Nicolae Ceaucescu
Contaba Santiago Carrillo que, en uno de sus viajes a la Rumania de Ceaucescu y al entrevistarse con el dictador, intuyó que aquel hombre, al que había respetado antaño, había degenerado mentalmente hasta crearse una fantasía propia inconexa con la realidad de su país.
Concretamente parece ser que Ceaucescu le dijo a Carrillo que la Rumania de finales de los 70 tenía ciertas características de sistema socialista avanzado, casi comunista (Para los Socialistas Marxistas el comunismo es el grado máximo que se alcanza después de muchas décadas de socialismo), y puso como ejemplo la calidad de educación y la sanidad en Rumanía. Carrillo le replicó: “Francia tiene una educación y una sanidad públicas mejores que las de Rumania, ¿Me quieres decir que Francia es un país “socialista avanzado”, casi comunista?”. Ante la réplica, Ceaucescu se defendió hablando del “contenido político” del estado, para justificar el por qué Rumania era socialista avanzada y Francia no, aún siendo mejor en Francia las áreas sobre las que el presidente rumano justificaba su opinión.
Esto del “contenido político” me viene a la cabeza cuando leo opiniones y escucho personas hablando sobre la política de España (y del mundo), y se justifica o se critica exactamente la misma política en función si el gobierno que la toma es nominalmente progresista o conservador.
El caso más obvio es la política del gobierno Español, que en su vertiente económica está dirigida de facto por Bruselas, Berlín y el FMI. La política económica de estos últimos meses se corresponde perfectamente con una política neoliberal, independientemente de que su origen esté en una convicción intelectual o haya sido impuesto. Sin embargo veo muchos izquierdistas defendiendo al gobierno por sus medidas “valientes” y “serias” para sacar a España de la crisis, y sobre todo veo derechistas de todas clases atacando al gobierno Español por su “nefasta” política económica.
Claro, cuando se mira al Reino Unido, por ejemplo, las opiniones viran totalmente. Los mismos izquierdistas que defienden la política de Zapatero se escandalizan del aumento del precio de las matrículas en las universidades del reino unido, del recorte del gasto social o del aumento de los impuestos indirectos. Y los derechistas, en cambio, dicen que hay que tener en mismo coraje e iniciativa en las reformas que el primer ministro Cameron, siendo Rajoy el primero que se apunta al disparate de criticar y defender las mismas líneas políticas en función de qué gobierno lo haga.
Hay casos todavía más flagrantes que estos. Hay quienes defienden la política de la semiesclavista China simplemente porque la envuelve el adjetivo de comunista, al igual que hay quienes vomitan su ignorancia defendiendo a la maravillosa Corea del Norte. También hay izquierdistas muy caracterizados que defienden como modelo el Brasil de Lula como ideal, pensando que allí hay algún tipo de revolución socialista, cuando el gobierno de Brasil no pasa de ser un gobierno progresista-centrista ligeramente escorado a la izquierda en sus preocupaciones sociales.
También pasa lo mismo al analizar países como Venezuela o Colombia. Las mismas políticas corporativistas, policiales o militares serán defendidas o rechazadas en función de quien las realice, y siempre encontraremos una justificación para defender la corrupción o la violación de derechos de las personas si la cometen los que consideramos como los “nuestros”. Si hay un golpe de estado en honduras contra el presidente Zelaya se justifica, al igual que contra Chávez. Pero si fuese contra Santos o Piñera esos mismos se clamarían contra los “comunistas” que quieren subvertir América latina.
Este es el esquema general que sigue la mayoría de la población en España. Lo siento, es la verdad y no podemos obviarla: Los Españoles ni sabemos ni queremos saber de política, y mucho menos de economía. Lo nuestro son las afinidades ideológicas, el seguimiento entusiasta a las siglas, la cerrazón mental y el dejarnos dirigir por las palabras de políticos interesados y cínicos.
“El contenido político” sirve para justificar y criticar las mismas cosas según su autor. Franklin D. Roosvelt lo tenía más claro “puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Por lo menos había un criterio detrás, quizá poco honrado, un tanto cínico, siempre interesado, pero se sabía que se defendía al otro en contra de los ideales propios por un simple interés nacional. Aquí no, aquí no hay criterio ninguno, es un simple arribismo irracional contra el que va pintado de tu mismo color, es pura competición deportiva, hooliganismo político inserto en el corazón de la nación, que es la voluntad y las ideas de sus ciudadanos.
Y entendamos bien la magnitud del problema, porque es ese "corazón" de la nación el que le daría a este país un verdadero valor añadido para salir de esta situación y fabricar su propio futuro. Sin eso, no estaremos más que al merced de las voluntades ajenas a nuestras fronteras.
El gobierno Irlandés ha aceptado finalmente su rescate financiero por parte de la UE y el FMI. Irlanda, quizá el país que más ha pagado la crisis económica (por encima incluso, en mi opinión, de países como Grecia) no podía aguantar sin ser intervenida.
La quiebra Irlandesa es profunda. Un desreguladísimo sector financiero fue el catalizador de una terrible burbuja inmobiliaria que ha llevado al país, una vez su economía se ha visto afectada por la crisis internacional, a un estado de quiebra profundo. Suena a España, sí, pero es bastante peor. El valor de los pisos ya ha bajado casi un 40%, las hipotecas valen más que lo pisos, el estado tiene un déficit pavoroso del 32% del PIB.
Y lo que es más grave aún, Irlanda está así después de haber hecho el paquete de recortes más duro de los países europeos. El sueldo de los funcionarios fue reducido un 15%, se subieron los impuestos, se redujo el gasto social, se eliminaron proyectos de infraestructuras…pero nada ha valido más que para congelar la crisis unos meses. El estado, que garantizó el 100% de los depósitos bancarios y eso le valió para solventar la tormenta de hace dos años, ha acabado quebrando junto con sus bancos.
Irlanda fue siempre un país de desarrollo medio en comparación con el resto de la Europa occidental, que estaba más desarrollada. En los 70 era el país más pobre de Europa entre los países democráticos, estando a un nivel similar a las dictaduras Española, Portuguesa y Griega.
Pero el pequeño país de 4 millones de habitantes decidió apuntarse, entrados los 80, al neoliberalismo de corte Thatcherista. Una rebaja de impuestos enorme y una desregulación del sistema bancario fueron la guía a seguir. Irlanda fue mucho más allá que otros países más grandes en la reducción de impuestos, precisamente porque su tamaño se lo permitió sin tambalear completamente la escena internacional.
