LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

LOS "PROGRES"

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 31-03-2009 en General. Comentarios (3)
 

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Una vez me dijo un amigo: “Tu no eres de izquierdas, tú eres lo peor que se puede ser, un progre”,” ¿Un progre? ¿Por?”, “Porque a ti te gusta vivir bien”. Mi amigo, conservador de derechas, quería decirme que yo no cumplía uno de los preceptos importantes para ser de izquierdas, que era tener una vida extremadamente austera, quizá vivir en una cueva.

La palabra “progre”, que tuvo otro significado hace décadas, ha sido usada por la derecha como parte de su “contraprogramación” ideológica. Acomplejada históricamente, autosugestionada por una supuesta inferioridad moral respecto a la izquierda, la nueva derecha ha querido darle la vuelta a todos los argumentos que se han usado siempre en su contra para lanzarlos contra la izquierda.

Uno de los conceptos a los que la derecha ha dado la vuelta es al de los apelativos. Desde hace décadas se ha usado mucho la palabra “facha” para hacer referencia a una persona ultraconservadora, casi fascista, pero la palabra tiene un punto jocoso. Cuando imaginamos un facha, además de imaginar sus supuestas ideas, imaginamos a una persona patéticamente cabreada por la nueva sociedad y las nuevas costumbres, una persona de modo de vida alcanforado, que quiere que todo vuelva a como era hace 50 años. La nueva derecha, en su contraataque, ha usado la palabra “progre” como réplica. Un “progre”, para ellos, el una persona que defiende verbalmente los punto de vistas izquierdistas, pero que en realidad no quieren que le sean aplicables. Sería algo así como un cínico que quiere vivir como un burgués pero habla como un obrero porque es “lo moderno”. El “progre” se dedica a decirles a los demás lo que tienen que hacer, pero él no lo hace.

La nueva derecha, dirigida por personajes como Losantos, ha popularizado este término en su actual significado. Muchas personas de derechas usan este término sin saber realmente el perverso transfondo que tiene oculto. Porque realmente, esta dicotomía entre el “progre” y el izquierdista de verdad tiene un transfondo profundamente Marxista. Su introducción en el imaginario popular de la derecha lo ha realizado conversos, que en su momento militaron en la extrema izquierda y ahora lo hacen en la extrema derecha, de ahí su origen marxista.

El mero hecho de considerar que alguien que quiere vivir bien no puede defender puntos de vista izquierdistas de forma auténtica no es más que una evolución del materialismo científico y la lucha de clases. El materialismo científico concluía que el pensamiento y la ideología de una persona venían condicionados por las influencias económicas que afectaban a su vida. Un obrero debía ser revolucionario, al igual que un Burgués debía ser conservador. Como la idea es una evolución interesada, la segunda conclusión, es decir, la absurdez de que un trabajador sea de derechas, no se contempla. En cambio si se acepta que una persona acomodada, con un tren de vida alto o simplemente con las aspiración a ciertas comodidades “burguesas” no puede ser izquierdista, y si lo es debe regalar todas sus pertenencias a una ONG. Quien no lo haga, es un cínico que adquiere la categoría de “progre”, que es lo peor que se puede ser por su falsedad intrínseca.

A mí, este determinismo materialista de Marx es una de las partes de su filosofía que menos me gusta. No acepto que las personas estén condicionadas en su pensamiento e ideas simplemente por factores económicos, aunque no niego que si que tiene una importancia determinada. No lo acepto como no acepto las teorías exclusivamente estructuralistas de muchos historiadores, marxistas o no. Yo no seré de aquellos que digan que alguien que gana 900 € debe ser izquierdista por fuerza, y el que tiene 3 empresas conservador. Son simplismos que convierten al ser humano en una máquina que sólo responde a estímulos, minimizando su ética, su capacidad inventiva y de pensamiento abstracto.

La derecha actual debería darse cuenta que, infectada por sujetos que han pasado por todas la ideologías extremistas existentes, su dialéctica está repleta de conceptos que han evolucionado desde aquellos ideólogos a los que desprecian e insultan. Las contradicciones muchas veces son propias del ser humano y son inevitables, pero cuando éstas suceden porque has permitido que tus nuevas incorporaciones, de dudosa procedencia, se hagan las dueñas de tu discurso, creo que merece una reflexión sobre si el camino que se sigue es el adecuado.

 

LA REFORMA DEL SISTEMA ELECTORAL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 30-03-2009 en General. Comentarios (0)

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Hace escasas horas el consejo de estado ha puesto al servicio del gobierno de la nación un informe en el que propone una reforma del sistema electoral para mejorar la proporcionalidad en la elección de diputados. El consejo propone básicamente subir la cantidad de escaños de 350 a 400, y cambiar la ley d’hondt por el método Hare-Niemeyer. Esto parece que aumentaría las posibilidades de partidos como IU y UPyD, quizá a costa de los partidos nacionalistas mayoritarios.

Mucho se ha hablado del sistema electoral español. Los grupos nacionales de carácter minoritario, fundamentalmente IU, se han quejado mucho de un sistema que les hace sudar sangre para obtener un diputado. Pero fuera de ahí las quejas han sido escasas, porque tanto PSOE como PP y los partidos nacionalistas mayoritarios están conformes con la actual ley, que les beneficia, y al beneficiarles tienen en sus manos la gobernación del estado y la potestad de cambiar la ley, que por supuesto no realizan. Es la pescadilla que se muerde la cola.

