LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

REFLEXIONES NACIONALES

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 29-06-2010 en General. Comentarios (6)

 

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La tarde del partido España-Chile circulaba por Valencia capital camino a las afueras. En uno de los semáforos vi una gran bandera de España que colgaba del letrero luminoso de un bar, en el que presumiblemente iban a televisar el partido. Parecerá una tontería, pero comencé un proceso de contemplación místico-política de aquella tela roji-gualda que ondeaba alegremente al viento.

 

Mis sensaciones fueron positivas, no por ningún tipo de emoción futbolística si no por la completa normalidad con lo que la bandera de España ondeaba. Era lo normal con un partido de la selección a escasas horas, y seguramente miles de imágenes similares sucederán en la mayoría de países de nuestro entorno. Pero esta normalidad se convierte en especial debido a la realidad social en la que viven nuestros símbolos nacionales, que arrastran una convulsión histórica.

Igual la presencia de la bandera Española no está absolutamente normalizada en el ámbito social, pero sí me parece que está absolutamente normalizado su uso en eventos deportivos, igual que lo está hace años en el ámbito de la administración. Nadie piensa que la persona X es un “facha” cuando lleva una bandera de España en un partido de la selección, por lo menos no la inmensa mayoría de personas, aunque quizá esta realidad general no sea extrapolable a Cataluña y, sobre todo, al país vasco.

Pero que los símbolos nacionales ganen espacio de normalidad me parece positivo para quitar lastre de debates políticos estúpidos que absorben nuestras energías.

 

Para mi la bandera de España es algo totalmente aceptado que asumo sin problemas como el emblema de mi país. Y ojo, lo digo yo que, si me diesen a elegir, preferiría que se restableciesen los símbolos republicanos, sobre todo la bandera tricolor. Pero eso no me hace tener animadversión a la bandera bicolor ni mucho menos, aunque reconozco que mis prejuicios eran mayores cuando era más joven.

Tampoco veo ningún conflicto con mi identidad Valenciana; ambas identidades son complementarias totalmente, y no me supone ningún conflicto identitario absurdo, como es normal en una persona totalmente opuesta al nacionalismo como yo.

Pero esta realidad no es asumida por todos. La bandera de España tiene una pesada carga detrás, que compagina con la dificultad de establecerse en un país con varios nacionalismos distintos, lo que le hace tener todavía grandes problemas de aceptación que no parece que acaben solucionarse con los años.

 

Si observamos la línea histórica de las afecciones nacionales simbólicas podemos ver como es el Franquismo el que rompe la mayoritaria aceptación de los símbolos nacionales y de la españolidad misma. Desde la dictadura se machacó a la población con la idea de que el régimen franquista representaba las esencias de España, mientras que sus enemigos representaban la anti-España. El conservadurismo, el catolicismo, el militarismo y el cutrerio político-social fueron elevados a la categoría de esencias de la Españolidad, mientras que cualquier oposición ideológica (Liberalismo, laicismo, izquierdismo) eran ideas extranjerizantes ajenas a la realidad nacional.

Además del factor político-social también tenemos el factor simbólico. El franquismo eliminó los símbolos nacionales vigentes (los republicanos) para recuperar los antiguos monárquicos, y por lo tanto generó la sensación de que esa bandera y ese himno más que los del país eran los del régimen. La bandera y el himno se convertían en algo político, y esta sensación perduró en el subconsciente colectivo y se heredó de generación en generación, aunque posiblemente de formas diferentes. Si el Franquismo no hubiese cambiado los símbolos republicanos, o bien la república no hubiese cambiado los monárquicos anteriores, estoy seguro que parte de esta desafección simbólica no existiría.

 

Una vez acabado el Franquismo los herederos de este se declararon únicos portadores de la Españolidad auténtica. Aunque fueron marginales, estas sensaciones penetraron en la derecha Española (y en la izquierda por reflejo), que se ha sentido como la que verdaderamente siente una españolidad sin complejos, cayendo alguna vez en el terrible error de intentar instrumentalizar símbolos nacionales cuando lo único que provoca eso es que los fantasmas de nuestro pasado se reactiven.

