LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

espana

¡VIVA EL PULPO!

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 12-07-2010 en General. Comentarios (20)

 

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Parecía como un guión de película de acción. Siempre el los últimos minutos, después de jugar mejor que el rival, de tener más ocasiones, de lamentar nuestra falta de puntería, siempre aparecía un jugador rojo para meter la bota y ganar, finalmente, 1-0.

No parecía probable que el guión se repitiese con una Holanda italianizada perdiendo tiempo y encerrada atrás, pero como suele pasar en la mitad de partidos que están en una prórroga (en la otra mitad ocurre todo lo contrario sin explicación aparente) los minutos jugados parecían hacer más mella en las defensas que en los atacantes, y en estas apareció Iniesta para darle el primer mundial a España.

 

España, la eterna decepción, la eterna aspirante derrotada, rompía su maldición. De no haber pasado en nuestra puñetera vida de cuartos de final a ser campeones de todo. Como una película de esas americanas donde la típica persona infeliz y con pocas ambiciones en la vida salta a ser un famoso deportista, hombre de negocios o actor de éxito.

Ya nos habíamos acostumbrado a que nuestro país fuese esencialmente un país de “clubes”, en contraposición a los países de selecciones. Nuestra liga era muy fuerte, con equipos triunfadores en Europa, de alto nivel, pero nuestra selección era una medianía.

Sin embargo en medio de una crisis económica que ha afectado fuertemente a nuestra liga convirtiéndola en una liga de segundo nivel, donde tan sólo dos equipos se han quedado en la parrilla de salida por la liga, donde los éxitos deportivos europeos han desaparecido (si exceptuamos al F.C. Barcelona), donde casi todos los equipos están inmersos en políticas de salvamento económico y los que no lo están lo estarán en poco tiempo; en este contexto ha sido la selección nacional la que ha cogido la bandera de representatividad del fútbol español.

El país de clubes se ha convertido, de la noche a la mañana crisis mediante, en un país de selecciones.

 

Desde el periodismo deportivo, seguramente la parcela del periodismo menos profesional, más parcial y más impulsiva, se están dando multitud de explicaciones al por qué nuestra mediocre selección se ha convertido en mítica.

Se habla de una generación que no siente los prejuicios contra la idea nacional de España heredados de la política del Franquismo y de la guerra civil, de un país que gracias a su crecimiento económico tiene instalaciones y equipamientos deportivos magníficos que ha dado esta generación de deportistas, de la cantera del Barça y su excepcionalidad, de la extirpación de ciertas inercias dentro de la selección y de jugadores bastante nocivos para el grupo como Raúl, etc.

Los seres humanos tendemos a querer dar explicaciones sencillas a hechos complicados. En cualquier momento con un poco de mala suerte España hubiese quedado eliminada en cualquiera de los partidos de la fase final, pero no fue así, y parece como si el factor suerte no tuviese importancia, cuando en competiciones de estas características es fundamental. Así pues cada uno da su parcial e incompleta versión de los hechos.

La verdad es que cualquiera de las razones expuestas, sobre todo la suerte, han tenido una importancia porcentual determinada. También querría añadir yo uno de mi propia cosecha: La presencia de jugadores Españoles que juegan en otras ligas, sobre todo la inglesa, ha dado ha estos jugadores y a la selección por extensión un extra de experiencia y competividad que ha sido muy importante, aunque quizá lo fue aún más en la Eurocopa.

 

11 jugadores por equipos, tres cambios por equipo, entrenadores, árbitro y árbitros auxiliares…todo esto lleva a centenares de millones de decisiones instantáneas, de procesos neuronales rapidísimos, que son los que marcan los hechos  y el camino para el desarrollo de los futuros hechos. En una realidad así, es una osadía inaceptable, muy humana pero inaceptable, intentar darle a un factor x la globalidad del mérito.

Pero bueno no es nada extraño porque el fútbol no es el único campo donde los seres humanos hacemos esto. En economía, por ejemplo, lo hacemos todos los días. En nuestro complejísimo sistema económico la “realidad económica” se basa en millones de decisiones, actividades, compras y ventas, ocurrencias, etc. Que se dan todos los días de forma continua. Una mezcla de expectativas, de tendencias, de decisiones individuales, de miedos y esperanzas, incluso de desastres naturales, es la que genera la economía real.

