LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

Un futuro socio-económico peligroso (III)

 

CONCLUSIONES

 

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En los dos escritos anteriores hemos analizado dos percepciones de cómo puede ser el futuro en los próximos años. He escogido dos libros con más de 20 años de diferencia en parte para poder analizar parte de las proyecciones del libro de Beck, que como ya dije se han cumplido de forma escalofriantemente certera, y así darle especial verosimilitud al relato de Attali, que en otra circunstancia podría ser tomado por algunos escépticos como ciencia-ficción.

 

En ambos relatos se observa una característica sociológica común: El futuro asoma una continua profundización en el individualismo. Attali comenta en su obra que la historia de los últimos 200 años ha evolucionado en el sentido de una mayor libertad individual, y que ese también será el sentido de la evolución social y política del futuro.

Sin embargo he utilizado la palabra individualismo y no libertad individual a propósito. Libertad individual tiene connotaciones positivas y es, en sí, un valor positivo. Pero tanto en el libro de Beck como en el de Atalli lo que se trata es la libertad individual interpretada como individualismo extremo, el concepto de ampliación de libertad ganada gracias al terreno comido a las obligaciones sociales y a la interacción con otros seres humanos.

Y tanto Attali como Beck interpretan que esa ganancia de libertad individual a costa de un individualismo extremo va a traer asociados más problemas que ventajas. Podríamos decir que pasado un punto de equilibrio adecuado la libertad individual degenera en destrucción de las interacciones sociales y por ende de la sociedad, lo que lleva a una sociedad donde priman los fuertes sobre los débiles. Beck no entra demasiado en posibilidades futuristas concretas, pero para Attali esta sociedad de pocos fuertes y muchos débiles llevará a los últimos a caer en una nueva forma de opresión y a perder realmente muchas de las parcelas positivas de la libertad individual.

 

La historia de la humanidad ha sido muy densa en el terreno ideológico en los últimos 2 siglos. Las personas nos aferramos a las ideologías de una manera parecida a como lo hacemos con las religiones, y muchos seres humanos adquieren unas ideas políticas concretas en la juventud y no las abandonan hasta la muerte. Sin embargo el mundo cambia muy deprisa y lo que era adecuado hace unas décadas no lo es ahora. Lamentablemente la mayoría de gente no suele ser capaz de aceptar que los métodos que su ideología propone ya no son adecuados ante una realidad social tan dinámica.

Muchas personas siguen pensando en que la “opresión” es cosa exclusiva del estado. En nombre de la libertad individual y de la democracia consideran que el estado es la principal amenaza para la libertad humana y por eso insten en que el estado debe ser debilitado, minimizado y reducido a la mínima expresión posible.

Esta realidad que podía ser adecuada para la primera mitad del siglo XIX pero que es aberrante hoy sigue siendo repetida por personas de buenas intenciones, incuso cercanas a utopismo, que actúan como “vehículos” de comunicación de estas ideas en el mundo contemporáneo. Estas personas creen que gracias a la “libertad individual”, la “competencia perfecta” y la eficiencia del libre mercado se generaría un mundo de oportunidades para todos donde se cumpliría la máxima de que cada uno gane en función de su talento y productividad, y donde cualquier persona que tenga voluntad de trabajar podrá tener una vida digna.

Sin embargo las cabezas de estos movimientos, los que los subvencionan y promocionan, los verdaderos ideólogos, son personas con intereses económicos claros y que se sitúan en contra del “estado recaudador” por una cuestión de interés propio. Los que los siguen no son más que soldados arengados en una guerra que no es la suya.

 

Porque ciertamente el mundo desarrollado por Attali correspondería a una evolución del mundo de la globalización y a la aplicación progresiva del libertarianismo y el anarco-capitalismo. La minimización del estado, la privatización de los servicios públicos, el individualismo extremo…Todo en breve historia del futuro responde a esos principios que de manera increíble se están extendiendo en el mundo actual, fundamentalmente en Internet.

