LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

civil,

PERSECUCIONES, POLITIZACIÓN, CIERRE EN FALSO Y FANTASMAS DEL PASADO

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 19-04-2010 en General. Comentarios (20)

 

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La imputación del juez Baltasar Garzón por el Tribunal Supremo ha levantado la bonita alfombra que cubre la realidad política de este país, mostrando claramente que hay escondido debajo de la apariencia de democracia avanzada que tiene nuestro país.

 

La verdad es que el tema amplísimo y no sé por donde empezar. Quizá lo primero que deba hacer es mostrar mi apoyo más absoluto al juez Baltasar Garzón, y la condena a la actitud que el Tribunal Supremo de España está teniendo con él.

Se habla de que el juez ha prevaricado en el caso del juicio fallido al Franquismo. Han hablado muchos juristas, y yo, que no lo soy, tengo la sensación de que hay tantos argumentos para acusar a Garzón de prevaricación como argumentos para desmentir esta acusación. Se habla de que Garzón omitió la ley de amnistía, aunque hay una jurisdicción internacional de justicia universal que dice que los crímenes contra la humanidad no prescriben ni se pueden anular. Se dice también que no actuó igual cuando archivó la denuncia contra Santiago Carrillo por los crímenes de Paracuellos, pero a parte de que no hay ninguna prueba de la participación de Carrillo en estos hechos la realidad de esos crímenes es esencialmente distinta a la represión organizada Franquista y se argumenta que no podría ser considerado genocidio, por lo que la ley de amnistía sí sería vigente en este caso.

Cuando se dan estas respuestas se indica entonces que no se puede acoger a la jurisdicción universal para perseguir crímenes en los que los responsables están muertos y que no hay precedente de eso. Pero, ¿Están todos los posibles imputados muertos realmente? ¿Seguro que no se puede abrir un proceso de genocidio si los principales genocidas están muertos?

 

Todo esto es muy farragoso para los que no somos juristas, pero el resumen es que, si bien Garzón bordea las leyes y las interpreta para que se ajusten a sus deseos justicieros, hay suficiente sustento para las acciones que ha tomado. Llevarán o no a algún sitio, se podrá aplicar o no, pero la acusación de prevaricación parece absolutamente desproporcionada.

¿Por qué lo han imputado entonces? Muchos han hablado de una persecución judicial, y la verdad es que si analizamos los hechos no es nada descartable esta hipótesis. Garzón ha sido imputado en tres casos distintos en muy poco tiempo, y obviamente esto es sospechoso. Además Garzón es un hombre con muchos más enemigos que amigos, tanto en la judicatura como en la política. Muchos desean verle humillado y castigado por su osadía justiciera que ha perjudicado a muchos de los “suyos”. Garzón tiene el problema de que ha atacado a todos por igual. El PP le odia, los restos del Felipismo del PSOE también, al igual que los nacionalistas vascos, los Franquistas, los corruptos de todos tipos…demasiado para una sola persona.

 

Pero lo más peligroso de este caso no es ya lo que se le puede hacer a este juez, estrella y justiciero sí, pero honrado, ético y luchador por causas justas también. Lo peligroso es todo lo que se ha destapado.

Los odios contra Garzón son profundos. Vomitivos editoriales de prensa como el ABC o la Razón, que demuestran hasta qué punto estas prensas se sienten herederas del Franquismo sociológico. Actitud bochornosa del PP, que pretende que se le tolere su porquería atacando al juez que ha iniciado su destape. Pero no sólo eso, en la actitud del PP hay mucho de intención de desviar la atención sobre Gürtel atacando al juez, y, en algunos miembros del partido, se observa también una actitud de Franquismo sociológico.

Ya lo hemos hablado muchas veces, en España las afecciones políticas familiares se heredan. Los Ansón y los Luca de Tena, los Mayor Oreja y los Álvarez Cascos, se sienten herederos de la España Franquista, y aunque nieguen la aplicación de esos principios e ideas en la sociedad moderna, no pueden aceptar ni permitir que “su” pasado familiar y su herencia ideológica sean atacadas ni puestas en cuestión. Ese es el fondo de la cuestión, y por tanto la pregunta es, ¿Cuántos jueces del TS tienen este mismo sentimiento? No me parece muy osado decir que posiblemente más de uno.

 

Pero Garzón también tiene defensores, ardientes defensores. Toda una población que se siente o bien heredera del bando perdedor de la guerra civil, o bien que tiene unos sentimientos marcadamente izquierdistas, defienden al juez a muerte. Para ellos Garzón es una especie de Héroe, de justiciero íntegro que se opone a un “statu quo” que permite corrupciones e injusticias históricas.

Igual que se han defendido antaño pequeños excesos judiciales para perseguir a ETA, con el argumento aceptado mayoritariamente de que no se puede permitir que los que quieren conculcar el estado de derecho se aprovechen de él, los defensores de Garzón argumentan que estos excesos también son justificables para luchar contra la corrupción y las injusticias históricas.