Quizá lo más destacable de las reformas liberales en Irlanda es su impuesto de sociedades, situado en un escandalosamente bajo 12,5%. Este impuesto ha sido considerado algo así como competencia desleal por el resto de países europeos; España tiene un impuesto de sociedades del 30% después de haberlo bajado 5 puntos en los últimos años, el Reino Unido lo tiene también sobre el 28%, por poner dos ejemplos claros.
Una vez Irlanda entró en la zona euro la muchísimas multinacionales se asentaron allí atraídas por las enormes ventajas fiscales. Esto llevó a un crecimiento del PIB espectacular, llevando a Irlanda a tener la renta per cápita más alta de Europa detrás del microestado de Luxemburgo.
Cuando veo por la televisión o leo en alguna prensa especializada que hay empresas o instituciones que garantizan rentabilidades por inversión económica del triple de lo que garantiza cualquier banco en un plazo fijo, me vuelvo desconfiado. Una empresa que otorga algo a un precio sustancialmente más beneficioso para el comprador que la media del mercado sólo puede hacerlo porque hay trampa detrás, y lo mismo pasa si hablamos de la rentabilidad de una inversión. La única justificación para hacer eso es o una necesidad urgentísima de recaudar dinero, lo que indica que la empresa está al borde de la quiebra, o bien un fraude, sea de tipo piramidal o no.
Por un sentido común parecido cuando un país pasa de ser el más pobre de Europa a ser el más rico en una generación, es obvio que ha habido un crecimiento desmesurado que, por esta misma razón, no puede ser sólido. Un país que tiene crecimientos del 8 y el 9% al año o es causa de una hiperproductividad producida por una apertura de fronteras a las exportaciones y unos costes laborales bajísimos, lo que no fue el caso de Irlanda, o es pura burbuja.
Todavía se puede ver por Internet multitud de artículos en medios liberales económicos que hacían hace no mucho odas a las virtudes de Irlanda, a su crecimiento producto de la bajada de impuestos y la desregulación, y mostraban este país como el ejemplo a seguir para España, como el ejemplo perfecto de el éxito de las políticas liberales. Pues bien el paraíso de las políticas neoliberales promovidas en los 80 ha quebrado escandalosamente. ¿Qué dirán ahora las Libertad Digital, El Mundo y compañía? Tengo que hacer un repaso por estos medios, a ver si la culpa es de Obama, o quizá de Zapatero.
Grecia, Islandia, Letonia, Irlanda…Si fuésemos parciales e interesados podríamos decir que todos los países intervenidos y salvados han gestado sus crisis con gobiernos de centro-derecha y con partidos liberales en el poder. Pero no, esto sería usar la misma falacia que usan otros contra los partidos izquierdistas, eso no sería verdad, o no sería verdad del todo. Hay temores justificados de que Portugal puede ser la siguiente economía en caer, y allí los socialistas gobiernan desde 2005, y aunque no parece tan probable como en el caso Portugués, España e Italia están los siguientes en la línea de fuego.
Las políticas que nos han llevado aquí han sido compartidas por gobiernos de centro-derecha y centro-izquierda en todo el mundo. La burbuja económica, los desequilibrios fiscales (producidos tanto por un aumento del gasto público como por una reducción injustificada de impuestos) y la desregulación del sector financiero ha sido común. Al final ha sido una forma de entender la economía, generalmente aceptada y originaria de las políticas liberales de los 80, la que nos ha llevado a esta situación.
Un rescate no es una cosa agradable, ni por orgullo nacional ni sobre todo por la factura que te van a pasar después. A Irlanda le van a exigir que elimine ese déficit enorme que tiene en poco tiempo, y va a tener que hacer recortes enormes.
El gobierno Irlandés ya ha dicho que no piensa aumentar su impuesto de sociedades, y que no va a aceptar que le impongan aumentarlo. Aunque Merkel ha dicho que no le va a exigir a Irlanda eso, obviamente va a tener que hacerlo. La alternativa es generar un aumento generalizado de la presión fiscal sobre el ciudadano medio y además un recorte de sueldos, costes laborales y servicios sociales de tal magnitud que el país difícilmente va a poder soportar. Eso generaría una depresión en la economía Irlandesa terrible y prolongada.
La alternativa a todo esto es salir del euro. Dicen que un país que sale del euro lo pasaría muy mal los primeros años, y seguramente Irlanda sería el país que peor lo pasaría por su economía muy dependiente de multinacionales. Pero al final alguien va a tener que abrir la caja de Pandora, porque el no salir del euro se justifica con previsiones de un crecimiento y recuperación en un breve espacio de tiempo, previsiones que por lo que parece son producto más bien del deseo y de cierto optimismo conservador que de una situación real.
Ya veremos en qué acaba todo.
Las declaraciones del candidato de ERC a la presidencia de la generalitat de Cataluña, Joan Puigcercos, sobre que en Andalucía “no paga impuestos ni dios” han levantado ampollas. Los Andaluces se han indignado y con razón, aunque el gobierno andaluz ha sido bastante más elegante que Puigcercos.
Este comentario de Puigcercos es puro populismo destinado a fomentar el victimismo de los votantes catalanes, que convenientemente orientado se convierte en un voto cautivo e irracional. Yo soy Valenciano, sé cómo de enfermizamente victimista puede ser un político y esto me lo conozco perfectamente. Lo que hace Puigcercos es exactamente lo mismo que hace Camps, lo que pasa es que uno lo orienta hacia el independentismo y el otro hacia el antisocialismo. Pero lo mismo es, opio para el pueblo, vísceras para la piara.
No creo que haga falta reseñar la absurdez de la frase de Puigcercos. Deducciones aparte, un trabajador en Andalucía paga prácticamente lo mismo de impuestos que en otras partes de España en función de la renta que tenga por sus cotizaciones al IRPF y la S.S, el impuesto de sociedades lo pagan las empresas Andaluzas al igual que las del resto de España, etc. Si, en términos generales, en Andalucía se pagan menos impuestos que en Cataluña, como realmente se pagan, es porque su renta y beneficios son menores.
Otra cosa es que Cataluña sienta que no se la financia correctamente, pero eso es un tema aparte. Si se quiere entrar en eso lo que se debe hacer es plantear los temas seriamente, descubrir deficiencias y buscar alternativas, no cargar como un bárbaro contra otras comunidades tachándolas de aprovechadas y ladronas. El señor Puigcercos merecería, en un país serio, una dura amonestación y un desprecio de sus votantes, a los que trata como una masa enardecida e ilógicamente visceral.
