Aquellos días de Marzo (I)

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 18-12-2010 en General. Comentarios (10)

 

EL 11-M

 

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Quería hacer un artículo contando mis sensaciones allá por marzo del 2004, cuando el señor Zapatero ganó las elecciones y se convirtió en presidente del gobierno. La intención del artículo era mostrar la relativa esperanza que teníamos jóvenes como yo en aquel momento y cómo la realidad posterior nos ha decepcionado y frustrado nuestras esperanzas. Sin embargo en cuanto me he puesto a recordar me ha parecido que mi artículo debía empezar un poco antes del día de las elecciones, para ser exacto tres días antes, en 11 de Marzo de 2004.

No quiero polemizar sobre el 11-M, del que creo que ya no hay polémica y que todos los intentos de crearla se han apagado con el tiempo por disparatados, mi única intención es contar una historia completa. Este primer artículo versará sobre el 11-M y los días posteriores, y en el siguiente hablaré más sobre Zapatero como esperanza frustrada.

 

El 11 de Marzo de 2004 me levanté sobre las 7.30 de la mañana. En aquel momento tenía 22 años y estaba haciendo prácticas de fin de carrera en un centro de investigaciones agronómicas, colaborando con una doctoranda en un proyecto de investigación.

No escuché la radio por la mañana ese día como es habitual en mí, debía llevar en el coche algún disco de música, pues me acababa de comprar un reproductor de MP3 de esos de marca desconocida que venden en las grandes cadenas de electrodomésticos. Cuando llegué al centro me dijo la chica a la que ayudaba, “¿Te has enterado de lo que ha pasado”?, “No, ¿Qué ha pasado?”, “Ha habido un gran atentado en Atocha, dicen que hay decenas de muertos, que parece Irak con los cuerpos descuartizados por ahí. Ha sido la ETA”.

Me quedé muy extrañado, la ETA haciendo un atentado con decenas de muertos. No era su estilo hacer algo tan masivo, y parecía rarísimo que hiciesen algo así a no ser que no hubiesen podido avisar a tiempo. Por lo que decían parecía que ETA no había reivindicado, ni había avisado. Todo muy raro, aunque era primera hora de la mañana y la información aún era confusa.

El ministro del interior, Ángel Acebes, salió rápidamente a hablar condenando a los “miserables” de ETA. Si lo dice Acebes, pensé, será porque tiene información relevante. Me parecía todo muy raro, pero en principio creí al ministro.

 

Me puse a hacer mi trabajo, que creo que era análisis de nitratos o amonio en unas 200 muestras que preparaba todos los meses con una máquina que parecía venida de la URSS. Sobre medio día salió un compañero de su despacho: “Otegui ha dicho que ETA no ha sido, que esto debe haber sido cosa del terrorismo islámico”. Esto cambiaba radicalmente las cosas. ETA no mata a alguien y después dice que no lo ha hecho, pues el objetivo de cualquier grupo terrorista es causar terror pero dejando claro que lo han hecho ellos. Otegui tenía información de primera mano, y si salía a decir eso parecía imposible que lo hiciese sin información. Además era coherente con la naturaleza del atentado.

El ministro Acebes seguía insistiendo en ETA, pero mi primera impresión de creerle cambió radicalmente. Para poder hacer este cambio de opinión me hice una pregunta muy simple: ¿Sería capaz el gobierno de mentir con 200 muertos en un atentado, simplemente porque beneficie a sus intereses electorales? Pensé un poco, y decidí que ese gobierno era capaz de eso. Así pues, acepté que el gobierno probablemente no decía la verdad.

Creo que es importante recordar qué significaba un ataque terrorista de uno u otro grupo. Un ataque de ETA era un golpe para Zapatero, pues durante toda la campaña electoral el PP había tejido una especie de relación de relaciones entre el PSOE y ETA, que estaban conectadas a través de ERC (que gobernaba con el PSOE en Cataluña) cuyo líder, Josep Lluís Carod Rovira (que no José Luís) se había entrevistado con ETA en la francesa y catalanoparlante localidad de Perpinyà. En cambio un ataque del terrorismo islámico podría parecer una represalia por la participación en la guerra de Irak y, además, dejaba en evidencia al gobierno ya que en un ataque terrorista a la casa de España de Marruecos en 2003 Aznar había dicho que eso no tenía nada que ver con España, que era una institución privada, y que no se debía de temer por la seguridad del país, y que nada tenía que ver con la participación en Irak.

 

Cuando llegué a casa le comenté a mi madre que estaba casi convencido que no había sido ETA y que el gobierno mentía. Mi madre reaccionó violentamente, teniendo una discusión de tono muy elevado debido al calor del momento, ya que ella veía como una herejía mis palabras. Esta sensación de ser un hereje y un mal Español si discrepabas de lo que decía el gobierno era muy típica en esos últimos años del gobierno Aznar, y lamentablemente inundaba en momentos de excitación incluso a personas nada afines a ese gobierno como mi madre. En cambio tengo que decir que mi padre me apoyó, el único ese jueves.

Por la tarde me llamó mi amigo David: “Te llamo para comentar la jugada”. La jugada era el atentado, como intuiréis. También discutí bastante fuertemente con David, por las mismas razones. Me pareció terrible como en aquel momento la lógica se sumergió bajo la doctrina oficial, y como incluso personas no afines al gobierno te veían como una especie de loco o de antipatriota por decir lo que pensabas, que por otro lado era lo que indicaba la razón.

