LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

PENSAMIENTOS PLAYEROS Y TOP MANTA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 29-08-2010 en General. Comentarios (13)

 

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Vuelvo, no sé si con energías o más bien con lo contrario, de la primera parte de mis vacaciones, que han tenido lugar en la conocida y masificada playa de Gandia.

No soy muy amigo de las masificaciones, más bien al contrario. Me agobia bastante ver tanta gente apelotonada en las playas, sin prácticamente espacio entre un grupo de bañistas y otros, generando todos una especie de continuo donde se es incapaz de adivinar quienes van juntos y quienes son simplemente vecinos ocasionales. A veces pienso que habrá gente que se vuelva al apartamento con otro grupo de personas distinto al que pertenecía cuando llegó.

Lo mismo pasa con las mareas humanas que circulan por el paseo marítimo, o por la primera línea de playa llena de tiendas y restaurantes. Me parece todo bastante estresante, y llego a entender como las personas acaban “quemándose” más en las vacaciones que en el propio trabajo.

Además, parece que este año la playa de Gandia estaba especialmente llena para la semana que era. Decían los asiduos que era debido a la crisis, pues muchos de los que aprovechaban el verano para hacer viajes este año preferían ir a los apartamentos, plan bastante más económico.

En fin, tampoco quiero dar una impresión equivocada. Que sepáis que me lo he pasado muy bien.

 

De mis conversaciones vacacionales con algunas personas he sacado ideas para comentar en los próximos días si es que consigo una manera elaborada de expresar estas ideas. Me han contado algunas personas implicadas cosas sobre el estado de ruina absoluta de la Radio Televisión Valenciana y como los proveedores, uno tras otro, se niegan a trabajar con canal 9. También me comentó un policía nacional de Valencia que ésta ciudad tenía un ratio de delitos en verano bastante bajo (hurtos aparte), siendo la mayoría de ellos de violencia de género, de los cuales un gran porcentaje son cometidos por ciudadanos latinoamericanos.

Pero no es eso de lo que quiero hablar en esta entrada. Me interesa especialmente contaros mis sensaciones sobre el fenómeno del Top Manta que he observado esta semana. La playa de Gandía, como cualquier otra zona turística, está plagada de manteros que venden de todo: Discos, bolsos, ropa, bisutería y cacharros varios. Los vendedores de estas mercancías están por doquier, tanto en primera línea de playa enfrente de los comercios como en la propia playa, con las mantas tiradas sobre la arena.

 

Antes de ir a Gandia me encontré con una noticia que decía que el ayuntamiento de Gandia estaba siendo muy contundente contra el Top Manta, habiendo requisado casi 19.000 objetos de los manteros.

Las últimas veces que fui a Gandia ya vi una sobresaturación de manteros, así que esperaba ver su cantidad mermada gracias a la cacareada contundencia de la policía de Gandia. Pero no fue así en absoluto. Lejos de disminuir, la presencia de manteros se había multiplicado, como era lógico por las fechas en las que estamos pero ilógico si nos basamos en la noticia de la prensa.

Pero lo curioso no era que el efecto de las incautaciones fuese nulo sobre la práctica, lo curioso es que la policía local estaba presente en el paseo marítimo (con 6 ó 7 efectivos plantados dialogando relajadamente) y había manteros vendiendo mercancías tranquilamente a escasos 10 metros de la policía y perfectamente visibles para ellos. Los manteros ni se inmutaban por la presencia policial, y la policía tampoco se preocupaba lo más mínimo por ellos. Parecían vivir casi en comunión simbiótica. Me gustaría saber qué hay de real en la noticia y qué parte es simplemente propaganda del ayuntamiento de Gandia.

 

Muchas noticias hemos tenido sobre el Top Manta este verano. Una de las más comentadas fue aquella decisión de no recuerdo qué juzgado de declarar al top manta una “falta”, en lugar de un delito como se estaba haciendo hasta ahora y como creo que está contemplado en el código penal.

No sé de donde apareció una sociedad defensora de los manteros diciendo que se debía despenalizar el Top Manta, pues estas personas no son más que víctimas que se ven “obligadas” a realizar esta actividad para ganarse la vida, que no hacen daño a nadie y que los verdaderos culpables son las mafias que hay detrás de estas personas.

 

El debate es complicado, pero no creo que debamos dejarnos embaucar por ciertos argumentos que se han demostrado problemáticos y que agrandan los problemas en vez de solucionarlos.

Estos argumentos me recuerdan mucho a los argumentos que se hacían hace unos años respecto a la prostitución callejera. Para acabar con la prostitución ilegal, decían algunos, lo que había que hacer esa seguir el modelo holandés, es decir, legalizar la prostitución como actividad económica. Esto acabaría con la prostitución callejera, el control de las mafias, mejoraría los controles sanitarios y, además, aumentaría la recaudación del estado. Era un negocio redondo.