Yo siempre he tenido una sensación que igual es equivocada, pero que me ha parecido siempre intuir. Cuando gobierna la izquierda (me refiero al PSOE, no confundir con Izquierda de verdad) la “tensión simbólica” es menor. Y no entro a valorar si la culpa es de unos o de otros, simplemente analizo un hecho que me parece observar.

 

Muchos Españoles se quejan de que en España no se pueda llevar una bandera o alguna simbología con los colores nacionales con total normalidad sin ser víctima de suspicacias maliciosas. Dicen que esto no pasa en ningún país del mundo, que somos el único país que se avergüenza de sus símbolos. Bien, esto no es verdad, no somos el único país en que pasa esto, ni mucho menos. Voy a dar un ejemplo: Japón.

En Japón existe un sentimiento respecto a sus símbolos nacionales muy parecido al que hay en España. Los conservadores los usan y aceptan sin problemas, pero los liberales y progresistas los consideran un símbolo de la época del imperialismo Japonés anterior a la derrota en la II guerra mundial.

Existe, por ejemplo, una gran polémica con la presencia de banderas en Japón y con la enseñanza del himno en las escuelas. Muchísimos profesores se han negado a enseñar la letra del himno en las escuelas (consideran que adula al emperador como a un ser divino) y han sido sancionados, incluso un maestro fue encarcelado por indicar a sus alumnos que permaneciesen sentados e indiferentes ante el himno nacional.

Este caso Japonés nos hace ver como no somos únicos en nuestros recelos, y ver donde está el problema principal que tenemos ambos países en común: Un pasado oscuro que muchos quieren olvidar, pero que otros muchos se niegan a condenar.

 

Mi famoso amigo Nihilista me decía el sábado pasado “Me da igual la selección, yo no me siento Español”, “El nacionalismo es siempre estúpido, y cuanto más pequeño más estúpido es” (lo decía por el catalán, él vive en Barcelona parte del año).

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con la segunda frase, pero le repliqué a la primera: “Ahora no te sientes Español porque vives en España, pero si vivieses en el extranjero te darías cuenta hasta que punto lo Español está presente en tus actitudes y forma de pensar”. “Quizá tengas razón” me dijo, mientras seguía declarando, ya en otros ámbitos, su irreverente e interesante nihilismo.

Y así es, porque el “ser Español” no es realmente una bandera ni un himno. Es una forma de comportarse, de pensar, de entender la vida, son unos gustos determinados, unas costumbres, un modo de viva, etc. Y parcialmente es común a muchos otros países del mundo, pero parcialmente no. Esta es la verdadera esencia de una nación; cambiante, dinámica, receptora de costumbres y gustos extranjeros, pionera en vanguardias conductuales…El “ser Español” no es algo que se pueda definir en un libro, ni que puede listar nadie. Cada uno de nosotros lo crea y evoluciona a la par con él.

 

“Son Españoles quienes no pueden ser otra cosa” dijo Don Antonio Canovas del Castillo. En aquella época la desafección nacional venía más por el anarquismo y el internacionalismo obrero, el cantonalismo y en parte por el nacionalismo, que por nuestros conflictos actuales. Sin embargo parece que es un problema endógeno de este país.

Afortunadamente parece que el tiempo está suavizando estas posturas. E insisto en mi argumento inicial: No nos dejemos embaucar por conflictos artificiales y estúpidos que no aportan nada a la sociedad. Hay demasiadas cosas que arreglar, demasiadas incertidumbres mundiales y demasiados problemas políticos y económicos como para concentrarnos en banderas y en simbolismos.