No sabéis como lamento ver estas cosas en Cataluña, donde hasta hace unos años el debate político parecía propio de una democracia europea avanzada.
Estas palabras necias generalmente no afectan al político, que al final no se cree lo que dice y no hace más que actuar y tomar por imbécil al público, pero sí que genera un efecto pernicioso en la ciudadanía. Los ciudadanos que menos conocimiento político tienen son progresivamente fanatizados hacia el interés de un grupo político, perdiendo la necesaria razonabilidad política para poder ejercer una acción auditora ciudadana adecuada y generando odios absurdos.
Y cuidado, que esto no es algo sólo propio de ERC, es algo casi general. Os voy a contar una anécdota.
Estuve el otro día visitando a un cliente con el que tenía que negociar una operación económica bastante importante. Tengo bastante confianza con este cliente y un trato muy afable, así que nos tratamos casi como conocidos de toda la vida. Estuvimos hablando de la evolución de la vivienda, de su hermana que era funcionaria, etc.
Hubo un momento en que el cliente, creo que hablando de la bajada de sueldo de su hermana, me dijo: “La verdad, a quien vuelva a votar al PSOE habría que meterlo en un barco y mandarlo a Venezuela, ya que tanto les gusta eso, o a Cuba, o no, mejor, a Corea del Norte”.
El cliente me dijo esto sin saber mis orientaciones políticas, lo cual me dejó verdaderamente sorprendido. El hombre debió suponer por alguna razón que yo era de derechas e iba a compartir su criterio, lo cual de primeras ya es un absurdo porque cualquier derechista sensato jamás aprobaría un despropósito así, pero además me sorprendió mucho como se puede decir esto cuando existe la posibilidad de que tu interlocutor pueda ser uno de los que quieres meter en el barco. Y no penséis que mi cliente es algún empresario bárbaro y semianalfabeto, nada de eso. Es un jefe de compras de un grupo empresarial relativamente importante, licenciado en económicas y que gestiona muchos millones de euros anualmente. Es un hombre verdaderamente meticuloso en sus estudios y en su toma de decisiones, quizá de los más analíticos que conozco. Era increíble, pues, que pudiese estar en una posición tan integrista y tan obviamente disparatada.
Creo que este cliente es un buen ejemplo de a dónde lleva la fanatización ciudadana y cómo incluso personas de un nivel intelectual alto se pueden ver envueltas en estas cosas.
Un par de días después el cliente me mandó un email con unas declaraciones de Rodrigo Rato sobre el precio de la vivienda, que según el exministro tiene que bajar como mínimo un 30% más, comentándome que el comentario Rato era “como tú decías”. Le respondí con los datos que yo creía que eran relevantes para ver que, efectivamente, el precio de la vivienda tiene que caer de forma muy importante y durante muchos años, y se los listé a modo de resumen.
Su respuesta fue graciosa: “No dudo que lo harías mucho mejor que la famosa exministra de la vivienda Trujillo. Debes entrar en política y poner un poco de orden de una vez” (¿De verdad le gustaría a este cliente que yo entrase en política? Lo dudo…).
Le comenté a mis compañeros la respuesta del cliente, y con ésta como base comenzamos a discutir sobre la deducción de vivienda habitual. Ellos sostenían que el PP la restablecerá en 2012 y yo decía que no. La conversación evolucionó y ellos defendieron que la deducción por vivienda daba más beneficio al estado por el incremento de la actividad que suponía esta ayuda a la compra (al recaudarse más impuestos), mientras yo sostenía que ésta había sido un error, que esa presunción era demasiado osada en un entorno depresivo, que no era demostrable para el contexto actual y que en una situación de déficit como la presente hace que eso sea implanteable.
Mis interlocutores no cedían y hacían argumentos macroeconómicos simplistas, llegando a argumentar que cualquier subvención a la compra era beneficiosa para las arcas del estado (argumento absurdo que no hace falta rebatir, pero si tenéis duda pensad, simplemente, una subvención en los artículos de alimentación).
Uno de mis compañeros comenzó a deslizar la conversación hacia argumentos contra el gasto social, los funcionarios, etc. Él es muy capitalista y la cabra tira al monte. Como tampoco era el debate intenté hacerle ver la complejidad de la gobernación del estado, cómo hay miles de partidas, cómo hay que analizar más consecuencias que la propia balanza de ingresos y gastos del estado, cómo hay muchas fuerzas en liza y cada acción tiene una consecuencia sobre la economía y la sociedad.
Pues nada, mi colega, inserto en el calor del debate, no aceptaba nada y se empeñaba en arreglar el país con argumentos de frutería que parece que los centenares de expertos del ministerio de economía, idotas ellos, no sabían ver. Y mi colega no es ningún tonto, es doctor ingeniero y una persona con muchísima experiencia empresarial y conocimiento de la industria española. ¿Fue simplemente el calor del debate? Creo que en parte sí, porque luego aceptó que teníamos “visiones diferentes de ver el mundo”, pero en parte creo que se le podía haber dicho lo contrario que le dijo Felipe González a Fraga hace más de 30 años, eso de que “le cabe el estado en la cabeza”. A casi nadie le cabe el estado en la cabeza, como es normal, pero creo que en este país casi nadie quiere, tampoco, intentar entender la complejidad del mismo y de la propia sociedad. Los esquemas simples parecen más atractivos.
Irresponsabilidad política y poco análisis ciudadano, combinación terrible. Un país que quiere gestionarse bien a si mismo y ser capaz de maximizar sus posibilidades debe tener ética y responsabilidad política, por un lado, y conocimiento político y capacidad de análisis ciudadano por otro. Sin eso estamos condenados a caer en las garras del populismo, el victimismo, la demagogia y los odios absurdos.
Tan sólo me pregunto sí la falta de análisis político ciudadano es causa de la irresponsabilidad política o al revés. ¿Qué fue primero, el huevo o la Gallina?

Entrando en el año III de la era de la crisis inmobiliaria seguramente todo el mundo ya sabe algo sobre el sistema hipotecario español y las diferencias con los sistemas hipotecarios de otros países.
Básicamente la situación en España es que la deuda hipotecaria no desaparece con el embargo del bien hipotecado, si no que la deuda permanece si este bien no ha sido vendido por el coste de la deuda, teniendo que pagar el deudor el diferencial más enormes intereses por impago. Esto contrasta con lo que pasa en países como EE.UU en donde, una vez embargado el bien inmobiliario, la deuda se da por saldada.