Pero la realidad holandesa ha demostrado, con el paso de los años, no ser ni mucho menos así. La prostitución callejera y las mafias siguen existiendo, y siguen existiendo porque los “sevicios” sexuales de las prostitutas ilegales son mucho más baratos que los de la prostituta que tiene que alquilar su cabina, pasar sus controles y pagar su seguridad social.

La lucha contra la prostitución callejera ha sido bastante más efectiva en los países donde se ha optado por la “mano dura”, aunque sin llegar al extremo de eliminar el negocio más antiguo del mundo, que es de imposible erradicación por ahora.

 

Con los manteros pasa lo mismo. Estas personas son gente que sobrevive haciendo esto, sí, pero no son personas individuales que estén cometiendo unos delitos contra la propiedad intelectual de forma autónoma. Estas personas son el último eslabón de mafias que se dedican a la venta de falsificaciones y productos robados, por lo tanto son parte de una estructura mafiosa.

Pero también son víctimas de la misma estructura mafiosa, por lo que son verdugo y víctima a la vez. Esta dualidad hace complicado aplicar la ley con una contundencia ejemplar, pero son esas mismas dudas y esa laxitud policial y judicial la que aprovecha la mafia para extenderse y enriquecerse.

Si somos contundentes estamos aplicando la dureza judicial contra el eslabón más débil de la estructura mafiosa, contra quien realmente no se lucra más allá de permitirle sobrevivir, estamos concentrando el peso de la ley quizá de forma poco justa. Pero es que no aplicar la ley se convierte, casi directamente, en una legalización de facto de una actividad mafiosa, de una actividad económica ilegal, de delitos contra la propiedad intelectual y de una realidad que está perjudicando a decenas de miles de comerciantes que pagan impuestos de forma más o menos legal.

 

Si analizamos estas circunstancias, si las ponemos todas en una balanza que nos diga los pros y los contras, creo que lo que la lógica y la inteligencia política indican es que hay que aplicar la ley con contundencia y ser especialmente incisivos en la persecución de estos delitos.

Un país no puede permitir que una economía mafiosa crezca y se reproduzca en su seno. Aún siendo conscientes de que estaremos aplicando la ley de forma dura contra algunas personas que son víctimas, esto se convierte en absolutamente necesario si observamos la estructura en su totalidad. Y luego se verá que medidas de gracia se pueden aplicar sobre las personas detenidas, y habrá que ser igualmente flexible e inteligente en este punto.

Pero la acción policial y judicial debe ser fuerte. Un país que permite la explosión de la economía sumergida y la mafia se acabará destruyendo a sí mismo, siendo la primera víctima el propio estado del bienestar. La extensión de estos pequeños delitos se puede llegar a convertir en el cáncer del estado del bienestar, en la avanzadilla del fraude que puede llegar a hacer inviable nuestro estado social.

Y siendo esto así no está de más recordar que tú, comprador, tienes también una responsabilidad como consumidor. Porque si nadie comprase en el Top Manta tened claro que no estaríamos hablando de esto.

 

¿POR QUÉ NO BAJA EL PRECIO DE LA VIVIENDA?

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 22-08-2010 en General. Comentarios (4)

 

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Me encontré con una noticia curiosa en la prensa del otro día. El banco de pagos internacionales (BPI) ha publicado un informe que dice que el precio de la vivienda en España va a caer alrededor del 75% en los próximos 40 años. La base que sustenta esto es que la baja natalidad de España llevará en las próximas décadas a un sobredimensionamiento de la cantidad de viviendas respecto a la población y eso hará caer su precio radicalmente.

El estudio, francamente, me parece muy flojo. No todo se puede explicar tan linealmente con las leyes de la oferta y la demanda y, además, proyectar 4 décadas en el futuro es un ejercicio que roza la ciencia ficción. Sin embargo este estudio complementa a otros que llevamos viendo los últimos dos años que nos dicen, sin lugar a dudas, que el precio de la vivienda está claramente sobredimensionado en este país. Se escucha que el precio de la vivienda tiene que bajar entre un 30% y un 40%, pero la realidad es que el descenso acumulado, de media, estos últimos dos o tres años está alrededor del 10%.

 

¿Por qué no baja el precio de la vivienda en el grado que se supone que debería bajar? Cuando pinchó la burbuja inmobiliaria los potenciales compradores pensaban que los precios bajarían a la mitad de forma instantánea, y al ver qué esto no sucedió están un poco decepcionados y perdidos, no entienden porque la vivienda no baja su precio como debería.

