LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

capitalismo

Una vorágine demasiado hostil

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 26-10-2010 en General. Comentarios (5)

 

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Si analizásemos el mundo contemporáneo como un observador externo que tuviese el privilegio de comparar distintas épocas creo que si tuviésemos que definir esta época en una palabra, ésta sería vorágine. Vorágine en el modo de vida de la gente, rápido e hiperactivo, pero vorágine también por los cambios sociológicos que estamos viviendo, muy relacionados con el avance de la tecnología.

 

Muchas veces observo a las personas que se acercan a la tercera edad, aquellos que están bien entrados en la cincuentena o han pasado los 60 años, y veo que son personas que sienten, prácticamente, que están viviendo en una época que no es la suya. No pasa con todos, por supuesto, siempre hay gente que se adapta mejor que otras a los avances, pero sí que pueden tener esta sensación la mayoría.

Cuando digo que sienten que no es su época me refiero a que encuentran crecientes dificultades para las exigencias técnicas del mundo contemporáneo. El uso de ordenadores, por ejemplo, es realmente complicado para estas personas, así como cualquier trámite por Internet, bien por desconfianza bien por falta de habilidades ofimáticas.

Y si hablamos de personas algo más mayores, o incluso del segmento de edad que he comentado, podemos extrapolar estas dificultades al uso de teléfonos móviles, aparatos de reproducción de DVD’s e incluso televisores o reproductores de música. Aquí, además, se une una situación más: Los problemas de vista cansada hace especialmente difícil el manejo de aparatos con letras pequeñas.

 

¿A dónde quiero llegar con todo esto? La idea básica que quiero compartir, y que creo que todos hemos observado muchas veces, es la creciente dificultad que tienen estas personas para ejercer de forma, llamémosle, productiva en el mercado laboral.

En casi todas las empresas, por no decir en todas, todo el trabajo administrativo, comercial y de control está informatizado, por no hablar de investigación, proyectos tácticos, etc. El uso de ordenadores de forma relativamente ágil es casi una obligación para acceder a cualquier trabajo que no sea manual, y los trabajadores más mayores sufren con la informática. Quizá puedan llegar a dominar los programas de uso habitual perfectamente, pero casi seguro que ante un problema informática pedirán ayuda a alguien más joven, a no ser que sean especialistas en informática o personas bastante preparadas en campos próximos.

Esta realidad lleva a que los trabajadores más mayores se vean desplazados del mercado laboral. Si una persona de edad avanzada ya tenía de por sí difícil encontrar un trabajo, esta realidad no hace más que aumentar las dificultades. Cualquier chica o chico joven podrá hacer un trabajo administrativo mejor, a ojos de la empresa, que una persona de mediana edad, simplemente por su control en la informática. Juntemos esto con el hecho de que un jovencito suele aspirar a cobrar bastante menos, y al cobrarlo se siente más motivado que una persona más mayor que puede considerar ese sueldo como algo miserable.

 

Cuando llegaba a casa conduciendo me he quedado mirando el autobús. Miré al típico conductor de autobuses estresado del tráfico y con malas formas después de tantas horas de trabajo y pensé: “¿Realmente tiene hoy futuro hacer una “carrera” de conductor?”

No tengo la respuesta, pero impulsando mi imaginación hacia el futuro no me pareció tan extraño que en 25 ó 30 años, por ejemplo, los autobuses no requiriesen conductor. Y si hablamos de los autobuses, ¿no podría pasar lo mismo con los Taxis? No sería tan extraño, pues ya algunos expertos dicen que los coches serán prácticamente autopilotados en pocas décadas.

Es verdad, para hacernos una correcta componente de lugar, que toda la vida ha habido oficios perecederos. Los avances de la sociedad llevan a antiguos oficios en el baúl de la historia. Pero lo que estoy hablando no es eso, es algo más. Hablo del un cambio rapidísimo en la tecnología y, por lo tanto, en las formas de trabajar, que nos deja a todos con el pie cambiado. Cada generación nueva parece controlar más la tecnología punta que la anterior, algo lógico pero muy agresivo para nuestro mercado laboral.

 

La tecnología es parte importante de la economía, pues aumenta la productividad. Es necesario que nuestras empresas se modernicen, absorban los últimos avances, apliquen los sistemas más modernos. Pero no es menos cierto que estos cambios producen una ruptura generacional evidente y deja a muchos trabajadores fuera del mercado. Si la tecnología avanza a un ritmo mayor en el futuro, nos podemos encontrar en una vorágine de cambio constante que no es de fácil asunción para el ser humano, que tiende, a partir de cierta edad, a acomodarse a sus estructuras mentales prefijadas, tanto a nivel tecnológico como en cualquier otra faceta de la vida.

Las fuerzas de este cambio tecnológico son realmente las mismas que nos obligan a trabajar más, a cobrar menos, a reducir nuestro estado del bienestar, etc. Es la productividad, la competitividad, la globalización. La vorágine del cambio tecnológico es parte de esta realidad, menos mala que las anteriores, por supuesto, pero que también tiene efectos negativos sobre un sector social importante.