 

ALFONSO RUS EN EL SHOW DE JOAN MONLEÓN

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 27-06-2010 en General. Comentarios (4)

 

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Joan Monleón era un famoso Showman Valenciano que hacía un programa en los orígenes de Canal 9, el Show de Joan Monleon. Era un programa de variedades destinado a un sector de población bastante mayor, fundamentalmente jubilados y amas de casa. En él, Monleón introducía multitud de mini-concursos en los que regalaba dinero a las personas del público si respondían a cualquier pregunta que él hacía, si elegían la hucha correcta, etc. “Cinc mil pesetes” gritaba el bueno de Monleón al sacarse del bolsillo el dinero del premio, ante la alegría de la señora premiada.

Desgraciadamente Monleón falleció hace unos meses relativamente joven, dejando en el subconsciente colectivo de una generación de valencianos su programa y estilo, y un estribillo de una canción que hizo famoso a su programa: “A guanyar diners

 

El programa de Monleón era bastante simple y se acusó de tener un estilo bastante populista (Hoy en día sería un programa de intelectuales tal y como está la televisión), pero lo que no debía saber Monleón al inicio de los 90 es que en nuestra actual comunidad sólo hay un populismo posible, el del PPCV. Así pues, el presidente de la diputación de Valencia, el infumable Alfonso Rus habrá pensado “Pa’ populista yo”, y se ha montado su propio show.

 

El show de Rus se llama “Beca la Dipu”, que son unas becas para jóvenes estudiantes Valencianos que quieran hacer prácticas en la diputación de Valencia o en distintos ayuntamientos valencianos durante los meses de verano. Por 600 euros al mes durante tres meses, los jóvenes estudiantes se dedicarán a hacer actividades varias que requieran una alta concentración y capacidades intelectuales, como puede ser hacer fotocopias u archivar documentos.

¿Dónde está el show, me preguntaréis? Pues es que esto no es una beca normal donde te la conceden o no, y si has sido afortunado te vas a trabajar el día que te dicen. Aquí, para que te den la beca, tienes que ir a un estrambótico acto multitudinario donde el presidente de la diputación, el impresentable Alfonso Rus, debe ser quien te entregue la acreditación de su propia mano. Y si no vas, si no asistes a recoger la acreditación de la mano de vuestra merced, te quedas sin beca. Así de fácil.

 

Como hay unos 2.500 estudiantes becados, y a los valencianos nos gusta mucho montar excursiones por “les comarques”, el Sr.Rus se ha montado un Tour por distintos municipios Valencianos para recibir a la exultante y entusiasta juventud local y entregarles sus acreditaciones en persona, para que así los jóvenes, potenciales víctimas de la vaguería, la espirtuosidad y el izquierdismo, sepan a quien tiene que agradecer el dinero recibido.

El representante socialista en la diputación de Valencia, Rafael Rubio, persona que siempre me ha parecido bastante seria, ha calificado este Tour caciquil de “besamanos” y ha calificado la actitud de Rus de propia del medievo y no de una democracia.

 

Creo que he contado alguna vez una historia sobre el alcalde de Tous, también del PP, por supuesto. Tous es un municipio que tiene una presa hidráulica por la que el ayuntamiento obtiene bastante dinero. Un par de meses antes de las elecciones municipales de 2007 el alcalde de Tous mandó a todos los vecinos una carta en la que les informaba que, gracias a los beneficios de la presa, iba a proceder a la devolución de la contribución de los últimos dos años.

Claro, pero no te iban a hacer una transferencia, de eso nada. El Sr. Alcalde montó un acto en el hogar del jubilado de Tous para entregar a cada vecino, en mano, su cheque con el dinero devuelto.

Un amigo mío, que tiene una pequeña fábrica de muebles en Tous (y que, por lo tanto, también pagaba la contribución, y en mayor cantidad que el propietario de una casa) no recibió el aviso para la reunión ni se le dijo que le iban a devolver el dinero. ¿Cuál era el misterio? Muy fácil, mi amigo estaba empadronado en Alberic y, por lo tanto, no formaba parte del cuerpo electoral de Tous, así que no valía para nada devolverle su dinero.