Sin embargo el precio está sobredimensionado, realmente, en esas proporciones. Las razones por las que no se cumplen las optimistas previsiones de algunos son varias:

 

En primer lugar no era lógico pensar que alguien que había comprado una vivienda a un precio X la iba a vender en un año, al ver que sus locas previsiones de subidas infinitas no se producían, a un 30% menos. Imaginaos a alguien que compra una vivienda por 300.000 euros al final del boom, y que al pinchar la burbuja le dicen que el precio objetivo al que se puede vender esa vivienda es 200.000 euros. Para esta persona eso significa que la inversión segura en la que creía haber invertido le va a hacer perder 100.000 euros, y eso es algo que nadie acepta fácilmente. Mientras pueda no vender esa vivienda va a intentar venderla al precio que la compró, o con una ligera rebaja. 100.000 euros puede ser el sueldo de esa persona por 3 ó 4 años, ¿Cómo va a aceptar eso?

 

Por otro lado existe un problema de mentalidad. Llevamos muchísimos años con mentalidad de país pobre cuyos ciudadanos necesitan una vivienda en propiedad para sentirse seguros. Además, parece que no podemos admitir que una vivienda ya no es una inversión adecuada ni lo va a ser por largos años. Incluso quien espera a que baje mucho cree que después va a volver a repuntar, como en los años anteriores, y que entonces la podrá vender. Los seres humanos tardamos en adaptarnos a los cambios y la gente parece no poder aceptar que las cosas no se han torcido temporalmente, si no de forma definitiva en algunas cosas.

La mentalidad de necesitar una vivienda en propiedad hace que haya gente que acepte comprar una vivienda en unas condiciones en las que no compraría cualquier otro bien.

 

También hay una cuestión de costes. Las empresas promotoras se han hecho de oro y han ganado márgenes insultantes con la venta de inmuebles, sin embargo todo este proceso llevó asociado que los costes de construcción tuviesen, también, un alto margen. En los años del Boom el precio de los materiales de construcción también estaba sobredimensionado ante la demanda, al igual que los salarios de los trabajadores y los márgenes de todos los intermediarios en el proceso.

Una vivienda que empezó su construcción en 2010 tiene unos costes de construcción menores a una hecha en 2006 ó 2007, y eso se verá en el precio de venta del inmueble cuando salga a mercado. Las viviendas construidas en la segunda mitad de la década han sido caras de construir, y eso lleva a aguantar los precios altos mientras la promotora se lo pueda permitir.

 

Y por último hay una cuestión fundamental, las viviendas propiedad de las cajas de ahorros y los bancos. Cualquiera que vea el portal inmobiliario de un banco o una caja verá multitud de viviendas, pero la mayoría de ellas estarán a precios altísimos.

Los bancos y sobre todo cajas estuvieron dando créditos a todo el mundo en los años pasados. Cualquier inmigrante que llevaba un año en España y tenía un contrato temporal podía adquirir un préstamo de vivienda, pues la caja creía, tan estúpidamente como el comprador, que si el cliente no pagaba las cuotas y se quedaban el inmueble podrían venderlo al mismo precio o mayor que el coste del préstamo.

La cantidad de casas embargadas y que se han quedado las cajas por distintos métodos las han llevado a ser prácticamente inmobiliarias. Pero las viviendas no pueden ser vendidas a un precio que el mercado acepte porque eso afectaría directamente a los resultados de estas entidades. Una vivienda a la que le queda por pagar la práctica totalidad de una hipoteca de 2006 no puede ser vendida por ese precio en el mercado, pero es que si el banco la vende a un precio menor va a generar un saldo negativo en sus cuentas y eso ni la caja ni el banco lo va a permitir por distintas razones. La primera, porque si no hay beneficios las enormes primas de los directivos no serán devengadas.

La gente se sorprende de que las cajas y bancos tengan beneficios millonarios aún, “¿Cómo puede ser si se están quedando multitud de viviendas de gente que no las paga?” Pues puede ser precisamente por eso, dejando el valor de la vivienda incoherentemente alto para su venta y que así no influya negativamente en las cuentas anuales.

De hecho la mayoría de los compradores interesados regatean con los bancos los precios de las viviendas y generalmente, si un comité económico lo ve adecuado, el banco o caja rebaja el precio.

Dicen ahora que con las distintas fusiones y la nueva normativa del banco de España las cajas deberán recapitalizarse, por lo que no tendrán más remedio que bajar los precios de los inmuebles. Con los meses lo veremos.