Pero la realidad de las aplicaciones de estas ideas no lleva, según Attali, a un mundo de oportunidades y crecimiento económico, si no a un mundo de egoísmo, coacción empresarial, inseguridad económica y física y desigualdades sociales. La destrucción del estado no lleva a la liberación del ser humano, si no al nacimiento de una nueva fuerza coaccionadora representada por un capitalismo global inmoral y ávido de ganancias, que acaba limitando la libertad del ser humano de forma mucho más intensa de lo que lo hacía cualquier estado. La pesadilla Orwelliana ya no es totalitaria y estatalista, se convierte en ultracapitalista.

 

Respecto a la Hiper-Democracia me parece, como ya dije, una cuestión utópica. En un mundo como el que Attali describe la dictadura o la revolución que tome “el poder” sería la opción más probable. Aunque no podemos negar la lógica de la idea, si realmente el hiper-imperio ha destruido a los estados de forma casi total, ¿Qué sentido tiene una revolución que tome el poder sobre un estado que casi no existe? Esta revolución tendría que volver a crear un estado, labor muy difícil, por lo que sólo sería planteable en una situación extrema. La deslocalización del poder en forma de capital es adicionalmente una seguridad de mantenimiento del estado de las cosas.

Observando esta lógica creo que podemos extrapolarla a nuestra realidad. Hoy en día nuestros estados no están desarticulados, pero están vacíos de poder en muchos sentidos. Nuestra política económica no la marca nuestro gobierno, se marca desde los mercados y desde instituciones superiores. Esta es la realidad, así pues, ¿Podríamos hoy desde el gobierno de un país de forma independiente marcar cambios profundos en la política económica de un país? La respuesta es No. Un país no puede, por ejemplo, aumentar de forma importante los impuestos porque provocaría una fuga de capitales y una paralización de la inversión. Al final las medidas que tomásemos para beneficiar a nuestra población acabaría perjudicándola, y eso sería una política suicida.

Ante esta realidad sólo caben dos opciones. O encaramos nuestra acción política en un entorno supranacional, o al igual que Attali propone desarrollamos algún tipo de “Economía relacional” ajena a la esfera del mercado y que conviva con el mismo, y que sirva para mantener la esfera de protección social que el mercado nos resta.

 

Sin embargo para crear una economía relacional desde el estado tenemos un problema. Las exigencias del mercado es reducir el estado, la presión fiscal y los servicios sociales. Si nos encontramos en un entorno de debilitamiento de poder y escasez de recursos, ¿Cómo se crea una economía relacional? Es francamente difícil y vemos que, si los estados siguen siendo desmontados, es imposible crear una economía relacional con el tutelaje de las administraciones públicas.

Así que realmente nuestra principal opción es actuar políticamente en el ámbito supranacional, y en nuestro caso concreto al nivel donde debemos empezar a trabajar es al nivel europeo. Ya lo dije hace unos meses: El estado-nación como principio y fin de la política ha muerto, y la política con P mayúscula se debe hacer en el campo europeo. Quien no entienda esta realidad, está condenado al fracaso.

 

Pero cuidado. Cometeríamos un error terrible si pensamos que podemos llegar a evitar las peores consecuencias de esta futuro mediante ideas reactivas. La reactividad, es decir, el reaccionar contra cualquier cambio que no nos parece adecuado simplemente yendo en la dirección contraria, sería un error monumental. Ni las reacciones conservadoras que defiende buena parte de la izquierda nos valen (Si la alternativa que tenemos a los cambios es quedarnos como estamos ahora, estamos literalmente convirtiendo en conservador al progresista, es decir, estamos traicionando la esencia propia de las ideas que defendemos), ni por supuesto cayendo en la reactividad, síntoma claro de desconcierto político.