 

Temo que estemos creando un mundo demasiado hostil. Decía Orwel en Homenaje a Cataluña, después de ver la Barcelona revolucionaria de 1936 (recito de memoria): “En todo esto había cosas que no me gustaban, pero comprendí que existía un estado de las cosas por el que valía la pena luchar. Por lo menos los seres humanos intentaban comportarse como eso, seres humanos, y no engranajes de la maquinaria capitalista”.

En muchos aspectos, hoy somos más “engranajes de la maquinaria capitalista” que los trabajadores de esa época. Buscar más productividad es bueno, pero todo tiene un límite. Y buscar cual es ese límite, qué barreras no puedes traspasar, dónde ese aumento de la productividad se convierte en un ataque al Ser Humano, es, o debería ser, materia de la política y los políticos.

¿Creéis realmente que hay políticos que se hayan hecho esta composición de lugar y la hayan insertado dentro de su mente y acción política? Fuera de políticos reactivos y caducados, la respuesta es No. El virus de la hiperproductividad y la obligada competitividad es lo único que ven. Necesitamos, como digo siempre, esa nueva visión y esa nueva política que nos saque de esta peligrosa espiral.

 

Un futuro socio-económico peligroso (III)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 16-09-2010 en General. Comentarios (5)

 

CONCLUSIONES

 

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En los dos escritos anteriores hemos analizado dos percepciones de cómo puede ser el futuro en los próximos años. He escogido dos libros con más de 20 años de diferencia en parte para poder analizar parte de las proyecciones del libro de Beck, que como ya dije se han cumplido de forma escalofriantemente certera, y así darle especial verosimilitud al relato de Attali, que en otra circunstancia podría ser tomado por algunos escépticos como ciencia-ficción.

 

En ambos relatos se observa una característica sociológica común: El futuro asoma una continua profundización en el individualismo. Attali comenta en su obra que la historia de los últimos 200 años ha evolucionado en el sentido de una mayor libertad individual, y que ese también será el sentido de la evolución social y política del futuro.

Sin embargo he utilizado la palabra individualismo y no libertad individual a propósito. Libertad individual tiene connotaciones positivas y es, en sí, un valor positivo. Pero tanto en el libro de Beck como en el de Atalli lo que se trata es la libertad individual interpretada como individualismo extremo, el concepto de ampliación de libertad ganada gracias al terreno comido a las obligaciones sociales y a la interacción con otros seres humanos.

Y tanto Attali como Beck interpretan que esa ganancia de libertad individual a costa de un individualismo extremo va a traer asociados más problemas que ventajas. Podríamos decir que pasado un punto de equilibrio adecuado la libertad individual degenera en destrucción de las interacciones sociales y por ende de la sociedad, lo que lleva a una sociedad donde priman los fuertes sobre los débiles. Beck no entra demasiado en posibilidades futuristas concretas, pero para Attali esta sociedad de pocos fuertes y muchos débiles llevará a los últimos a caer en una nueva forma de opresión y a perder realmente muchas de las parcelas positivas de la libertad individual.

 

La historia de la humanidad ha sido muy densa en el terreno ideológico en los últimos 2 siglos. Las personas nos aferramos a las ideologías de una manera parecida a como lo hacemos con las religiones, y muchos seres humanos adquieren unas ideas políticas concretas en la juventud y no las abandonan hasta la muerte. Sin embargo el mundo cambia muy deprisa y lo que era adecuado hace unas décadas no lo es ahora. Lamentablemente la mayoría de gente no suele ser capaz de aceptar que los métodos que su ideología propone ya no son adecuados ante una realidad social tan dinámica.

Muchas personas siguen pensando en que la “opresión” es cosa exclusiva del estado. En nombre de la libertad individual y de la democracia consideran que el estado es la principal amenaza para la libertad humana y por eso insten en que el estado debe ser debilitado, minimizado y reducido a la mínima expresión posible.

Esta realidad que podía ser adecuada para la primera mitad del siglo XIX pero que es aberrante hoy sigue siendo repetida por personas de buenas intenciones, incuso cercanas a utopismo, que actúan como “vehículos” de comunicación de estas ideas en el mundo contemporáneo. Estas personas creen que gracias a la “libertad individual”, la “competencia perfecta” y la eficiencia del libre mercado se generaría un mundo de oportunidades para todos donde se cumpliría la máxima de que cada uno gane en función de su talento y productividad, y donde cualquier persona que tenga voluntad de trabajar podrá tener una vida digna.

Sin embargo las cabezas de estos movimientos, los que los subvencionan y promocionan, los verdaderos ideólogos, son personas con intereses económicos claros y que se sitúan en contra del “estado recaudador” por una cuestión de interés propio. Los que los siguen no son más que soldados arengados en una guerra que no es la suya.

 

Porque ciertamente el mundo desarrollado por Attali correspondería a una evolución del mundo de la globalización y a la aplicación progresiva del libertarianismo y el anarco-capitalismo. La minimización del estado, la privatización de los servicios públicos, el individualismo extremo…Todo en breve historia del futuro responde a esos principios que de manera increíble se están extendiendo en el mundo actual, fundamentalmente en Internet.