Los economistas y los políticos se empeñan a presentar como una ciencia exacta la economía, como si una ley aquí y una bajada de impuestos allá fuese capaz de revertir irremediablemente la situación, ¡Cuanta moral! Y los ciudadanos nos lo creemos, sin duda porque nos lo queremos creer, o no, en el caso de que algún prejuicio ideológico nos diga que no nos lo debemos de creer.

Ni los economistas de los países del socialismo real, con una economía planificada, eran capaces de predecir sus oscilaciones ni supieron como arreglarla en el momento empezó a decaer. En una economía libre y de infinitas interconexiones como la actual, con su complejidad enorme, es todavía muchísimo más complicado predecir nada (como está demostrado) ni acertar con las recetas.

En fin, me he desviado del tema, como siempre.

 

Y hablando de complejidades a mi lo que me fascina es el puñetero pulpo ese que acierta los partidos. He pensado muchísimo en los colores de las banderas para entender las decisiones del pulpo, aunque parece ser que estos animales ven en blanco y negro.

Si un pulpo es capaz de adivinar los resultados de los partidos quizá toda la explicación anterior de los procesos neuronales no es más que una patraña de un cientifista como yo, y el fútbol sea algo bastante más fácil de lo que yo creo. “Lo que hay que hacer para ganar es marcar un gol más que el contrario” dijo Di Estéfano hace muchísimos años, acabando con las preguntas de periodistas curiosos.

Quizá si un pulpo es capaz de adivinar los resultados de un mundial no es tan descabellado pensar que alguno de nuestros políticos sea capaz de tomar medidas que reactiven la economía…

Perdonad, pensé que acabar con un chiste era lo mejor, aunque así leído puede parecer de mal gusto. En el peor de los casos siempre podemos votar al pulpo Paul de presidente. Total, para lo que los candidatos que tenemos ahora…

 

REFLEXIONES NACIONALES

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 29-06-2010 en General. Comentarios (7)

 

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La tarde del partido España-Chile circulaba por Valencia capital camino a las afueras. En uno de los semáforos vi una gran bandera de España que colgaba del letrero luminoso de un bar, en el que presumiblemente iban a televisar el partido. Parecerá una tontería, pero comencé un proceso de contemplación místico-política de aquella tela roji-gualda que ondeaba alegremente al viento.

 

Mis sensaciones fueron positivas, no por ningún tipo de emoción futbolística si no por la completa normalidad con lo que la bandera de España ondeaba. Era lo normal con un partido de la selección a escasas horas, y seguramente miles de imágenes similares sucederán en la mayoría de países de nuestro entorno. Pero esta normalidad se convierte en especial debido a la realidad social en la que viven nuestros símbolos nacionales, que arrastran una convulsión histórica.

Igual la presencia de la bandera Española no está absolutamente normalizada en el ámbito social, pero sí me parece que está absolutamente normalizado su uso en eventos deportivos, igual que lo está hace años en el ámbito de la administración. Nadie piensa que la persona X es un “facha” cuando lleva una bandera de España en un partido de la selección, por lo menos no la inmensa mayoría de personas, aunque quizá esta realidad general no sea extrapolable a Cataluña y, sobre todo, al país vasco.

Pero que los símbolos nacionales ganen espacio de normalidad me parece positivo para quitar lastre de debates políticos estúpidos que absorben nuestras energías.

 

Para mi la bandera de España es algo totalmente aceptado que asumo sin problemas como el emblema de mi país. Y ojo, lo digo yo que, si me diesen a elegir, preferiría que se restableciesen los símbolos republicanos, sobre todo la bandera tricolor. Pero eso no me hace tener animadversión a la bandera bicolor ni mucho menos, aunque reconozco que mis prejuicios eran mayores cuando era más joven.

Tampoco veo ningún conflicto con mi identidad Valenciana; ambas identidades son complementarias totalmente, y no me supone ningún conflicto identitario absurdo, como es normal en una persona totalmente opuesta al nacionalismo como yo.

Pero esta realidad no es asumida por todos. La bandera de España tiene una pesada carga detrás, que compagina con la dificultad de establecerse en un país con varios nacionalismos distintos, lo que le hace tener todavía grandes problemas de aceptación que no parece que acaben solucionarse con los años.