Al final se lo devolvieron después de quejarse al alcalde varias veces, que estos de PP son un poco piratas pero también son razonables.

 

Amigo estudiante Valenciano, si te ha tocado en gracia una beca de la “Dipu” enhorabuena. Vas a aprender un montón de cosas que difícilmente te valdrán para algo, excepto para conocer de primera mano una escalofriante verdad: Que en muchos lugares, sean centros de la administración o empresas privadas, son los becarios los que más trabajan, sirviéndoles a todos ellos prácticamente para lo mismo; Para nada.

Pero lo importante del hecho, lo importante de esta beca no son los conocimientos que adquieras, no es el trabajo que aportes para satisfacer a los ciudadanos, lo importante es que tengas presente gracias a quien te vas a embolsar unos buenos euros. Debes mantener claro en tu mente la imagen de su excelencia Don Alfonso Rus, y si con una mano te da la certificación y con la otra te mete (con perdón) en el bolsillo una papeleta del PP para las próximas elecciones piensa que está en su derecho, pues es de bien nacidos ser agradecido y no pretenderás votar a otros partidos cuando Don Alfonso te ha conseguido un trabajito en verano ¿Verdad? …Ahh, ya decía yo. Que no se te olvide para que estás allí, a ver si vas a pensar que necesitan tu trabajo para algo…

 

P.D: Por favor, no os perdáis el link, sobre todo los que hayáis visto alguna vez el programa.

EL MUNDIAL Y LA ECONOMÍA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 24-06-2010 en General. Comentarios (3)

 

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No sé muy bien si es por afición al fútbol o por sentimiento patriótico, pero la verdad es que el desbarajuste nacional que provoca un mundial es importante.

 

Os voy a contar una anécdota del día del partido España-Suiza. El sector masculino de mi empresa estuvo desde finales de la semana anterior preparando la manera de poder ver el partido a pesar de que éste era en horario laboral. Se intentó primero convertir la pantalla de la sala de videoconferencias en un improvisado televisor para ver el mundial, aunque parece que fue imposible.

Como no se pudo, al final se decidió ver el mundial en la única televisión con señal de TV que tenemos en las instalaciones de Valencia, que está en el comedor. Para no perder horas de trabajo mis compañeros decidieron comer a las 4 de la tarde en vez de a las 2, y aprovechar el tiempo de la comida para ver el partido.

 

Yo tenía clase de inglés hasta las 3, así que no pude comer a las 2 con mis compañeras que no estaban interesadas en el fútbol, por lo que me esperé también hasta las 4. A la hora del partido, en el comedor había fiesta montada: Papas, ganchitos, olivas, galletitas, patatas fritas, frutos secos, embutidos, cerveza…y alguna hamburguesa del Burger King que se había comprado algún compañero.

Se palpaba la emoción en el ambiente, y cierta sensación de extrañeza por hacer eso en el comedor de la empresa. A las compañeras que seguían trabajando no cabe decir que no les gustó nada la que se montó, pues replicaban que si a ellas también les iban a dejar no trabajar de 4 a 5.45 por un estreno de cine en esas horas, por ejemplo (Hay que decir que los jefes asumían o aceptaban que a esa hora mucha gente iba a ver el partido). Siendo sinceros, no les faltaba razón.

Yo vi la primera parte mientras comía, y ante el soporífero espectáculo y como tenía que acabar una cosa urgente me fui al despacho al finalizar ésta, pero mis compañeros se quedaron para contemplar la segunda parte de la decepción.

 

He pensado bastante hasta qué punto esto habrá sido general en todas las empresas de España, pues sí me dí cuenta que no llamó NADIE durante las horas del partido, cosa bastante rara a esas horas. Mentira, llamó un compañero de Barcelona que tenía un problema informático con el programa de gestión que usamos preferentemente, ante la indignación de mis compañeros forofos y españolistas cuando preguntó que qué partido se estaba jugando. Mi compañero Catalán es bastante nacionalista, como intuiréis.