Pero la realidad de las aplicaciones de estas ideas no lleva, según Attali, a un mundo de oportunidades y crecimiento económico, si no a un mundo de egoísmo, coacción empresarial, inseguridad económica y física y desigualdades sociales. La destrucción del estado no lleva a la liberación del ser humano, si no al nacimiento de una nueva fuerza coaccionadora representada por un capitalismo global inmoral y ávido de ganancias, que acaba limitando la libertad del ser humano de forma mucho más intensa de lo que lo hacía cualquier estado. La pesadilla Orwelliana ya no es totalitaria y estatalista, se convierte en ultracapitalista.

 

Respecto a la Hiper-Democracia me parece, como ya dije, una cuestión utópica. En un mundo como el que Attali describe la dictadura o la revolución que tome “el poder” sería la opción más probable. Aunque no podemos negar la lógica de la idea, si realmente el hiper-imperio ha destruido a los estados de forma casi total, ¿Qué sentido tiene una revolución que tome el poder sobre un estado que casi no existe? Esta revolución tendría que volver a crear un estado, labor muy difícil, por lo que sólo sería planteable en una situación extrema. La deslocalización del poder en forma de capital es adicionalmente una seguridad de mantenimiento del estado de las cosas.

Observando esta lógica creo que podemos extrapolarla a nuestra realidad. Hoy en día nuestros estados no están desarticulados, pero están vacíos de poder en muchos sentidos. Nuestra política económica no la marca nuestro gobierno, se marca desde los mercados y desde instituciones superiores. Esta es la realidad, así pues, ¿Podríamos hoy desde el gobierno de un país de forma independiente marcar cambios profundos en la política económica de un país? La respuesta es No. Un país no puede, por ejemplo, aumentar de forma importante los impuestos porque provocaría una fuga de capitales y una paralización de la inversión. Al final las medidas que tomásemos para beneficiar a nuestra población acabaría perjudicándola, y eso sería una política suicida.

Ante esta realidad sólo caben dos opciones. O encaramos nuestra acción política en un entorno supranacional, o al igual que Attali propone desarrollamos algún tipo de “Economía relacional” ajena a la esfera del mercado y que conviva con el mismo, y que sirva para mantener la esfera de protección social que el mercado nos resta.

 

Sin embargo para crear una economía relacional desde el estado tenemos un problema. Las exigencias del mercado es reducir el estado, la presión fiscal y los servicios sociales. Si nos encontramos en un entorno de debilitamiento de poder y escasez de recursos, ¿Cómo se crea una economía relacional? Es francamente difícil y vemos que, si los estados siguen siendo desmontados, es imposible crear una economía relacional con el tutelaje de las administraciones públicas.

Así que realmente nuestra principal opción es actuar políticamente en el ámbito supranacional, y en nuestro caso concreto al nivel donde debemos empezar a trabajar es al nivel europeo. Ya lo dije hace unos meses: El estado-nación como principio y fin de la política ha muerto, y la política con P mayúscula se debe hacer en el campo europeo. Quien no entienda esta realidad, está condenado al fracaso.

 

Pero cuidado. Cometeríamos un error terrible si pensamos que podemos llegar a evitar las peores consecuencias de esta futuro mediante ideas reactivas. La reactividad, es decir, el reaccionar contra cualquier cambio que no nos parece adecuado simplemente yendo en la dirección contraria, sería un error monumental. Ni las reacciones conservadoras que defiende buena parte de la izquierda nos valen (Si la alternativa que tenemos a los cambios es quedarnos como estamos ahora, estamos literalmente convirtiendo en conservador al progresista, es decir, estamos traicionando la esencia propia de las ideas que defendemos), ni por supuesto cayendo en la reactividad, síntoma claro de desconcierto político.

Para poder poner freno a este desarrollo previsible de las cosas es necesario que se cree una nueva idea política que proponga un mundo alternativo a esta post-modernidad ultracapitalista. La democracia y la libertad individual deben ser valores asumidos, pero deben poder coexistir con los derechos humanos, la protección de los más débiles y de las personas con problemas y la promoción de una economía al servicio de los ciudadanos en lugar de la conversión del ciudadano en consumidor para insertarlo en un sistema consumista.

Y estas ideas deben tener, también, una base moral nueva o por lo menos diferente. El estilo de vida consumista y la democracia publicitaria y mediática deben dejar paso a un estilo de vida más austero y social y medioambientalmente responsable y a una democracia de fundamentos e ideas. Esta es la primera batalla que hay que ganar, porque si no hay un cambio de mentalidad y valores cualquier nuevo movimiento político que le hable a la gente de responsabilidades sociales acabará siendo como una prédica en el desierto.

Finalmente debemos tener claro que este movimiento debe ser reformista, no revolucionario. Realmente debemos volver a buscar el equilibrio perdido de la sociedad moderna, aunque no de la misma manera porque ya no estamos en la sociedad moderna. La iniciativa privada y la libre empresa tienen cosas positivas que debemos saber mantener, a la vez que controlamos y contrarrestamos las negativas. El rechazo a ciertas características de algo no debe implicar la búsqueda de la destrucción de ese algo, pues acabaremos destruyendo cosas positivas y esa no es una acción política inteligente.

 

A nivel filosófico simplemente me gustaría hacer una puntualización. Un movimiento o unas ideas de esta índole podrán ser demagógicamente tachadas de contrarias a la libertad individual por quienes se opongan a ellas.