Quizá este argumento sea horrible para una persona escrupulosamente legalista, pero los que ahora tienen orgasmos pensando en un Garzón expulsado de la AN son los mismos que han defendido esto cuando se ha aplicado para perseguir a la ETA o lo hubiesen hecho si se hubiese aplicado para destapar el caso FILESA. Las cosas como son.

 

Internacionalmente la imputación de Garzón ha sido escandalosa. Tan sólo algún diario norteamericano próximo al partido republicano lo ha defendido, y lo ha hecho simplemente por el interés de aplacar la justicia universal, y defender así a los ex gobernantes republicanos de cualquier posible responsabilidad de sus actos en Irak, Afganistán, Guantánamo... El resto de prensa internacional ha considerado increíble la imputación.

Recordemos que Garzón es una de los españoles más importantes de la época actual. Garzón es una de las imágenes de España, igual que lo puede ser Fernando Alonso o Antonio Banderas en unos ámbitos algo menos serios. Garzón ha sido un referente muy importante en Suramérica, donde mucha gente lucha contra la impunidad de las leyes del punto final. También es admirado por europeos progresistas de todo el continente. Su imputación hace bastante daño a un país como este, que no va sobrado de figuras internacionalmente relevantes.

 

Porque el mensaje que se trasmite con esto, la imagen que finalmente queda tanto en el extranjero como en España, es que en la España democrática un partido fascista, la Falange, y un corrupto, Francisco Correa, han llevado a un juez luchador contra la corrupción y la impunidad de los crímenes contra la humanidad al banquillo de los acusados.

Es como una ironía del destino. La democracia permite que los que la quieren conculcar destruyan a los que la defienden. Que los jueces del tribunal supremo hayan permitido esto es absolutamente bochornoso. Como Español, yo me siento triste y humillado.

Algunos hablarán de escrupulosidades, que si hay indicios de prevaricación lo legal es que se investigue. Eso es muy bonito y debería ser así en una situación ideal, pero este no es un país escrupuloso ni ideal. En este país se han cometido excesos judiciales en la lucha contra ETA y no ha pasado nada. En este país un juez absuelve de cohecho pasivo a un amigo convirtiendo este delito en papel mojado por simple servilismo político y no pasa nada. Pero un juez abre nuestro oscuro pasado y le sientan en el banquillo de los acusados.

 

Dentro de esta teórica escrupulosidad se dice que los defensores de Garzón hicieron un acto guerracivilista con la intención de coaccionar al tribunal supremo, algo inaceptable. Lo dicen los mismos que han hecho eso mismo en varias ocasiones, para que no se soltase a de Juana Chaos por ejemplo.

Independencia judicial dicen, ¡Pero si ustedes son puestos en esos cargos indirectamente por los partidos políticos! La justicia en este país no es que esté politizada, es que es parte integrante de la política. Ante cualquier conflicto los jueces progresistas votan una cosa y los conservadores otra casi en bloque. Normal, sus cargos dependen indirectamente unos del PP y otros del PSOE, ¿Cómo no van a defender, siempre que estemos en un terreno interpretable, los intereses del partido?

 

Y finalmente todo esto lleva a que las nuevas generaciones, y las antiguas, se pregunten si la transición fue realmente un proceso ejemplar, o si bien fue algo que se cerró en falso. Otro debate que escandaliza a muchos puristas, aquí tanto de derechas como de izquierdas (es el caso de Carlos Carnicero, por ejemplo), que no permiten que se ponga ni una sola coma a la sacrosanta transición. ¡¿Cómo se atreven a cuestionar la ley de Amnistía?! ¡Eso es abrir un terreno peligroso!

Analicemos con detalle los argumentos, son los mismos de los que defienden que no se abran las heridas de la guerra civil. No se puede hablar de la guerra civil, no se puede hablar de la transición…Se ve que en este país tenemos que hablar del Mira quien Baila.

 

En España se abre una fosa y no sale un muerto, sale de todo: Odios, calumnias, polarización, fascismo sociológico, ignorancia histórica, politización de la justicia, irresponsabilidad pública, intención de sacar provecho, heridas del pasado que no cierran jamás…

¿Cómo se debe situar una persona ante este conflicto? ¿Defendemos escrupulosamente la ley aunque otros no lo hagan? ¿Tomamos partido por convicciones políticas? Yo no lo sé, lo único que sé es que yo defiendo a Garzón, que me parece que tiene mucha más categoría moral e histórica que todos los aprovechados, serviles y rencorosos que pululan como Buitres sobre lo que esperan que sea su cadáver.

 

GUERRA CIVIL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 09-03-2009 en General. Comentarios (8)

El otro día me pidieron un contexto histórico para un trabajo universitario sobre la música en la guerra civil y me ofrecí a hacerlo. Me parece interesante colgarlo para quien lo quiera leer, así que a continuación os lo dejo.