Y lo más gracioso del caso es que se acepta que la fuerza laboral del país puede estar viendo el partido sin ningún tipo de rubor. Tanto los empresarios que exprimen las horas de sus trabajadores y que les quitan días de vacaciones así como los que no lo hacen, estoy seguro que aceparán de buen grado que sus trabajadores están viendo “A España”. Porque nosotros tenemos jornada flexible, pero quien no la tenga está objetivamente perdiendo horas de trabajo (Sí, ya sé que en España se trabajan más horas de las que se debiera, pero ya me entendéis)

 

¿Qué efecto tendrá un partido de este tipo sobre la economía Española? Porque parar dos horas de trabajo en un alto porcentaje de empresas es mucho dinero.

He oído algunas especulaciones sobre el efecto económico de este tipo de acontecimientos, enfocado al incremento del consumo provocado por el mundial (asistencia a locales de hostelería, compra de merchandising, etc.) y a un posible efecto dinamizador de la compra debido a la euforia provocada en el caso de ganar el mundial. Os parecerá mentira, pero se hablaba de muchísimos millones de Euros.

Sin embargo también está la otra parte, las horas que se pierden de trabajo por este tipo de acontecimientos, que ya contribuyen negativamente a la productividad…¿o no? Porque eso tampoco está muy claro, ¿Aumentará la productividad de los trabajadores ante un buen resultado? ¿Disminuirá en caso contrario? Me temo que esto es de imposible estudio cuantitativo, porque no podemos estudiar cual habría sido la productividad en dos situaciones que no se pueden dar simultáneamente. Pero sí que veo bastante claro que un efecto de euforia y de alegría en el trabajador le hace rendir mucho más, por lo menos en un periodo corto de tiempo.

Dicen que el fútbol es el opio del pueblo. Lamentablemente esta frase tiene bastante de verdad.

 

Yo me quedo con la portada de Xornal de Galicia del día siguiente, que bajo una foto de unos aficionados de la selección disgustados con la derrota, por un lado, y otra de María Teresa Fernández de la Vega y Celestino Corbacho por otro, titularon: MENOS ROJOS.

Aunque el titular es, para mi gusto, demasiado optimista. Debajo de la de los miembros del gobierno debieron escribir NADA ROJOS.

 

¿CÓMO SE CONSTRUYE UN MOVIMIENTO POLÍTICO?

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 22-06-2010 en General. Comentarios (11)

 

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Ya hemos presentado la idea de que nuestros actuales movimientos políticos dentro del progresismo y la izquierda han perdido su poder de convicción y reforma. Aceptando esta idea concluimos fácilmente que necesitamos construir un nuevo movimiento político pero la pregunta es, ¿Cómo se construye un movimiento político nuevo?

Crear un movimiento a nivel europeo y europeísta como el que he propuesto es muy complicado, y para ello muy probablemente habrá que comenzar generando movimientos nacionales embrionarios. Pero aún hablando a nivel nacional, no es fácil en absoluto.

En principio hay varios modelos, varias posibilidades para crear un nuevo movimiento político, que me gustaría listar:

 

-          La amalgama de partidos: Esta es una posibilidad que comentan muchas personas situadas a la izquierda del PSOE. La idea es que todos los partidos a la izquierda de éste y con unos objetivos más o menos comunes se unan en una gran coalición inclusiva y abierta.

Personalmente, la idea no me gusta nada para el caso Español. La unión de minúsculos partidos como los que tenemos aquí degeneraría probablemente en un ambiente enfermizo de rencores, dogmatismos ideológicos, peleas endogámicas y excesivos candidatos para ocupar cargos políticos. Una coalición así sería muy plural, pero a la vez demasiado amplia, con personalidades excesivamente diferentes, con objetivos finales casi opuestos. No tendría futuro.