Hay que tener claro que la libertad individual es algo a valorar, es algo a fomentar en su terreno crítico e inventivo. Lo que se debe criticar realmente es la libertad individual degenerada en individualismo, la percepción de ser una isla independiente y sin ningún tipo de conexión ni responsabilidad con otros seres humanos.

Los seres humanos son por naturaleza animales gregarios. Nuestra sociedad y civilización se ha creado gracias al gregarismo y eso es una evidencia. El gregarismo nos hace fuerte, el gregarismo nos hace progresar. Pero el gregarismo implica la responsabilidad de vivir en sociedad, de cumplir obligaciones para poder mantener el beneficio de vivir en manada, en colonia. Representa deberes que se convierten en ventajas y en derechos. El individualismo extremo, pues, es absurdo.

Lo importante para una sociedad es eliminar el acaparamiento de poder, que se convierte en coacción, por parte de individuos y estructuras. Si el acaparamiento de poder por parte de un estado es malo, no es mejor el acaparamiento de poder por parte de personas o compañías de negocios. Ambos deben ser combatidos y ambos son peligrosos. Esta lucha contra el acaparamiento de poder será la que conceda al ser humano una verdadera libertad, no una libertad-ficción como la que nos quieren vencer los anarco-capitalistas y similares.

 

Creo que se abre ante nosotros una época de replanteamiento casi total de las cosas. Es el momento de crear, de inventar, de salir de los prejuicios ideológicos para poder generar una nueva vía. Hoy el “Capital” no está en la fábrica, está en el paraíso fiscal. El “opresor” no actúa con policías y militares, lo hace con inversiones en bolsa y acciones especulativas. Hoy no hay “burgueses” y “proletarios”, hay privilegiados por el sistema, muchos de los cuales son trabajadores por cuenta ajena, y perjudicados por el mismo, muchos de los cuales son empresarios.

Entendamos la realidad en su complejidad, entendamos “el flujo de esta era” y articulemos alternativas políticas válidas. No nos empeñemos en convertirnos en piezas de museo.

 

Un futuro socio-económico peligroso (II)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 13-09-2010 en General. Comentarios (5)

 

BREVE HISTORIA DEL FUTURO

 

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Jacques Attali es un economista e intelectual Argelino-Francés. Fue asesor del expresidente Francés François Mitterrand durante algún tiempo y últimamente fue presidente de una comisión que adoptó su nombre dedicada a dar propuestas para revitalizar el crecimiento económico Francés.

Seguramente la obra más conocida de Attali es “Breve historia del futuro”, un ensayo político-económico futurista en el que el autor explica como podría evolucionar la economía y la política en el siglo actual.

 

El ensayo de Attali es muy amplio así que intentaré focalizarme en lo importante. La previsión de futuro de Attali se inicia en el colapso del imperio estadounidense y la creación de un mundo policéntrico y capitalista.

En este mundo habrá un gran mercado global en el que se potenciará el beneficio inmediato, la precariedad de los trabajadores y las migraciones económicas. Una de las ideas de Attali es que se impondrá el nomadismo entre las clases más ricas y preparadas, además de las propias migraciones económicas de los trabajadores pobres.

Este nomadismo será reflejo de la propia realidad del mundo policéntrico. Ya no habrá un solo centro económico, ya no habrá un solo país que sea el “imperio”. El mercado estará en todas partes y se superpondrá a los estados, y los más ricos se convertirán en hipernómadas en busca de los lugares donde haya menor presión fiscal y más posibilidades de ganancias rápidas.

 

En este punto Attali expresa una idea: El hiper-imperio. El hiper-imperio será el imperio del mercado, del capital. Los estados dejarán de ser relevantes, y se descompondrán progresivamente en todos los sentidos. Los servicios sociales serán desmantelados en casi todas partes y sustituidos por los mismos servicios que proveerán empresas privadas, las clases más ricas se sentirán apátridas y sólo les interesará donde pueden hacer más dinero, por lo que se moverán de país en país. Las migraciones cambiarán las poblaciones de los países y las afecciones nacionales de los ciudadanos de los distintos estados disminuirán por esta causa.

En este hiper-imperio los servicios básicos, desde sanidad o pensiones, pero también servicios como la seguridad ciudadana, serán provistos por empresas privadas. Tal será el poder de estas empresas privadas que Attali recoge una idea de George Orwell que se ha popularizado gracias a un frívolo y patético programa de televisión: El gran hermano.

Pero este gran hermano no será controlado por el estado, si no que estará controlado por las empresas privadas. Por ejemplo las compañías sanitarias controlarán qué comen sus asegurados, si fuman, si beben, si hacen prácticas de riesgo, etc. Mediante dispositivos electrónicos o de cualquier otra manera.

Attali ha llamado a esto la Hiper-vigilancia, donde las empresas de servicios básicos controlarán a sus clientes como el gran hermano Orwelliano. Attali no lo indica, pero es obvio que la competencia no funcionará en este caso bien (como no funciona en estos casos normalmente) y todas las empresas que ofrezcan estos servicios actuarán de la misma manera, creando una dictadura tácita. Quien quiera seguridad en cualquiera de los sentidos tendrá que someterse a los dictados de las compañías de servicios.

