LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

Aquellos días de Marzo (II)

 

ZP, NO NOS FALLES...

 

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El día 14 de Marzo de 2004, una vez conocidos los resultados electorales que daban la victoria al PSOE, hubo una pequeña y contenida celebración en las afueras de la sede del PSOE en el Madrid aún de luto por los ataques terroristas. Muchos jóvenes le gritaron al futuro presidente del gobierno “Zapatero, no nos falles”, a lo que él respondió “No os fallaré”…Nunca ha habido un mejor momento para decir, simplemente, lo intentaré.

 

En aquellos días yo tenía 22 años y estaba a punto de acabar mi carrera de químicas. En los años anteriores, y sobre todo desde la llegada del euro en España se había vivido un aumento del coste de la vida, que contrastaba muchísimo con los salarios bastante precarios que cobraban las personas que entraban al mercado laboral, con esa palabra que empezaba a hacerse famosa entonces: mileurismo.

Dentro del aumento del coste de la vida había una partida que era la que realmente hacía escandalosa la subida, esta era la vivienda. No recuerdo las cifras exactas pero casi podría asegurar que desde 1998 hasta 2004 el precio de la vivienda más o menos se duplicó, mientras los salarios crecían en torno al IPC, que acumulado no sería más de un 15%. Los alquileres subían a la par del precio de la vivienda en propiedad, gracias a este mercado de vivienda descompensado que tenemos, con 9 de cada 10 viviendas en propiedad. Los jóvenes veíamos como una compra de casa se nos volvía imposible con nuestros sueldos, y un alquiler se volvía un coste demasiado alto proporcionalmente a nuestros ingresos. La vivienda se había convertido en un artículo de lujo, mientras nuestros padres nos contaban que cuando ellos eran jóvenes se compraron su primera vivienda con los ahorros de dos o tres años, sin necesidad de préstamos.

Además de esto por mis estudios parecía que una salida laboral muy probable para nosotros era la investigación. Pero la investigación en España era algo sumamente precario, a base de becas miserables con las que ni siquiera cotizabas a la Seguridad social. Algunos de mis compañeros aspiraban a irse fuera de España, a la potentísima industria química alemana, o a Francia. Estoy seguro que muchos otros universitarios de carreras científicas y técnicas lo veían entonces como nosotros.

 

Los jóvenes observábamos al gobierno Aznar como un gobierno despreocupado por la juventud. La prosperidad de España se construía para la generación anterior a la nuestra y se daban síntomas claros de que nuestra vida sería peor que la de nuestros padres mientras a nadie en el gobierno parecía importarle.

Zapatero, en cambio, era un hombre de una generación más reciente. Cuando ganó las primarias recuerdo que no era de mis candidatos favoritos (prefería antes que a él a la guerrista Matilde Fernández, e incluso a Rosa Díez. Sólo le prefería sobre Bono), sin embargo cuando salió elegido recuerdo leer una amplia entrevista en EL PAÍS. Ahí Zapatero se mostró como un hombre de ideas muy republicanas, alejado del Felipismo y de los peores tiempos del PSOE, con una sensibilidad social que contrastaba con la del presidente del gobierno. Creí ver en esa entrevista, y en los años anteriores a su llegada a la presidencia, que Zapatero era un hombre verdaderamente izquierdista y no iba a caer en esa deriva conservadora en la que cayeron los últimos gobiernos de Felipe González. Un embajador de EE.UU dijo que el gobierno Zapatero era el más izquierdista que había tenido España desde la II república. Esa apreciación, que el embajador creía por sus prejuicios, era también lo que pensaba yo antes de que Zapatero formase gobierno, más que por mis prejuicios por cierta visión utópica y juvenil.