En mi opinión antes de plantearse una reforma electoral tendríamos que pensar que tipo de sistema parlamentario queremos, uno bipartidista o uno pluripartidista. Ambos tienen ventajas e inconvenientes. El sistema bipartidista mejora la gobernación del estado y hace que los partidos tiendan al centro, evitando excesos. Sin embargo limita la pluralidad en el parlamento y condena a la marginalidad a pequeños partidos, que poco a poco pierden cuota electoral por el “voto útil”. En el caso español el bipartidismo actual tiene una peculiaridad, que es sus mayorías relativas que conceden a partidos nacionalistas la llave de la gobernación del estado, con los problemas que esto causa.

Un sistema pluripartidista sería más representativo, pero más ingobernable. Para tener un sistema de muchos partidos estos deben ser muy responsables para no romper alianzas por egoísmos. Un sistema así podría llevar a la situación de la república Italiana, donde hasta hace poco se cambiaba antes de gobierno que de corbata. Sin embargo, en el caso español este sistema tendría una ventaja: Se podrían formar coaliciones de gobierno sin contar con los partidos nacionalistas, cosa que hoy es casi imposible. Los partidos quizá no tenderían tanto al centro, sin embargo las coaliciones gobernantes tendrían que recoger varias sensibilidades y nunca tenderían a extremos, además de evitar los “rodillos” de las mayorías absolutas.

Mi preferencia personal es de un sistema parecido al alemán, con 4 ó 5 partidos importantes de alcance nacional. Bien es cierto que deberíamos tener la responsabilidad de los partidos alemanes, pero creo que se debería intentar. En un supuesto de 4 partidos (PP, PSOE, IU y UPyD) se podrían dar 3 posibilidades para el gobierno: Un gobierno PP-UPyD de centro-derecha; un gobierno centrista UPyD-PSOE; o un gobierno de Izquierdas PSOE-IU. Esto sería el planteamiento general, aunque siempre se podrían dar caso de gran coalición o de participación de partidos nacionalistas. Esto permitiría una mayor posibilidad de elección para los electores, que no verían limitadas sus opciones a dos grandes partidos a los que muchos votan para evitar que gane el otro.

Para poder llegar a este punto se necesita un cambio en la ley electoral. Generalmente, se le ha echado la culpa a la ley d’hondt, aunque personalmente no creo que esa ley sea la responsable de la poca variedad de nuestro parlamento. En mi opinión, el problema que evita la aparición de otros partidos nacionales es la enorme cantidad de circunscripciones que tenemos, 52.

La mayoría de circunscripciones no dan más de 6 o 7 diputados a cortes, por lo que un partido tiene que sacar más de un 15% de los votos para tener representación. Eso lleva a que la gente tienda al voto útil y finalmente sólo salen elegidos diputados del PP y el PSOE. Esta situación lleva a partidos como IU o UPyD a obtener escaños sólo en las provincias más grandes: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y poco más.

Como solución a esto se ha propuesto (creo que UPyD) una circunscripción única nacional combinada con otra provincial, como se hace en Alemania. A mí se me ocurre otra: Eliminar las circunscripciones provinciales y cambiarlas por circunscripciones autonómicas, que realmente es la división territorial “real” de España. Quedando sólo 17 circunscripciones la representación de los grupos minoritarios cambiaria radicalmente. Ley d`Hondt o sistema Hare aparte, ahí radica el problema de representatividad de nuestro sistema electoral.

 

LINCES Y CURAS

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 26-03-2009 en General. Comentarios (15)
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Desde hace más de un siglo, siempre que un gobierno Español  ha emprendido alguna reforma que colindase con algunos de los supuestos cimientos morales de la religión católica, tal como es entendida por su cúpula eclesiástica y por el estado vaticano, se ha creado una situación de alboroto intenso dirigida por la Iglesia española. Durante las leyes seculares del gobierno Canalejas en 1912, durante la transformación laica de la II república, durante los debates por el divorcio y el aborto de finales de los 70 y principios de los 80, así como durante el debate sobre la aprobación del matrimonio homosexual auspiciada por el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero se han creado exacerbados estados de alteración que clamaban contra la destrucción de la Familia, la moral, la vida o de España misma.

Ante el anuncio de reforma de la desfasada ley del aborto vigente en España era de esperar una reacción enérgica por parte de la cúpula de la Iglesia católica, así como el interesado apoyo del PP. Como sabe el lector, la Iglesia católica es una institución cuya especialidad es hablar de lo que no sabe. Igual que Vírgenes de 60 años que no han conocido mujer enseñan a parejas de novios como debe ser su vida matrimonial, igual que religiosos metidos a profesores que no saben como es una célula se empeñan en explicar el misterio de la vida, igual que personajes vestidos con sotanas son capaces de decidir cuales son las mejores maneras de evitar enfermedades de transmisión sexual aunque no sepan nada ni de sexo ni de enfermedades; ahora la iglesia católica conoce en qué momento de la venida al mundo de una nueva persona se genera en “don” de ser humano. En el momento de la concepción, se sobreentiende que en el momento en el que el espermatozoide alcanza en núcleo del óvulo, se genera la vida humana. Aunque no conozcan que es un embrión, los gametos, la mórula, como se desarrolla el sistema nervioso, el pensamiento, etc. Estos señores poseen una verdad incuestionable que se basa en el indiscutible argumento del “porque lo digo yo” (que soy la representación de dios en la tierra).