 

El hiper-imperio es la “primera ola del futuro” como dice Attali, que será sucedida por la segunda ola, que el autor ha llamado el Hiper-conflicto. El hiper-conflicto nacerá a causa de la descomposición tácita de los estados, que ya no tendrán poder ni controlarán nada ni de forma interna ni a nivel internacional. Este hiper-conflicto será el resultante de la suma de multitud de conflictos más pequeños que se darán en distintos ámbitos del mundo policéntrico, donde no habrá una potencia dominante y sí muchos focos de poder local.

El autor habla de cuatro tipos de conflictos que se superpondrán los unos a los otros: Guerras por la escasez, debido a la presión sobre los recursos naturales, Guerras de fronteras, causadas por las aspiraciones territoriales de los distintos centros de poder, Guerras de influencia y finalmente guerras entre piratas y sedentarios.

Estas últimas guerras serán uno de los ejemplos de la realidad a la que nos llevará el hiper-imperio. Ante la desaparición de estados sólidos los piratas camparán por doquier, sobre todo en los estados que nunca fueron fuertes, como ya pasa por ejemplo en Somalia. La población sedentaria será la principal víctima de estos piratas, pues los nómadas se desplazarán si ven algún conflicto.

De hecho la criminalidad será algo muy habitual en este hiper-imperio. Sin estados fuertes que tengan control habrá una explosión de empresas “piratas” que no cumplan las leyes en primer término, y posteriormente también de estados “pirata” controlados por señores de la guerra. También es probable que las mafias económicas acaben controlando amplias regiones y que se erijan en la autoridad real a todos los niveles, fuera del control de nadie.

 

Ante esta realidad de conflicto global aparecerá una gran ola de descontento y frustración, semilla de futuros conflictos “revolucionarios”. La inseguridad se extenderá por todo el hiper-imperio, tanto física como económica, llevando a amplias capas de la población a sentir que este imperio capitalista sólo trajo inseguridad, pobreza, opresión, inmoralidad, destrucción de las identidades nacionales, del medio ambiente. Etc.

Cuando el descontento sea imparable los estados podrán caer en dictaduras de diverso tipo, bien teocráticas, bien nacionalistas identitaria y económicamente o bien de otro tipo. Entendamos que este hiper-imperio estará fundado bajo teóricas democracias capitalistas, aunque vacías de poder en frente al imperio económico. Las revoluciones se volcarán contra la idea de democracia misma, que se considerará la responsable de traer estos males.

 

La tercera ola del futuro será la Hiper-democracia. En mi opinión este es el capítulo menos realista del libro, pero creo que el autor no quiso mostrar un futuro tan sombrío.

Básicamente esta hiper-democracia nacerá desde la base del propio hiper-imperio. Amplias capas de ciudadanos, ya conscientes de que este imperio sólo es una fuente de problemas y conflictos y que la humanidad no puede pervivir así, comenzará un tipo de revolución “desde abajo” en la que se creará un sistema paralelo al imperio económico.

Attali habla de la creación de empresas “relacionales”, de economía relacional, esto es iniciativas sin ánimo de lucro que prestarán servicios a la comunidad de forma paralela y separada al sistema. Serán como ONG’s o sindicatos que actúen en beneficio de la comunidad de manera local en todos los campos: Entretenimiento, educación, sanidad, higiene, gestión de las ciudades, microcréditos, etc.

El mercado se verá poco a poco desplazado por esta economía relacional. La gente no querrá al imperio capitalista, querrá formar parte de la economía relacional. En este punto las empresas “capitalistas” tendrán dos opciones, o desaparecer desplazadas por la hiper-democracia, o bien adaptarse a la economía relacional haciendo como una de sus bases la “responsabilidad social” de la empresa.

Obsérvese que no estamos hablando de una democracia mundial, si no de un nuevo tipo de mundo conectado “en red”, en un tipo de mundo que se gestiona y se gobierna desde la base, y en el que el capitalismo, en su faceta multinacional y de acumulación de capital por pocas manos, será rechazado.

Al final esta hiper-democracia se parecerá a los socialismos utópicos, al federalismo “desde abajo” de Pi i Margall y a ciertas ideas autogestionarias del anarquismo colectivista.

 

Personalmente no veo a esta tercera ola del futuro muy probable, lamentablemente veo bastante más probables las otras dos. Que la humanidad, o grupos humanos localmente llegasen a generar un sistema paralelo al hiper-imperio por mutuo acuerdo me parece una proeza tan sólo posible si se ha llegado a un grado de inseguridad, miedo y desasosiego tal que se haya alcanzado un clima revolucionario total.

Y en caso tal me parece mucho más probable la creación de dictaduras anti-mercado, bien de estirpe soviética, bien nacionalista económica o bien de cualquier otra manera que rechacen el hiper-imperio, o bien la explosión de revoluciones estatalitas y colectivistas, aunque podrían ser democráticas muchas de ellas.

 

 

Como veis el ensayo de Attali nos lleva a un futuro muy conflictivo y terrible, al puro estilo de las novelas y películas sobre un futuro decadente. Pero las ideas de Attali no salen de la nada, ni de la imaginación de un novelista de ficción.