 

Si observamos la línea histórica de las afecciones nacionales simbólicas podemos ver como es el Franquismo el que rompe la mayoritaria aceptación de los símbolos nacionales y de la españolidad misma. Desde la dictadura se machacó a la población con la idea de que el régimen franquista representaba las esencias de España, mientras que sus enemigos representaban la anti-España. El conservadurismo, el catolicismo, el militarismo y el cutrerio político-social fueron elevados a la categoría de esencias de la Españolidad, mientras que cualquier oposición ideológica (Liberalismo, laicismo, izquierdismo) eran ideas extranjerizantes ajenas a la realidad nacional.

Además del factor político-social también tenemos el factor simbólico. El franquismo eliminó los símbolos nacionales vigentes (los republicanos) para recuperar los antiguos monárquicos, y por lo tanto generó la sensación de que esa bandera y ese himno más que los del país eran los del régimen. La bandera y el himno se convertían en algo político, y esta sensación perduró en el subconsciente colectivo y se heredó de generación en generación, aunque posiblemente de formas diferentes. Si el Franquismo no hubiese cambiado los símbolos republicanos, o bien la república no hubiese cambiado los monárquicos anteriores, estoy seguro que parte de esta desafección simbólica no existiría.

 

Una vez acabado el Franquismo los herederos de este se declararon únicos portadores de la Españolidad auténtica. Aunque fueron marginales, estas sensaciones penetraron en la derecha Española (y en la izquierda por reflejo), que se ha sentido como la que verdaderamente siente una españolidad sin complejos, cayendo alguna vez en el terrible error de intentar instrumentalizar símbolos nacionales cuando lo único que provoca eso es que los fantasmas de nuestro pasado se reactiven.

Yo siempre he tenido una sensación que igual es equivocada, pero que me ha parecido siempre intuir. Cuando gobierna la izquierda (me refiero al PSOE, no confundir con Izquierda de verdad) la “tensión simbólica” es menor. Y no entro a valorar si la culpa es de unos o de otros, simplemente analizo un hecho que me parece observar.

 

Muchos Españoles se quejan de que en España no se pueda llevar una bandera o alguna simbología con los colores nacionales con total normalidad sin ser víctima de suspicacias maliciosas. Dicen que esto no pasa en ningún país del mundo, que somos el único país que se avergüenza de sus símbolos. Bien, esto no es verdad, no somos el único país en que pasa esto, ni mucho menos. Voy a dar un ejemplo: Japón.

En Japón existe un sentimiento respecto a sus símbolos nacionales muy parecido al que hay en España. Los conservadores los usan y aceptan sin problemas, pero los liberales y progresistas los consideran un símbolo de la época del imperialismo Japonés anterior a la derrota en la II guerra mundial.

Existe, por ejemplo, una gran polémica con la presencia de banderas en Japón y con la enseñanza del himno en las escuelas. Muchísimos profesores se han negado a enseñar la letra del himno en las escuelas (consideran que adula al emperador como a un ser divino) y han sido sancionados, incluso un maestro fue encarcelado por indicar a sus alumnos que permaneciesen sentados e indiferentes ante el himno nacional.

Este caso Japonés nos hace ver como no somos únicos en nuestros recelos, y ver donde está el problema principal que tenemos ambos países en común: Un pasado oscuro que muchos quieren olvidar, pero que otros muchos se niegan a condenar.

 

Mi famoso amigo Nihilista me decía el sábado pasado “Me da igual la selección, yo no me siento Español”, “El nacionalismo es siempre estúpido, y cuanto más pequeño más estúpido es” (lo decía por el catalán, él vive en Barcelona parte del año).

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con la segunda frase, pero le repliqué a la primera: “Ahora no te sientes Español porque vives en España, pero si vivieses en el extranjero te darías cuenta hasta que punto lo Español está presente en tus actitudes y forma de pensar”. “Quizá tengas razón” me dijo, mientras seguía declarando, ya en otros ámbitos, su irreverente e interesante nihilismo.