No es desconocido para nadie los problemas que ha acarreado esta ley hipotecaria en España. Viviendas sobrevaloradas que han sido compradas en los años anteriores a precios muy por encima de lo que el mercado está dispuesto a pagar por ellas, propietarios que no pueden pagar las hipotecas por estar en paro, bancos que embargan las viviendas y, finalmente, expropietarios que siguen siendo deudores al banco y a los que se les sigue reclamando deuda y aplicando procedimientos de embargo de cualquier otro bien embargable que tengan.
Esta situación, además, suele arrastrar también a las familias, bien porque son avalistas y, por lo tanto, se deben de hacer cargo obligatoriamente de un porcentaje de la deuda para no perder el bien con el que han avalado, bien porque tienen que ayudar a sus familiares económicamente para que estos no entren en la espiral que hemos comentado antes. Yo conozco gente muy cercana que, por avalar una vivienda a un hijo y habiendo el banco embargado ya la vivienda hipotecada, han estado a punto de perder su piso por esta cadena de responsabilidades si no hubiese sido porque otro familiar, uno más, les ha ayudado.
Muchas son las voces que, ahora y ante la terrible situación de sobreendeudamiento y paro que tenemos, claman por cambiar nuestro sistema hipotecario por un sistema más parecido al estadounidense. Esto puede parecer justo y razonable, y fuera de los bancos no parece que nadie debiera estar en contra de esto. Sin embargo el otro día me sorprendí, escuchando una tertulia de catedráticos de economía, cuando escuché que estos señores eran absolutamente contrarios a la aplicación del sistema americano en España y defendiendo al sistema Español por su “seguridad”.
Estas ideas tienen un sentido, fijaos. La tasa de morosidad en España es extremadamente baja si se tiene en cuenta la situación de desempleo y el grado de endeudamiento privado del país. Esto está quitando muchísimos problemas a los bancos, que en función del riesgo hipotecario que hubiesen asumido se podrían ver en terribles dificultades con una tasa de morosidad coherente con el estado del país.
Que no haya morosidad es resultado, precisamente, de este sistema de responsabilidad única del deudor. Si se pudiesen entregar las llaves del piso y resolver la deuda hipotecaria como se hace en EEUU, centenares de miles de personas entregarían su vivienda al banco ante las dificultades económicas. Incluso todo aquel que compró vivienda en los años 2006 ó 2007, que no ha amortizado una parte relevante del crédito y que no se haya “encariñado” con la vivienda, podría perfectamente entregar la casa, pues esa casa no vale hoy ni probablemente valdrá nunca lo que les queda de hipoteca por pagar.
Si en España se pudiese hacer lo que se hace en EE.UU muchos de nuestros bancos podrían quebrar y, en cualquier caso, se generaría un crack económico en el sector de la vivienda terrible para el país.
Pero esta visión macroeconómica es muy cortoplacista y bastante miope. Bien, sigamos con el sistema hipotecario que tenemos, ¿Qué va a pasar? Pues que permaneceremos en unos grados de deuda privada altísimos e insostenibles.
La situación se está solventando bastante bien porque el euribor está bajísimo, pero en los próximos meses este indicador va a sufrir una subida progresiva e importante. Las hipotecas volverán a valores muy altos y millones de familias tendrán gran parte de su deuda “secuestrada” por la hipoteca que firmaron entonces. Sin renta disponible baja el consumo y por lo tanto la demanda agregada, generando un efecto depresivo en la economía. Y he usado la palabra depresivo porque esta no es una situación que vaya a durar uno o dos años. Las hipotecas son larguísimas y su efecto secuestrador de renta va a perdurar en el tiempo. Los factores que podrían variar estas previsiones negativas a largo plazo, como la inflación, están fuertemente controlados por una política monetarista que no pertenece al gobierno español, que tampoco tendría la posibilidad, por ejemplo, de devaluar la moneda.
¿Cuál es mejor de los dos sistemas? En las circunstancias actuales los dos son malos. Uno nos podría llevar a un peligroso Crack económico, y otro nos podría llevar a una depresión económica permanente. El gobierno, como hacen todos los gobiernos del mundo, ha optado por la segunda opción.
Tampoco idealicemos al sistema americano. Ese sistema ha fracasado al igual que el nuestro. En su sistema la racionalidad del crédito era responsabilidad casi exclusiva de las entidades bancarias, que se han demostrados irracionales y han llevado al país a la situación en la que está. Pero en el nuestro, que la responsabilidad del crédito es mayoritariamente del comprador, hemos caído exactamente en el mismo error de sobreendeudamiento.
Ninguno de los dos agentes de este mercado, ni el banco ni el demandante de crédito, han actuado responsablemente en la época anterior. Valga el ejemplo para entender a donde llevan las desregulaciones económicas y qué pasa cuando se deja la economía en manos exclusivas de los agentes privados.
Hay temores bastante ciertos de que toda la “fiesta” de la generación anterior la va a tener que pagar la generación que ahora se incorpora al mercado de trabajo. Anclados en esta política económica conservadora no vamos a ver más que un progresivo descenso de nuestra calidad de vida por muchos años como castigo a los excesos anteriores.
Esto no es justo, y como no lo es alguien tendrá que proponer otro camino y otra manera de hacer las cosas, y que si hay que pagar los excesos del pasado que estos se paguen de forma justa.
Los políticos suelen escribir libros de memorias cuando se jubilan. Creo que en los últimos tiempos todos los políticos lo han hecho, algunos incluso por partida doble. Recuerdo leer el libro de memorias de José María Aznar después de que unos amigos me lo regalaran para mi 25 cumpleaños a modo de cachondeo. El libro era autocomplaciente, muy del estilo soberbio de Aznar, aunque no pondría la mano en el fuego a que lo hubiese escrito él.
George W.Bush también ha entrado en el grupo de políticos que pretenden ganar un buen pellizco con sus memorias, probablemente escritas por un negro o un Ghost Writer como dicen ellos. Sus memorias se llaman “decision points”, y como es habitual se ha dedicado los días previos a su publicación a conceder entrevistas.
La última entrevista de Bush ha sido en la NBC, donde ha declarado que él no quería atacar Irak y que siempre quiso agotar la vía diplomática, dando a entender que él era uno de los más “pacifistas” dentro de la administración americana en esos momentos.
Por si quedaban dudas, después de hablar de las armas de destrucción masiva y de su no existencia, Bush dijo “No podría afirmar que sí iría a la guerra con Irak otra vez”. De todas maneras Bush sigue defendiendo su decisión en base a argumentos extraños como que con la información de la que disponía en ese momento (y que ahora considera no fiable) había que hacer eso, o que el mundo es mejor son Sadam Husein.