 

Recuerdo que el día siguiente a las elecciones, el 15 de Marzo, comenzaban las fallas en Valencia. En Fallas se trabaja hasta el día 18 ó 19, y recuerdo ir al centro de investigación ese día 15. Las caras eran de satisfacción general, sobre todo entre los jóvenes investigadores (recuerdo una chica llamada Ana que me contó que sacaron la botella de Champán para celebrarlo) pero también en los más veteranos. El jefe de departamento era amigo de Joan Ribó, presidente en ese momento de IU en la comunidad Valenciana, y la hija de Ribó, de hecho, hacía el doctorado allí. El ambiente era, pues, bastante izquierdista.

También casi todos mis amigos estaban contentos, pues éramos mayoritariamente de izquierdas. Recuerdo cantar y gritar “ZP,ZP” cuando veíamos a alguno de nuestros amigos que eran del PP (Recuerdo ahora a Jesús, comentarista habitual), ante sus indisimuladas caras de cabreo, sobre todo al sonar una canción muy famosa de Carlinhos Brown que daba juego para la rima.

Hoy en día, si viajase al pasado, me daría vergüenza verme cantando “ZP,ZP” y me pegaría una colleja a mi mismo por iluso, pero bueno cada momento tiene sus cosas y en aquel había esperanza por un futuro mejor para los jóvenes.

 

La primera medida del gobierno Zapatero fue la retirada fugaz de Irak, de la que dio orden en el primer consejo de ministros. Recuerdo enterarme de la noticia al comprar la prensa en el viaje de vuelta de Tenerife, que era el viaje fin de carrera que hice. En aquel momento me pareció una decisión acertada y muy valiente, y pensé que su rapidez era para evitar presiones posteriores de los EEUU. Por fin podíamos ver como la voluntad popular se cumplía, y eliminamos de golpe aquel patético servilismo ante la administración Bush, producto únicamente de la megalomanía del expresidente Aznar, que para adquirir relevancia internacional había convertido a su país casi en un estado satélite. Los presidentes que llegan a sus últimos años y saben que no van a repetir son muy extraños. Generalmente les da por intentar arreglar el mundo y se vuelcan exclusivamente en política exterior, sin embargo al nuestro le dio por la misma vía pero por intenciones egoístas y megalomaniacas.

Realmente esta soberanía nacional recobrada fue un espejismo. Con el paso de los años y, sobre todo, gracias a las filtraciones de wikileaks, sabemos como a partir de ese momento el valiente gobierno de España se convirtió en un pelota redomado cada vez que uno de sus miembros veía a un dirigente norteamericano. Desde 2004 hemos ido arrastrándonos patéticamente paga ganar la simpatía de los EEUU, cuya diplomacia vio un filón en nuestro indisimulado arrastre y se dio cuenta que con la estrategia del palo y la zanahoria convertía al gobierno Español en un juguete en sus manos. Cada acción mínimamente incómoda para los EEUU se convertía en un agravio, que generaba 5 bajadas de pantalones posteriores ante sus intereses.

Se ha sabido, por ejemplo, el conocimiento del gobierno Español sobre los vuelos de la CIA, como se ha querido compensar la retirada de Irak con una sobreactuación en la misión en Afganistán y como el gobierno Español ha maniobrado para que el caso del cámara de Tele 5 muerto en Irak, José Couso, no cayese en manos de Garzón y cómo intentó por todos los medios que se cerrase el caso. Todas estas actuaciones son lamentables e impropias de un gobierno serio, fuerte y con orgullo patriótico. No ha sido por megalomanía, pero estas acciones han sido igual de serviles que las del gobierno Aznar. Tanto hablar del eje Franco-Alemán para caer, otra vez, en lo mismo.

 

Las esperanzas depositadas en materia económica y social no han tenido mejores resultados que la política exterior. Los que esperábamos que el nuevo ministerio de la vivienda sirviese para algo no podemos tener mayor decepción hoy. Los precios de la vivienda siguieron subiendo de la misma manera durante el gobierno de Zapatero, sin que nadie hiciese nada por evitarlo. Sé que era difícil matar a la gallina de los huevos de oro mientras vivía, pero el sobredimensionamiento de los precios de los activos inmobiliarios y el sobreendeudamiento privado presagiaban una catástrofe. Y esa catástrofe ha sido común a otros muchos países, es verdad, y este gobierno no es culpable de su génesis, pero los jóvenes no votamos a Zapatero para que dejase campar a las fuerzas de la especulación inmobiliaria a sus anchas. El dejar hacer ha sido la política económica de este gobierno, puro seguidísimo de la del gobierno anterior.