Pero esa noche todo cambió. En mi casa escuchábamos la cadena SER, casi la única que ejercía entonces oposición franca al gobierno Aznar, y esos días estuvimos muy pegados a la radio en búsqueda de información alternativa a la del gobierno. Esta radio anunció un comunicado de un grupo islamista en Internet haciéndose responsable del atentado. Podía no ser auténtico, pero la noticia que cambió totalmente las cosas fue el descubrimiento de una furgoneta con unas cintas coránicas, en la que supuestamente iban los terroristas. Ahora sí que parecía estar claro, como entendió toda la prensa internacional de la que nos enteramos también a través de la radio, pues en las televisiones oficiales y cercanas al PP esa información no salía. Me fui a la cama con la convicción de que mis impresiones habían sido correctas, y con cierta satisfacción por esa misma razón, en contra del seguidísmo general de la población.

 

No recuerdo muy bien nada relevante del trabajo del viernes 12, aunque si recuerdo que las tres banderas oficiales que presidían el centro de investigación, la Valenciana, la Española y la de la UE, estaban izadas a media asta. Por la tarde me volvió a llamar David, que pretendía que fuésemos a la manifestación de repulsa de los atentados terroristas que estaba convocada en Valencia.

Le dije que no, que era absurdo manifestarse contra un grupo terrorista que le da igual lo que tu opines, que las manifestaciones contra atentados terroristas era algo absurdo producto del interés político de algunos por capitalizar el rechazo, que era una costumbre española que no tenía ningún sentido. Plantear esto en ese momento era también una osadía perversa, que te ponía de nuevo ante la acusación de antiespañol o amigo de los terroristas, pero después de acertar el día anterior me sentía con fuerzas para romper dogmas.

David, que ya en ese momento aceptaba que no había sido ETA y que tenía razón en jueves, me insistió mucho. Finalmente cedí, dejando claro que no me gustaban esas cosas, pero también la verdad tenía curiosidad por ver el ánimo de la gente, y también de ver a Jordi, un amigo de David que era hijo de un concejal del PP y, por tanto, afín a ese partido.

La manifestación fue un poco rara. Mucho respeto, pero se percibía en el ambiente dos ideas enfrentadas. Había quienes aún pensaban que era ETA, siguiendo lo que el gobierno quería que creyesen, y otros estaban convencidos de la autoría islamista. Se veía esto en las pancartas y en los comentarios de la gente con sus acompañantes, aunque no vi discusiones entre “grupos”. Jordi, por supuesto, todavía pensaba que había sido ETA, pero se le veía sin convicción e intentando evitar el problema de la autoría.

 

El sábado los acontecimientos se dispararon. Por la tarde la policía informó de la detención de 3 marroquíes y dos indios en relación con los atentados del jueves. Este hecho, y la cerrazón de los miembros del gobierno que intentaban negar las evidencias, provocaron una jornada de reflexión convulsa.

Hubo concentraciones en las sedes del PP para exigir al gobierno que dijese la verdad, hubo caceroladas cada hora, algo que mi padre y yo sí seguimos. La patética comparecencia de Rajoy, que le hizo más daño que beneficio, y la calculada de Rubalcaba, fueron anomalías dentro de una jornada de reflexión, jornada que tampoco parece que tenga mucho sentido mantener. La cadena SER y la TV3 catalana fueron las fuentes de información para mi en aquel momento.

Esa noche salí de fiesta con unos amigos. Al recoger a uno en su casa me dijo “Esto ha sido un escándalo. Va a ganar el PSOE”. En aquel momento le dije que lamentablemente no iba a ser así, que cualquier ataque terrorista produce dos reacciones fundamentales: La de apoyar al gobierno, por un lado, y la de virar las simpatías hacia el partido más “duro” del espectro político, normalmente el más derechista. En ambos casos el PP era el beneficiado, así que le dije a mi amigo que el PP iba a ganar. El insistió en la actitud del gobierno, pero yo desconfiaba de que realmente eso fuese a cambiar el voto. Quien quería estar informado lo estaba, pero incluso en aquel momento quien no quería estarlo podía perfectamente volcarse en medios que seguían hablando de ETA. Por mucho que las detenciones hubiesen evidenciado que el gobierno no decía la verdad, un voto no se cambia de la noche a la mañana.

 

Finalmente yo me equivoqué y mi amigo tuvo razón. Demasiado técnica y estudiada mi argumentación, y basada además en situaciones en otros países “normales”, pues en ninguno de ellos el gobierno había engañado a sus ciudadanos. Creo que lo que pasó en España fue una anomalía histórica, provocada por la actitud anormal de un gobierno de un país democrático. El PP perdió unas elecciones que tenía ganadas por su propia actitud. Con una actitud más honesta hubiesen ganado las elecciones, pero quisieron lanzar ETA a la cabeza del PSOE antes de tiempo, y cuando vieron que la habían “cagado” quisieron mantener la desinformación hasta el día de las elecciones, para que no se volviese contra ellos.

Una época del “conmigo o contra mi”, de un gobierno que tenía la verdad absoluta siempre, de un gobierno patéticamente servil con potencias extranjeras y extraordinariamente agresivo verbalmente contra quienes le criticasen algo internamente. El Aznarato, que le han llamado muchos autores, parecía víctima de sus excesos. La historia le había dado su merecido de forma casi mágica, y bastante cruel para ellos aunque justa en mi opinión.

 

Empezaba una nueva era, con el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, una persona radicalmente distinta al expresidente saliente. Pero esto lo cuento el próximo día.