La precarización en la globalización económica, la decadencia estadounidense, los estados “pirata”, la privatización de los servicios básicos, el auge de la violencia y el terrorismo, el nomadismo ahora entendido como migraciones económicas, el debilitamiento de los estados e, incluso, la economía relacional. Todo ello existe ya en el mundo actual, y las tendencias que estamos viendo no son muy distintas a las que Attali describe.

Dijimos en la entrada anterior que Ulrich Beck intuyó perfectamente en 1986 como iba a ser el mundo en 2010, 24 años después. ¿Habrá intuido Attali en 2008 (fecha del ensayo) como va a ser el mundo en 2032?

 

En la tercera parte analizaremos las tendencias compartidas de ambos autores y qué podemos hacer para revertir estas tendencias.

 

Un futuro socio-económico peligroso (I)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 10-09-2010 en General. Comentarios (7)

 

LA SOCIEDAD DEL RIESGO

 

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¿Hacia donde se dirige el mundo? La crisis del 2008 no parece que vaya a acabar en breve y aunque sabemos que saldremos de ella con cambios importantes no sabemos en qué sentido serán estos.

Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek, decía el premio Nobel Paul.A. Samuelson a finales de 2008. Este parecía que iba a ser el camino, el cambio que iba a sufrir nuestra economía. El control de los bancos, el fin de la desregulación excesiva y la vuelta a cierto modo de keynesianismo. Hasta la derecha centrista europea parecía por la labor.

Sin embargo no hubo valor político para llevar a cabo estos cambios (¿Quizá la primera decepción achacable al presidente Obama?), y la crisis pasó por una segunda fase, que los mercados internacionales se encargaron de marcar, que pasa por la reducción del gasto público de forma drástica bajo la espada de Damocles del encarecimiento de la deuda de cada país y la quiebra técnica. Esa es la fase en la que estamos hoy, un giro a la derecha de las posibles consecuencias de la crisis. Si nada cambiase en los próximos años, el fortalecimiento del poder de los mercados y el debilitamiento de los estados será la consecuencia más probable de esta crisis.

 

Querría tratar en estos escritos sobre el futuro qué nos podría esperar si el mundo persiste por esta vía de debilitamiento de los estados. Para ello querría, primeramente, mostrar las ideas de un par de autores sobre la sociedad que nos espera en los próximos años. En base a eso, podremos sacar algunas conclusiones.

En este escrito querría tratar el concepto de “sociedad del riesgo”, acuñado por el sociólogo Alemán Ulrich Beck en el ya lejano 1986, en su libro “La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad”.

 

La sociedad del riesgo es, para Beck, la continuación de la “sociedad moderna” que existía en el mundo después de la segunda guerra mundial. Ya en 1986 intuía Beck hacia donde se movía el mundo ante el auge de la derecha neoliberal de Reagan y Thatcher, y los cambios esperaban a la sociedad en las próximas décadas, enfocados fundamentalmente desde el punto de vista sociológico.

Para ver bien las diferencias entre la sociedad moderna y la sociedad del riesgo creo que es conveniente remarcar las características de la primera. La sociedad moderna se basaba en ciertos principios básicos que podríamos resumir en 4 puntos:

 

  1. Economía mixta y estado del bienestar: Existía un equilibrio entre la economía privada y el estado, siendo éste último el contrapeso al libre mercado y garante de unas condiciones mínimas de vida para la población. Podríamos decir que existía un equilibrio de fuerzas capital-estado.
  2. Equilibrio entre capital y trabajo, ya no sólo garantizado por el estado si no por la propia “conciencia de clase” de las clases subordinadas, que actuaban de contrapeso del capital.
  3. Dualidad ideológica: La existencia de dos sistemas (comunista y capitalista) daba a la sociedad la posibilidad de recibir una información dual, con dos puntos de vista y versiones de la realidad.
  4. Pensamiento modernista: La sociedad aceptaba generalmente los puntos de vista modernistas de progreso y mejora de la sociedad.

 

Analicemos ahora cuales son los puntos básicos de la sociedad del riesgo, intentando contraponerlos con los primeros:

 

  1. Economía capitalista y “victoria” del capital: El estado reduce poco a poco su poder y control sobre la economía privada y ésta entra donde el estado tenía antes monopolio. El estado ya no tiene poder de controlar al capital y se rompe el equilibro.
  2. El capital vence al trabajo: La conciencia de clase desaparece, los trabajadores de “cuello blanco” pierden su sentimiento de pertenencia a la clase asalariada, la clase media se alinea mayoritariamente con las demandas del capital. Debido a lo expresado en el punto anterior y a ésta realidad el trabajo se va progresivamente flexibilizando y el capital se fortalece hasta llegar a dominar al trabajo de forma casi total.
  3. Pensamiento único: Se asume que el capitalismo ha triunfado y se acepta como inevitable la mayor parte del pensamiento capitalista económico. Los medios de comunicación son unívocos en este sentido y no se pone en cuestión el capitalismo por parte de ninguna ideología que no sea marginal.
  4. Pensamiento post-modernista: Se deja de creer en el progreso, en la ideología y en la mejora social. Todo entra dentro del relativismo, y ese mismo relativismo acaba fortaleciendo a quienes tienen el poder.