Para poder poner freno a este desarrollo previsible de las cosas es necesario que se cree una nueva idea política que proponga un mundo alternativo a esta post-modernidad ultracapitalista. La democracia y la libertad individual deben ser valores asumidos, pero deben poder coexistir con los derechos humanos, la protección de los más débiles y de las personas con problemas y la promoción de una economía al servicio de los ciudadanos en lugar de la conversión del ciudadano en consumidor para insertarlo en un sistema consumista.

Y estas ideas deben tener, también, una base moral nueva o por lo menos diferente. El estilo de vida consumista y la democracia publicitaria y mediática deben dejar paso a un estilo de vida más austero y social y medioambientalmente responsable y a una democracia de fundamentos e ideas. Esta es la primera batalla que hay que ganar, porque si no hay un cambio de mentalidad y valores cualquier nuevo movimiento político que le hable a la gente de responsabilidades sociales acabará siendo como una prédica en el desierto.

Finalmente debemos tener claro que este movimiento debe ser reformista, no revolucionario. Realmente debemos volver a buscar el equilibrio perdido de la sociedad moderna, aunque no de la misma manera porque ya no estamos en la sociedad moderna. La iniciativa privada y la libre empresa tienen cosas positivas que debemos saber mantener, a la vez que controlamos y contrarrestamos las negativas. El rechazo a ciertas características de algo no debe implicar la búsqueda de la destrucción de ese algo, pues acabaremos destruyendo cosas positivas y esa no es una acción política inteligente.

 

A nivel filosófico simplemente me gustaría hacer una puntualización. Un movimiento o unas ideas de esta índole podrán ser demagógicamente tachadas de contrarias a la libertad individual por quienes se opongan a ellas.

Hay que tener claro que la libertad individual es algo a valorar, es algo a fomentar en su terreno crítico e inventivo. Lo que se debe criticar realmente es la libertad individual degenerada en individualismo, la percepción de ser una isla independiente y sin ningún tipo de conexión ni responsabilidad con otros seres humanos.

Los seres humanos son por naturaleza animales gregarios. Nuestra sociedad y civilización se ha creado gracias al gregarismo y eso es una evidencia. El gregarismo nos hace fuerte, el gregarismo nos hace progresar. Pero el gregarismo implica la responsabilidad de vivir en sociedad, de cumplir obligaciones para poder mantener el beneficio de vivir en manada, en colonia. Representa deberes que se convierten en ventajas y en derechos. El individualismo extremo, pues, es absurdo.

Lo importante para una sociedad es eliminar el acaparamiento de poder, que se convierte en coacción, por parte de individuos y estructuras. Si el acaparamiento de poder por parte de un estado es malo, no es mejor el acaparamiento de poder por parte de personas o compañías de negocios. Ambos deben ser combatidos y ambos son peligrosos. Esta lucha contra el acaparamiento de poder será la que conceda al ser humano una verdadera libertad, no una libertad-ficción como la que nos quieren vencer los anarco-capitalistas y similares.

 

Creo que se abre ante nosotros una época de replanteamiento casi total de las cosas. Es el momento de crear, de inventar, de salir de los prejuicios ideológicos para poder generar una nueva vía. Hoy el “Capital” no está en la fábrica, está en el paraíso fiscal. El “opresor” no actúa con policías y militares, lo hace con inversiones en bolsa y acciones especulativas. Hoy no hay “burgueses” y “proletarios”, hay privilegiados por el sistema, muchos de los cuales son trabajadores por cuenta ajena, y perjudicados por el mismo, muchos de los cuales son empresarios.

Entendamos la realidad en su complejidad, entendamos “el flujo de esta era” y articulemos alternativas políticas válidas. No nos empeñemos en convertirnos en piezas de museo.