Y así es, porque el “ser Español” no es realmente una bandera ni un himno. Es una forma de comportarse, de pensar, de entender la vida, son unos gustos determinados, unas costumbres, un modo de viva, etc. Y parcialmente es común a muchos otros países del mundo, pero parcialmente no. Esta es la verdadera esencia de una nación; cambiante, dinámica, receptora de costumbres y gustos extranjeros, pionera en vanguardias conductuales…El “ser Español” no es algo que se pueda definir en un libro, ni que puede listar nadie. Cada uno de nosotros lo crea y evoluciona a la par con él.

 

“Son Españoles quienes no pueden ser otra cosa” dijo Don Antonio Canovas del Castillo. En aquella época la desafección nacional venía más por el anarquismo y el internacionalismo obrero, el cantonalismo y en parte por el nacionalismo, que por nuestros conflictos actuales. Sin embargo parece que es un problema endógeno de este país.

Afortunadamente parece que el tiempo está suavizando estas posturas. E insisto en mi argumento inicial: No nos dejemos embaucar por conflictos artificiales y estúpidos que no aportan nada a la sociedad. Hay demasiadas cosas que arreglar, demasiadas incertidumbres mundiales y demasiados problemas políticos y económicos como para concentrarnos en banderas y en simbolismos.

 

LA ESPAÑA DUAL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 09-04-2010 en General. Comentarios (8)

 

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Supongo que alguien habrá teorizado alguna vez sobre las enormes ventajas que tiene la dualidad cara al control social. Plantear a los ciudadanos una dicotomía entre dos opciones cualquiera, identificadas como opuestas e irreconciliables, siempre me ha parecido un método estupendo de aislar la creación de ideas y los análisis complejos.

Los miembros de la masa se situarán en alguna de estas dos opciones, que aceptarán como definitorias de su propia personalidad, de su propio grupo, que los definirán como persona. Creará en el individuo el sentimiento de pertenencia, de lo “mío”, de los “míos”. Y los miembros se irán fidelizando a una de las dos ideas conforme el debate sobre la conveniencia de una de las dos se vaya generando, siendo más fieles a las mismas conforme más se radicalice éste. Estoy seguro que debe haber un mecanismo psicológico para explicar esto.

 

En nuestro país que muchos quieren definir como plural, esta pluralidad es un espejismo absolutamente falso. Nuestra España no es plural, nuestra España es profunda y ardientemente dual.

Todos conocemos como se entiende la política en este país. Los “rojos” y los “azules”, conceptos que van más allá de la ideología, que entroncan directamente con la historia familiar. En los pueblos aún se dice que tal o cual familia es de “rojos” o de “azules”, sin tener en cuenta que los individuos de la misma pueden tener pensamientos diferentes a sus progenitores.

En la España actual de la partitocracia acaparadora y transversal esta dualidad entre rojos y azules se da con el PP y el PSOE. El “rojo” es del PSOE y el “azul” del PP. Si el “rojo” llega a considerar que el PSOE no está haciendo una buena política podría tener la tentación de cambiarse de opción política, pero las fuerzas de la dualidad, los debates identitarios falsos, y el miedo a “los otros” siempre le hace replegarse sobre sus orígenes. El PSOE le puede decepcionar, decepcionar muchísimo, puede llegar a considerarlo casi un partido traidor, pero la inercia de nuestra sociedad hará que acabe de nuevo votándole para que no gane la derecha, para que no ganen los otros.

Eso es absolutamente aplicable a los “azules” votantes del PP. Los votantes del PP suelen ser menos críticos que los socialistas, pero también los hay desencantados. Pero al final será lo mismo, para que no ganen “los rojos” se acabará apoyando a demagogos impresentables. Todo sea para mantener las buenas tradiciones familiares.

 

Pero no es sólo la política señores, es también, por ejemplo, el fútbol. En vísperas de uno de esos partidos del siglo, como se repite ridículamente en boca de los “periodistas” deportivos, la dualidad se ve en su máxima expresión.

En quienes crean la opinión deportiva de este país sólo caben dos opciones: Ser del Real Madrid o ser del Barça. He oído muchas veces entrevistas a personas famosas en las que se le preguntan por su equipo favorito. “Yo soy del Racing de Santander” puede responder cualquiera de estos famosos. Si lo hace, automáticamente será preguntado “Pero bueno, entre el ¿R.Madrid y el Barça de cual eres?”… En España, no es aceptable, no es concebible no ser de alguna de las dos únicas opciones posibles en este mundo, el Madrid y el Barcelona, siempre hay que ser de uno de los dos, o pertenecer a uno de los dos bandos irreconciliables aunque sea por un odio mayor al otro.