 

Quizá el resumen sea excesivamente breve, pero lo que me importa es la idea. La sociedad del riesgo representa la victoria del capital, la destrucción de la conciencia de clase. Las personas miran por su propio interés y no por el bienestar global. La conciencia de clase se sustituye por el “lobby”. Las luchas sociales para un mundo mejor se convierten en multitud de luchas parciales de grupos que comparten una característica común, como pueden ser el feminismo, la lucha por los derechos de los homosexuales, el ecologismo, el nacionalismo, etc. Hay una evolución desde el pensamiento de ser un “ciudadano” en su concepción global y social de la palabra a ser un individuo perteneciente a un grupo “tribal” con unos intereses determinados.

La pérdida de poder del estado para controlar la economía, la globalización económica, la reducción de derechos sociales garantizados por el estado y la privatización de los mismos. Es, en definitiva, el auge de la individualidad y de la conciencia tribal y la muerte del progreso y de la “sociedad”, aceptando la victoria del capital.

 

Siempre me ha parecido increíble como en 1986 Ulrich pudo entender tan bien como iba a evolucionar la sociedad. La sociedad en la que vivimos es casi un calco de la que Ulrich pronosticó. Los sindicatos han ido perdiendo poder progresivamente, las utopías han quedado en la marginalidad, los estados desmantelan poco a poco los estados del bienestar, el capital cada día tiene más poder y el estado y las fuerzas del trabajo menos.

Si la actual crisis tiene la salida que parece, es decir, reducción del gasto público, privatización, flexibilización del trabajo e incapacidad de respuesta social, creo que los pronósticos de Ulrich se cumplirán totalmente.

Hemos perdido la seguridad, hemos aceptado el riesgo. Lo único que queda para que se cumpla totalmente el paradigma de Ulrich es la pauperización de las clases subordinadas y, entre ellas, de las clases medias. En mi opinión esta realidad ya se está dando de forma relativa, es decir, de estas personas respecto a la media económica y, por lo tanto, a las clases privilegiadas. Con una caída económica general, que se está solucionando cargándole la factura a las clases medias y bajas, está realidad se puede confirmar de forma cuantitativa.

 

En la próxima entrada hablaremos del ensayo de Jacques Attali “Breve historia del futuro”.

 

EL CAPITALISMO CHINO

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 18-01-2010 en General. Comentarios (14)

 

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En el siglo XXI los antiguos esquemas duales del mundo de la guerra fría se están empezando a romper. El mundo capitalista, que estaba dominado por la herencia anglosajona y fundamentalmente por los EEUU tiene hoy un polo más poderoso, que es la “comunista” China.

A pesar de que el PIB estadounidense es más alto (por varias razones) el principal productor de bienes de consumo es China. También es el principal emisor de gases contaminantes y de otros rankings similares.

 

China ha adoptado el capitalismo de forma radical y salvaje, alterando los equilibrios planetarios de forma muy importante. Porque China, país sin tradición democrática y con una mentalidad confucionista muy arraigada, ha entendido que tiene las condiciones necesarias para que el capitalismo brote con una fuerza sin igual: Es una dictadura y su población es esencialmente sumisa gracias a su carácter asiático confuciano.

En China pues no hay huelgas, no hay sindicatos que reclamen derechos sociales para sus afiliados, no hay una jornada laboral racional. El gobierno Chino, con esa mentalidad tan propia del comunismo de creer en dogmas, ha adoptado un dogma nuevo que es el crecimiento económico como único factor que importe.

Los antiguos Maoístas abrazan ahora a los inversores extranjeros, se jactan de las cifras de productividad, no les importa tener al “proletariado” hacinado en barracones, eso sí con los correspondientes karaokes vespertinos a modo de pan y circo. Los “comunistas” Chinos consideran ahora que el bienestar del “pueblo” está en el crecimiento económico del país, no en el bienestar personal de los trabajadores. Mao convertido en el padre del capitalismo más salvaje que se conoce.

 

Los neoliberales, los defensores de la globalización económica, han explicado muchas veces que el libre comercio favorecerá en principio a los países con costes laborales más bajos (los más pobres), pero cuando estos países empiecen a desarrollar los costes laborales se igualarán, y lo que era una competencia desleal pasará a serlo leal. Es pues cuestión de hacer un pequeño sacrificio temporal en beneficio de los más pobres (Por supuesto el sacrificio es del pequeño y mediano empresario y del trabajador, no de aquellos que hacen inversiones en esos países).

Este concepto, terriblemente discutible en otros campos, pasa a ser absurdo en el caso Chino. Porque por mucho que progrese China, por mucho que su economía se llegue a comparar en términos de PIB per cápita con la occidental, la situación de los derechos sociales en China no será como la occidental. Sin trabajadores reivindicativos, ni legislación social existente, ni gobierno democrático auditado por los ciudadanos, la legislación laboral China no será nunca como la occidental. Y por mucho que suban los sueldos estas personas trabajaran más horas y aceptarán hacerlo en unas condiciones peores, lo que nos situará permanentemente en una competencia desleal.

 

Pero la competencia no es sólo respecto a los productos y bienes de consumo producidos, si no nos podemos encontrar esta competencia del “capitalismo chino” en el comercio de debajo de nuestra casa, en la esquina de nuestra calle. Me refiero, por supuesto, a estos comercios regentados por personas de nacionalidad china, los famosos todo a euro, pero también las tiendas de ropa, de bisutería, e incluso últimamente los bares tradicionales que están empezando a ser ocupados por chinos de forma masiva.