 

 

CONTEXTO HISTÓRICO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

ANTECEDENTES

 

Durante los años 30 en Europa se vivió una guerra ideológica entre los distintos modelos de sociedades existentes en aquel momento. La crisis económica de 1929 se convirtió en la crisis de la propia democracia liberal, dando lugar al auge de movimientos antiliberales en distintos países. Por una parte, una parte del proletariado europeo y los partidos que los representaban creyeron que era el momento de una revolución proletaria parecida a la rusa, que acabara con el capitalismo burgués en crisis. Por otra, los diferentes movimientos conservadores, asustados ante la posibilidad de una revolución proletaria y desencantados con la debilidad del capitalismo liberal, comenzaron a apoyar distintos movimientos de corte autoritario/ totalitario que prometían acabar con la lucha de clases y asegurar su estatus social.

Esto generó una triada de modelos y por lo tanto una triada de ideologías que lucharían por imponer un tipo de estado: El estado democrático (que más que imponerse intentaba resistir allí donde estaba implantado), el estado Autoritario de origen reaccionario (donde convivirían las dictaduras conservadoras autárquicas tradicionales con modelos más modernos, como el Fascismo y el Nazismo), y el estado revolucionario socializante (De esencia Marxista fundamentalmente).

La España de los años 30 no era una excepción a esta situación. La existencia de una democracia liberal, la II república, se veía amenazada por el auge de movimientos extremistas, tanto revolucionarios de Izquierda como reaccionarios de derecha. Sin embargo en España existían ideologías que en el resto de Europa ya habían desaparecido.

 

En Europa, los movimientos “reaccionarios” más potentes eran los fascismos. El fascismo se definía a sí mismo como movimiento revolucionario, por encima de derechas o izquierdas, que traería el orden, acabaría con la lucha de clases, llenaría la sociedad de un espíritu “patriótico” y una disciplina casi militarista, pero a la vez también traería mayor bienestar a las clases obreras y no permitiría un capitalismo extremo. Los conservadores europeos, ante el pánico por una revolución obrera, se echaron a los brazos de estos fascistas, que si bien iban a establecer cierto control estatal sobre la economía, garantizaban la propiedad privada y el orden, por lo que las clases conservadoras los consideraban una garantía aunque tuviesen que pagar un pequeño precio. A pesar de la existencia de multitud de dictaduras no fascistas en la Europa de la época, hubo cierto movimiento de contagio, imitando muchas de ellas la estética militarista del fascismo, la autarquía económica, el nacionalismo exacerbado, etc.

Sin embargo en la España de la época el partido fascista existente, la falange Española, no obtenía representación parlamentaria. Su espacio electoral estaba ocupado por partidos más tradicionalistas: la CEDA (partido católico de derechas), que defendía confusamente el conservadurismo social, sin saber muy bien si era democrático o no; y el Bloque nacional de Calvo Sotelo, que defendía un estado autoritario antidemocrático, muy parecido al fascista, aunque sin usar este apelativo. Además de estos partidos en España existía el Carlismo, movimiento defensor de la vuelta a la Monarquía absoluta del antiguo régimen, algo inexistente en el resto de Europa.

 

En cuanto a los movimientos revolucionarios en Europa, estos eran fundamentalmente de corte marxista y aspiraban a una revolución de tipo soviético. Estaban dirigidos por los partidos comunistas y socialistas más radicales. No obstante, en 1935, Stalin cambió la política de la internacional comunista, indicando a los partidos comunistas de todos los países que olvidasen a corto plazo el objetivo de una revolución, y que ayudasen a los partidos burgueses de Izquierda a llegar a los distintos gobiernos europeos. Esta política de los “frentes populares” no era ni más ni menos que una política defensiva del estado soviético. En varios países de Europa las victorias electorales de partidos derechistas poco democráticos habían sido el preludio para la instauración de dictaduras fuertemente antimarxistas. Stalin veía como Europa se llenaba de estados enemigos, y temiendo una posible invasión intentó evitar que surgiesen más dictaduras de este tipo, siendo la manera más sencilla apoyar a los partidos burgueses progresistas a llegar al poder y así evitar el surgimiento de nuevas dictaduras.

En España, la distribución de las fuerzas “revolucionarias” era totalmente distinta. El partido comunista en 1933 obtuvo un solo diputado de 400, y en 1931 no había obtenido ninguno. El voto Marxista de concentraba en el PSOE, donde coexistían desde Socialistas moderados que querían consolidar la república y realizar reformas moderadas que mejorasen el nivel de vida de los obreros, hasta movimientos casi revolucionarios que querían una revolución marxista, pero no soviética.

Sin embargo el movimiento revolucionario más importante de España era el anarquismo, con su sindicato, la CNT, que era el sindicato con más afiliados de España en 1936. Los anarquistas querían una revolución que destruyese en estado Burgués, pero no tenían la intención de instaurar otro, como los marxistas, si no que querían una libertad absoluta para organizar la sociedad “desde abajo” en base al libre acuerdo. Además de los anarquistas, también existían en España otros grupos revolucionarios antisoviéticos como el POUM, trotskista. Todo esto daba al ala revolucionaria española una composición totalmente distinta al resto de países europeos, donde el anarquismo había desaparecido hacía décadas.