Además de la idea en sí, basada en el oscurantismo del pensamiento religioso más cerrado, a la que se podría no hacer caso por no tener argumento científico ninguno, la iglesia acompaña esta campaña con ese típico estilo clerical a la hora de hacer su propaganda. Este estilo propagandístico, con menos puntos que el de Goebbels aunque más antiguo y experimentado, se basa en la insinuación maliciosa y en el ocultamiento. El típico tirar la piedra y esconder la mano. El famoso cartel del Lince con el niño, que de por sí no dice nada más que “defiende la vida”, está lleno de insinuaciones casi delictivas. Cualquiera diría que el Gobierno de Zapatero se dedica a matar niños (de más de un año y con ese pijamita tan mono del cartel) cual Herodes. Igual que del cartel podríamos hablar de ese video que han visto en clase de EPC unos chavales de 4º de ESO de un instituto de la Rioja. En el video se mezclan impunemente imágenes de embriones con las de bebés totalmente formados que se supone que nacieron muertos, dando a entender a los chavales que el aborto mata a niños casi recién nacidos. Junto con esas durísimas imágenes, aparecen el presidente del gobierno y la ministra de igualdad sonriendo, dejando claro que son unos carniceros que disfrutan matando niños, como discípulos avanzados del Dr. Menguele.

Los métodos de los que creen hablar en nombre de dios no son siempre tan vomitivos. Desde que se inició en debate se ha aplicado otro método mucho más actual, este sí de la propaganda Goebbeliana, el principio de orquestación (Si una mentira se repite mil veces se convierte en verdad) aunque en combinación con el anterior. Este se basa en asegurar que el embrión es un ser humano. Evidentemente, y basándose en cualquier definición de ser humano conocida, un embrión no es un ser humano, al igual que un huevo no es una gallina, ni un melocotón un melocotonero. Por eso, estos señores están usando la fórmula de que el embrión es un “ser vivo”, intentando que el imaginario popular asocie la palabra “ser vivo” a “ser humano”, y así se convierte en un hecho indiscutible, porque obviamente el embrión es un ser vivo, al igual que son el óvulo o los 100 millones de espermatozoides que se generan por eyaculación (debe ser por eso que la masturbación es pecado).

Al final, en todo este debate se ha perdido el origen del debate, que es si se debe reformar la actual ley del aborto, fuente de numerosas ilegalidades, por otra ley más moderna y clara. Para eso se convocó un comité de expertos que han concluido las líneas generales de la nueva ley.

Se puede discutir si debería ser 12, 14 o 16 semanas, si algún supuesto debería variar la regla general, etc. Creo que ese debate sería interesante y enriquecedor. Pero una cosa tengo clara. Entre un comité de médico expertos y un comité de analfabetos científicos con sotanas, me alineo totalmente con el primero por lógica y sentido común. Quien quiera seguir al segundo, que piense como estaba el mundo cuando los antepasados de esos señores marcaban la vida en occidente y quemaban a los primeros en la hoguera.

DICTADURA FALLERA

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

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Como cada inicio de Marzo en nuestra soleada ciudad, ha llegado la hora de las Fallas. Los más afortunados, poseedores de segundas propiedades no muy lejos de la capital, se exilian temporalmente con inusitada tranquilidad de la ciudad, antes de que llegue la vorágine. Para el resto llega el momento de disfrutar…o sufrir.

Las fallas en la ciudad de Valencia son una fiesta peculiar. Todas la fiestas patronales suponen una alteración en la vida de una ciudad, pero en el caso de Valencia no hay una alteración, lo que hay es una revolución a todos los niveles. Todo el entorno en el que sucede nuestra vida social se ve alterado. Las calles por las que circulamos están cortadas, los lugares donde aparcamos están ocupados, las zonas por las que paseamos están colapsadas por una invasión de chavales petarderos que actúan en régimen de impunidad, los exteriores de nuestras viviendas están sometidos cada noche a unos decibelios insoportables, que nos impiden dormir.  Además, podríamos hablar de los colapsos típicos de este tipo de fiestas, que impiden prácticamente cualquier visita a zonas céntricas de la ciudad. En fin, un auténtico “Estado de Guerra”.

Muchas asociaciones vecinales se quejan anualmente por esta situación, pero parece que están silenciadas ante la opinión pública. La única conquista de los vecinos fue el cierre de las verbenas callejeras a las 3 de la mañana, con lo que se consigue que el ruido cese a las 5 de la mañana, cuando se dispersa la gente, con lo que el honrado trabajador que se levanta a las 7 de la mañana consigue dormir un par de horas, ¡Gran conquista!

Esta situación se ha establecido como algo habitual e inevitable. El ayuntamiento de Valencia, gobernado por Rita Barberá, considera que la creación de una gran ciudad turística es la única prioridad de su gobierno. Por supuesto las Fallas juegan un papel clave en esta política. Que los ciudadanos vean su vida afectada de forma terrible (Recordemos que la gente trabaja estos días de fallas) es irrelevante para el consistorio, tanto en este caso como en cualquier otro. Cualquiera que se atreva a criticar la dictadura fallera será tildado de antivalenciano, y los sectores más radicales le acusarán de ser un agente a sueldo de Carod Rovira. Así pues, los valencianos capitalinos nos vemos obligados a aceptar que el caos, la guerra simulada, el frenesí constante y la destrucción de nuestro modo de vida es algo inevitable durante 15 días, y además, tenemos que aplaudir.