Bush nunca me ha parecido un hombre excesivamente inteligente, por no decir exactamente lo contrario. Entiendo que era muy manipulable, y seguramente se dejó guiar de todos los asesores, políticos y militares que tenía alrededor.
Me viene a la cabeza la crisis de los misiles y la actitud de John F. Kennedy para llevar aquella situación. Ante ciertos miembros de la administración y altos funcionarios del estado que querían aplicar una política contundente y agresiva contra los movimientos de la URSS, Kennedy tuvo que hacer muchas concesiones, más en la forma que en el fondo, a estas personas para no crear una división que no se podía permitir. Si un político muy capaz como Kennedy tuvo que ceder en su política, que presiones no habrá tenido que sufrir un hombre presumiblemente poco capaz como Bush.
De todos modos estas entrevistas y lo que se presume en las memorias muestra cierto grado de arrepentimiento muy interesante. Decir que no podía asegurar si volvería a atacar Irak viene a decir que probablemente aquello fue un error, y eso es algo muy relevante.
Derrocar a un dictador de tendencias más parecidas al panarabismo que al islamismo en plena guerra contra el terrorismo islamista pareció siempre un contrasentido, y la existencia de armas de destrucción masiva en un país que todavía vivía bajo las consecuencias de la derrota de la guerra del golfo una excusa poco elaborada. Los hechos han demostrado que ambas percepciones eran adecuadas.
Desde un punto de vista izquierdista, liberal (en un sentido americano de la palabra) o simplemente europeísta la idea de que la guerra de Irak fue un error está asumida, pero desde el punto de vista de una derecha atlantista y neocon esta declaración puede ser un punto de inflexión.
De todos modos quedan muchas personas que acogiéndose a la relativa calma del Irak de 2010 y a la retirada última de tropas todavía justifican y consideran positiva aquella intervención. Parece como si las decenas de miles de muertos de la posguerra no hubiesen existido, el auge del terrorismo islamista en el país tampoco ni enorme gasto de recursos militares. 7 años de desastre desaparecidos ante un presente un poco más esperanzador no parece una posición muy aceptable que digamos. Espero que ahora, después de estas ambiguas pero relevante declaraciones estas personas comiencen a desarrollar posiciones más ecuánimes.
Por último una curiosidad de la entrevista. Bush dice que José María Aznar era un “líder visionario”… ¿Qué quiere decir Bush con visionario? Porque tiene connotaciones tanto positivas como negativas….
No obstante no creo que tenga especial relevancia y que sea algo más que un gesto de deferencia y amistad a alguien que le apoyó incondicionalmente. Aznar no tenía visión de nada más que de su propia megalomanía, y esa fue la causa primera de su alineamiento casi fanático con cualquiera de las posiciones de los EE.UU, siendo “más papista que el Papa”.
La verdad es que, volviendo a las memorias de Aznar, me hubiese gustado ver la más mínima autocrítica en ellas como sí ha hecho Bush en las suyas. Pero está visto que era pedir demasiado.
El pasado 3 de noviembre se entregaron los premios anuales a la excelencia académica en la comunidad valenciana. Mi novia era una de las premiadas, así que pedí un par de horas libres a la empresa y acudí con ella al acto, que se celebraba en el Palau de la generalitat Valenciana donde el molt poc honorable president de la generalitat, Don Francisco Camps, entregaba los diplomas acreditativos a la excelencia a los premiados.
El Palau de la generalitat es un edificio que data del siglo XV con un estilo entre gótico y renacentista. Nada más entrar por la puerta accedes a lo que antaño era sin duda un patio interior hoy cubierto por razones obvias.
Al entrar en el palacio los organizadores nos indicaron el camino para llegar a la sala del acto, la Sala Nova o sala de cortes. Este recinto es una sala de forma alargada con pinturas en las paredes que representan a lo que sería una reunión de la antigua diputación del general, con claras representación a los tres grupos de las cortes valencianas del antiguo régimen: El brazo civil, el brazo militar y el brazo eclesiástico.
La diputació del general ó generalitat era una especie de diputación permanente de las cortes valencianas que se ocupaban de legislar ciertos asuntos, recaudar ciertos impuestos, etc. Esta institución, que tenía reflejo en otros reinos de la corona de Aragón, adquirió especial importancia debido a la realidad cuasi federal de la corona de Aragón, que estableció una especie de gobierno compartido entre el soberano y las representaciones de las distintas cortes. Cuando se recuperó el autogobierno en Cataluña y Valencia se decidió nombrar a las instituciones propias de gobierno como Generalitat en vez de Govern, como forma de enlazar con un pasado añorado.
Antes de llegar a la Sala Nova se pasa por la sala de los reyes, donde hay pinturas de todos los soberanos que han regido Valencia desde 1238 hasta 1931 (El último rey representado es Alfonso XIII), es decir, de los reyes de Aragón primero y, a partir de Carlos I, de los reyes de España. Me entretuve bastante viendo los retratos de los reyes de Aragón, a los que sólo conocía por el nombre.
Bien, una vez llegamos a la sala nova nos sentaron con un protocolo muy bien estudiado. Premiados a un lado, rectores de universidad a otro y el resto de personas, casi todos acompañantes, en la parte trasera. Yo estuve en cuarta fila creo. Alejandro Font de Mora, conseller de educación, estaba en primera fila con algunos rectores, guardándole a su lado la silla a Camps.
En cuanto vi a los fotógrafos y cámaras corretear de un lado a otro intuí que el President Camps entraba a la sala. La verdad es que la entrada de Camps tenía un aroma de artificio e imagen vacía que incomodaba. Sus andares, lentísimos pero justo en el límite de no parecer un anciano de movilidad limitada o un idiota, estaban perfectamente calculados para que pudiesen hacerle el máximo número de fotos. Cuando, justo a mi lado, se paró a darle la mano creo que era a un rector, aquello parecía una película a cámara lenta. Esto es a lo que lleva esta política de televisión y show, a convertirte en alguien que sólo actúa para las cámaras.