 

Para dar una visión a las fuerzas democráticas, podemos decir que estas iban desde el ala “liberal” de la CEDA (Gimenez Fernández, Luís Lucía) pasando por la derecha republicana, el partido Radical (centro-derecha), la unión republicana (centrista), izquierda Republicana (centro-Izquierda) hasta la parte moderada del PSOE (Prieto, Besteiro), que era mayoritaria. También comentar que los partidos nacionalistas, ERC y PNV, también entrarían en este grupo. Estos grupos eran perfectamente equiparables a los partidos de países como Francia, Reino Unido o EE.UU.

 

Después de este repaso podemos observar como la composición ideológica de la sociedad española de los años 30 era extraordinariamente compleja, siendo prácticamente un pulverizado de ideologías y modelos, aunque todos ellos se pueden encuadrar en los 3 grandes grupos que hemos hablado, que podemos simbolizar con las tres R: Reacción, Reforma(demócratas) y Revolución.

 

ESPAÑA EN 1936

 

Las elecciones de Febrero de 1936 se presentaban reñidas. El gobierno en funciones, que representaba a los partidos de derecha republicana, esperaba de forma un tanto cándida un triunfo de sus candidaturas.

Por la derecha de dudosa republicanidad se presentaban la CEDA, vencedora de las anteriores elecciones, y el Bloque Nacional, que defendía un estado autoritario.

Por la Izquierda se presentó una candidatura única, el Frente Popular, que abarcaba desde la centrista Unión republicana hasta el Partido Comunista. El Frente popular era una candidatura defensiva, cuyo pacto originario indicaba que de ganar las elecciones gobernarían los republicanos Burgueses, quedando los proletarios como apoyo parlamentario. El programa del Frente Popular era moderado, sin prever ninguna nacionalización, siendo sus ejes principales la amnistía de los presos de la revolución de Asturias, el reparto de tierras de los grandes latifundios entre campesinos sin tierra, reactivar las políticas laicas y de modernización del estado, y mejorar el nivel de vida del proletariado.

El 16 de Febrero el Frente Popular ganó las elecciones de forma ajustada, aunque el sistema electoral le dio una amplia mayoría parlamentaria. Azaña formó un gobierno exclusivamente con republicanos burgueses. Sin embargo, a pesar que los republicanos pensaban que este gobierno tranquilizaría la política del país, ya que por una parte era un gobierno cercano a los obreros, y por otra era moderado y no abarcaba ninguna nacionalización y no debería producir excesivo miedo a las clases más conservadoras; la realidad fue bien distinta. Los grupos más a la derecha empezaron una campaña de asesinaros para llevar al país a una situación caótica (esperando que así interviniesen los militares), los más revolucionarios respondían de la misma manera, haciendo además ademán de haber obtenido una victoria “proletaria” (con la inhibición interesada del líder de la facción más radical del PSOE, Francisco Largo Caballero) y actuando como si la revolución estuviese próxima, cosa que asustaba a los propietarios.

La situación de orden público era bastante mala, excepto en Cataluña, cosa que llevo a los militares más antirrepublicanos (que ya habían contemplado la posibilidad de un golpe para evitar que el frente popular llegase al poder) a intentar convencer a sus colegas que España se dirigía hacia un caos revolucionario, y que debían hacerse con el poder. El gobierno, acosado por derecha e Izquierda, no sabía muy bien como actuar, y esperaba que se calmasen los ánimos y la calma volviese por si sola, cosa que no sucedió.

Se podría decir que en el subconsciente español había dos temores principales en función de las afinidades políticas de cada uno: Por un lado existía un miedo a la Revolución comunista por parte de las personas más conservadoras. El comunismo, según ellos,  traería la expropiación de las tierras y empresas para dárselas a los obreros, la erradicación de la moral católica en la sociedad implantando el libertinaje, llevaría a la destrucción de la unidad de España mediante las autonomías, etc.

Por otro lado existía el miedo al Fascismo. El fascismo, según ellos, llevaría a la esclavización del proletariado, al oscurantismo intelectual de la España de la inquisición, a la eliminación de las libertades públicas y a la opresión de las nacionalidades históricas por parte del nacionalismo Español.

 

El 17 de Julio se produjo el alzamiento militar en el protectorado de Marruecos y el 18 y el 19 en distintas zonas de la península. No en todas las guarniciones se produjeron sublevaciones. En muchos lugares los militares fieles a la republica evitaron cualquier sublevación militar. En otros, los sublevados se apoderaron de la región militar correspondiente. Un caso especial fueron Madrid y Barcelona.