Aunque haya gente que piense así, hay otro modo de llevar las cosas. El la Xàtiva de Alfonso Rus, por ejemplo, no se pueden instalar carpas en las calles. Si los falleros quieren hacer fiesta, la deben hacer en el propio casal fallero, que debe estar insonorizado para no molestar a los vecinos. Los niños no pueden tirar petardos a los viandantes como en Valencia, puesto que les serían decomisados y sus padres advertidos. La verdad es que esto no se debe a un afán de protección de la vida del ciudadano, se debe básicamente a la voluntad personalísima de Alfonso Rus, al que no le gustan las Fallas. Alfonso Rus, personaje intermedio entre un cacique y un señor feudal, convierte su voluntad en ley. Las Fallas no, pero si hablamos de la Feria de Xàtiva, las cosas serían diferentes.

Espero que los 80 ó 100000 falleros que hay en Valencia se lo pasen bien estas fallas. Los otros 700000 nos aguantaremos, nos iremos o intentaremos llevarlo de la mejor manera posible, intentando aprovechar lo bueno que tiene la fiesta.

GUERRA CIVIL

Escrito por lasuertesonriealosaudaces 09-03-2009 en General. Comentarios (8)

El otro día me pidieron un contexto histórico para un trabajo universitario sobre la música en la guerra civil y me ofrecí a hacerlo. Me parece interesante colgarlo para quien lo quiera leer, así que a continuación os lo dejo.

 

 

CONTEXTO HISTÓRICO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

ANTECEDENTES

 

Durante los años 30 en Europa se vivió una guerra ideológica entre los distintos modelos de sociedades existentes en aquel momento. La crisis económica de 1929 se convirtió en la crisis de la propia democracia liberal, dando lugar al auge de movimientos antiliberales en distintos países. Por una parte, una parte del proletariado europeo y los partidos que los representaban creyeron que era el momento de una revolución proletaria parecida a la rusa, que acabara con el capitalismo burgués en crisis. Por otra, los diferentes movimientos conservadores, asustados ante la posibilidad de una revolución proletaria y desencantados con la debilidad del capitalismo liberal, comenzaron a apoyar distintos movimientos de corte autoritario/ totalitario que prometían acabar con la lucha de clases y asegurar su estatus social.

Esto generó una triada de modelos y por lo tanto una triada de ideologías que lucharían por imponer un tipo de estado: El estado democrático (que más que imponerse intentaba resistir allí donde estaba implantado), el estado Autoritario de origen reaccionario (donde convivirían las dictaduras conservadoras autárquicas tradicionales con modelos más modernos, como el Fascismo y el Nazismo), y el estado revolucionario socializante (De esencia Marxista fundamentalmente).

La España de los años 30 no era una excepción a esta situación. La existencia de una democracia liberal, la II república, se veía amenazada por el auge de movimientos extremistas, tanto revolucionarios de Izquierda como reaccionarios de derecha. Sin embargo en España existían ideologías que en el resto de Europa ya habían desaparecido.

 

En Europa, los movimientos “reaccionarios” más potentes eran los fascismos. El fascismo se definía a sí mismo como movimiento revolucionario, por encima de derechas o izquierdas, que traería el orden, acabaría con la lucha de clases, llenaría la sociedad de un espíritu “patriótico” y una disciplina casi militarista, pero a la vez también traería mayor bienestar a las clases obreras y no permitiría un capitalismo extremo. Los conservadores europeos, ante el pánico por una revolución obrera, se echaron a los brazos de estos fascistas, que si bien iban a establecer cierto control estatal sobre la economía, garantizaban la propiedad privada y el orden, por lo que las clases conservadoras los consideraban una garantía aunque tuviesen que pagar un pequeño precio. A pesar de la existencia de multitud de dictaduras no fascistas en la Europa de la época, hubo cierto movimiento de contagio, imitando muchas de ellas la estética militarista del fascismo, la autarquía económica, el nacionalismo exacerbado, etc.

Sin embargo en la España de la época el partido fascista existente, la falange Española, no obtenía representación parlamentaria. Su espacio electoral estaba ocupado por partidos más tradicionalistas: la CEDA (partido católico de derechas), que defendía confusamente el conservadurismo social, sin saber muy bien si era democrático o no; y el Bloque nacional de Calvo Sotelo, que defendía un estado autoritario antidemocrático, muy parecido al fascista, aunque sin usar este apelativo. Además de estos partidos en España existía el Carlismo, movimiento defensor de la vuelta a la Monarquía absoluta del antiguo régimen, algo inexistente en el resto de Europa.

 

En cuanto a los movimientos revolucionarios en Europa, estos eran fundamentalmente de corte marxista y aspiraban a una revolución de tipo soviético. Estaban dirigidos por los partidos comunistas y socialistas más radicales. No obstante, en 1935, Stalin cambió la política de la internacional comunista, indicando a los partidos comunistas de todos los países que olvidasen a corto plazo el objetivo de una revolución, y que ayudasen a los partidos burgueses de Izquierda a llegar a los distintos gobiernos europeos. Esta política de los “frentes populares” no era ni más ni menos que una política defensiva del estado soviético. En varios países de Europa las victorias electorales de partidos derechistas poco democráticos habían sido el preludio para la instauración de dictaduras fuertemente antimarxistas. Stalin veía como Europa se llenaba de estados enemigos, y temiendo una posible invasión intentó evitar que surgiesen más dictaduras de este tipo, siendo la manera más sencilla apoyar a los partidos burgueses progresistas a llegar al poder y así evitar el surgimiento de nuevas dictaduras.

