LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

DE EMPRESARIO A PRECARIO

 

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Quería contar la historia de un amigo al que volví a ver el otro día después de más de un año. Vamos a llamar a mi amigo Amalio aunque no se llama así, pero me gusta dar un nombre para dar un tono personal a la historia.

 

Yo conocí a Amalio hace años por temas laborales. Durante un año y medio entre 2006 y 2007 trabajé con él un día a la semana en unas tareas de captación de clientes que él, autónomo, había pactado con mi empresa de entonces, siendo yo el “nexo” o el “controller” de esta situación.

Amalio era un pequeño empresario del pujante sector del mueble de la comunidad valenciana de los años 80. Tenía una fábrica en la que trabajaban más de 10 personas hace unos 20 años y se dedicaba al sector auxiliar del mueble.

Cuando yo le conocí el sector del mueble, al igual que la mayoría de sectores productivos tradicionales de la comunidad valenciana, estaba ya de capa caída. En su fábrica quedaban dos trabajadores además de él, y por eso mismo él buscaba nuevas actividades económicas que le supusiesen una seguridad y un sobre sueldo. No obstante seguía habiendo algo de trabajo, haciendo pedidos, etc.

Una cosa muy positiva de Amalio es que las comisiones que cobraba de mi ex empresa, que otros habían cobrado en negro, en su caso eran legales. Él facturaba sus comisiones como servicios de la empresa y contabilizaba los cobros como ingresos de la misma. Creo que este dato es importante para que veáis que se trata de un hombre honrado.

 

Con los meses fuimos desarrollando una amistad personal. Ya a finales del 2007 él estaba bastante preocupado por el negocio del mueble así que desarrollo una nueva línea de negocio basado en la compra-venta de lámparas. Recuerdo ver su nave industrial, bastante grande, llena de lámparas de todos tipos mezcladas con los objetos que tradicionalmente fabricaba. Se veía caos, desorden, pero mucho movimiento y ganas de trabajar.

Yo dejé aquella empresa a finales de 2007 para tener mi primera experiencia con una empresa multinacional. Él no me dijo nada, incluso me animó al cambio, pero cuando me decidí y acordé con la otra empresa unas condiciones él me dijo “Al dejar tú la empresa yo no voy a seguir con esto”. Me supo muy mal, aunque la verdad es que en los últimos meses parecía que sus expectativas primeras no se estaban cumpliendo y que las cosas no salían como él había pensado. Era lógico, ya en 2007 la industria valenciana, y no sé si la de toda España, estaba en pre-crisis. Nosotros comentábamos en la empresa que se preveía una crisis fuerte en cuestión de poco tiempo, y la verdad es que no nos equivocamos.

 

Seguí mi relación de amistad con Amalio y quedaba de tanto en tanto con él. Por eso supe que su negocio de lámparas no funcionó bien, y supe también que uno de sus trabajadores, que llamaré David, ya no trabajaba con él: No podía mantener su salario. A David siempre le recordaré de un día que se enteró que me gustaban los caracoles, “¿Ah si? Pues el miércoles que viene hacemos una caracolada para almorzar”. Se ve que “recolectó” un par de kilos de caracoles (algo que por cierto no es legal) para ese día y los hizo su mujer el martes por la noche. El miércoles, sobre las 9:30, nos comimos los 4 una caracolada, la mejor que me he comido nunca. No sé que ha sido de él, no le he preguntado a Amalio, espero que le vaya bien.

 

Un día Amalio me preguntó mi opinión sobre una opción que le habían ofrecido, llenar el techo de su fábrica de placas solares. Le comenté que las primas eran muy interesantes, y que sí tenía el techo y pensaba aguantar la fábrica muchos años todavía era una buena opción. Si pensaba vender la fábrica, eso podía ser un hándicap, así que debía pensarlo antes.

Amalio no se atrevió a ponerse las placas, pero se atrevió a algo más. Le ofrecieron entrar como socio capitalista en una ingeniería que se dedicaba a las instalaciones de energía fotovoltaica, y lo hizo. Hipotecó la casa y su fábrica para sacar los 300 ó 400 mil euros que tuvo que invertir.

Cuando me enteré ya había hecho la inversión, quedándome un poco impactado porque eso sí me parecía un error ya que se estaba hablando de disminuir muchísimo las primas por energía fotovoltaica, verdadera fuente de rentabilidad de esas instalaciones. No me preguntó ni le pude decir mi opinión, aunque creo que tampoco me hubiese hecho caso con lo decidido que estaba. Él vio el negocio de las placas solares como un Maná, en un momento de un mercado sobresaturado e insostenible.

