Barajas, los controladores aéreos y Carmen Alborch

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 23-10-2010 en General. Comentarios (5)

 

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Pasar por el aeropuerto de Barajas para hacer un trasbordo puede ser una auténtica odisea. La T4 es una verdadera monstruosidad, quizá necesaria para ese volumen de tráfico aéreo, pero incómoda y estresante para el viajero. Si, además, nos toca viajar un día de huelga encubierta de controladores, la cosa se convierte en inaguantable.

 

El lunes pasado para mi viaje a Oviedo hice escala en Barajas, pues el vuelo directo desde Valencia, uno diario, no se ajustaba bien a mis necesidades. Viajar con escala es muy incómodo y muy costoso en tiempo si tienes una alternativa directa y por eso siempre intento evitarlo.

Al llegar al aeropuerto de Manises vi que había retraso en mi avión. En principio no me puse nervioso, pues tenía casi dos horas de diferencia entre la hora prevista de llegada a Madrid y la salida del avión hacia Asturias. Pero pasaban los minutos y la información no llegaba, hasta que alrededor de una hora después de la teórica hora de embarque nos llaman a embarcar. Parecía que el embarque iba bien hasta que parece ser que se recibió otra orden. “El embarque se suspende, la torre no nos da permiso y posiblemente no podamos volar hasta las 11 de la noche” nos avisó una azafata, ante la desesperación general. Para mi era un problema, pues el avión hacia Asturias despegaba de Barajas a las 9, dos horas antes.

Quejas, rabia, impotencia, vamos lo que ya muchos conoceréis. Cuando la gente se iba a reclamar a las ventanillas de la compañía, hubo otro cambio. Ahora había que embarcar sin demora porque el avión iba a salir ya. “Qué suerte” pensé, cuando ya me veía en tierra al final iba a poder viajar.

Pero cuando subimos al avión y nos preparábamos para despegar el piloto avisó de un nuevo cambio. Hasta 40 minutos después el avión no podría despegar. Eso me rompía los esquemas, si el avión de Oviedo era puntual tendría que hacer noche en Madrid y no llegaría a mis compromisos en Oviedo.

 

Todos estos follones en mi vuelo y en otros (un compañero que viajaba desde Alicante tuvo el mismo problema que yo) se producen, en palabras de la compañía, por “congestión del tráfico aéreo”. La verdad es que lo que está congestionado normalmente son las torres de control, debido a las bajas simultáneas y sospechosas de los controladores aéreos.

Ya hemos hablado de los controladores alguna vez y creo que es opinión general de casi todo el mundo que es impresentable su actitud de “coacción” y el uso de su poder de paralización. Cuando un trabajador que cobra 1.000 euros al mes usa su poder para paralizar una ciudad puede ser comprensible, o puedes intentar ser relativamente empático (también, por supuesto, puede no parecerte adecuados los métodos). Pero cuando hablamos de profesionales que cobran más de 20.000 euros al mes esto se convierte en una coacción inaceptable.

 

Nada más aterrizar en Barajas llamé a un compañero que también cogía el vuelo de Asturias. Me dijo que el vuelo también se había retrasado y que, por lo tanto, estaban embarcando. “¿Dónde estás?” “Ni “puta” idea macho” “Bueno, creo que te dará tiempo, pero corre”.

Y eso hice, como Forrest Gump, correr sin saber a donde. Miré los letreros que indican las puertas de embarque y corrí hacia la K. Claro, el susto vino cuando vi que las puertas K estaban a 18 minutos de distancia. Empecé a correr con dos maletas como un loco por el aeropuerto, cosa que afortunadamente para mi y desgraciadamente para todos hacía mucha más gente que yo. Y corrí hasta que llegué a un tren lanzadera, en el que tuve que subir.

 

En el tren ya no podía correr, así que aproveché para echar una mirada a lo que había en mi alrededor. 5 personas estábamos en el vagón. A parte de mí había dos señores hablando en inglés, y dos personajes conocidos: José Luís Olivas, ex president de la Generalitat Valenciana anterior a Camps y actualmente presidente de Bancaja, y Carmen Alborch, exministra de cultura y portavoz del PSPV en el ayuntamiento de Valencia.

Como yo soy un tipo sociable, y con Olivas ni quería ni sabía de qué hablar, me puse a hablar con Carmen Alborch. En los 3 ó 4 minutos de viaje hablamos de algunas cosas triviales y, también, de los controladores. La verdad es que Carmen estaba casi más caliente que yo, y estuvimos hablando de la actitud de los controladores y del gran servicio que iba a hacer el AVE a todos los que viajan a Madrid asiduamente desde Valencia. Dijo que no volvería a coger un avión para ir a Madrid cuando esté el AVE, algo que creo era producto de la evidente mala leche en la que nos encontrábamos todos.

Aproveché el momento para preguntarle si realmente era cierto que no se presentaba a la alcaldía de Valencia por propia voluntad, o bien si fue una exigencia de partido. Aseguró que lo hizo voluntariamente, que no se sentía con fuerzas porque “El candidato que se presente debe estar pensando a 12 años vista” y ella no tiene cuerda para tanto. La frase es, realmente, reveladora. Carmen sabe perfectamente que Rita Barberá es imbatible hoy, y que será dificilísimo que lo sea de aquí a 4 años. Luego intentó bajar la cifra a 8 años pero el efecto ya estaba hecho. Esta es la desgracia que vivimos en la Comunidad Valenciana.

 

Cuando paró el tren salí corriendo hacia cualquier sitio donde viese la letra K. Creo que me despedí poco cortésmente de Carmen Alborch, así que si improbablemente lees esto, Carmen, te pido disculpas.

El siguiente obstáculo fue un control. Como llevaba portátil y equipaje de mano tuve que perder mucho tiempo en el control. Iba con tanta prisa qué, después de volver a guardar el portátil, coger la Blackberry, etc. Consideré que no tenía tiempo ni para ponerme el cinturón de nuevo, así que lo llevé en la mano mientras seguí corriendo.

La imagen debió ser graciosa, un tipo con dos maletas y un cinturón en la mano corriendo por un aeropuerto sin saber exactamente cuando acaba su trayecto. Finalmente llegué a la puerta de embarque a tiempo, gracias a los mismos retrasos que provocaron todo este trajín.

 

Qué queréis que os diga, la próxima vez que viaje a Oviedo no se me ocurrirá pasar por Barajas. Y si voy a Madrid y puedo haré como dijo Carmen Alborch. Donde esté el AVE que se quiten los aeropuertos.