En España, la distribución de las fuerzas “revolucionarias” era totalmente distinta. El partido comunista en 1933 obtuvo un solo diputado de 400, y en 1931 no había obtenido ninguno. El voto Marxista de concentraba en el PSOE, donde coexistían desde Socialistas moderados que querían consolidar la república y realizar reformas moderadas que mejorasen el nivel de vida de los obreros, hasta movimientos casi revolucionarios que querían una revolución marxista, pero no soviética.

Sin embargo el movimiento revolucionario más importante de España era el anarquismo, con su sindicato, la CNT, que era el sindicato con más afiliados de España en 1936. Los anarquistas querían una revolución que destruyese en estado Burgués, pero no tenían la intención de instaurar otro, como los marxistas, si no que querían una libertad absoluta para organizar la sociedad “desde abajo” en base al libre acuerdo. Además de los anarquistas, también existían en España otros grupos revolucionarios antisoviéticos como el POUM, trotskista. Todo esto daba al ala revolucionaria española una composición totalmente distinta al resto de países europeos, donde el anarquismo había desaparecido hacía décadas.

 

Para dar una visión a las fuerzas democráticas, podemos decir que estas iban desde el ala “liberal” de la CEDA (Gimenez Fernández, Luís Lucía) pasando por la derecha republicana, el partido Radical (centro-derecha), la unión republicana (centrista), izquierda Republicana (centro-Izquierda) hasta la parte moderada del PSOE (Prieto, Besteiro), que era mayoritaria. También comentar que los partidos nacionalistas, ERC y PNV, también entrarían en este grupo. Estos grupos eran perfectamente equiparables a los partidos de países como Francia, Reino Unido o EE.UU.

 

Después de este repaso podemos observar como la composición ideológica de la sociedad española de los años 30 era extraordinariamente compleja, siendo prácticamente un pulverizado de ideologías y modelos, aunque todos ellos se pueden encuadrar en los 3 grandes grupos que hemos hablado, que podemos simbolizar con las tres R: Reacción, Reforma(demócratas) y Revolución.

 

ESPAÑA EN 1936

 

Las elecciones de Febrero de 1936 se presentaban reñidas. El gobierno en funciones, que representaba a los partidos de derecha republicana, esperaba de forma un tanto cándida un triunfo de sus candidaturas.

Por la derecha de dudosa republicanidad se presentaban la CEDA, vencedora de las anteriores elecciones, y el Bloque Nacional, que defendía un estado autoritario.

Por la Izquierda se presentó una candidatura única, el Frente Popular, que abarcaba desde la centrista Unión republicana hasta el Partido Comunista. El Frente popular era una candidatura defensiva, cuyo pacto originario indicaba que de ganar las elecciones gobernarían los republicanos Burgueses, quedando los proletarios como apoyo parlamentario. El programa del Frente Popular era moderado, sin prever ninguna nacionalización, siendo sus ejes principales la amnistía de los presos de la revolución de Asturias, el reparto de tierras de los grandes latifundios entre campesinos sin tierra, reactivar las políticas laicas y de modernización del estado, y mejorar el nivel de vida del proletariado.

El 16 de Febrero el Frente Popular ganó las elecciones de forma ajustada, aunque el sistema electoral le dio una amplia mayoría parlamentaria. Azaña formó un gobierno exclusivamente con republicanos burgueses. Sin embargo, a pesar que los republicanos pensaban que este gobierno tranquilizaría la política del país, ya que por una parte era un gobierno cercano a los obreros, y por otra era moderado y no abarcaba ninguna nacionalización y no debería producir excesivo miedo a las clases más conservadoras; la realidad fue bien distinta. Los grupos más a la derecha empezaron una campaña de asesinaros para llevar al país a una situación caótica (esperando que así interviniesen los militares), los más revolucionarios respondían de la misma manera, haciendo además ademán de haber obtenido una victoria “proletaria” (con la inhibición interesada del líder de la facción más radical del PSOE, Francisco Largo Caballero) y actuando como si la revolución estuviese próxima, cosa que asustaba a los propietarios.

La situación de orden público era bastante mala, excepto en Cataluña, cosa que llevo a los militares más antirrepublicanos (que ya habían contemplado la posibilidad de un golpe para evitar que el frente popular llegase al poder) a intentar convencer a sus colegas que España se dirigía hacia un caos revolucionario, y que debían hacerse con el poder. El gobierno, acosado por derecha e Izquierda, no sabía muy bien como actuar, y esperaba que se calmasen los ánimos y la calma volviese por si sola, cosa que no sucedió.

Se podría decir que en el subconsciente español había dos temores principales en función de las afinidades políticas de cada uno: Por un lado existía un miedo a la Revolución comunista por parte de las personas más conservadoras. El comunismo, según ellos,  traería la expropiación de las tierras y empresas para dárselas a los obreros, la erradicación de la moral católica en la sociedad implantando el libertinaje, llevaría a la destrucción de la unidad de España mediante las autonomías, etc.

Por otro lado existía el miedo al Fascismo. El fascismo, según ellos, llevaría a la esclavización del proletariado, al oscurantismo intelectual de la España de la inquisición, a la eliminación de las libertades públicas y a la opresión de las nacionalidades históricas por parte del nacionalismo Español.