 

-          El modelo Anguita: La IU de Julio Anguita también era una amalgama de partidos (aunque con un partido central mayor a los demás), pero permanecía como un movimiento ideológico coherente debido fundamentalmente a sus claros objetivos, definidos en aquello del “programa, programa, programa”. El objetivo, el programa estaba claro, y en base a eso se añadían los distintos partidos y grupos. La fuerte personalidad, la honestidad y la seriedad de Anguita probablemente ayudó a mantener esta unión.

 

-          El modelo Mockus: Una personalidad destacada, un hombre honesto, un político carismático. Antanas Mockus era conocido en Colombia, y su personalidad catapultó al partido verde a la segunda vuelta de las presidenciales. Un partido pequeñito se convirtió en la alternativa al Uribismo.

Es posible que un liderazgo de una personalidad destacada sea el mejor camino para crear un movimiento político. Pero este método también tiene un riesgo, que es que el movimiento sea visto como un personalismo, y que no sobreviva a su fundador.

 

-          Un partido que consiga ser el estandarte de las demandas populares: En este caso podríamos incluir a Les Verts en Francia o a la Italia de los Valores en Italia. Ambos partidos sacaron resultados espectaculares ante el desprestigio de las fuerzas de izquierda en ambos países, y consiguieron representar bastante bien los anhelos de una parte de la sociedad: Los Verdes Franceses fueron vistos como algo mucho más reformador que los socialistas y mucho más moderno que los comunistas.

En Italia, el hartazgo hacia la corruptocracia de Berlusconi llevó a muchos italianos a votar a un partido cuya principal demanda era la ética y la transparencia política.

 

-          El modelo Die Linke: Die Linke fue creada por la fusión de los excomunistas del PSD y los socialdemócratas que abandonaron el SPD por estar en contra de su política de recortes sociales. Un líder reconocido como Oskar Lafontaine ha llevado a este partido a superar ampliamente la barrera del 10% de los votos.

Este modelo se nutre fundamentalmente de la disidencia de políticos conocidos y de un fuerte sentimiento de malestar con el partido mayoritario de la izquierda,

 

 

Básicamente estos son los 5 modelos conocidos por los que se podría generar una alternativa política al PSOE y al bipartidismo imperante.

¿Cuál es más apto para España? En mi opinión el que más futuro tendría sería el modelo Die Linke. Pero para que este modelo funcione se necesita que haya una escisión de políticos relevantes del PSOE ante la deriva liberal del mismo.

Pero no me parece que haya políticos así en el PSOE. La abstención del socialista Antonio Gutiérrez en la votación de la reforma laboral ha sido vendida como un caso excepcional, cuando en cualquier otro país lo normal hubiese sido que varias decenas de diputados socialistas no hubiesen votado esa propuesta.

En un entorno tan servil y obediente con el partido es difícil encontrar personalidades discrepantes con la política de Zapatero, a no ser que empiecen a salir ahora.

 

Si no nos vale esta alternativa el modelo Anguita es lo más lógico y lo que ya ha demostrado funcionar en España. Ojo, modelo Anguita no significa la política de Anguita, si no el estilo de liderazgo y de funcionalidad política.

Aunque a mi, personalmente, me gustaría más un movimiento tipo Les Verts para España, o incluso un modelo Mockus. Estoy seguro que fuera de la política vigente deben existir decenas de intelectuales y profesionales que podrían ayudar a generar movimientos políticos. Una persona que a mi me gusta mucho es Fernando Savater, y siempre me ha parecido una lástima que el partido del que es cofundador, UPyD, haya caído en manos de una profesional de la política en vez de en gente de su perfil. La honestidad y ética de un intelectual nos podría ayudar a racionalizar mejor una época de tanta convulsión económico-política como la actual.

 

Uno de todos los modelos debe germinar, es importante que sea así. España está, hoy, en las circunstancias objetivas más propicias de su historia reciente para acabar con el bipartidismo en manos de dos partidos políticos muy desprestigiados, tanto por la derecha como por la izquierda.

No aprovechar el momento es realmente un pecado. Y si la sociedad vuelve a caer en la política dual de los que se visten de Azul contra los que se visten de rojo me temo que el país será, una vez más, un mero espectador pasivo en los próximos acontecimientos de la historia.