Realmente había un segundo motivo más “familiar”. Su hijo, de unos 22 años, iba a acabar la carrera al año siguiente, y como padre preocupado por el futuro de sus hijos quería darle una buena oportunidad tutelada por él.

 

La empresa no fue muy bien, como os imaginaréis. El cambio de legislación en las primas cambió radicalmente en panorama y mucho de lo que antes era rentable dejo de serlo. Además, el corte de los préstamos alegres acabó de apuntalar a muchas de estas pequeñas ingenierías, que ni pudieron ni supieron reciclarse.

Hace unos meses me llamó riéndose, “Ya estoy oficialmente en paro”. La risa escondía la terrible realidad: Dos hipotecas que pagar, más de 50 años de edad sin formación específica en nada y una tasa de paro que rondaba el 20%. Intentaba parecer entero, ser positivo ante la situación que tenía delante. Sus dos hijos estudiantes y su mujer, con una tienda, sufriendo la terrible bajada de facturación de casi todos los comercios en estos dos años.

La situación de Amalio se deterioró mucho. Un día me llegó a decir por teléfono que no podía quedar conmigo porque no tenía dinero para poner gasolina al coche ni para llamar por teléfono. Intentó vender la nave pero no pudo, nadie la quería comprar (Por cierto una nave situada en un entorno privilegiado donde se podrían hacer muchas cosas). El único respiro que tuvo es que unos “chavales” le alquilaron la nave por 3 meses prorrogables, “Así por lo menos pago esa hipoteca” me dijo.

Para colmo me contó una anécdota que quiero contar. Parece ser que se le inflamó el ojo, seguramente por la tensión, y se tuvo que ir al ambulatorio de su pueblo. “Usted no está cubierto por la S.S” le dijo el médico. Él, autónomo, al cesar la actividad tenía que presentar en dos meses no sé qué papel según me contó. No lo hizo y se quedó sin protección. Afortunadamente no le cobraron la visita, aunque creo que perfectamente podrían haberlo hecho.

 

Dicen que dios aprieta pero no ahoga. Yo, que soy ateo, lo achaco a una cuestión probabilística, y si me pongo místico podría llegar a teorizar sobre algún tipo de justicia universal trascendental en la que realmente no creo si me pongo a analizarla con racionalidad. Pero bueno para el caso es lo mismo.

La cuestión es que Amalio me llamó hace unos días, “Xiquet, que ya estoy trabajando”, “¿Cómo es eso? Cuéntame”, “Quedamos mañana y te lo cuento”. Quedamos, pues, al día siguiente. Mi amigo me dijo estar eufórico al haber encontrado trabajo cuando ya estaba desesperado.

Amalio me contó cual fue su proceso psicológico, totalmente normal en estos casos. Se sentía inútil, con más de 50 años, pensaba que ya nadie le iba a contratar nunca más. Ahora, con un trabajo nuevo y con un nuevo proyecto, se sentía rejuvenecido. Le habían contratado como comercial en una empresa de la zona, y estaba como loco realizando visitas con un entusiasmo juvenil.

 

A Amalio le están pagando 800 euros al mes, más unas posibles comisiones indeterminadas que no quiso ni preguntar. El empresario que tuvo más de 10 trabajadores está ahora con un sueldo de menos de mil euros. De hecho, el último de los trabajadores de su fábrica cobraba 1.200 euros al mes, para que hagáis una comparativa.

Ahora ya tengo para pagar las hipotecas y, por lo menos, no me siento un trasto viejo”. Admiro la moral de Amalio, aunque intuyo que hay parte de actuación en estos comentarios. Cuando estás en una situación así, cuando no tienes nada que hacer en todo el día (situación que te lleva a darle vueltas mil veces a todo) estoy seguro que te planteas cómo has llegado a esta situación, qué errores has cometido, qué te espera en la vida, etc. No acabo de ver muy claro tanto entusiasmo, francamente.

Espero que esto tranquilice tanto a mi amigo como a su familia, que sé que lo han pasado muy mal. La losa de las hipotecas la va a tener durante muchos años, así que sólo cabe esperar que pueda vender la fábrica y poder saldar, así, sus deudas.

 

Esta es, resumida, la historia de mi amigo que he llamado Amalio. ¿Qué quiero contar con esto? No lo sé, francamente. Muchísimos pensamientos me vienen a la cabeza.

La destrucción de los sectores económicos tradicionales de la comunidad valenciana, la malísima situación en que se encuentran las personas de cierta edad si pierden su trabajo, el proceso de precarización de las clases medias, la cultura de la inversión alocada y sus consecuencias, los sueldos miserables, la dura realidad de muchos pequeños empresarios…No lo sé, son muchas cosas.