 

El 17 de Julio se produjo el alzamiento militar en el protectorado de Marruecos y el 18 y el 19 en distintas zonas de la península. No en todas las guarniciones se produjeron sublevaciones. En muchos lugares los militares fieles a la republica evitaron cualquier sublevación militar. En otros, los sublevados se apoderaron de la región militar correspondiente. Un caso especial fueron Madrid y Barcelona.

Tanto en la capital como en la ciudad condal se produjeron sublevaciones de distintos regimientos, pero estos no llegaron a triunfar. No solo se le opusieron otros regimientos leales al gobierno, si no que milicias obreras que habían conseguido armarse se unieron a los militares leales para aplastar la sublevación. Esta situación produjo que la masa obrera de Madrid, y sobre todo de Barcelona, quedase armada. En Barcelona la CNT se hizo la dueña de la ciudad, y una vez derrotados los militares se dedicaron a hacer la revolución libertaria como si hubiese triunfado la revolución. Con más moderación se dio la misma situación en Madrid, y en otras ciudades y pueblos de la España republicana, en las que milicias de obreros se armaron (bien porque consiguieron las armas, bien porque se las dio el gobierno) y actuaron como si un periodo revolucionario hubiese llegado. Esta situación, unida a que los regimientos leales no estuvieron operativos en los primeros momentos ya que el gobierno republicano no se acababa de fiar de ellos, provocó que los primeros meses de la guerra civil el ejército republicano estuviese compuesto de milicias autónomas, con sus propias normas, disciplina e intenciones. Estas milicias eran políticas, es decir, podían ser de un sindicato o un partido, pero casi siempre respondían a una ideología determinada, siendo en el fondo milicias políticas muy dispares entre sí. Hasta pasados unos meses las milicias no se integraron en un ejército como tal, llamado ejército popular republicano, aunque incluso después de su militarización siguieron conformando grupos políticamente homogéneos.

El inicio de la guerra civil supuso, pues, el colapso de la autoridad del gobierno y el inicio del poder popular. Las características de este poder popular fueron muy diferentes en función del lugar, ya que no obedecían a ningún plan y se producía de forma espontánea. En muchos lugares se hizo una colectivización de las empresas y los servicios públicos, en otros no. En algunos lugares hubo una oleada de crímenes políticos contra sacerdotes, falangistas, militares, etc. En otros, nada ocurrió. No había homogeneidad en este proceso revolucionario, tan sólo la primacía del poder local sobre cualquier autoridad externa, por lo que en función de la primacía política del lugar o de la presencia de milicias de un partido u otro se hacía la revolución de una manera, de otra, o no se hacía nada.

En la zona sublevada nada de esto ocurrió. Durante los primeros días sí que hubo asesinatos por parte de falange o de algún otro grupúsculo, pero los militares tomaron el control en cuestión de días, acabando con los descontrolados, aunque no con los asesinatos, que se siguieron cometiendo ahora bajo la jurisprudencia militar y sus juicios sumarísimos. Las milicias de Falange o de los carlistas fueron rápidamente incluidas dentro del ejército nacional, por lo que sí se produjo una militarización desde el primer momento, habiendo desde ese momento una disciplina férrea.

Los militares aplicaron el estado de guerra a toda la zona que ellos controlaban (el gobierno republicano no declaró el estado de guerra excepto en las zonas de frente). Los generales sublevados actuaron como verdaderos virreyes haciendo y deshaciendo lo que les parecía, sobre todo en los primeros meses. Los partidos políticos fueron prohibidos, sus líderes (si no eran afectos a la rebelión) encarcelados o fusilados. Se estableció el toque de queda. Las propiedades de los terratenientes que habían sido entregadas a los campesinos les fueron devueltas, la Iglesia gozó de la máxima autoridad moral y política desde el primer momento, debido a su apoyo casi sin fisuras (excepto en Euskadi y de alguna honrosa excepción) a los alzados.

Es importante destacar que en el único lugar donde la rebelión fue “popular” fue en Navarra, donde el Carlismo era predominante. En el resto de lugares no recibió el apoyo popular esperado (excepto quizá en las zonas rurales de castilla, con un campesinado muy religioso y conservador), por lo que los militares consideraron a la población como hostil, aumentando la sensación de dureza y terror para conseguir dominar esas zonas.

 

 

CARACTERÍSTICAS DE LOS BANDOS ENFRENTADOS

 

Los 2 bandos enfrentados en la guerra civil, que llamaremos republicanos y nacionales, tenían características muy diferentes en prácticamente todos los ámbitos.

 

El bando Nacional fue mucho más homogéneo que el republicano. Su base fundamental era el ejército sublevado, alimentado con voluntarios del Carlismo, la Falange y de forma individual personas que consideraban que estaban “salvando a España”.

Dentro del bando nacional surgió un líder fuerte, el general Franco. Fue líder indiscutible hasta su fallecimiento en 1975. Franco fue poco a poco ocupando todos los cargos del estado, la jefatura del gobierno, del estado, del ejército, del partido único y ¡Hasta nombraba cargos religiosos!

El bando nacional representaba la lucha contra los “rojos”. Los “rojos” eran los marxistas y revolucionarios del bando republicano, pero también eran aquellos que defendían el laicismo, el sufragio universal, la autonomía regional, y, en resumen, todos aquellos que habían adquirido la herencia de los movimientos políticos y sociales de los siglos XVIII,XIX y XX. Para los nacionales, esos modelos extranjeros habían contaminado España y la habían llevado a la decadencia y al borde de la extinción. Su pretensión era la recuperación de la España imperial de los siglos XV y XVI, y organizar la sociedad en base a los conceptos que ellos consideraban que eran inherentes a España: El catolicismo, el ejército, el orden tradicional, etc.