 

Todas estas circunstancias han hecho que los precios de la vivienda en el mercado estén más altos de lo que el mercado está dispuesto a pagar por ellas. Que las cajas de ahorros mantengan altos el precio de sus viviendas ayuda a que el particular lo haga y viceversa.

El producto de todo esto es que el precio de la vivienda baja, pero lentamente. Sin embargo la capacidad de compra del mercado no sube ni es previsible que suba, quizá al contrario, muy probablemente bajará.

Por lo tanto parece que se cumple lo que le decía yo en 2008 a todos aquellos que pensaban que en dos años las viviendas valdrían la mitad. Lo que nos espera en España es una bajada progresiva y continua del valor de la vivienda por muchos años, posiblemente por más de una generación. Al 2 - 4% anual las viviendas seguirán bajando por más de una década y no sabemos si se revertirá más allá.

 

Si eres comprador no me voy a atrever a decir lo que tienes que hacer. Pero las circunstancias del mercado hacen que quien tenga la fuerza seas tú. La capacidad adquisitiva del mercado está bajando y si un bien de esta naturaleza que quiere ser vendido debe adaptarse a las circunstancias.

Las necesidades de cada uno son las que mandan, pero si lo que quieres es “invertir” en vivienda mi humilde opinión es que ni se te ocurra. Antes invertiría en una fábrica de videos beta.

 

LAS ATERRADORAS PREDICCIONES DE STEPHEN HAWKING

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 19-08-2010 en General. Comentarios (6)

 

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Recuerdo leer hace un par de años una noticia sobre unas declaraciones de Stephen Hawking en las que decía que antes de 100 años habría un cataclismo en la tierra y los seres humanos tendrían que vivir en el espacio y en otros planetas.

En ese momento no le hice demasiado caso a la noticia. Pensé que al ilustre científico se le debía haber entendido mal, o que se habría descontextualizado alguna respuesta para dar un titular amarillista.

Sin embargo el otro día se volvió a publicar otra noticia parecida sobre las declaraciones del científico, en el que volvía a insistir en la idea de un probable cataclismo en los próximos 100 años y en que el ser humano debe concentrar los máximos esfuerzos en intentar colonizar el espacio para evitar su extinción.

Pues fijaos que gracia, aquí intentando arreglar la crisis, el país, el mundo, intentando mejorar la sociedad, la economía, y resulta que nos vamos todos al garete en alrededor de un siglo.

 

Bien, lo primero que hay que hacer en todos estos casos es ver qué ha dicho realmente Hawking y qué no.

Hawking no ha dicho que el planeta y la vida humana se vayan a extinguir en 100 años, si no que 100 años es lo que necesitamos para tener la tecnología suficiente para poder colonizar el espacio, por lo que es fundamental que nuestra civilización sobreviva ese tiempo. Para el periodista amarillista que lee la noticia de agencia, eso quiere decir que el mundo se acaba antes de 100 años, pero eso no es lo que ha dicho el científico.

Por otro lado cuando Hawking habla de grandes cataclismos se sobreentiende que no se refiere a la desaparición de la raza humana de forma total, si no como civilización. Él si dice que cree probable una catástrofe en la tierra en los próximos 200 años, pero sería una catástrofe que acabase con la civilización humana, no con la vida en la tierra ni con todos los humanos de la superficie.

 

¿Qué catástrofes predice Hawking? Básicamente da tres ideas básicas: Una guerra nuclear o biológica, un calentamiento global catastrófico o el choque de un asteroide contra la tierra.

Si nos ponemos dramáticos yo creo que la única de esas causas que sería realmente extintiva para la humanidad sería el choque de un asteroide de un tamaño colosal. Las posibilidades de que pase eso son bajísimas, pues no ha habido en miles de millones de años un asteroide que haya acabado con la vida en la Tierra, aunque sí ha habido muchos que han creado cambios grandísimos en el ecosistema que han acarreado extinciones masivas. Pero esos cataclismos no acabarían con la vida humana, pues somos seres totalmente adaptables gracias a nuestra inteligencia y tecnología que nos permitiría sobrevivir incluso en las condiciones climáticas más duras.

Una guerra nuclear no afectaría a toda la tierra, y siempre habría zonas libres, y aunque una guerra biológica que desatase algún tipo de pandemia destructiva no creo que eso acabase con todos los seres humanos, pues eso implicaría el propio suicidio técnico del que decidiese empezar una guerra así.

Estos cataclismos llevarían a la desaparición de parte importante de la población bien directamente o bien mediante un tipo de catástrofe maltusiana, verdadero peligro real.