 

LA COMPETENCIA Y LA FUERZA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 18-06-2010 en General. Comentarios (4)

 

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Una de las bases del libre mercado es la competencia, que se debe respetar y fomentar. En base a las teorías económicas sobre la competencia ésta crea efectos positivos sobre la economía: Mejora los productos ofertados y minimiza el precio. La competencia permite al comprador elegir entre las distintas empresas que ofertan un determinado producto y servicio y elegir la que mejor se ajuste a sus intereses, bien por calidad, por precio o por cualquier otra razón. Además, la propia existencia de la competencia lleva asociada a un descenso de precios, pues para ganar consumidores las empresas bajarán los precios de sus productos minimizando sus márgenes de beneficio, y eso beneficiará al comprador.

 

Todo esto crea un estado de “competencia perfecta”, donde los precios están marcados por la ley de la oferta y la demanda, y no hay consumidor ni empresa que tenga suficiente poder para “marcar” los precios del mercado.

Obviamente también está definido por algunos economistas lo que es la “competencia imperfecta”, que digamos que es cuando las leyes de la oferta y la demanda no se cumplen, y el mercado tiene fijados unos precios que no se corresponden con la oferta y la demanda, seguramente porque alguna de las empresas que ofrecen este producto, o una alianza entre ellas, “fijan” los precios del producto para obtener pingües beneficios.

Muchos economistas dicen que la mayoría de mercados están en competencia imperfecta, convirtiendo la primera teoría en algo que no se correspondería con la práctica.

 

No está en mi intención teorizar, más bien abrir un proceso de reflexión sobre la competencia y su realidad. Los estados occidentales han basado una parte muy importante de su política económica en la potenciación de la competencia, aunque no en todos los casos.

El propio proceso de globalización está abriendo los mercados a la competencia. Las privatizaciones también se hacen con el declarado (que no quiere decir real) objetivo de mejorar la competencia y, por lo tanto, el precio final que pagan los usuarios. Existen leyes que castigan fuertemente los pactos entre distintas compañías para fijar los precios. En fin, nuestra legislación parece orientada en este sentido.

 

¿Pero realmente tiene la competencia un efecto real en nuestra economía? Eso depende del producto o servicio en cuestión. Si fabricas camisetas, por ejemplo, te encontrarás en el mercado con centenares de empresas que hacen lo mismo que tú. Además, el ciudadano no se ve obligado a comprar una camiseta, pues puede perfectamente vestir una camisa o cualquier otra prenda. Si compra la camiseta es porque quiere, porque el precio que le pides por ella le parece adecuado. Si tienes una buena cuota de mercado es porque realmente tu producto es bueno y/o barato, pues habrá decenas de empresas creando estrategias comerciales para captar al público del mercado objetivo.

Pero pongamos que tu compañía es de telefonía móvil. No hay centenares de operadores en el mercado, sólo 5 ó 6. La telefonía móvil es un servicio que no es tan prescindible como en el caso de una camiseta. Obviamente se puede vivir sin móvil, pero para la sociedad actual es casi como una necesidad. En el caso de muchas empresas la telefonía móvil sí es una necesidad, pues sin ella pueden no ser competitivos.

En ese caso los operadores de telefonía móvil tienen dos opciones: Pueden bajar los precios para captar más cuota de mercado, con lo cual provocarán que su competencia baje precios (porque conocen perfectamente que pueden hacerlo); o pueden no hacerlo y mientras nadie lo haga mantienen márgenes enormes por cliente.

 

En un caso como el anterior se suele tender a ser pragmático. Todos vemos como las ofertas de las compañías de telefonía son prácticamente calcadas, sus campañas comerciales son iguales, sus descuentos parecen copias los unos de los otros, etc.

