LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

Una vorágine demasiado hostil

 

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Si analizásemos el mundo contemporáneo como un observador externo que tuviese el privilegio de comparar distintas épocas creo que si tuviésemos que definir esta época en una palabra, ésta sería vorágine. Vorágine en el modo de vida de la gente, rápido e hiperactivo, pero vorágine también por los cambios sociológicos que estamos viviendo, muy relacionados con el avance de la tecnología.

 

Muchas veces observo a las personas que se acercan a la tercera edad, aquellos que están bien entrados en la cincuentena o han pasado los 60 años, y veo que son personas que sienten, prácticamente, que están viviendo en una época que no es la suya. No pasa con todos, por supuesto, siempre hay gente que se adapta mejor que otras a los avances, pero sí que pueden tener esta sensación la mayoría.

Cuando digo que sienten que no es su época me refiero a que encuentran crecientes dificultades para las exigencias técnicas del mundo contemporáneo. El uso de ordenadores, por ejemplo, es realmente complicado para estas personas, así como cualquier trámite por Internet, bien por desconfianza bien por falta de habilidades ofimáticas.

Y si hablamos de personas algo más mayores, o incluso del segmento de edad que he comentado, podemos extrapolar estas dificultades al uso de teléfonos móviles, aparatos de reproducción de DVD’s e incluso televisores o reproductores de música. Aquí, además, se une una situación más: Los problemas de vista cansada hace especialmente difícil el manejo de aparatos con letras pequeñas.

 

¿A dónde quiero llegar con todo esto? La idea básica que quiero compartir, y que creo que todos hemos observado muchas veces, es la creciente dificultad que tienen estas personas para ejercer de forma, llamémosle, productiva en el mercado laboral.

En casi todas las empresas, por no decir en todas, todo el trabajo administrativo, comercial y de control está informatizado, por no hablar de investigación, proyectos tácticos, etc. El uso de ordenadores de forma relativamente ágil es casi una obligación para acceder a cualquier trabajo que no sea manual, y los trabajadores más mayores sufren con la informática. Quizá puedan llegar a dominar los programas de uso habitual perfectamente, pero casi seguro que ante un problema informática pedirán ayuda a alguien más joven, a no ser que sean especialistas en informática o personas bastante preparadas en campos próximos.

Esta realidad lleva a que los trabajadores más mayores se vean desplazados del mercado laboral. Si una persona de edad avanzada ya tenía de por sí difícil encontrar un trabajo, esta realidad no hace más que aumentar las dificultades. Cualquier chica o chico joven podrá hacer un trabajo administrativo mejor, a ojos de la empresa, que una persona de mediana edad, simplemente por su control en la informática. Juntemos esto con el hecho de que un jovencito suele aspirar a cobrar bastante menos, y al cobrarlo se siente más motivado que una persona más mayor que puede considerar ese sueldo como algo miserable.

 

Cuando llegaba a casa conduciendo me he quedado mirando el autobús. Miré al típico conductor de autobuses estresado del tráfico y con malas formas después de tantas horas de trabajo y pensé: “¿Realmente tiene hoy futuro hacer una “carrera” de conductor?”

No tengo la respuesta, pero impulsando mi imaginación hacia el futuro no me pareció tan extraño que en 25 ó 30 años, por ejemplo, los autobuses no requiriesen conductor. Y si hablamos de los autobuses, ¿no podría pasar lo mismo con los Taxis? No sería tan extraño, pues ya algunos expertos dicen que los coches serán prácticamente autopilotados en pocas décadas.

Es verdad, para hacernos una correcta componente de lugar, que toda la vida ha habido oficios perecederos. Los avances de la sociedad llevan a antiguos oficios en el baúl de la historia. Pero lo que estoy hablando no es eso, es algo más. Hablo del un cambio rapidísimo en la tecnología y, por lo tanto, en las formas de trabajar, que nos deja a todos con el pie cambiado. Cada generación nueva parece controlar más la tecnología punta que la anterior, algo lógico pero muy agresivo para nuestro mercado laboral.

 

La tecnología es parte importante de la economía, pues aumenta la productividad. Es necesario que nuestras empresas se modernicen, absorban los últimos avances, apliquen los sistemas más modernos. Pero no es menos cierto que estos cambios producen una ruptura generacional evidente y deja a muchos trabajadores fuera del mercado. Si la tecnología avanza a un ritmo mayor en el futuro, nos podemos encontrar en una vorágine de cambio constante que no es de fácil asunción para el ser humano, que tiende, a partir de cierta edad, a acomodarse a sus estructuras mentales prefijadas, tanto a nivel tecnológico como en cualquier otra faceta de la vida.