Tanto en la capital como en la ciudad condal se produjeron sublevaciones de distintos regimientos, pero estos no llegaron a triunfar. No solo se le opusieron otros regimientos leales al gobierno, si no que milicias obreras que habían conseguido armarse se unieron a los militares leales para aplastar la sublevación. Esta situación produjo que la masa obrera de Madrid, y sobre todo de Barcelona, quedase armada. En Barcelona la CNT se hizo la dueña de la ciudad, y una vez derrotados los militares se dedicaron a hacer la revolución libertaria como si hubiese triunfado la revolución. Con más moderación se dio la misma situación en Madrid, y en otras ciudades y pueblos de la España republicana, en las que milicias de obreros se armaron (bien porque consiguieron las armas, bien porque se las dio el gobierno) y actuaron como si un periodo revolucionario hubiese llegado. Esta situación, unida a que los regimientos leales no estuvieron operativos en los primeros momentos ya que el gobierno republicano no se acababa de fiar de ellos, provocó que los primeros meses de la guerra civil el ejército republicano estuviese compuesto de milicias autónomas, con sus propias normas, disciplina e intenciones. Estas milicias eran políticas, es decir, podían ser de un sindicato o un partido, pero casi siempre respondían a una ideología determinada, siendo en el fondo milicias políticas muy dispares entre sí. Hasta pasados unos meses las milicias no se integraron en un ejército como tal, llamado ejército popular republicano, aunque incluso después de su militarización siguieron conformando grupos políticamente homogéneos.

El inicio de la guerra civil supuso, pues, el colapso de la autoridad del gobierno y el inicio del poder popular. Las características de este poder popular fueron muy diferentes en función del lugar, ya que no obedecían a ningún plan y se producía de forma espontánea. En muchos lugares se hizo una colectivización de las empresas y los servicios públicos, en otros no. En algunos lugares hubo una oleada de crímenes políticos contra sacerdotes, falangistas, militares, etc. En otros, nada ocurrió. No había homogeneidad en este proceso revolucionario, tan sólo la primacía del poder local sobre cualquier autoridad externa, por lo que en función de la primacía política del lugar o de la presencia de milicias de un partido u otro se hacía la revolución de una manera, de otra, o no se hacía nada.

En la zona sublevada nada de esto ocurrió. Durante los primeros días sí que hubo asesinatos por parte de falange o de algún otro grupúsculo, pero los militares tomaron el control en cuestión de días, acabando con los descontrolados, aunque no con los asesinatos, que se siguieron cometiendo ahora bajo la jurisprudencia militar y sus juicios sumarísimos. Las milicias de Falange o de los carlistas fueron rápidamente incluidas dentro del ejército nacional, por lo que sí se produjo una militarización desde el primer momento, habiendo desde ese momento una disciplina férrea.

Los militares aplicaron el estado de guerra a toda la zona que ellos controlaban (el gobierno republicano no declaró el estado de guerra excepto en las zonas de frente). Los generales sublevados actuaron como verdaderos virreyes haciendo y deshaciendo lo que les parecía, sobre todo en los primeros meses. Los partidos políticos fueron prohibidos, sus líderes (si no eran afectos a la rebelión) encarcelados o fusilados. Se estableció el toque de queda. Las propiedades de los terratenientes que habían sido entregadas a los campesinos les fueron devueltas, la Iglesia gozó de la máxima autoridad moral y política desde el primer momento, debido a su apoyo casi sin fisuras (excepto en Euskadi y de alguna honrosa excepción) a los alzados.

Es importante destacar que en el único lugar donde la rebelión fue “popular” fue en Navarra, donde el Carlismo era predominante. En el resto de lugares no recibió el apoyo popular esperado (excepto quizá en las zonas rurales de castilla, con un campesinado muy religioso y conservador), por lo que los militares consideraron a la población como hostil, aumentando la sensación de dureza y terror para conseguir dominar esas zonas.

 

 

CARACTERÍSTICAS DE LOS BANDOS ENFRENTADOS

 

Los 2 bandos enfrentados en la guerra civil, que llamaremos republicanos y nacionales, tenían características muy diferentes en prácticamente todos los ámbitos.

 

El bando Nacional fue mucho más homogéneo que el republicano. Su base fundamental era el ejército sublevado, alimentado con voluntarios del Carlismo, la Falange y de forma individual personas que consideraban que estaban “salvando a España”.

Dentro del bando nacional surgió un líder fuerte, el general Franco. Fue líder indiscutible hasta su fallecimiento en 1975. Franco fue poco a poco ocupando todos los cargos del estado, la jefatura del gobierno, del estado, del ejército, del partido único y ¡Hasta nombraba cargos religiosos!

El bando nacional representaba la lucha contra los “rojos”. Los “rojos” eran los marxistas y revolucionarios del bando republicano, pero también eran aquellos que defendían el laicismo, el sufragio universal, la autonomía regional, y, en resumen, todos aquellos que habían adquirido la herencia de los movimientos políticos y sociales de los siglos XVIII,XIX y XX. Para los nacionales, esos modelos extranjeros habían contaminado España y la habían llevado a la decadencia y al borde de la extinción. Su pretensión era la recuperación de la España imperial de los siglos XV y XVI, y organizar la sociedad en base a los conceptos que ellos consideraban que eran inherentes a España: El catolicismo, el ejército, el orden tradicional, etc.