Vamos a empezar por desmontar mitos: Se dice por ahí que los chinos no pagan impuestos. Eso no es verdad. Existe un convenio entre China y España para que una empresa china no pague los mismos impuestos a China que ya ha pagado al estado Español. Este convenio aplica a grandes empresas, pero no a bares y pequeñas tiendas. No obstante parece ser que los impuestos que pagan estas empresas son siempre iguales a los que paga una empresa Española, nunca menores.

Lo que sí es cierto es que hay otra legislación que afecta a los extranjeros que abren comercios y que indica que éstos no pagan la cotización a la seguridad social (los “autónomos”) durante unos años. Por eso estos comercios cambian de dueño cada 3 o 5 años. De todos modos estamos hablando de poco más de 250 € al mes.

 

Si no hay una diferencia sustancial en el tema impositivo, ¿Por qué los chinos se están haciendo con todo? Es una cuestión se cantidad de trabajo y dinero obtenido a cambio.

Gracias a esta maravillosa libertad de horarios comerciales que existe para el pequeño comercio en muchas comunidades autónomas los chinos tienen sus comercios abiertos la gran mayoría del día. Cuando quieres algo un domingo, un día festivo o una noche cuando está todo cerrado siempre hay un comercio chino abierto en el que puedes comprar lo que necesites, pues tienen casi de todo.

Por otro lado también estos comercios incumplen las leyes muchas veces. Los chicos que quieren hacer botellón y no han comprado botellas de bebidas alcohólicas antes de las 10 de la noche (hora a partir de la cual está prohibido comprar alcohol) acuden a los comercios chinos pues ahí se las venden.

Tampoco es extraño ver a chinos menores de 16 años trabajando bien en restaurante chinos bien en comercios de este tipo, cuando es algo ilegal.

 

Al final estos comercios sobreviven y se imponen porque abren 70 u 80 horas a la semana, trabajan tres o cuatro personas (generalmente de la misma familia) y se dan con un canto en los dientes si consiguen unos beneficios netos de 1.000 euros al mes. Ya no entro a hablar de las mercancías que venden, de origen generalmente chino y de bajísima calidad, si no de la cantidad de trabajo respecto a los beneficios.

Cualquier español no podría mantener un comercio en estas condiciones. Para un Español es invivible esta vida de vivir para trabajar, no puede tener a sus hijos trabajando para el negocio familiar pues estos estudian, tienen intención de emanciparse, etc. Y obviamente esto no es posible en el terreno económico en el que nos movemos.

Hoy en día el comercio, la tienda, el bar, es muchas veces la salida que tiene las personas que no tienen un oficio específico y que no encuentran trabajo. La mayoría de bares y tiendas de España otorgan a sus propietarios unos beneficios económicos no mucho mayores a los de un trabajo asalariado con el agravante de que las horas de trabajo son mayores y la inseguridad también. Son trabajadores por cuenta propia asimilables a cualquier asalariado. Y en este contexto, con esta competencia, estos comercios están cayendo más allá de ese punto límite en el que dejan de ser rentables.

 

Hace unos años una amiga argentina me dijo que ella no compraba jamás en las tiendas chinas, pues en su país los chinos habían hundido el comercio argentino (junto con la convertibilidad y el neoliberalismo de Menem). Estuve reflexionando sobre esto durante un tiempo, y conforme pasó el tiempo me dí cuenta que mi amiga tenía razón, y que la sobredimensión de los negocios chinos es un riesgo para la economía del país.

Desde ese momento no compro jamás en este tipo de locales (Sí que voy a restaurantes japoneses que me gustan mucho). Prefiero comprar un pegamento en el kiosco de la esquina por un euro que pagar 60 céntimos en un chino.

El pequeño comercio ha sido la salida laboral de muchas personas durante muchos años. Si compramos en comercios chinos o similares lo que estamos provocando es que estos comercios se apoderen de todo. Y si esto sucede hundiremos al hostelero local, al comerciante local, y potenciaremos un estado de las cosas que nos puede impedir en el futuro tener la alternativa de abrir un comercio determinado.

Si potenciamos esto estamos potenciando la autoexploración, estamos potenciando las jornadas de trabajo sin fin y los sueldos de miseria. Estamos dando alas a cosas que finalmente nos pueden afectar a nosotros mismos.

 

Lo he defendido muchas veces: El ciudadanos deben ser responsables y deben ser conscientes de que sus acciones suponen una alícuota parte de la economía y la sociedad.

Igual que hay que evitar abusar de la sanidad pública, igual que hay que evitar el fraude en el cobro de las prestaciones de desempleo, también es importante ser responsables con el consumo que hacemos. Validar a un empresario pirata con una compra es como validar a un político corrupto con un voto.

Es cierto que igual no existen los mecanismos necesarios para que el ciudadano sea consciente de la repercusión de sus acciones como consumidor (pienso ahora en la burbuja inmobiliaria), pero creo que debemos empezar a crear una conciencia en este sentido. Si no acabaremos creando monstruos que se nos llevarán por delante.