Era la primera vez que veía a Camps de tan cerca. Es más alto de lo que parece en televisión y en fotos, y también está más gordo, aunque los kilos de más están bien disimulados con sus famosos trajes. Pero lo que más me llamó la atención fue su cara. Daba la sensación de estar demacrado. No sé muy bien si esa era su cara normal, o si realmente está, como dicen muchos, venido a menos desde que se destaparon los escándalos de corrupción que le afectan directa e indirectamente, pero la cara era un poema. Luego le he visto en las fotos y videos del acto y realmente no tienen nada que ver con la mala cara que le vi en persona. Se ve que es un hombre muy fotogénico al que le quiere la cámara. Estas deben ser las virtudes que se le piden a un político en estos tiempos…
El acto fue bastante breve, no duraría mucho más de media hora. Primero fue la entrega de diplomas a los premiados, que uno a uno iban recibiendo de las manos de Camps y haciéndose la foto con él. Creo recordar que uno de los premiados no se hizo la foto con Camps, aunque no sé si por nerviosismo o por no querer hacerse una foto con ese hombre. Después habló el estudiante que mejores notas había sacado de entre todos los premiados, con un discurso bastante pelota que, si lo escribió él y no fue impuesto, demuestra que ese chico llegará lejos en el mundo de las altas esferas políticas y empresariales, donde el peloteo y el decir lo que otros quieren que digas lleva, desgraciadamente, a la cumbre.
Y finalmente habló Camps. El discurso contenía las típicas frases chovinistas y autocomplacientes que estos políticos del PP valenciano saben hacer tan bien, aunque tampoco fue especialmente cargante ni excesivamente político. Para eso ya están las televisiones y prensas del régimen, que buscarán justo las frases más relevantes para inundarnos en nuestra maravillosa autocomplaciencia, hasta que nos ahoguemos en ella como desgraciadamente ya estamos.
Finalizó el acto, y el molt poc honorable se puso a hablar con los premiados explicándoles las pinturas de la sala en la que nos encontrábamos. Luego se dedicó a hablar, ya más distendidamente, con quienes se le acercaban y a hacerse fotos con ellos.
Hubo un momento en que estaba en situación para acabar en una foto con Camps y tener que darle la mano y hablar con él. Como yo no era protagonista del acto y no tengo nada de que hablar con ese señor ni ganas de aparecer en una foto con él, me aparté y me mantuve al margen, lejos de cualquier objetivo que nos pudiese encuadrar a mí y a él en la misma fotografía.
Sé que el lector me comprende. En todas estas situaciones siempre he observado cierto tipo de mitomanía hacia el político. La gente se les acerca servilmente, riéndoles las gracias, casi agradeciendo que hablen con ellos, mientras el político sólo ve una oportunidad de que le hagan una foto y un voto que captar. Esta situación me parece de un servilismo absurdo y de una conciencia ciudadana defectuosa. No es el ciudadano el que debe complacer al político ni reírle las gracias, si acaso debería ser al revés.
Por otro lado, no me apetecía nada fotografiarme ni darle la mano a un president indigno que, tácitamente imputado por corrupción, se aferra a la silla y lo que es más lamentable se justifica con fantasiosas conspiraciones. Si hubiese sido Rita Barberá, Zapatero, Rajoy o el ministro de lo que sea no hubiese tenido problema, pero no con Camps. Camps merece una cuarentena ciudadana.
Después del acto, feliz por lo que representaba para mi novia, me quedé observando la arquitectura y el arte del palacio de la generalitat, además de hacernos alguna foto ya sin personas poco deseables en la imagen.
Qué lástima señores que ese edificio y esta tierra estén habitados por fantasmas como ese.
Cada una de las remodelaciones ministeriales que hace Zapatero me gusta menos que la anterior. Si la vez anterior no comprendí como pudo prescindir de un excelente ministro como Bernat Soria, o del propio César Antonio Molina; hoy no comprendo como puede remover a Trinidad Jiménez de su puesto de ministra de sanidad ó prescindir de Miguel Ángel Moratinos cuando queda escasamente año y medio para las elecciones.
Seguramente mi opinión sobre Moratinos sorprenderá al lector, pero no tengo mala opinión sobre él. Moratinos ha sido uno de los pocos ministros “técnicos” que ha tenido el ministerio de exteriores en democracia. Diplomático de carrera se notaba que era conocedor de las cuestiones internacionales bastante mejor que casi cualquier miembro del PSOE. Cayó en desgracia ante una parte de España cuando reconoció que el gobierno Aznar había apoyado el golpe de estado contra Chávez, algo que era cierto pero que probablemente no debió decir en un programa de televisión. Después de eso, su ausencia de carisma hizo el resto.
Respecto a Trinidad tengo que decir que no me parece que haya hecho una mala labor en el ministerio de sanidad. Hay políticos que una vez llegan a ministro se les ve mucho más competentes y capaces que cuando eran políticos de partido, un caso muy claro de esto es el de Pepe Blanco. Trinidad igual no llegaba a tanto, pues no parece una mala política aunque su estilo personalmente no me gusta mucho, pero creo que es una injusticia remover ministros que no han tenido una sola crítica. Ya veremos que hace en exteriores, pero a priori diría que no es su mejor destino por su carácter.
El cambio de gobierno que ha hecho Zapatero responde a una premisa general: Introducir hombres políticos en el gobierno. Por eso los más “técnicos” o los que tenían un perfil más bajo políticamente han sido barridos. Es el tiempo de los Ramón Jáuregui, Pepe Blanco, Leire Pajín y, sobre todo, es tiempo de Rubalcaba.
Porque el cambio de gobierno ha llevado a muchos cambios de peones, pero uno de ellos se ha convertido en Reina. Rubalcaba se ha convertido formalmente en el hombre fuerte del gobierno, en la cabeza de la política de partido en el gobierno.
En la primera época de Felipe González sus gobiernos tenían un carácter dual. Felipe González actuaba de hombre moderado, paciente, sensato, dialogante. Sus virtudes eran potenciadas por su vicepresidente, Alfonso Guerra, que era quien hacía el trabajo sucio más político, más tendente a fidelizar a los votantes izquierdistas. Esos gobiernos eran realmente bicéfalos, aunque la cabeza de Felipe salía más que la de Guerra.
Creo que algo parecido va a pasar con Rubalcaba y Zapatero. Rubalcaba no va a usar ese estilo tan “popular” de Guerra, pero sí va a ser el azote del PP y el político destinado a recuperar la confianza entre sus votantes. Estoy casi convencido que va a ser la imagen del PSOE y del gobierno en casi todos los aspectos.
La derecha mediática, esa que no tiene ni criterio ni sentido de nada y que es simplemente un altavoz servil a los intereses de un partido político que empieza por P y acaba por P, arremetió duramente contra Rubalcaba desde el minuto siguiente a ser designado vicepresidente. Los editoriales y artículos de opinión se multiplicaban hablando del GAL, del 11-M y de cualquier cosa que le pudiesen sacar al ministro, fuese real o simplemente mito.