 

Comentarios

Ciertamente interesante e inquietante. Estoy contigo en tu poca esperanza en que el proceso degenere en una utopía feliz, a mi se me ha venido a la cabeza una imagen mucho más inquietante. En un mundo cada vez más virtual, la situación actual en la que podemos intercambiar ideas mediante un internet libre me temo que sea pasajera. Lo que ahora es una gran herramienta de libertad puede fácilmente tornarse en una herramienta más de opresión, y con la gente cada vez más aislada y centrada en lo virtual se me antoja sencillísimo un mayor control social. No se que mundo les espera a nuestros hijos, pero se abren perspectivas tenebrosas, razón de más para no bajar los brazos aunque la lucha sea complicada y desigual. PD: He cambiado la configuración de moderación de comentarios en mi blog. Gracias por el aviso. www.girondoe.blogspot.com

Esta serie de artículos me ha resultado muy interesante, Pedro. Yo creo que hay que andarse con mucho cuidado cuando se habla de libertad individual porque como bien dices lo que se quiere fomentar y promover es el individualismo extremo. Y aunque dijera la Thatcher aquello de que la sociedad no existe y sólo existen individuos, lo cierto es que el ser humano es un animal social. El individualismo extremo lleva a la desaparición del Estado, y como bien dices, a la opresión de los más fuertes/ricos/poderosos sobre los demás. Un saludo

Te invito a una empresa de marketing multidimensional! El futuro socio-económico le favorece a los preparados! Los doctores están bien preparados, los ingenieros, y los matemáticos tambieén. Están preparados en su área, pero no en el área de las finanzas, donde eso es lo que decide tu futuro, y tu trabajo y tus vacaciones! Te invito a que conozcas más opciones, y veas el futuro financiero con unos ojos y una mente más abierta!

Hola Pedro: He estado leyendo con interés tus tres últimas entradas Poco conozco así que poco puedo aportar mejor dicho. nada) Aprendo de todo eso. Me quedo con esta última parte de tu entrada: "Creo que se abre ante nosotros una época de replanteamiento casi total de las cosas. Es el momento de crear, de inventar, de salir de los prejuicios ideológicos para poder generar una nueva vía. " A veces es difícil replantearse las cosas de forma definitiva. Te lo digo porque desde mi profesión, a pesar de estar acostumbrados a los cambios, que se suceden rápidamente, a veces ni lo notas, revalorar lo que se ha considerado "verdad", cuesta mucho, sobre todo en pensamientos ortodoxos. Sobretodo cuando el ortodoxo es poderoso e influyente.... Comentario interesante el suyo SrM Saludos