Estas compañías consiguen enormes beneficios anualmente, y sería de locos entrar en una guerra de precios. Si yo bajo un 10% mañana bajarán todos los demás, y al final volveremos a tener todos el mismo precio, nos repartiremos todos el mercado de la misma manera, y perderemos todos un 10%. Por mucho que quien dé el primer paso pueda ganar un 1% de cuota de mercado, si hay que bajar un 10% el precio sales perdiendo.

En estos casos se establece una especie de competencia “suave” en el mercado, donde se prioriza el interés en el máximo beneficio y no se hace nada excesivamente agresivo para no soliviantar a la competencia. Los márgenes de beneficio no se minimizan como potencialmente podrían y la competencia funciona de forma “imperfecta”.

Lo que he comentado de la telefonía puede ser aplicado también a las gasolineras, las compañías eléctricas, los bancos, y multitud de otros productos o servicios. La clave para que esto funcione es que la cantidad de competencia sea limitada (cuanto menos iniciativas haya menos posibilidades hay de que alguien se “desvíe”), y que los compradores identifiquen lo que se vende como algo imprescindible.

 

Esto muchas veces se hace de forma más sucia e ilegal. Existen multitud de pactos de “no competencia” en muchos sectores, y las empresas no se agreden las unas a las otras para mantener todas altos márgenes. Estos pactos no son pactos escritos, son orales para que nadie pueda destapar el pacto, pues es ilegal y estarían sometidos a multas enormes.

Pero generalmente no hace ni falta que sea así, los pactos se “intuyen” entre conversaciones entre directores comerciales y a través de la observación del mercado. Por eso mismo es dificilísimo poder actuar legalmente.

 

Que la competencia funcione o no al final depende de las posiciones de fuerza de los distintos actores. Compañías enormes con servicios o productos esenciales controlarán los precios de sus productos y servicios gracias a que están en una posición de fuerza. En ese caso los consumidores son los débiles, deben pasar por el aro y pagar los precios que las 5 ó 6 compañías que dominan el mercado han establecido para no agredirse.

Cuando la competencia funciona también hay una posición de fuerza, no nos equivoquemos. En este caso la fuerza la tienen los consumidores, que individualmente no ejercen ningún poder pero como “masa” si tienen una tendencia bien definida y actúan de la misma manera.

Al final es la fuerza la que marca que la competencia funcione bien o mal. Quien tenga la fuerza tiene el poder de orientar el mercado en su beneficio.

 

Quiero acabar con un caso en que la competencia parece que funciona bastante bien, es el caso de los estados. Los estados desde hace un tiempo han entrado en un proceso competitivo terrible, por el que quieren atraer a la inversión extranjera.

Para atraer esta inversión los estados darán a sus clientes, los grandes grupos empresariales, un producto de calidad: Menos impuestos, una mano de obra más barata, ayudas de todo tipo, etc. Quien de más ayudas (que salen del bolsillo de los ciudadanos), tenga impuestos y costes laborales más bajos, además de otras ventajas económicas, atraerá a la inversión.

La ley de la oferta y la demanda en este caso funciona a la perfección, y los estados actúan de forma cobarde como malos directores comerciales que se bajan los pantalones ante la primera presión del cliente.

Y así se inicia un ciclo de competencia “agresiva” donde automáticamente los estados vecinos bajan los costes laborales como lo hace el estado que ha iniciado la “oferta”. Al final todos ven disminuidos sus beneficios, es decir, su recaudación pública, con el efecto que tiene eso para sus ciudadanos.

 

Como observaréis, en el principal mercado del planeta, el de la búsqueda de la inversión, la ley de la oferta y la demanda funciona perfectamente, beneficiando al consumidor. Claro que aquí nosotros en vez de consumidor somos empresa, y es a nosotros a quien nos perjudica.

En esta relación de “fuerzas” observamos como, en este mundo en el que vivimos, los fuertes son los poderes económicos, y los débiles los estados. Los poderes económicos son los “monstruos”, son los fuertes y, por lo tanto, a quienes hay que controlar y limitar para que la balanza de fuerzas no se desequilibre aún más y no caer en la tiranía.