Cómo los Alfonso Usía, los Carlos Dávila o las Isabel San Sebastián de turno atacaban al ministro no mostraba más que una realidad obvia: La derecha, perdón la derechona (No confundir a la derecha con esta gente) está acojonada. Rubalcaba es, políticamente hablando, demasiado hueso para ellos.
Realmente Rubalcaba es un político sobresaliente. Como domina los tiempos, las expresiones faciales, los tonos y los gestos en el discurso político es increíble, en mi opinión adecuados para un curso de oratoria. Rubalcaba convence por sus gestos, sus formas y su calculado cinismo de perfil bajo. Creo que no hay un solo político en España ahora mismo que, ni de lejos, pueda igualarle en este aspecto.
Desgraciadamente para el PSOE a este partido no lo salvan ni 10 Rubalcabas. Sin embargo, este movimiento del gobierno me ha hecho reflexionar sobre el futuro del PSOE y las elecciones de 2012.
Creo bastante probable que Zapatero haga como Aznar y no se presente a un tercer mandato. Si esto es así, pocas personas de primera línea del PSOE estarán dispuestas a recoger este encargo destinado al fracaso, por lo menos ninguna joven. Es lógico, esas elecciones pueden acabar con la carreta política de cualquier socialista.
Ya expresé hace meses que el mejor candidato para el PSOE sería Rubalcaba. Es también un político que lleva muchos años en primer plano de la política, es imagen de épocas pasadas y ya no es joven. El PSOE se podría permitir “quemarlo” si les consigue un buen último servicio, que podría ser por ejemplo no perder por mayoría absoluta.
¿Será todo este movimiento la preparación de Rubalcaba para ser candidato a presidente del gobierno? No lo descartemos del todo, no es algo que sea imposible. Quizá la vicepresidencia sean las “prácticas” de Rubalcaba para enfrentarse a Rajoy en 2012. Quizá se le quiera dar un papel central en el gobierno para afianzar su imagen pública.
Si Alfredo Pérez Rubalcaba se presenta finalmente a candidato a presidente del gobierno, me parece que a Don Mariano y a los suyos les va a dar un patatús.
En el diario EL PAÍS del pasado domingo 30 de Octubre pudimos leer una entrevista a Mariano Rajoy por parte de Javier Moreno. La entrevista es incisiva y un tanto agresiva, como creo que es conveniente hacer a los líderes políticos.
No quiero dejar de comentar muchas de las respuestas del que probablemente será futuro presidente del gobierno.
Pregunta: ¿Cuáles son entonces las medidas en España que producirían crecimiento y empleo?
Rajoy: ¿Qué creo yo que hay que hacer? Pues algo similar a lo que ha hecho Cameron, que en cierta manera lo hicimos nosotros, lo recuerdo perfectamente porque estaba allí, claro, en un Consejo de Ministros antes del verano de 1996.
Pregunta: Es decir…
Rajoy: Yo creo que en este momento en España, cuando el problema fundamental es el paro, lo que hay que hacer es ayudar a quienes pueden generar riqueza y puestos de trabajo. Creo que las pequeñas y medianas empresas, sobre todo, y los trabajadores autónomos, han sido maltratados en los últimos tiempos. Y después hay tres o cuatro cosas capitales. Primero: objetivo básico y hay que cumplirlo, reducir el déficit público y la deuda pública. Finalizar el proceso de reestructuración de las Cajas de Ahorros. Hay otro punto que me parece urgente en España, que es la energía. Hay que reunir a todo el mundo, y todo el mundo va a tener que hacer algún sacrificio, porque lo que no podemos aceptar es que la única forma de resolver los problemas de energía que hay en España sea subiendo la tarifa a los ciudadanos o a nuestras empresas.
Analicemos el texto. Rajoy dice que sus medidas son parecidas a las de Cameron y que son las mismas que ellos hicieron (¿?). Cuando el periodista le incita a que las explique empieza a decir banalidades. “Generar riqueza y puestos de trabajo”, “Pequeñas y medianas empresas”. Vale muy bien, pero eso no es nada, necesitamos cosas concretas. Rajoy propone “Reducir déficit público y deuda pública” y “finalizar el proceso de reestructuración de las cajas de ahorro”.
Estas dos medidas son exactamente las que está tomando el actual gobierno de España, así que Rajoy realmente lo que ha dicho aquí es que va a continuar la misma política del gobierno sin decirlo.
Lo único interesante aquí es lo que dice de la energía. Rajoy dice que no hay que subir la factura de la luz, y lo dice sabiendo que existe un déficit tarifario en España, por lo que los “sacrificios” de los que habla sólo puede ser que las empresas eléctricas ganen menos dinero o bien que las cosas sigan como ahora, es decir, que sea el estado quien pague el déficit con los impuestos de los ciudadanos. Como es obvio que no le va a pedir a las eléctricas que ganen menos dinero, tiendo a pensar que esto no es más que un artificio para que el ciudadano crea que no le suben la luz cuando el estado la está pagando, por otra parte, con sus impuestos. O sea, nada.
Pregunta: ¿Entonces cómo piensa reducir más el déficit? ¿O es que las medidas de este Gobierno sí son suficientes para cumplir nuestros compromisos?
Rajoy: Las medidas que ha adoptado Zapatero son fundamentalmente unas medidas de coyuntura, es decir, ha bajado el sueldo el 5% a los funcionarios, podría subírselo el 3% o bajárselo el 7%. Lo mismo pasa con las pensiones, podría subirlas o bajarlas mucho más o no congelarlas, son medidas coyunturales. Yo creo que lo primero que hay que hacer es una política económica que cree riqueza y que genere ingresos. No está escrito en ningún sitio que por bajar impuestos no vayan a aumentar los ingresos públicos. Y luego hay reformas estructurales que pueden ser muy útiles. Hay una que a mí me parece capital, la ley de estabilidad presupuestaria y el techo de gasto de endeudamiento para todas las Administraciones públicas.
Analicemos esto. Para Rajoy el enorme impacto de la bajada de sueldo de funcionarios y congelación de las pensiones son medidas “coyunturales”. Él mismo congeló los sueldos de los funcionarios cuando era ministro de administraciones públicas, y como dice en la respuesta anterior a ésta “Hay que hacer algo parecido a lo que hace Cameron, que es en cierta manera lo que hicimos nosotros”. ¿Entonces cuándo lo hace él es conveniente y cuando lo hace otro coyuntural?