Todo esto estaba teñido con ciertas formas del fascismo moderno. Franco actuaba de líder supremo como Hitler o Mussolini; se adoptó el saludo romano brazo en alto, se estableció un partido único con la fusión de la falange y los carlistas (partido único cuya ideología básica era la obediencia a Franco), el culto a la violencia, etc.. En el fondo se estableció una especie de semi-fascismo, pero con características sociales casi feudales.

Muchos autores han comentado que Franco, más que implantar en España a un Fascismo moderno, pretendía devolver a España al Feudalismo. Gentes tan dispares como Orwell – “Franco pretende implantar el feudalismo, no un fascismo moderno, por eso la Burguesía que apoya al fascismo cuando aparece de una forma más moderna aquí no lo apoya”- o Azaña –“Si ganan la Guerra establecerán la típica dictadura militar y eclesiástica española. En España puede haber todos los fascistas que se quiera, pero un régimen fascista no lo habrá nunca. Desfiles militares y homenajes a la virgen del Pilar. Por ese lado, el País no da para más”-. Esta visión no es veraz del todo, sin embargo había claramente componentes tradicionalistas en la ideología del nuevo régimen. Su defensa del orden social tradicional y de la influencia de la iglesia no es comparable a la de otros fascismos. De hecho, en 1937,  uno de los fundadores de Falange, Manuel Hedilla, se sublevó contra Franco cuando éste unificó la falange con los Carlistas. Muchos falangistas que defendían una política económica más moderna, con más apoyo a las clases obreras, veían la política del estado nacional como claramente reaccionaria. Los críticos acabaron presos, y después de eso la falange pasó a ser un partido fiel al Caudillo.

Dentro de la base social del bando nacional estaban los ya mencionados Carlistas y Falangistas,  la mayoría de la oficialidad del ejército, la iglesia, y las personas provenientes del bloque nacional, la mayoría de la CEDA, y algún republicano desencantado. La alta Burguesía y el campesinado conservador eran las clases que más lo apoyaban.

El ejército nacional estaba compuesto de la mayoría del ejército español anterior unida a voluntarios españoles. Pero realmente el potencial militar de este ejército venía de la parte no española del ejército. Desde el primer momento los nacionales contaron con la legión extranjera (“mora”) de Marruecos, Varias decenas de miles de hombres de una crueldad superior a los españoles y que eran como una fuerza de choque de élite. Los franquistas también contaron con el apoyo total de la Italia Fascista y la Alemania Nazi. Italia envión casi a 80000 “voluntarios” de su ejército, además de enviar aviones y armas. Alemania envió a la legión cóndor, fuerza de aviación de élite, y mucho material militar del más moderno. Durante muchos años se escondió a la opinión pública española la proporción verdadera de la ayuda Italiana y Alemana, que fue definitiva para la victoria nacional.

 

El bando republicano era mucho menos homogéneo que el nacional. Sus apoyos eran muy amplios. Desde la derecha republicana, pasando por todos los partidos republicanos de centro y de Izquierda, los socialistas, comunistas, anarquistas y Nacionalistas Vascos y Catalanes. La república triunfó el 18 de Julio en prácticamente toda la España Urbana y moderna, siendo sus apoyos el proletariado urbano, la clase media liberal y el campesinado revolucionario.

A pesar del gran número de apoyos, los republicanos estaban profundamente divididos en los motivos que les llevaban a hacer la guerra y en su modelo de sociedad a defender.

Por un lado todos los republicanos, los nacionalistas y los socialistas moderados (y los comunistas por una apuesta táctica) defendían la democracia republicana tal y como estaba definida en la constitución, y su gobierno progresista.

Sin embrago los anarquistas y otros grupos marxistas revolucionarios defendían la república como antesala de una revolución obrera. Estos grupos querían realizar una revolución a la vez que se hacía la guerra. Realmente no defendían la república ni la democracia como tal, si no que su alineamiento correspondía a su rechazo absoluto al los sublevados, que superaba a su rechazo a la democracia burguesa.

El bando republicano representaba la lucha contra el “fascismo”. Como fascismo se entendía no solo los regímenes de Hitler y Musolini, si no cualquier dictadura de tipo militar conservador. Para los republicanos, una victoria de los sublevados representaba la vuelta al pasado, al pasado de la España inquisitorial, oscura, atrasada, y traería una represión brutal contra todos los que les fuesen desafectos.

El ejército republicano fue en primer momento un conglomerado de milicias independientes de distintos signos políticos. Posteriormente, durante la presidencia de Largo Caballero, las milicias fueron militarizadas e incorporadas al ejército popular republicano, bajo el mando de oficiales de carrera. No obstante, muchas veces esto no representó un cambio real, y muchas milicias siguieron luchando de la misma manera a cuando eran independientes. Se conocen muchos casos de milicias anarquistas que se negaron a seguir una disciplina militar, que iba contra sus ideas. Las milicias anarquistas no tenían la estructura de un ejército “de clase”. No había rangos militares; las decisiones se tomaban por votación; los soldados tenían días libres los domingos, etc. Estas milicias “rebeldes” no fueron militarizadas realmente hasta después de los sucesos de Mayo del 37.