El otro día escuchaba a un periodista deportivo decir “¡Qué bonita está la liga!”. Perdone, ¿Bonita dice? Exactamente igual que cuando nos jactamos siempre del enorme nivel de nuestra liga… Son verdaderamente increíbles estas opiniones, ¿¡Pero cómo va a ser “bonita” o “fuerte” nuestra liga si el primero y el segundo le sacan más de 20 puntos al tercero!? Una liga fuerte y bonita es una liga como la inglesa, donde siempre hay 4 ó 5 equipos con posibilidades de ganarla. Una liga fuerte era la liga Española hace una década, cuando había más equipos candidatos, cuando los equipos más flojos ganaban más asiduamente a los equipos fuertes.

Pero una liga de dos colores, de dos opciones y en donde hace falta un milagro para que un equipo pequeño le empate a uno grande, es una liga floja y poco interesante. Sin embargo, los adalides de la dualidad parecen tener orgasmos deportivos en estas circunstancias.

 

Lo existente en la política y en el deporte es extrapolable a otros debates. Muchos son de ideas, de principios, y podrían entroncar con la política, pero también hay multitud de debates frívolos en los que podemos aplicar la dualidad.

¿Eres de Belén Esteban o de María José Campanario? Preguntaba el ínclito Jorge Javier Vázquez a su audiencia. Parece ser que los españoles que visionan ese tipo de basura televisiva deben situarse con alguna de las dos damiselas, y por la tanto odiar a la otra como si fuese la representación del diablo en la tierra.

No entro mucho en este tema porque tengo en mente hacer un post específico sobre Belén Esteban y su desaforado éxito televisivo que parece no tener fin. Empiezo a pensar que la homínido esa es casi una representación mística de la Españolidad, ya lo desarrollaré.

 

La dualidad, damas y caballeros, está totalmente anclada en la idiosincrasia nacional. Dos políticas casi iguales convertidas en enemigas extremas por matices, dos equipos iguales enemigos a muerte por el color de una camiseta y la ciudad que representan. Dos vividoras enemigas a muerte para alimentar los instintos más morbosos del Voyeur hispano.

Ese es el país en el que vivimos. Saber alejarte de esas dualidades, de esas líneas de debate falsas, de esos polos sentimentales engañosos, no es fácil. Quien lo haga será tratado, en el mejor de los casos, como un tipo raro o un Friki, si no algo peor, por la masa que ha marcado las casillas que la sociedad dual ha puesto delante de sus ojos.

Posiblemente es obligación del ciudadano comprometido y responsable alejarse de esto en aras de un análisis intelectual adecuado, convirtiéndose en un heterodoxo. Pero no olvidéis nunca que los heterodoxos, estimados lectores, han sido siempre el tipo de personas más interesantes que ha dado nuestra historia.

SIMBOLOS PATRIOS

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 15-05-2009 en General. Comentarios (20)

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La pitada al himno español en la pasada final de la copa del rey ha provocado un revuelo mediático importante. Ciertamente el debate ha sido amplificado gracias al cese disfrazado de dimisión del director de deportes de televisión española, que parece que censuró la pitada del himno antes de comenzar la final y lo emitió con “arreglos” en el intermedio. Sin embargo, el debate sobre la posible pitada ya se había producido en algunos medios de comunicación con anterioridad.

Muchos asociarán este rechazo puntual al himno Español y al Rey como producto de una exaltación nacionalista, y posiblemente es verdad. No obstante, la característica “nacional” del público silbante en esta ocasión no puede esconder una realidad que todos conocemos, que es que incluso en zonas sin nacionalismo alguno el himno y la bandera española son símbolos que gozan, quizá no del rechazo claro, pero sí de la “frialdad” de parte importante de la población.

Esa frialdad se debe a que muchas personas perciben que el himno y bandera actuales tienen ciertas connotaciones políticas, generalmente asociadas a la dictadura y a la derecha. Al que lleva pegatinas de España en el coche, o lleva símbolos claramente visibles se le sojuzga directamente como “facha”, por lo que muchas personas los evitan, e incluso se encuentran pensando en esos términos involuntariamente a poco que se den cuenta.