Todo esto estaba teñido con ciertas formas del fascismo moderno. Franco actuaba de líder supremo como Hitler o Mussolini; se adoptó el saludo romano brazo en alto, se estableció un partido único con la fusión de la falange y los carlistas (partido único cuya ideología básica era la obediencia a Franco), el culto a la violencia, etc.. En el fondo se estableció una especie de semi-fascismo, pero con características sociales casi feudales.

Muchos autores han comentado que Franco, más que implantar en España a un Fascismo moderno, pretendía devolver a España al Feudalismo. Gentes tan dispares como Orwell – “Franco pretende implantar el feudalismo, no un fascismo moderno, por eso la Burguesía que apoya al fascismo cuando aparece de una forma más moderna aquí no lo apoya”- o Azaña –“Si ganan la Guerra establecerán la típica dictadura militar y eclesiástica española. En España puede haber todos los fascistas que se quiera, pero un régimen fascista no lo habrá nunca. Desfiles militares y homenajes a la virgen del Pilar. Por ese lado, el País no da para más”-. Esta visión no es veraz del todo, sin embargo había claramente componentes tradicionalistas en la ideología del nuevo régimen. Su defensa del orden social tradicional y de la influencia de la iglesia no es comparable a la de otros fascismos. De hecho, en 1937,  uno de los fundadores de Falange, Manuel Hedilla, se sublevó contra Franco cuando éste unificó la falange con los Carlistas. Muchos falangistas que defendían una política económica más moderna, con más apoyo a las clases obreras, veían la política del estado nacional como claramente reaccionaria. Los críticos acabaron presos, y después de eso la falange pasó a ser un partido fiel al Caudillo.

Dentro de la base social del bando nacional estaban los ya mencionados Carlistas y Falangistas,  la mayoría de la oficialidad del ejército, la iglesia, y las personas provenientes del bloque nacional, la mayoría de la CEDA, y algún republicano desencantado. La alta Burguesía y el campesinado conservador eran las clases que más lo apoyaban.

El ejército nacional estaba compuesto de la mayoría del ejército español anterior unida a voluntarios españoles. Pero realmente el potencial militar de este ejército venía de la parte no española del ejército. Desde el primer momento los nacionales contaron con la legión extranjera (“mora”) de Marruecos, Varias decenas de miles de hombres de una crueldad superior a los españoles y que eran como una fuerza de choque de élite. Los franquistas también contaron con el apoyo total de la Italia Fascista y la Alemania Nazi. Italia envión casi a 80000 “voluntarios” de su ejército, además de enviar aviones y armas. Alemania envió a la legión cóndor, fuerza de aviación de élite, y mucho material militar del más moderno. Durante muchos años se escondió a la opinión pública española la proporción verdadera de la ayuda Italiana y Alemana, que fue definitiva para la victoria nacional.

 

El bando republicano era mucho menos homogéneo que el nacional. Sus apoyos eran muy amplios. Desde la derecha republicana, pasando por todos los partidos republicanos de centro y de Izquierda, los socialistas, comunistas, anarquistas y Nacionalistas Vascos y Catalanes. La república triunfó el 18 de Julio en prácticamente toda la España Urbana y moderna, siendo sus apoyos el proletariado urbano, la clase media liberal y el campesinado revolucionario.

A pesar del gran número de apoyos, los republicanos estaban profundamente divididos en los motivos que les llevaban a hacer la guerra y en su modelo de sociedad a defender.

Por un lado todos los republicanos, los nacionalistas y los socialistas moderados (y los comunistas por una apuesta táctica) defendían la democracia republicana tal y como estaba definida en la constitución, y su gobierno progresista.

Sin embrago los anarquistas y otros grupos marxistas revolucionarios defendían la república como antesala de una revolución obrera. Estos grupos querían realizar una revolución a la vez que se hacía la guerra. Realmente no defendían la república ni la democracia como tal, si no que su alineamiento correspondía a su rechazo absoluto al los sublevados, que superaba a su rechazo a la democracia burguesa.

El bando republicano representaba la lucha contra el “fascismo”. Como fascismo se entendía no solo los regímenes de Hitler y Musolini, si no cualquier dictadura de tipo militar conservador. Para los republicanos, una victoria de los sublevados representaba la vuelta al pasado, al pasado de la España inquisitorial, oscura, atrasada, y traería una represión brutal contra todos los que les fuesen desafectos.

El ejército republicano fue en primer momento un conglomerado de milicias independientes de distintos signos políticos. Posteriormente, durante la presidencia de Largo Caballero, las milicias fueron militarizadas e incorporadas al ejército popular republicano, bajo el mando de oficiales de carrera. No obstante, muchas veces esto no representó un cambio real, y muchas milicias siguieron luchando de la misma manera a cuando eran independientes. Se conocen muchos casos de milicias anarquistas que se negaron a seguir una disciplina militar, que iba contra sus ideas. Las milicias anarquistas no tenían la estructura de un ejército “de clase”. No había rangos militares; las decisiones se tomaban por votación; los soldados tenían días libres los domingos, etc. Estas milicias “rebeldes” no fueron militarizadas realmente hasta después de los sucesos de Mayo del 37.