 

La catástrofe maltusiana fue predicha, como su propio nombre indica, por el economista Thomas Malthus. Según el modelo de Malthus la producción de alimentos aumentaba en progresión aritmética, mientras que la población aumentaba en progresión geométrica, llegando un momento en que la población existente no tendría alimentos suficientes provocando guerras, enfrentamientos, hambrunas, etc. Que durarían hasta que se ajustase la población a los recursos disponibles.

La verdad es que Malthus se equivocó en sus predicciones, pues la técnica y la producción de alimentos aumentaron de forma importantísima sin provocar esos desastres previstos, aunque la validez de las ideas de Malthus en muchos ámbitos es indudable. De hecho los esfuerzos para promover la contracepción en los países del tercer mundo están basados en las ideas de Malthus, y para casos de desastres naturales como los previstos por Hawking también sería un modelo útil.

 

El cambio climático provocaría muchas variaciones en el planeta: Aumento de la temperatura, cambio de los climas de las distintas regiones, aumento del nivel del mar, etc. La consecuencia práctica de esto, a parte de que se inunden las ciudades, es que la economía humana y la producción de alimentos se verían afectadas. Zonas que ahora son aptas para el cultivo dejarían de serlo, zonas aptas para el ganado también dejarían de serlo, zonas de producción de alimentos se inundarían, muchos cultivos no tendrían las condiciones climáticas para poder desarrollarse adecuadamente…Todo esto provocaría un descenso progresivo de la producción de alimentos si el ser humano no se adapta antes, algo que tampoco es totalmente descartable. Lo que sí es seguro es que la catástrofe económica sería terrible. Lo que hicieron los soviéticos en el mar del Aral sería un juego de niños.

Una guerra nuclear o biológica tendría efectos similares. Los núcleos de población ya no son autosuficientes en el ámbito alimentario y los distintos alimentos suelen ser importados. Una guerra de estas características destruiría el comercio mundial de alimentos con las consecuencias que podemos imaginar. Una ola de incendios en Rusia parece que va a provocar el aumento del precio del trigo y que eso va a condenar a millones de personas a pasar hambre el próximo año, ¿Os imagináis que no podría provocar una guerra nuclear?

El colapso de un asteroide tendría efectos similares a los anteriores, tanto por la destrucción asociada a su impacto como por el probable cambio climático que generaría.

 

¿Hasta qué punto nos debemos tomar en serio las hipótesis de Hawking? Pues hombre, no tomarse en serio las hipótesis de un científico tan relevante sería una osadía que no nos podemos permitir, aunque creo que debemos contextualizarlas bien.

Los esfuerzos por garantizar la paz y luchar contra el cambio climático deben ser máximos, pero no creo que sea positivo tener ideas de Apocalipsis inmediato o inevitable. A veces tengo la sensación que Hawking maximiza el grado de las amenazas porque su convicción es que la vida fuera de la tierra será necesaria en algún momento, y quizá involuntariamente adelanta en el tiempo la amenaza a modo de concienciación social.

Porque no, yo no creo probable una guerra nuclear en breve, por mucho que llegue algún otro republicano violento y paranoico a la casa Blanca y entre él, el Señor Ahmadineyad y el señor Kim Jon Il estemos constantemente con el miedo en el cuerpo. Tampoco creo que el cambio climático sea algo a lo que el ser humano no se pueda adaptar como especie, a pesar de los desastres económicos asociados, ni creo que la probabilidad de choque de un asteroide de esas dimensiones sea lo suficientemente importante para tenerla en cuenta en nuestros cálculos.

Antes llegaremos a desastres provocados por nuestro sistema económico-político, me temo, aunque realmente el cambio climático es un desastre provocado indirectamente por nuestro sistema económico.

 

No obstante creo que la intención de Hawking es acertada. Muchas personas piensan que el gasto en investigación aeroespacial es un despilfarro que hay que eliminar, pero la conquista del espacio y el horizonte que esto le da a la humanidad no puede ser obviada. Habrá momentos más o menos oportunos para estas investigaciones, pero como seres humanos, que hemos llegado a donde estamos gracias a la ciencia, a la tecnología y al pensamiento, debemos enfocar una mínima parte de nuestros esfuerzos a conocer qué hay allí fuera y si podemos ir algún día a otros mundos en los que podamos vivir.

Aunque Hawking tampoco es muy optimista sobre el contacto con seres de otros mundos: “Si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos”. Ciertamente, tenemos al ilustre científico bastante pesimista.

 

LOS IMPUESTOS EN ESPAÑA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 16-08-2010 en General. Comentarios (5)

 

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Dos noticias sobre los impuestos se han dado paralelamente estos últimos días. En primer lugar se ha conocido un estudio del ministerio de hacienda donde se concluye que la tributación media de las empresas españolas por el impuesto de sociedades, que es el que se aplica a los beneficios de las empresas, está en el 10%, cuando realmente éste es del 30% para las grandes empresas, 25% para las Pymes.

