GRADUACIÓN EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 21-06-2009 en General. Comentarios (16)

 

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Ayer, por razones personales, asistí al acto de graduación en la universidad católica de Valencia (UCV). El acto tuvo lugar en la “fonteta” de san Luís (Pabellón deportivo dónde habitualmente juega el club de Basket Pamesa Valencia). Fue una especie de graduación en masa (se graduaban 1300 alumnos de una docena de especialidades), con alrededor de 10000 personas presentes en el pabellón.

Tres cuartas partes de la fonteta estaban llenas. Calor asfixiante. Sólo un fondo fue cerrado, pues justo debajo estaba la tribuna de personalidades. Presidiendo la tribuna, el nuevo arzobispo de Valencia, Caslos Osoro, flanqueado por el gran canciller de la universidad católica y la directora general de universidades de la comunidad valenciana.

 

El acto empezó con una oración, que leyó el arzobispo y que se suponía que debían también leer en voz alta los asistentes, aunque pocos hicieron caso. Después discursos de un representante de cada especialidad, del gran canciller, la directora general de universidades y alguno más. Entrega de diplomas a los alumnos titulados (casi una hora con todos los que eran) y oración final del arzobispo, bendición incluida. Todo ello sazonado con la proyección de unos cuantos videos un tanto pastelones.

 

Fue bastante curioso el acto. Me recordaba a aquellos bautizos en masa que hacen algunos años los testigos de Jehová en el campo del atlético de Madrid, pero sin piscina donde sumergir a los nuevos fieles.

El catolicismo, como concepto, estuvo bastante presente en el acto. No sólo por las oraciones del arzobispo, si no por las referencias religiosas de muchos de los alumnos que tomaron la palabra, seguramente obligados por sus diferentes decanos. Oí muchas veces el concepto “hacer el bien”, como obligación de los futuros profesionales que se estaban graduando. Me pregunto si un psicólogo o un titulado en ciencias del mar de una universidad pública se dedica a hacer el mal…

También fue muy gracioso el discurso del canciller. Habló de que a los titulados de la universidad católica se les debía de notar donde habían estudiado cuando ejercitasen su profesión, dando a entender que habían recibido una educación mejor que en otras universidades. Entiendo que es lo que debía decir ese señor en esas circunstancias, pero en ese momento solté una carcajada hacia mis adentros, como supongo que soltarían aquellos titulados que hayan tenido la suerte de estudiar tanto en la universidad pública como en la católica.

 

Porque realmente esta universidad católica es un negocio puro y duro que tiene dos direcciones fundamentales. Primero el simple lucro económico, y segundo (y más importante) el conseguir un dominio social sobre la educación en los lugares donde esté implantada.

Se sabe que el nivel medio del profesorado en la universidad católica es bastante bajo, cosa normal atendiendo a la diferencia de salarios entre la universidad pública y la privada. Además, se comenta que hay algunos anuncios de empleo en que se cita explícitamente “abstenerse titulados en la universidad católica”. La verdad es que nunca los he visto, sin embargo, aunque no sea verdad, la propia existencia de esta leyenda urbana indica claramente la convicción de que las enseñanzas en esta universidad no están al nivel de otras.

 

Hace poco ha habido mucha polémica porque a esta universidad se le ha concedido la titulación de medicina para el año que viene. El Ministerio de educación parece que estaba en contra, por los informes en contra de sus evaluadores, pero la generalitat valenciana finalmente ha concedido a la UCV la licenciatura.

Pero esa es la política del Consell. La concesión escandalosa de conciertos educativos y licencias a los distintos centros católicos en todos los segmentos de la educación.

 

Se comentaba en el congreso de educación católica realizado en valencia hace un par de meses que España era el único país de Europa que tenía universidades católicas. No me extraña nada, porque hay muchos responsables políticos que parece que quieran que volvamos al siglo XIX, cuando la educación católica lo dominaba todo.

Cuando pienso en los licenciados que van a salir de la facultad de medicina de la UCV, cuando pienso que pueden adquirir los prejuicios y dogmatismos de la cúpula de la Iglesia católica, se me pone la piel de Gallina.

 

Dios no quiera que necesitemos en el futuro cuidados paliativos, arzobispo mediante.