Por la propia naturaleza de los acontecimientos las milicias y el ejército republicano se nutrió de gentes provenientes de Sindicatos y Partidos proletarios. Los partidos  republicanos normalmente no crearon milicias (Eran partidarios de un ejército organizado) ni sus gentes salieron a combatir el 18 de Julio, por lo que su fuerza militar quedó muy limitada comparada a la de los partidos proletarios. Esta nueva situación llevó a que el centro del poder real, que hasta ese momento estaba en manos de los republicanos burgueses, virase hacia los partidos y sindicatos proletarios. Tan sólo ERC y PNV mantuvieron un poder preponderante en sus respectivas comunidades. En el resto de España, los partidos socialista y comunista, y a principio de la Guerra los Anarquistas, ejercieron la mayor parte del poder real.

Además de estas milicias y del ejército popular, la república contó con el apoyo de las brigadas internacionales. Las brigadas intencionales fueron creadas por idea de la internacional comunista para reclutar por todo el mundo voluntarios que quisiesen luchar contra el fascismo en España. La Mayoría de estos voluntarios fueron comunistas, aunque no todos. Eran reclutados en sus países de origen, muchas veces clandestinamente, y enviados a España. En función de su nacionalidad crearon milicias, como el batallón Garibaldi (de Italianos antifascistas) o el batallón Lincon (norte americano), aunque los de nacionalidades de menor número de voluntarios de mezclaban con los de otros países. Fueron muy importantes moralmente en la defensa de Madrid, aunque después no jugarán ningún papel relevante.

Además de las brigadas internacionales, la república recibió el apoyo durante el primer mes de Francia (luego de inhibió) y durante toda la guerra de la URSS y México. México envío fusiles dentro de su limitada capacidad, pero su contribución principal fue ser refugio para gran número de exiliados. La URSS vendió a la república material militar de todo tipo a cambio de Oro. Prácticamente todo el Oro del Banco de España fue enviado a Rusia para comprar armas, que muchas veces eran obsoletas y caras, aunque el gobierno no tenía otra alternativa puesto que los países democráticos (Excepto México, Checoslovaquia y en primer momento Francia) se negaron a venderles armas escudándose en la no intervención. Los rusos también enviaron instructores de vuelo, pilotos y generales del estado mayor, aunque la colonia rusa en España no llego a superar las 1000 personas. La Mayoría de los consejeros militares rusos que estuvieron en España fueron fusilados a su regreso a Rusia por orden de Stalin.

Durante la guerra las diferentes facciones políticas republicanas intentaron hacerse fuertes en la sociedad para ganar influencia para el día que llegase la paz, y  fundamentalmente lo hicieron en el ejército. Los comunistas y anarquistas hacían propaganda en el ejército para intentar atraerse al mayor número de soldados. Los comunistas hicieron una campaña de proselitismo muy importante entre los altos oficiales del ejército, a los que invitaban a afiliarse al Partido comunista. Hay que comprender que en esa época tener el carnet de un partido era la mejor manera de  demostrar lealtad a la república, con lo que mucha gente se afiliaba a cualquier partido o sindicato sin importar cual. Como ejemplo de la importancia de esto está el caso del General Asensio, jefe del estado mayor con Largo Caballero. Asensio, que era un militar profesional sin afiliación, prohibió hacer proselitismo en el ejército. Los comunistas y anarquistas le pidieron a Caballero que le destituyese, a los cual se negó. No obstante, desde aquel momento los comunistas persiguieron a Asensio hasta lograr su destitución. Hasta ese punto era importante el proselitismo en el ejército.

A diferencia del bando nacional, el bando republicano no tenía un líder claro. Cada grupo seguía a un líder en función de sus ideas. Los anarquistas seguían a Durruti, los comunistas a la Pasionaria, los socialistas a Caballero o a Prieto, y los Republicanos hacían caso de las palabras del Presidente Azaña.

Quizá durante unos meses el líder del bando republicando fue Largo Caballero, presidente socialista llamado el “Lenin español”. Sin embargo un movimiento político organizado por el Partido comunista, parte del socialista con la aceptación de los republicanos y de Azaña relevó a Caballero del Poder. El siguiente presidente fue Negrín, que también tuvo bastante apoyo popular, aunque finalmente fue el blanco de todos los fracasos y frustraciones de las familias políticas republicanas. Azaña nunca pudo representar al líder de la república, puesto que de cargo era más representativo que real, aunque tenía un poder teórico para cambiar gobiernos. Seguramente la ausencia de un líder claro que fuese aceptado por todos los grupos fue uno de los principales problemas para la descomposición progresiva del bando republicano.