Por otro lado el ministro de Fomento, principal afectado del recorte del gasto público, ha declarado, quizá conocedor de este informe, que los impuestos en España son bajos en comparación con la media europea, teorizando sobre la probable necesidad de subirlos para tener unos servicios de calidad.

 

Puede sorprender que el impuesto de sociedades “real” que paguen las empresas sea un tercio del impuesto teórico. Esto se debe a la existencia de deducciones fiscales de todo tipo que las empresas se aplican, y que en un alto porcentaje de casos se hace fraudulentamente. Ya expresé hace meses en la entrada “Las deducciones fiscales” la cantidad de fraude que existe en dos deducciones con conozco bien, las inversiones por mejoras medioambientales y el gasto en proyectos de I+D.

Igual que estas deducciones, existen decenas de ellas con posibilidades de fraude parecidas. Las ideas de las deducciones fiscales es orientar la inversión en determinadas direcciones, a donde la inversión directa en forma de subvenciones no puede llegar. Sin embargo se han convertido en la forma más fácil de no pagar impuestos, pues la cantidad de deducciones que hay y el contenido susceptible de manipulación de muchas de ellas (bien por ser técnicas, bien por ser fácilmente camuflables con ingeniería fiscal) las han hecho incontrolables para la administración.

 

Como en este país somos muy inteligentes en los años de bonanza y en base a un superávit provocado por una situación económica sobredimensionada en uno de los ciclos típicos del capitalismo financiero en el que vivimos, nuestro gobierno se dedicó a bajar impuestos de distintas maneras. Las dos más sangrantes, para mi, fue la eliminación del impuesto de patrimonio para todo el mundo y la reducción del impuesto de sociedades del 35% al 30% actual.

Claro, entre el descenso de los beneficios de las empresas, la infinidad de deducciones y la bajada del tipo “inicial” del impuesto ha llevado a que en tres años la recaudación por este impuesto se haya reducido a la mitad.

 

Los estados del bienestar mediterráneos han sido y siguen siendo los más débiles entre los distintos modelos de estados del bienestar. La protección social se ha construido mediante un mercado de trabajo rígido, que protegía a los trabajadores cubriendo las carencias del débil estado del bienestar.

Este modelo, que puede ser adecuado para países de desarrollo medio, llega un momento en que debe ser superado para ir hacia modelos de bienestar basados en muchas prestaciones y menor seguridad laboral. En los tiempos que nos ha tocado vivir, donde ya no se trabaja en la misma empresa toda la vida como antaño, donde se ha creado una dualidad entre el trabajador que lleva toda la vida en la misma empresa y el joven con trabajo temporal, y donde las necesidades de tanta pequeña empresa con dificultades de supervivencia también aprietan, era más necesario si cabe este cambio.

Sin embargo para crear un estado del bienestar “nórdico” es necesario, de forma urgente, un aumento importantísimo del dinero disponible para sustentar este estado del bienestar. Y para conseguir esto se debe hacer por tres vías: Aumento de la recaudación, minimización del despilfarro y gastos superfluos, y combate contra el fraude fiscal.

 

El ministro Blanco, que me ha resultado siempre un político horrible pero que ha demostrado ser mucho mejor ministro que político de partido, no va mal encaminado. Es cierto, hay una baja presión fiscal en España y es necesario subirla. Pero claro lo que se le debería decir al ministro Blanco, por si se le ha olvidado, es que el gobierno del que él forma parte, y todos los gobiernos anteriores desde 1993, se ha dedicado de forma sistemática a bajar impuestos.

Que el ministro se queje es normal, pero a quien se lo tendría que decir es a su presidente y a los que mandan en la política económica de su partido, que para quien no lo recuerde están en Bruselas y en Wall Street. La única subida de presión fiscal de este gobierno ha sido el aumento del IVA, precisamente la subida de impuestos que debía ser el último recurso pues grava claramente a quien menos capacitado está para pagar impuestos.

 

Observando este ejemplo del IVA vemos que los impuestos no pueden ser tratados como un todo que tenga una finalidad exclusivamente recaudatoria. No, nos equivoquemos y no caigamos en clichés. Subir impuestos no es bueno ni es malo de por sí, como tampoco es lo contrario, lo importante son las consecuencias de esa subida o bajada en función de los objetivos que tengas y cual es el destino de esa recaudación.