Evidentemente los símbolos sólo representan lo que se haya querido representar en ellos. Muchos símbolos han cambiado de significado a lo largo de la historia, cosa normal y habitual. El himno y la bandera Española realmente tienen un significado oficial “nacional”, sin embargo esta situación de identificación con los “fachas” pervive en el subconsciente colectivo por varias razones.

Cuando la sublevación militar del año 36 triunfó, los sublevados cambiaron el himno y la bandera que usaba la república. Realmente lo que hicieron fue reinstaurar los símbolos monárquicos anteriores (con cambio en el escudo), pero ese cambio en ese entorno de brutal enfrentamiento concedió a la bandera bicolor y a la marcha real significado de símbolos “franquistas” dentro del imaginario colectivo. Además, Franco y su régimen hablaban propagandísticamente de que la “esencia” de España era lo que representaba su régimen (catolicismo, militarismo, autoridad, centralismo), mientras que la república y la oposición al régimen (liberalismo, democracia, izquierdismo, nacionalismo periférico) representaba la “anti-españa”.

Cuando llegó la transición, el gobierno Suárez ni se planteó cambiar los símbolos nacionales. En aquel momento donde primaba el acuerdo, nadie entró en esos temas, ocupándose más de cambiar la realidad política y social, que realmente era lo prioritario.

A pesar de que la propaganda del franquismo había condicionado el subconsciente colectivo en lo que respecta al patriotismo y los símbolos, supongo que aquellos políticos pensaron que el paso del tiempo y el uso continuado de estos símbolos de estado con la izquierda en el poder y los nacionalistas en el sistema acabaría eliminándole las connotaciones “franquistas” a éstos. La idea es lógica. Algo parecido ha pasado en la comunidad Valenciana, donde la señera coronada, símbolo del blaverismo durante las transición, ha acabado considerándose como bandera normal para la inmensa mayoría de valencianos gracias a su uso oficial prolongado. Pocos de acuerdan ya de la bandera preautonómica y muy pocos la reclaman.

Sin embargo esta situación no se ha dado con los símbolos de España. ¿Por qué? En mi opinión se ha debido a la combinación de dos factores. Primero la omisión lógica del uso social de la bandera de España durante los primeros años de democracia por parte de la Izquierda y el nacionalismo, pero fundamentalmente creo que la situación que hace perdurar esto es el uso partidista por parte de la derecha de los símbolos patrios.

Todos hemos visto las manifestaciones del la derecha en la pasada legislatura en las calles. Banderas de España por doquier, referencias patrióticas a España, etc. Cuando hablan los dirigentes del PP se les llena la boca de hablar de España, como si España fuese sólo lo que ellos defienden.  Las continuas acusaciones a la izquierda de querer romper España, manifestaciones de la extrema derecha con banderas de España como pancarta, etc. La derecha se autoproclama como la esencia de España (discurso vacío por otra parte, que sería inaceptable en otros países de Europa) contra los “otros”, que son todos los demás y que parece que no quieren a España.

En ese caldo de cultivo los grupos nacionalistas se mueven en su salsa porque en cierta manera producen confusión cuando luchan contra España. En otro momento hablaré sobre el cordón umbilical que parece que une a la izquierda y al nacionalismo desde hace casi un siglo y que, en mi opinión, hay que romper.

Hace unos años un alto cargo de la judicatura, Jiménez de Parga, que no sé que cargo ocupa ahora y que fue ministro de trabajo con Suárez, propuso que se cambiase el himno y la bandera de España por otras nuevas, ya que los actuales símbolos provocan rechazo. Quizá tenga razón pero ¿Seriamos los españoles capaces de no utilizar los nuevos símbolos de forma partidista?

¿SERÍA INESTABLE LA III REPÚBLICA?

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 15-04-2009 en General. Comentarios (2)

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Aprovechando el aniversario de la proclamación de la II república e inspirado por un comentario reciente en un post de hace un par de meses, quería hacer un par de reflexiones.