Luego dice otra frase vacía “Política económica que cree riqueza e ingresos”, y una cosa que repetirá en adelante y que me parece muy grave “En ningún sitio está escrito que por bajar impuestos no vayan a aumentar los ingresos públicos”. Este último comentario, que no es tan estúpido como parece, no es más que el rescate de la Curva de Laffer, ecuación que sirve a los economistas “liberales” para justificar una bajada de impuestos en base a un análisis generalmente absurdo y siempre subjetivo de la ecuación. Os dejo link.
Pregunta: Vayamos a cosas concretas. Las pensiones: ¿mantendría usted los aumentos en las pensiones como hasta ahora, sin ninguna congelación?
Rajoy: Pues sí, porque yo quiero cumplir el pacto de Toledo (…)
Pregunta: Edad de jubilación, ¿a los 65 años?
Rajoy: Otra prioridad es que la jubilación sea verdaderamente a los 65, porque la media de jubilación en España son los 63. Y yo creo que habría que introducir estímulos para que la gente siguiera trabajando.
Pregunta: ¿Aumentar el periodo para el cálculo de la jubilación?
Rajoy: Sí, yo creo que eso hay que hacerlo.
Pregunta: Sanidad: ¿copago sí o no?
Rajoy: No, yo no soy partidario en este momento del copago.
Pregunta: ¿El sueldo de los funcionarios?
Respuesta: El sueldo de los funcionarios, a fecha de hoy, se hubiera subido con arreglo al IPC. A fecha de hoy.
Pregunta: ¿Recuperaría usted el recorte que les ha infligido el Gobierno de Zapatero?
Rajoy: Pues depende de cuál sea la situación económica del país en el momento en que yo esté en el Gobierno.
Pregunta: Las prestaciones por desempleo.
Rajoy: No es mi intención recortarlas en estos momentos.
Pregunta: ¿En estos momentos?
Rajoy: No es mi intención recortarlas, mi intención es crear empleo (…) Por eso le digo que al final de todo está una política económica que genere confianza y que dé empleo.
Analicemos. Excepto la aceptación de que hay que aumentar el periodo para el cálculo de la jubilación, el señor Rajoy no hubiese recortado nada, ni pensiones, ni sueldos, ni prestaciones de desempleo, ni establecería el copago, nada.
¿Cómo demonios piensa reducir el déficit? Con otra frase vacía “Política económica que genere confianza y dé empleo”. No voy a rebatirlo aquí, será el propio entrevistador que le muestre sus flagrantes contradicciones.
Pregunta: Dejar sin efecto la subida del IVA, que es algo que usted ha propuesto reiteradamente, supondría al menos otros 5.000 millones.
Rajoy: Vamos a ver la recaudación a final de año, yo no voy a entrar a discutirlo (…) Habrá que verlo, pero yo en ese momento creo que la subida del IVA no es buena para el consumo.
Pregunta: Le digo todo esto porque cuantificando las diez propuestas fiscales que han hecho ustedes en los últimos meses resulta una merma de 30.000 millones en ingresos para el Estado, lo que representa unos tres puntos más de PIB de déficit. Si por otro lado no recorta nada, hay algo que no cuadra.
Rajoy: Mire, las cosas no se pueden hacer así. Ir viendo lo que dice uno, lo que dice otro (¡!!)(…)La economía no es una foto fija. La economía requiere dinamismo, requiere generar confianza, hay factores subjetivos, hay reformas estructurales y, por tanto, a mí ese argumento no me vale.
Pregunta: Durante meses decían que mejor recortar subvenciones a partidos, sindicatos y patronales que a funcionarios o pensionistas, y cuando finalmente lo detallan resulta que proponen recortar 12 millones a los partidos y cinco millones a sindicatos y patronales. Le recuerdo que el déficit son 100.000 millones.
Rajoy: El déficit no se liquida en 24 horas (…) Por tanto, yo no le puedo aceptar eso: nosotros hemos presentado unas enmiendas y creemos que lo más importante desde el punto de vista del recorte del gasto es la ley de estabilidad presupuestaria.
Estoy convencido que a la mayoría de lectores les pasará más o menos desapercibido lo que Rajoy está diciendo aquí, pero es algo verdaderamente impresentable.
Habla de ley de estabilidad presupuestaria, pero parece que la estabilidad la va a sacar del aire. Es decir, si se prohíbe el déficit por ley, y no hay recursos para mantener los servicios no tendrá más remedio que recortar lo que está negando que va a recortar. Es decir, está engañando transparentemente al lector.
Cuando el entrevistador le muestra las obvias contradicciones de sus respuestas, Rajoy sólo responde con lo mismo de antes: ”Hay que generar confianza” “dinamismo”. La confianza y el dinamismo que él establecerá desde el gobierno es su escudo para defender sus contradictorias medidas.
¿Y si no se genera la confianza que él vende? ¿Y si baja los impuestos y no recorta el gasto como el pretende y no mejor la economía? Esa política, si fracasa, llevaría a España a la bancarrota Griega.
Fuera de ahí no hay mucho destacable en la entrevista. Palabras vacías y ambigüedades de este estilo:
Pregunta: ¿Y si Mas se lo pone como condición para apoyarle a usted en caso de que le necesite en Madrid tras las generales de 2012? Concierto o sistema de financiación con efectos similares.
Rajoy: La gente tiene la suficiente inteligencia para saber lo que es razonable y sensato, y lo que debe hacer.
Pregunta: ¿Eso es un sí o un no?
Rajoy: Eso es exactamente lo que he dicho, señor director.
Rajoy en estado puro.
Quizá lo único destacable es que a la pregunta de si asegura que mantendrá vigente la ley del matrimonio homosexual en el caso que el tribunal constitucional la valide responde con un contundente “No”, cuando dos años atrás no se quiso comprometer con la respuesta. La sensación es que seguramente no dijo la verdad hace dos años.
Yo no creo que Rajoy sea tan irresponsable para hacer lo que se intuye que haría leyendo esta entrevista. Al final, si gobierna, hará exactamente lo mismo que está haciendo este gobierno por los motivos que todos conocemos. Pero de hacer caso a lo que dice Rajoy, es decir, si creyésemos en su palabra y le diésemos credibilidad a entrevistas como estas, a mi me produciría pavor que este señor gobernase España.
Sus respuestas, cuidadosamente ambiguas para no enfadar al votante medio, analizadas con cuidado muestran a un político irresponsable. Frente al lector cuidadoso, dejan en evidencia el cinismo y la demagogia de su autor.
Quien vaya a depositar en este señor sus esperanzas en el futuro de la nación allá él. Yo me niego, señores, a ser transparentemente engañado.