El crecimiento económico de los años del boom tampoco se usó para nada productivo, ni para usos sociales. Quizá lo único destacable fue el aumento de las pensiones mínimas, que subieron bastante hasta la crisis presente. Pero comparado con el crecimiento económico estas subidas no son nada. El aumento de recursos del estado se usó en bajar los impuestos, como siempre, y en no actuar sobre despilfarros existentes sobre la administración del estado. Nada de política de desarrollo ni de investigación, nada de política industrial. Cuando la construcción acabó y el paro subió, el superávit se convirtió de la noche a la mañana en déficit, y es cuando hemos visto la parálisis de la década anterior y los errores de la política de los últimos 15 años.

 

En materia de relaciones iglesia-estado tampoco hemos visto nada relevante. La aprobación del matrimonio homosexual fue una apuesta valiente, producto del primer impulso reformista del gobierno. Pero a partir de ahí llegó la parálisis y el asustarse de todo. La reforma de la financiación de la iglesia se hizo con tanto cuidado que, al final, a lo único que llevó es a que la iglesia aumentase su recaudación. Lo último del gobierno es que paraliza la ley de libertad religiosa, que ya de por sí iba a ser otro pastel blandito, pero que por lo menos suponía un avance. Cuando un gobierno está destinado a perder las elecciones como lo está este es el momento de tomar medidas que pueden suponerte problemas. ZP nos vendió que era muy aconfesional y muy laico, y al final ha hecho lo mismo que el gobierno de González, es decir, que se apañe la generación posterior y a mi que no me den problemas.

 

Hoy ya nadie cree en Zapatero. La derecha que nunca ha creído en él le ataca a favor de viento, muchas veces con argumentos estrafalarios. La izquierda esperanzada en su momento se ha decepcionado con él, pues ha demostrado que no es más que la cara de la misma moneda que teníamos antes. Incluso los suyos le tienen por un presidente amortizado.

Yo pasé de la esperanza del 2004, la amable y comprensiva indiferencia de 2006 (cuando ya estaba claro que las esperanzas del primer momento no se iban a cumplir), la pena del 2008 hasta la franca frustración de 2010.

No me puedo conformar con tener la cara amable de una misma política como dirigente de nuestro país, y tener suficiente con una mera cosmética personal. La aceptación de este principio implica vaciar la democracia de contenido real, implica que no hay más que una política posible, que estamos condenados a unos determinados modos y contenidos políticos. La aceptación de esto implica que vivimos en una gran mentira, que realmente no hemos avanzado nada respecto al sistema turnista del siglo XIX.

En mi opinión el sistema político español está en metástasis. No lo está solo el sistema político español, lo está también la socialdemocracia establecida entera. Pero este es un tema para otros artículos.

 

Comentarios

Me parece que hace tiempo que yo llegué a la misma conclusión. Ya no creo en los políticos, pero es que ya tampoco me creo muchas cosas de los más cercanos. El trabajo también me ha abierto los ojos. Los amigos los cuento con los dedos de las manos. Ójala aún tuviera la esperanza de un mundo mejor.

Feliz Navidad, Sociata, desgraciadamente (o afortunadamente) nunca llegué a ejercer la química como profesión. Cosas de la vida. Saludos,

Feliz Navidad

Honrar, honra. Muy buena reseña de ese período de tu vida. Y así es: a veces cuando miramos las fotos, nos damos cuenta que actuamos como pendejos, pero para contarla hay que vivir; y sólo se puede adquirir experiencia, "haciendo" camino. En lo personal me parece simpático el señor Rodríguez Zapatero, mas eso es únicamente la estrategia de un calculador, entreguista de la soberanía de un país. Saludes, y no abandones la química.

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