El comentario que me ha inspirado a escribir hablaba sobre una hipotética tercera república en España. El argumento era que esa república traería inestabilidad, puesto que al tener un jefe de estado “político”, esto llevaría a generar más crispación y más polarización política. También comentaba este compañero que no quería que la policía y el ejército estuviesen en mano de una persona con carnet de partido (realmente ya lo está, puesto que son los ministros y el presidente quienes tienen estas atribuciones, y el Rey constitucionalmente no puede rechazar sus decisiones).

He oído y leído en multitud de ocasiones que una república traería problemas a España. Hay gente que todavía piensa que si hubiese una república habría un golpe de estado militar, y que el Rey es el único garante de la democracia en España. Argumentos como “En España ya se ha demostrado que una república trae inestabilidad” u otros parecidos son frecuentes, como si el tiempo no pasase y siguiésemos viviendo en el siglo XIX o en los años 30. Otros, más moderados, aducen situaciones como la que he comentado antes, de polarización, crispación, etc.

La verdad es que estos argumentos no aparecen en la mente de la gente porque sí. Muchas han sido las personas que lo han repetido, seguramente para consolidar la monarquía y la figura del monarca en su momento, o son argumentos que se aplicaban a la lógica de los años 70, siendo extrapolados hasta el día de hoy. Quizá sean parte de una mitología interesada o tengan alguna otra motivación. Pero lo que es cierto es que hay mucha gente que cree eso.

Al final, y cuando posees un conocimiento de la historia de España relativamente amplio, te das cuenta que estas ideas no son nuevas. En el fondo, esto es la misma argumentación que intentaba usar el Franquismo para legitimar la dictadura. En aquel momento de usaba aquello de “O Franco u otra Guerra”.  La idea es que los Españoles eran de por sí un pueblo salvaje, que el odio entre ellos era inevitable, y que si no se les gobernaba con mano de hierro volverían a matarse entre ellos. Los Españoles, a diferencia del resto de Europa, estaban incapacitados para la democracia, y lo único que mantenía la paz era la “mano dura” (fijaos como Franco y el franquismo se exime de toda responsabilidad en la guerra civil, presentándose como pacificadores y no como sus iniciadores).

Cuando Franco murió en España se reinstauró la democracia, como era lógico por contexto cultural e internacional. Todo aquello de “o Franco u otra guerra” se demostró una mentira interesada. Sin embargo ese mito parece que se transmutó en uno nuevo, el del Rey garante de la democracia. El rey era la fuerza que contenía a los militares y a los golpistas, era la fuerza que estaba por encima de derechas e izquierdas y que garantizaba la lealtad de todos a la nueva democracia. Esta idea, que podría tener algún sentido en los momentos inciertos de la transición, ha llegado hasta nuestros días, cuando ya carece de sentido alguno.

A mi todo esto me produce verdadera lástima porque, en el fondo, la aceptación de esta idea revela un sentimiento de inseguridad de los españoles con nuestro propio país y nuestros propios compatriotas. Portugal, Irlanda, Francia, Italia, Alemania y muchísimos países más de nuestro entorno son repúblicas. En ellas, ni se mata nadie, ni se crea ninguna polarización especial por la realidad republicana. ¿Porqué en España no puede haber una república?. Es absurdo. Es propio de un sentimiento de inferioridad descorazonador. La crispación se crea por culpa de los políticos irresponsables, no por los regímenes. Es más, si hay una república parlamentaria, creo que incluso se evita la polarización.

¿Qué pasaría si José María Aznar fuese presidente de la república con Zapatero de primer ministro? A pesar de que muchos pensarán que correría a pedradas esa no es la realidad. Las obligaciones llevarían al José María Aznar, el mismo que hoy no desaprovecha momento ni ocasión para desprestigiar a España y a su gobierno allá a donde va, a tener una relación correcta con el primer ministro, a defender internacionalmente lo mismo, a hablar siempre moderadamente y de manera neutral. ¿Eso crearía más crispación? Al contrario. Cuando por fin viésemos a dos políticos de partidos distintos entenderse en España, aunque fuese por obligación, a estos que creen que el otro partido representa la maldad absoluta se les pasaría la alucinación.

Se puede argumentar a favor de la monarquía con argumentos válidos. Es perfectamente democrático querer un Rey, como lo es lo contrario. Pero las argumentaciones deben ser lógicas. Las fantasías de historia-ficción son tan insostenibles como defender que un monarca lo debe ser “por la gracia de dios”.