Las subidas de impuestos no deben gravar especialmente el consumo y deben concentrarse en la medida de lo posible a los capitales ociosos y no productivos. Las deducciones fiscales deben hacerse con el claro y comprobado objetivo de aumentar la inversión que produzca empleo y la modernización, sin hacer experimentos con gaseosa; las demás deben ser eliminadas. Subir un impuesto cuando se puede conseguir con una mayor eficiencia en el gasto es contraproducente. De nada vale subir un impuesto si estás permitiendo la exención de la obligación por otro medio, etc, etc.

Hay que tener claro qué pretendes, y como va a afectar la política de impuestos a este objetivo. No hay que llegar al absurdo de Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, pero no tiene que ser necesariamente de derechas en ciertos entornos. Nunca me ha gustado el fundamentalismo en este punto.

 

El ministro se da cuenta ahora que está en el cargo de que la restricción de gastos va a dejar en cuarentena importantes infraestructuras para España, y que sin estas infraestructuras va a ser más difícil crecer. A lo mejor si no se hubiesen dedicado a bajar impuestos cuando no era necesario para incentivar nada no tendrían estos problemas ahora, pues habría podido hacer mucha más obra pública en aquel momento o haber tenido un superávit mayor que no obligase a estas restricciones.

También hubiese sido interesante haber controlado los excesos megalomaniacos y caciquiles de la mayoría de los municipios de España que hincharon los presupuestos municipales gracias al boom del ladrillo y que ahora, sin esos ingresos extraordinarios, se ven sin dinero ni para las cosas más básica.

 

Pero sí, hace falta aumentar los impuestos directos sobre los beneficios y los grandes patrimonios, pero es más importante todavía combatir el fraude. Y todo ello, combinado con planes de eficiencia.

Esta triple vía es necesaria para fortalecer el estado social. No obstante Sr. Ministro, ¿No le parece que esto está demasiado alejado de lo que están haciendo desde el gobierno? Porque si queremos fortalecer el estado social y queremos usar el impulso público para mejorar este país, quizá usted esté en el partido equivocado, por lo menos en el partido equivocado en esta época.

 

EL PARO JUVENIL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 12-08-2010 en General. Comentarios (20)

 

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Hoy se ha publicado un estudio de la organización internacional del trabajo sobre el paro juvenil en el mundo. En este informe se puede observar como el paro juvenil en España, de jóvenes entre 15 y 24 años, es del 37,8%, cifra que parece más escandalosa de lo que es aunque es escandalosa igualmente.

 

Vamos a analizar un poco la cifra para contextualizarla mejor. Para hacer el cálculo se supone que estamos hablando de jóvenes económicamente activos, es decir, que no son estudiantes. Por lo tanto esta cifra no quiere decir que el 40% de los jóvenes estén en paro, si no que lo están el 40% de los que quieren trabajar.

España es un país donde se estudia mucho y se entra en el mercado laboral muy tarde. Por lo tanto la mayoría de estos jóvenes son personas que han tenido poca formación, o bien que acaban de finalizar sus estudios universitarios. La población la compondrán jóvenes sin formación, gentes provenientes de la FP y universitarios recién salidos de la carrera sin experiencia.

También hay que decir que el dato no es nada nuevo. Si hacemos caso a los datos de paro juvenil registrados esta cifra supera el 43%. La diferencia vendrá, probablemente, de aquellos jóvenes que estén estudiando pero que estén como demandantes de empleo.

 

De esta cifra podemos sacar una conclusión clara: El mercado laboral no absorbe al trabajador joven no cualificado, y le cuesta absorber al trabajador joven cualificado pero sin experiencia.

Los jóvenes sin estudios han podido trabajar estos últimos años fundamentalmente en el sector de la construcción y como peones en empresas industriales que mayormente se alimentaban del boom inmobiliario. Cuando la crisis llegó este empleo en el sector de la construcción desapareció, y en el sector industrial ante la caída de demanda los jóvenes fueron los despedidos, fundamentalmente porque tenían contratos temporales e indemnizaciones más baratas.

Estos jóvenes ahora no tienen trabajo, y muchos de los que lo tienen trabajan en la economía sumergida. En zonas rurales muchos de estos jóvenes están desplazando a los inmigrantes en la recogida de la fruta o en cualquier actividad temporera del sector agrario.

 

El trabajador titulado sin experiencia desde hace muchos años ha tardado mucho en colocarse, y casi siempre empezaba en puestos de “infraempleo”, es decir, en empleos por debajo de su cualificación profesional.

