La retirada de Carmen Alborch

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 04-10-2010 en General. Comentarios (2)

 

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Hace un par de semanas Carmen Alborch, exministra de cultura y portavoz del grupo municipal socialista en el ayuntamiento de Valencia, declaraba su intención de no repetir como candidata a Alcaldesa de Valencia por el PSPV. La decisión abrió un proceso de primarias en el PSPV local entre los candidatos Manuel Mata y Joan Calabuig, de las que el segundo ha salido vencedor.

 

La decisión, para mi, era esperada aunque no deseada. En estos momentos de desprestigio de la política Carmen Alborch era uno de esos pocos candidatos que te podían hacer coger una papeleta del partido socialista y meterla en una urna. Y digo esto aún reconociendo una realidad: Carmen no era una buena candidata para Alcaldesa de Valencia.

No, no está bien explicado, quiero puntualizar. Yo creo que Carmen Alborch hubiese sido una buena alcaldesa, pero creo que era una mala candidata y, por lo tanto, una mala política para presentarse a unas elecciones tan difíciles como estas.

Cuando escuchabas a Carmen daba una cierta sensación de desgana, como si le costase enfrentarse a un micrófono y tener que leer una declaración oficial. Sé sentía incómoda con estas cosas, con esta batalla política de gestos y eslóganes. No parece que le gustase la política, por lo menos esta política.

 

El candidatos anterior a ella, Rafael Rubio, era bastante mejor candidato para el PSPV. Rubio es un político disciplinado, serio, que sabía saltar a la yugular del equipo de gobierno municipal cuando convenía, sin excesos verbales demasiado demagógicos. Daba la sensación de ser un buen gestor, un hombre preocupado y trabajador. Sin embargo su defecto era su imagen sin carisma, de hombre gris. Un hándicap demasiado grande para enfrentarse a la todopoderosa Rita Barberá.

Actualmente Rubio hace una buena labor, dentro de sus posibilidades, en la diputación de Valencia enfrentándose al impresentable presidente de la diputación Alfonso Rus, macarra y garrulo donde los haya.

 

Recuerdo que en la elecciones de 2007 Rita Barberá le tenía un respeto casi reverencial a Carmen Alborch. No la criticaba abiertamente como suelen hacer los miembros del PP con cualquier candidato socialista. Barberá tenía todas las de ganar, eso es verdad, y quizá eso podía justificar la campaña respetuosa y de perfil bajo que hizo, sin embargo se notaba que había algo más.

Y Carmen Alborch hizo lo mismo con Barberá. Ni una descalificación fuera de tono ni una campaña volcada en el desprestigio de la alcaldesa. Una campaña con guante de seda, que fue muy limpia pero que, por la inercia de la realidad electoral de este país, era muy conveniente para Rita y muy perjudicial para Carmen.

Carmen no lo hizo así por nada en especial, lo hizo así porque ella no sabe hacerlo de otra manera. Para los militantes socialistas más acérrimos quizá eso fuese un problema, pero para alguien como yo era algo valorable. Claro, valorable si estuviésemos en la democracia limpia y normal en la que no estamos. ¿Es necesario cuando te enfrentas al PPCV hacerlo con sus mismas armas? ¿Debes mantener el respeto y el estilo en cualquier caso para no ser como ellos? Es el interminable debate de la política.

 

Para mí, en una elección entre Rita Baberá y Carmen Alborch la decisión estaba clara. Carmen tendrá la desgana y los hándicaps que se quiera, pero aún así la diferencia era enorme. Rita Barberá representa el populismo, el victimismo, el chovinismo estúpido y la incultura folklórica. Simplemente por el currículum de Carmen, por su estilo y sus preocupaciones personales, ya era mucho mejor candidata que la eterna Rita Barberá. Por mucho que le cantasen aquello de “Alborch, Alborch, a cada a descanasar” en referencia a lo que trasnochaba en algunas fiestas de entornos intelectuales hace algunos años, la diferencia con Rita Barberá era colosal, y no sólo de tamaño.

Ya veremos que nos trae el nuevo candidato socialista, Joan Calabuig, al que no conozco. Se enfrenta a una batalla perdida de antemano, y creo que él lo sabe. Su labor no es intentar ganar, algo que no hará, si no intentar recuperar terreno para enfrentarse en mejores condiciones en el futuro. Y sobre todo intentar presentarse ante la opinión pública como un hombre serio y razonable, buen gestor y, sobre todo, darle un enfoque distinto a esta ciudad que lleva demasiado tiempo mirándose al ombligo y generando proyectos megalomaniacos a costa de una deuda insoportable, en vez de preocuparse del bienestar y las necesidades más terrenales de sus vecinos.