ÁGORA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 17-10-2009 en General. Comentarios (5)

 

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Hay infinitas formas de rechazar a un hombre, pero esta de Hipatia creo que se lleva la palma

 

Estoy viendo películas muy interesantes últimamente. La última ha sido Ágora, de nuestro mejor director, Alejandro Amenábar.

Ágora está ambientada en la Alejandría de finales del siglo III, en un momento donde el cristianismo comenzaba su auge, desplazando a las creencias paganas poco a poco. La película nos relata esa época de guerra de religiones, mostrando como el cristianismo intentaba implantarse como religión única desplazando, por regla general violentamente, tanto a los paganos como a los judíos.

 

Ágora es una superproducción, tan atípicas en el cine Español. Tanto el argumento, como los escenarios y la banda sonora son, en mi opinión, excelentes. La película es terriblemente crítica con ese primer cristianismo y con las religiones en general, por lo que me imagino que provocará rechazo en el público más conservador y dogmático.

Supongo que la reflexión general que habrá producido la película en el espectador es hasta que punto el fanatismo religioso es nocivo, pero yo, para variar, he tenido pensamientos adicionales al ver Ágora.

 

Las personas que tenemos una educación y cultura considerada, según los cánones, progresista tenemos algunos clichés bastante marcados.

Uno de ellos se puede resumir en esta frase que le leí hace poco al Héroe de la unificación Italiana Guiseppe Garibaldi sobre Roma: “Entre sus ruinas brotaba la memoria de la grandeza. Contemplé a Roma como la cuna del cristianismo, la religión que ennobleció a la humanidad. Tan diferente de esta lacra que se presenta hoy como sucesora de los apóstoles”.

Este es uno de los pensamientos que han sostenido muchos progresistas e izquierdistas durante los dos últimos siglos. El cristianismo es, en origen, una ética y pensamiento honesto y humanista, sin embargo la iglesia católica es un mecanismo de poder, una superestructura que usa esta noble idea original y la manipula para mantener su poder e influencia, además de haberla convertido en fuente de prohibiciones y de una moral obscena.

 

Tengo que reconocer que yo, en esencia, comparto ese pensamiento. Sin embargo Ágora me ha traído una nueva visión.

En la época en la que se desarrolla la película se comienza a forjar esa estructura piramidal, de poder y jerarquía, que existe en la iglesia actual. Cirilo, el obispo de Alejandría, es un personaje que quiere arrodillar ante sí a todo el mundo, incluido al poder civil.

Sin embargo, al principio de la película, se muestra un cristianismo más joven que a pesar de tener a un líder al que seguir, se podría asimilar más a ese cristianismo antiguo y humano al que se suele hacer referencia.

Pues bien, ese cristianismo no me pareció, en absoluto, un cristianismo humanista. Sí es cierto que la película muestra como los cristianos comparten su pan con los desfavorecidos, y tienen un concepto de caridad muy acusado. Sin embargo, estas gentes se convierten en una turba salvaje para defender lo que ellos creen la verdad absoluta y la palabra del dios verdadero, dejando ese humanismo para los que comparten su credo y aplicando una violencia extrema contra el que no lo comparte.

 

La violencia cristiana de la segunda parte de la película si que viene impuesta por los sermones y manipulaciones de Cirilo, pero la primera es intrínseca a la religión tal y como se entendía en esa época, y como algunos en el mundo la entienden todavía.

De hecho, la violencia es generada por dos características comunes a las religiones occidentales: La necesitar de convertir al prójimo y la convicción de tener la verdad absoluta. Ambas son las fuentes de todas las guerras y conflictos religiosos que hemos vivido en el mundo de estos últimos 2000 años, y son características que se mantienen en todas las religiones que echan raíces en el judaísmo (paradójicamente, el judaísmo es el que menos comparte la necesidad de convertir al otro).

Las religiones orientales son en esencia diferentes, debido a que no tienen como obligación predicar. En mi opinión eso las convierte en potencialmente menos violentas que las religiones occidentales, por mucho que alguna de ellas (el hinduismo) sea bastante restrictiva para sus propios adeptos.

 

Al ver a los cristianos primitivos parece que estés viendo a los talibanes de hoy (La destrucción de imágenes de dioses paganos recuerda mucho a la destrucción de las estatuas de Buda por parte de los talibanes). La quema de la biblioteca recuerda mucho a las quemas de libros que se han dado durante la historia, recientemente en el III Reich. La actitud de los cristianos, terriblemente caritativa y violenta a la vez, recuerda a los radicalismos revolucionarios de los siglos XVIII, XIX y XX.

Todas estas similitudes quizá hayan sido buscadas adrede por Amenábar o quizá no. No obstante te hace reflexionar sobre los errores en los que caen los humanos generación tras generación, y te hace preguntarte si realmente hay algo intrínsecamente violento en el ser humano que le hace comportarse así.