Por la propia naturaleza de los acontecimientos las milicias y el ejército republicano se nutrió de gentes provenientes de Sindicatos y Partidos proletarios. Los partidos  republicanos normalmente no crearon milicias (Eran partidarios de un ejército organizado) ni sus gentes salieron a combatir el 18 de Julio, por lo que su fuerza militar quedó muy limitada comparada a la de los partidos proletarios. Esta nueva situación llevó a que el centro del poder real, que hasta ese momento estaba en manos de los republicanos burgueses, virase hacia los partidos y sindicatos proletarios. Tan sólo ERC y PNV mantuvieron un poder preponderante en sus respectivas comunidades. En el resto de España, los partidos socialista y comunista, y a principio de la Guerra los Anarquistas, ejercieron la mayor parte del poder real.

Además de estas milicias y del ejército popular, la república contó con el apoyo de las brigadas internacionales. Las brigadas intencionales fueron creadas por idea de la internacional comunista para reclutar por todo el mundo voluntarios que quisiesen luchar contra el fascismo en España. La Mayoría de estos voluntarios fueron comunistas, aunque no todos. Eran reclutados en sus países de origen, muchas veces clandestinamente, y enviados a España. En función de su nacionalidad crearon milicias, como el batallón Garibaldi (de Italianos antifascistas) o el batallón Lincon (norte americano), aunque los de nacionalidades de menor número de voluntarios de mezclaban con los de otros países. Fueron muy importantes moralmente en la defensa de Madrid, aunque después no jugarán ningún papel relevante.

Además de las brigadas internacionales, la república recibió el apoyo durante el primer mes de Francia (luego de inhibió) y durante toda la guerra de la URSS y México. México envío fusiles dentro de su limitada capacidad, pero su contribución principal fue ser refugio para gran número de exiliados. La URSS vendió a la república material militar de todo tipo a cambio de Oro. Prácticamente todo el Oro del Banco de España fue enviado a Rusia para comprar armas, que muchas veces eran obsoletas y caras, aunque el gobierno no tenía otra alternativa puesto que los países democráticos (Excepto México, Checoslovaquia y en primer momento Francia) se negaron a venderles armas escudándose en la no intervención. Los rusos también enviaron instructores de vuelo, pilotos y generales del estado mayor, aunque la colonia rusa en España no llego a superar las 1000 personas. La Mayoría de los consejeros militares rusos que estuvieron en España fueron fusilados a su regreso a Rusia por orden de Stalin.

Durante la guerra las diferentes facciones políticas republicanas intentaron hacerse fuertes en la sociedad para ganar influencia para el día que llegase la paz, y  fundamentalmente lo hicieron en el ejército. Los comunistas y anarquistas hacían propaganda en el ejército para intentar atraerse al mayor número de soldados. Los comunistas hicieron una campaña de proselitismo muy importante entre los altos oficiales del ejército, a los que invitaban a afiliarse al Partido comunista. Hay que comprender que en esa época tener el carnet de un partido era la mejor manera de  demostrar lealtad a la república, con lo que mucha gente se afiliaba a cualquier partido o sindicato sin importar cual. Como ejemplo de la importancia de esto está el caso del General Asensio, jefe del estado mayor con Largo Caballero. Asensio, que era un militar profesional sin afiliación, prohibió hacer proselitismo en el ejército. Los comunistas y anarquistas le pidieron a Caballero que le destituyese, a los cual se negó. No obstante, desde aquel momento los comunistas persiguieron a Asensio hasta lograr su destitución. Hasta ese punto era importante el proselitismo en el ejército.

A diferencia del bando nacional, el bando republicano no tenía un líder claro. Cada grupo seguía a un líder en función de sus ideas. Los anarquistas seguían a Durruti, los comunistas a la Pasionaria, los socialistas a Caballero o a Prieto, y los Republicanos hacían caso de las palabras del Presidente Azaña.

Quizá durante unos meses el líder del bando republicando fue Largo Caballero, presidente socialista llamado el “Lenin español”. Sin embargo un movimiento político organizado por el Partido comunista, parte del socialista con la aceptación de los republicanos y de Azaña relevó a Caballero del Poder. El siguiente presidente fue Negrín, que también tuvo bastante apoyo popular, aunque finalmente fue el blanco de todos los fracasos y frustraciones de las familias políticas republicanas. Azaña nunca pudo representar al líder de la república, puesto que de cargo era más representativo que real, aunque tenía un poder teórico para cambiar gobiernos. Seguramente la ausencia de un líder claro que fuese aceptado por todos los grupos fue uno de los principales problemas para la descomposición progresiva del bando republicano.

A partir de los sucesos de Mayo, que produjeron la caída de Caballero y su sustitución por el doctor Negrín, el poder de los anarquistas fue en declive, mientras que el del partido comunista aumentaba. El aumento del poder comunista provocó la desconfianza de todos los republicanos y de parte de los socialistas, así como de los anarquistas. Estas fuerzas comenzaron a pensar que los comunistas tenían demasiado poder, y que la URSS, que dirigía la política comunista, estaba dirigiendo también la política del Dr. Negrín. Después de una sucesión de derrotas y de la dimisión de Azaña como presidente de la república, las fuerzas anticomunistas se aliaron y dieron un golpe de estado contra el gobierno del Dr. Negrín con el objetivo de acabar con la guerra y firmar una paz honrosa, cosa que finalmente no consiguieron.