El individualismo viene presentando y presenta, efectivamente, una tendencia creciente en las sociedades altamente industrializadas. Así enseñaban que se estaba contrastando Doctores en Sociología hace 5 años, p.ej. El párrafo que comienza: "La historia de la humanidad ha sido muy densa en el terreno ideológico en los últimos 2 siglos" me parece de gran valor. Creo que es importante subrayar que las ideologías han de ser útiles a nosotros y no nosotros útiles a ellas. Ha de haber correspondencia entre los análisis, planes, etc. y el ambiente en que vivimos. Y el ambiente evoluciona, así que análisis y estrategias deberían evolucionar también si queremos que sigan dando una utilidad o servicio. Hay gente que habla de competencia perfecta mercantil sin haberse parado a mirar que es algo inexistente más allá de los libros de texto y, por lo tanto, algo sobre lo que no se pueden hacer planes. Es un modelo teórico. El mercado totalmente libre es eficiente sólo en competencia perfecta. Como ésta no se da, el mercado totalmente liberalizado o desregulado —sin leyes que lo regulen— no es eficiente nunca. Es decir, siempre se dan fallos de mercado en la práctica en mayor o menos medida: monopolios, oligopolios, competencias monopolísticas... Debe, por tanto, establecerse una legislación que regule más o menos esos mercados para recuperar las pérdidas de eficiencia económica tanto como sea posible. Pero es que hay otro objetivo de la Macroeconomía además de la tan conocida eficiencia. Un objetivo igual de importante y demasiado olvidado. La equidad. Sea o no un Mercado eficiente, está claro que la equidad no la trabaja prácticamente. Ahí también debe haber un Estado, que en su versión actual es la asociación política del Pueblo, ¡nada menos!, para hacer que se trabaje en el camino hacia ese objetivo de equidad o justicia económica. No hacerlo, por definición de Macroeconomía es, sencillamente, antieconómico. Hay gente que confunde el Estado absolutista —"¡menos Estado!", ahí yo también lo digo— o los pre-Estados helénicos y romanos con los Estados democráticos liberales de derecho y sociales en los que vivimos desde hace unas décadas. El Estado liberal se inventó precisamente, grosso modo, para acabar con la opresión y abuso de los estamentos privilegiados feudales sobre los estamentos no privilegiados (burguesía incluida). Se instituyeron precisamente para garantizar las libertades —primero individuales y más adelante colectivas, que no dejan de ser una extensión de las anteriores—. El estado liberal fue, como su propio nombre indica, un invento de los "liberales" —los más aventajados socioeconómicamente entre ellos eran los burgueses industriales, mercantiles y financieros—. Querer desmontar ese Estado liberal ahora, ¿será también "liberal"? En contra de un mero Estado recaudador estaremos la mayoría. Precisamente, el Estado absolutista era eso en parte. Y casi todos —la Iglesia no p.ej.— vemos bien que se superase. El Estado liberal puede ser mucho más: un Estado social. La recaudación —de quien tiene de sobras— puede servir para dar un bienestar material a todo el Pueblo —especialmente a quien más lo necesita—. El mundo vislumbrado por el Sr. Attali no es algo tan lejano. Fijémonos p.ej. en algo alarmante: en el Tratado de Lisboa, recientemente aprobado —aunque para muchos la deslegitimación democrática es grave; no su legalidad, que es plena— no se hace referencia a "servicios públicos" sino a "servicios básicos". Mal vamos. Los servicios públicos, como un derecho ciudadano, son parte de la igualdad, condición sine qua non para hablar con propiedad de democracia. Se rompe así, una vez más, con el principio de igualdad jurídica defendido por los liberales cuando proyectaron el Estado liberal como contraposición y evolución del Estado absolutista. De hecho, no tardaron mucho en traicionar ese principio una vez superado el E. absolutista: en Francia y en España, se introdujo p.ej. el llamado "principio monárquico" en las constituciones "liberales"; en los U.S.A. se introdujo un sufragio fuertemente censitario... Está claro que las mejoras políticas se harán a partir de ahora, si se hacen, a nivel continental. Eso si no se acaban saliendo algunos estados miembro de la U.E. porque se niegan a hacer según qué políticas y p.ej. se asocian entre ellos. Es improbable a día de hoy, en cualquier caso. Pienso cuando lo digo p.ej. en que los escandinavos y Bruselas ya se han cruzado algún desplante porque hay cosas del Tratado de Lisboa que son probablemente anticonstitucionales en esos países; ya veremos qué solución se da a esto. A partir del "Pero cuidado. Cometeríamos un error terrible..." me parece de diez. ¿Sabe vd. que el Sr. Caso, administrador de "Pasión por la Dialéctica", está trabajando en un partido político que supere a los partidos clásicos de la sociedad moderna, un partido que pueda defender los objetivos izquierdistas (libertad, igualdad, solidaridad, responsabilidad...) en este mundo postmoderno? Cabezas como la suya, Sr. Pedro, enriquecerían proyectos como ése. Seguro. Quizá no cuaje esta nueva aventura, pero visto lo visto —p.ej. Francia vs. Comisión Europea con las repatriaciones de ciudadanos europeos gitanos hace nada—, vale la pena equivocarse intentándolo en lugar de no hacer nada por no arriesgarse a fallar un par de veces y dejar que ciertas filosofías —y sus materializaciones, demostradas destructivas y dolorosas por la Historia, que es en cierto modo cíclica,— vayan imponiéndose. Un saludo cordial,

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