A partir de los sucesos de Mayo, que produjeron la caída de Caballero y su sustitución por el doctor Negrín, el poder de los anarquistas fue en declive, mientras que el del partido comunista aumentaba. El aumento del poder comunista provocó la desconfianza de todos los republicanos y de parte de los socialistas, así como de los anarquistas. Estas fuerzas comenzaron a pensar que los comunistas tenían demasiado poder, y que la URSS, que dirigía la política comunista, estaba dirigiendo también la política del Dr. Negrín. Después de una sucesión de derrotas y de la dimisión de Azaña como presidente de la república, las fuerzas anticomunistas se aliaron y dieron un golpe de estado contra el gobierno del Dr. Negrín con el objetivo de acabar con la guerra y firmar una paz honrosa, cosa que finalmente no consiguieron.

LAS TRES ESPAÑAS

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 21-10-2008 en General. Comentarios (5)

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No podía ser de otra manera. Una parte de los políticos y de los medios de comunicación se han lanzado en tromba contra Garzón por su reciente auto referente a las responsabilidades en la represión franquista de la guerra y la posguerra. Esto era esperable, pero como la vida da sorpresas, un espontáneo, el fiscal de la audiencia nacional, Javier Zaragoza, he querido saltar al ruedo con un recurso en el que pone a caer de un burro a su amigo Garzón.

Quizá el juez Garzón tenga mucho afán de protagonismo, quizá su auto esté cogido con pinzas y quizá su afán de justiciero le haga asumir competencias que no tiene, pero lo que no podemos negar es que, en el terreno moral, en el terreno político, el juez Garzón esta intentando llevar a cabo una acción necesaria para este país.

Treinta y tres años después de la muerte de Franco, España ya debería estar en condiciones de poder conocer su pasado sin ocultaciones ni tabúes. Apelar a que esto abre viejas heridas o regenera un odio olvidado es un dislate. Quien tenga odio y rencor por cosas que pasaron 40 años antes de que él naciese, es que tiene un problema. Quien tenga antepasados represaliados debe hacer un esfuerzo para entender que, además de que el odio no debe ser hereditario,  ya no queda nadie vivo al que pedir cuentas, y que no se puede odiar a alguien por tener un abuelo que hizo tal o cual cosa. Como comenté en un escrito anterior, creo que el haber dejado esta cuestión abierta durante tanto tiempo sin una visión clara de la historia ha hecho que cada familia haya mantenido su propia versión de los hechos, pasándola generación tras generación, sin un conocimiento de la historia que haya hecho que nos replanteemos nuestras propias convicciones familiares.

En términos generales, creo que todo se basa en un hecho: Al final, en el orden histórico, político y “moral”, la república ha ganado de forma póstuma la guerra que perdió militarmente en 1939. Esto mismo ha sido reconocido hasta por un historiador conservador como Rafael Abella. A día de hoy, en España hay un régimen político y una constitución parecida a la de 1931. Los valores en los que se fundo el régimen republicano son los valores en los que se sustenta nuestra actual democracia, por lo menos teóricamente.

Se habla mucho del consenso de la transición, entre los vencedores y los vencidos. Pero en el fondo este consenso se basó en el hecho de que los vencedores (o mejor dicho, sus hijos) reconocieron que el país tenía que volver a la normalidad que abandonó el 18 de Julio de  1936, acabando con el periodo de excepcionalidad y anormalidad histórica en el que el país se encontraba. Es decir, reconocieron que los vencidos (o parte de ellos) tenían la razón. Es la historia de Europa Occidental. Los regímenes del periodo de entreguerras nacidos al calor del fascismo y del nazismo desaparecieron, volviendo al restablecimiento de los sistemas liberal-democráticos anteriores. Y las democracias reestablecidas honraron a los que lucharon por ellas, y condenaron (o en el mejor de los casos ignoraron) a los que las eliminaron. En España es lógico que se establezca una situación similar.

Pero para ello hay que huir de maniqueísmos. No todos los que lucharon en las filas republicanas eran demócratas (tampoco lo eran muchos de los que lucharon en la resistencia de otros países, pero bueno). Los de la FAI eran mayormente criminales. El PCE se comportó de forma muy oscura durante la guerra. Se cometieron crímenes, aunque hay que dejar claro que esos crímenes no fueron cometidos por el estado republicano, si no por fuerzas político-sociales que no respondían a sus órdenes ni leyes. Pero a pesar que no todos los republicanos eran demócratas, muchos sí lo eran. Los demócratas que había en España en aquella época apoyaron a la república, aunque también algunos, los más conservadores, se mantuvieron neutrales, generalmente fuera de España. Dónde no había demócratas era en el bando franquista (hablamos siempre de dirigentes, nunca de gentes llamadas a filas, que tuvieron que ir donde les mandaban). En aquel momento habían tres Españas: la democrática, la revolucionaria y la reaccionaria. La guerra civil supuso, simplificando, la lucha de la alianza entre la España revolucionaria y la España democrática contra la España reaccionaria. Y fue la reaccionaria la que ganó.

La España actual es la heredera de la España democrática de entonces. Esa España luchó en el bando que le correspondía, el republicano. Y ese es el pasado del que debemos sentirnos herencia, antes de que el revisionismo histórico llegue más lejos de lo que llegado y convierta al Franco en el asesor espiritual de Mahatma Gandhi.