Las fuerzas de este cambio tecnológico son realmente las mismas que nos obligan a trabajar más, a cobrar menos, a reducir nuestro estado del bienestar, etc. Es la productividad, la competitividad, la globalización. La vorágine del cambio tecnológico es parte de esta realidad, menos mala que las anteriores, por supuesto, pero que también tiene efectos negativos sobre un sector social importante.

 

Temo que estemos creando un mundo demasiado hostil. Decía Orwel en Homenaje a Cataluña, después de ver la Barcelona revolucionaria de 1936 (recito de memoria): “En todo esto había cosas que no me gustaban, pero comprendí que existía un estado de las cosas por el que valía la pena luchar. Por lo menos los seres humanos intentaban comportarse como eso, seres humanos, y no engranajes de la maquinaria capitalista”.

En muchos aspectos, hoy somos más “engranajes de la maquinaria capitalista” que los trabajadores de esa época. Buscar más productividad es bueno, pero todo tiene un límite. Y buscar cual es ese límite, qué barreras no puedes traspasar, dónde ese aumento de la productividad se convierte en un ataque al Ser Humano, es, o debería ser, materia de la política y los políticos.

¿Creéis realmente que hay políticos que se hayan hecho esta composición de lugar y la hayan insertado dentro de su mente y acción política? Fuera de políticos reactivos y caducados, la respuesta es No. El virus de la hiperproductividad y la obligada competitividad es lo único que ven. Necesitamos, como digo siempre, esa nueva visión y esa nueva política que nos saque de esta peligrosa espiral.

 

Comentarios

Yo me inicié en esto de la informática cuando en una de las empresas donde trabajé tenían un ordenador con el MSdos y después al Windosw 95, el monitor en blanco y negro y había que aprenderse los códigos de los productos para meterlos en el ordenador. Con el Windows 98 empecé a aprender y utilizar el paquete Office y empecé a navegar por internet con un modems de 56kbs. Ahora voy con portátil y Windos Vista y ADSL. Cuando ya tengo aprendido una cosa, resulta que ya no sirve porque se queda desfasado y tengo que aprender cosas nuevas si no quiero quedarme colgado como dice Nicolás. Como estoy viendo descolgado a mucha gente de mi edad e incluso más jóven: son unos analfabetos tecnológicos. Ni siquiera saben mardar un email. Ahora bien, saben cómo jugar a la Play, SMS triviales por el móvil y colgar vídeos absurdos en YouTube. Tengo alguien de mi familia, semianalfabeta en la vida normal. En la tecnológica no tiene ni idea de configurar un simple teléfono móvil. Ahora eso sí, tiene su propio perfil en Facebook donde pone que le gusta, Salvame, Salvame diario, y Sálvame de luxe. Mucho ADSL, mucho Fecebook, mucho Twiter con menos de 140 neuronas....pero ignorancia mucha y cultura ninguna.

Lo queramos o no la vorágine tecno lógica como la llamas es irremediable. O te montas en ella o te aparta.

Hola, Gallego, Jeje, ya sabía yo que alguien me preguntaría si quiero limitar el progreso tecnológico. No, no quería decir eso. Mi idea no es limitar el cambio tecnológico, simplemente analizo qué problemática social tiene este cambio y a donde nos puede llevar un cambio tecnológico demasiado acusado. Por supuesto que no hay que limitarlo, pero lo que sí que hay que hacer es intentar suavizar el efecto negativo que tiene para las personas este cambio. La llave está en una economía donde el trabajador menos productivo pueda tener también su papel y no sea marginado, y un sistema que no margine ni abandone a las víctimas de este problema. No debemos caer en la conversión del ser humano en un engranaje de una máquina productivista. La economía la hace el ser humano y debe servir a sus intereses, no esclavizarlo. Manuel, Uno de los pensamientos que tenía cuando escribía el artículo era cómo estaremos nosotros en 30 años. ¿Nos veremos desfasados tecnologicamente? ¿Esto nos llevará a ser inservibles? Porque yo mismo no domino tan bien como un chico de 18 años ciertas novedades informáticas. Me pasaré el lunes, pues del copago hay que hablar y mucho, y analizar qué es razonable y en donde no se puede entrar pues abriría un camino de privatización. Saludos,

Hola Pedro: Pero no solo pasa con los "mayores". Hay algunos cuarentones y treintones que no se aplican al ordenadory a otras tecnologías. Lo noto mucho en gente del servicio sanitario. Mi hija tiene 4 años. Maneja el mando del canal+ mejor que yo....y me enseño funciones que yo desconcía ;D Pedro, si tienes tiempo, el lunes próximo (el día de los santos) hablaré sobre el copago en la sanidad pública. Me gustaría que pasaras a compartir tu punto de vista. Saludos

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