Es muy frecuente el trabajo en negro en academias, los puestos de becarios y los doctorados sin beca y sin remuneración que hacen muchos jóvenes titulados al ver que no pueden obtener un empleo. Un gran número de ellos, ante el mercado laboral que ven, se dedican a estudiar oposiciones porque ven que en la función pública van a obtener condiciones laborales mucho mejores de lo que les podría ofrecer el mercado de trabajo privado. La propia realidad de la crisis está llevando a que se sobresaturen las oposiciones, creando una situación de enorme dificultad para acceder a un puesto público. Y si hablamos de un concurso-oposición, la cosa ya roza  lo imposible y la máxima aspiración es estar en “bolsa” para hacer sustituciones y ganar puntos y así, en pocos años, aspirar realmente a la plaza.

 

Después del análisis la pregunta es automática, ¿Cómo se arregla esto?

El problema no es baladí y mucho menos en un país como este donde se está hablando que la gente entra muy tarde en el mercado laboral y el problema que genera esto para las pensiones. Y si juntamos este problema con el problema que comentamos en la entrada anterior, con mi amigo Amalio como ejemplo de las personas mayores que no pueden encontrar empleo, la realidad se vuelve explosiva. Cualquiera diría que sólo es considerado trabajador válido alguien entre 25 y 45 años.

La solución facilona que intentan dar los expertos es la formación, orientada a este segmento de jóvenes sin formación. Aunque esto es parcialmente verdad no debemos olvidad que en cualquier mercado laboral y sistema productivo hay muchos puestos de trabajo que no van a requerir ninguna formación específica. El problema para un joven parado en concreto puede ser su falta de formación, pero si analizamos a los jóvenes sin formación como grupo vemos que el problema no es ese, el problema es que no hay trabajo de forma genérica.

Por otro lado la otra parte del segmento tiene el problema contrario. Tienen formación pero no tienen experiencia, y ante un mercado laboral tan sobresaturado de parados cualquier empresa siempre encuentra algún trabajador de 30 años que cumpla estas dos características, y como en la situación actual la mayoría de gente acepta las condiciones laborales que le ofrecen pues son estos los que acaban trabajando. Al final el problema es idéntico al otro, el mercado laboral no puede absorber a tanto titulado porque nuestra distribución económica no da para ello y nuestra cultura empresarial no sabe canalizar adecuadamente estos recursos humanos.

Quizá el único segmento que se libra de esto son las personas de las formaciones profesionales, que suelen encontrar trabajo rápidamente, aunque no sea muy bueno. Este es un campo a incidir y donde reorientar la formación, aunque si se sobresatura esta formación lo único que haremos es trasladar el problema a este grupo.

 

El paro juvenil ha sido un problema en España desde hace más de dos décadas. En 1988 el paro juvenil fue considerado un problema por el Gobierno de Felipe González y como remedio se ofreció un contrato temporal para jóvenes trabajadores, que provocó la huelga general de 1988.

Desde ese momento no han cesado las reformas “flexibilizadoras” respecto al empleo y, sobre todo, respecto al empleo juvenil. ¿Consecuencia? Las tasas de paro juvenil lejos de disminuir han aumentado año a año, y cuanto más se flexibiliza más paro juvenil hay. Este aparente contrasentido no es una anécdota, es una realidad terrible.

Todavía hay gente que habla de que el problema del paro entre los jóvenes la rigidez del mercado laboral. Con las infinitas modalidades de contratos de obra y servicio, los contratos temporales de indemnizaciones de 8 días por año trabajado (un fortunón), los contratos de prácticas, becarios, etc, etc. Y después de que esté más que demostrado que cada reforma en esta dirección no ha hecho más que agrandar el problema, no puedo entender como se puede seguir defendiendo estas posturas. Y lo grave no es que lo defiendan personas individuales, es que es la postura general de los gobiernos mundiales.

La rigidez laboral puede ser un problema cuando hablamos de trabajadores con muchos años en una empresa o en tanto en cuanto impide la movilidad laboral para la búsqueda de un trabajo mejor, pero seguir insistiendo en esto como causa del empleo juvenil es, cuanto menos, asombroso.

 

El problema del paro juvenil es múltiple, pero básicamente se debe a un mercado laboral que no es capaz de absorberlo. Los esfuerzos para adecuar las enseñanzas y la formación a la demanda del mercado son importantes, pero más importante si cabe son los esfuerzos para generar una demanda empresarial acorde con los recursos humanos disponibles. No es posible que un país con una juventud tan formada no genere iniciativas empresariales que necesiten un personal altamente cualificado. No es posible que nadie sea capaz de ver cómo sacar rendimiento a tanto conocimiento. No es posible una cultura de recursos humanos tan nefasta a nivel de país.

Ese debe ser el principal campo de actuación, porque si realmente generamos empleo de calidad, empleo tecnificado y empresas basadas en el conocimiento, podremos solucionar este problema y concentrarlo en la carencia de formación. Pero si no hay empleo ni para jóvenes con un alto grado de formación tenemos una mala solución.