EL EJECUTIVO

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 15-06-2009 en General. Comentarios (5)

 

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El otro día estuve hablando con un amigo sobre nuestros respectivos trabajos. La conversación, que empezó siendo un análisis superficial de qué nos aportaban nuestros trabajos y qué proyección de futuro veíamos en ellos, acabó versando en una figura empresarial que tienen casi todas las empresas de cierto tamaño: El ejecutivo.

 

Lo voy a llamar ejecutivo, pero me estoy refiriendo a algo mucho más amplio. Me refiero a todos aquellos que ocupan en empresas responsabilidades elevadas y que eso les obliga prácticamente a vivir por la empresa, a estar siempre disponibles, a no tener horarios, etc.

Esos ejecutivos no pueden nunca desconectar el móvil. Trabajan muchas más horas de lo que marca una jornada laboral normal. Están activos sábados y domingos. Prácticamente nunca cogen vacaciones.

La vida del ejecutivo generalmente implica muchos viajes y estar mucho tiempo fuera de casa. Aeropuertos fríos a altas horas de la madrugada, habituales noches de hotel en ciudades desconocidas, reuniones maratonianas, etc.

 

Bien, todos sabemos a lo que me refiero. Yo he visto muchas veces a este tipo de personas, tanto en relaciones profesionales como fuera de ellas, y siempre me han parecido personas que sacrifican su vida personal por ocupar un puesto importante en una empresa y, por supuesto, por la remuneración que eso conlleva.

¿Realmente este es el modo de vida a la que esta gente aspira? ¿Les gusta vivir así? ¿Es su vida familiar satisfactoria? No sé, mi impresión generalmente ha sido que no se les ve “felices”.

 

Supongo que, como en todo, las generalizaciones no valen para nada. De todas maneras me pregunto qué piensa una persona cuando acepta un puesto así. Cada persona es un mundo y habrá tenido una motivación. Quizá cuando eres joven y no tienes responsabilidades, y te ofrecen un puesto de este tipo, piensas que es el momento de aceptarlo, de ganar experiencia, de sacrificar tiempo y vida para labrarte un futuro mejor y, porque no decirlo, de poder ganar un buen dinero. Y posiblemente con el tiempo te ves atrapado es un puesto de este tipo, y ya no puedes salir. O quizá te gusta ¡Yo qué sé!

 

A lo mejor es que las personas tenemos interiorizado que “eso” es triunfar en la vida. Ganar mucho dinero, comprar un gran chalet, un coche carísimo; aunque no estés nunca en ese chalet y no puedas usar ese carísimo coche, ya que viajas con el de la empresa.

También me gustaría saber qué piensan los cónyuges de estos ejecutivos, ¿Les parece bien cambiar el poder estar con su pareja por dinero? ¿Es más importante poder llevar a tu hijo a un elitista colegio privado que poder estar encima de su educación? Me asaltan las dudas.

 

¿Qué haría yo si me ofreciesen un puesto así? Puede ser que lo rechazase, pero ¿no estoy dejando pasar un tren que sólo pasa una vez en la vida? No, no, mejor lo aceptaría…pero ¿Es esa la vida que quiero? Estoy confundido, parece como una guerra entre lo que la sociedad te dice que hagas enfrente de un sentimiento más “conformista”. Un amigo psicólogo me comentaba un día que la felicidad estribaba en minimizar la distancia entre el “Yo” real y el “Yo” ideal. Y, en esta explicación, apareció un nuevo “Yo”, el “Yo debería”. ¿Es esto un “yo debería”? Seguro que alguno de nuestros ilustres lectores nos puede ayudar.

La ambición por el dinero, el sentirte triunfador, las necesidades económicas, el querer tener un estatus de vida que requiere altos ingresos, el que otras personas se sientan orgullosos de ti, el camino que te marca la vida y que no siempre decides tú…Habrá un poco de todo, supongo, en estas personas. Cada uno es producto de sus circunstancias.

 

De todos modos creo que para que el sistema funcione (el capitalista de libre mercado) debe haber un cierto porcentaje de la población capaz de aceptar este tipo de trabajos. Si no hubiese nadie que quisiese esto, si todo el mundo priorizase el tiempo libre y la vida personal y familiar, este sistema sería inviable.

Esto me hace pensar hasta que punto los sistemas económicos, su éxito o fracaso, se debe exclusivamente al tipo de sociedad sobre el que los aplicas. Pero claro, aquí podemos entrar en qué era antes, el huevo o la gallina, ¿Somos los seres humanos los que realmente tenemos una preferencia por un estilo de vida? ¿O es la sociedad la que nos inculca una manera de ser y una aspiraciones en nuestro modo de vida?

 

…Me parece que como siga voy a caer en el relativismo más absoluto. Lo dejo aquí, antes de que empiece a degenerar.