las 7 de la mañana consigue dormir un par de horas, ¡Gran conquista!

Esta situación se ha establecido como algo habitual e inevitable. El ayuntamiento de Valencia, gobernado por Rita Barberá, considera que la creación de una gran ciudad turística es la única prioridad de su gobierno. Por supuesto las Fallas juegan un papel clave en esta política. Que los ciudadanos vean su vida afectada de forma terrible (Recordemos que la gente trabaja estos días de fallas) es irrelevante para el consistorio, tanto en este caso como en cualquier otro. Cualquiera que se atreva a criticar la dictadura fallera será tildado de antivalenciano, y los sectores más radicales le acusarán de ser un agente a sueldo de Carod Rovira. Así pues, los valencianos capitalinos nos vemos obligados a aceptar que el caos, la guerra simulada, el frenesí constante y la destrucción de nuestro modo de vida es algo inevitable durante 15 días, y además, tenemos que aplaudir.

Aunque haya gente que piense así, hay otro modo de llevar las cosas. El la Xàtiva de Alfonso Rus, por ejemplo, no se pueden instalar carpas en las calles. Si los falleros quieren hacer fiesta, la deben hacer en el propio casal fallero, que debe estar insonorizado para no molestar a los vecinos. Los niños no pueden tirar petardos a los viandantes como en Valencia, puesto que les serían decomisados y sus padres advertidos. La verdad es que esto no se debe a un afán de protección de la vida del ciudadano, se debe básicamente a la voluntad personalísima de Alfonso Rus, al que no le gustan las Fallas. Alfonso Rus, personaje intermedio entre un cacique y un señor feudal, convierte su voluntad en ley. Las Fallas no, pero si hablamos de la Feria de Xàtiva, las cosas serían diferentes.

Espero que los 80 ó 100000 falleros que hay en Valencia se lo pasen bien estas fallas. Los otros 700000 nos aguantaremos, nos iremos o intentaremos llevarlo de la mejor manera posible, intentando aprovechar lo bueno que tiene la fiesta.