Más que un mensaje claro, una idea clara, creo que la historia de mi amigo rebautizado como Amalio es una muestra de la realidad económica en la que vivimos. Que cada uno saque sus propias conclusiones. Yo ya las he sacado, porque esta historia de Amalio como otras historias que veo diariamente en amigos, familiares, empresas, clientes, compañeros de trabajo, etc. Son las que marcan, como tuve en cabecera de esta página durante mucho tiempo, mis ideas y el guión de este blog.

 

Comentarios

Hace poco comencé la lectura de "El fin del trabajo" de J. Rifkin. Ahora ya lo estoy terminando. Muy interesante y fácil de leer, almenos para ser una monografía. La historia del Sr. Amalio (o la mía propia) encajan muy bien con lo que el Prof. Rifkin nos cuenta allí. El aumento sostenido de la productividad empresarial mediante maquinaria, automatización, reingeniería de procesos... lleva a una sustitución progresiva del factor trabajo por tecnología. Sobreproducción y sustitución de trabajo (L) por capital y bienes de equipo (K). Los economistas Marx y Engels al final resulta que acertaron :-O sólo que con demasiada antelación. Más tarde Keynes y Russell corroboraban su predicción. En unas décadas, la producción económica será prácticamente sin trabajadores. Lo cual nos lleva a tener que buscar con urgencia una fuente de poder adquisitivo para los ciudadanos. Primero, por justicia: necesitan adquirir ciertos productos básicos, como mínimo. Segundo, por interés y pragmatismo: sin poder adquisitivo las empresas no pueden vender lo que han producido. Saludos,

"y a mi experiencia me remito" Esa es la cuestión. Hemos tenido experiencias diferentes a lo largo de nuestras vidas. Y yo he visto muchos de esos casos que han logrado lo que casi todo el mundo consideraba imposible. Sí, quizá sean minoría, pero no por eso son pocos los casos y en todo caso, tenía algo en común con lo que describe usted con Amalio: Esa tenacidad y esa personalidad que no se rinde con nada...Que lo intenta 1000 mil veces y falla pero que que a la mil y una por fin da en la diana....Y esa es la que cuenta, porque de las demás, no se acuerda nadie. Pero bueno, esto sólo lo resolverá el tiempo...y Amalio....

Cabrit0, Si quita las barras y los puntos a la dirección de internet podrá colgarla. La verdad es que es una pena, pero blogspot. es funciona bastante mal. Dice que lo que digo sobre Amalio es sólo una opinión. Hombre sí, es una opinión, pero me temo que va a ser así. Pocos casos hay en este país de personas con esa edad y que tienen esa losa que hayan conseguido volver a donde estaban. Y ojo, si Amalio vende la fábrica es posible que, yo que sé, se monte un comercio, o se dedique a alguna actividad como autónomo. Pero estoy totalmente convencido, y a mi experiencia me remito, que una empresa como la que tenía no va a ser capaz de generar. Él no va a poder conseguir el crédito que necesitaría para eso, porque no tiene ni capital, ni avales ni edad. Por otro ldo tampoco tiene tiempo de crear una empresa potente empezando desde la nada. Eso vale con 20 años, pero no con más de 50 años. Sería impresionante que lo consiguiera, y una gran alegría, pero no es realista. Yo sé que usted es de esos que cree que quien se esfuerza triunfa en la vida y que cualquiera puede llegar a donde sea. Pero lo siento Cabrit0 porque con la realidad actual de Amalio eso roza la utopía. No es cuestión de pesimismo no se equivoque, es cuestión de que conozco decenas de casos similares y que cuando no hay capital la realidad no es tan bonita como parece en los eslóganes. Saludos,

"Amalio no tendrá nunca una empresa con muchos trabajadores como tuvo antaño. Lo que él sabe hacer, el negocio que él domina, está hundiendose poco a poco. Ya es bastante mayor para reciclarse a nivel empresarial" Bueno Pedro....Esa es tan sólo su opinión. Cosas más difíciles he visto hacer. Al fin y al cabo lo que usted y yo opinemos no importa demasiado. Habría que ver cuál es la opinión de Amalio. Y no es que yo no sea realista....Es que simplemente, a veces hay seguir el consejo del Cyborg (si uno cree que puede lograrlo, ojo).....Si uno se siente con ganas, que no sea porque no se haya intentado. Y una vez lo intentas, ya la suerte está echada. Ah, el Cyborg: Aparentemente no se permite codigo HTML, asi que lo del Cyborg se quedara como algo sin sentido...lo siento...

La historia resume bastante bien la pequeña empresa española en sectores clásicos, intensivos en mano de obra. Yo vivo en la Comunidad Valenciana, donde las empresas son principalmente Pymes, y que sufren la crisis como tú indicas. Hace años (bastantes) trabajé en la Consellería de Industria y ya se hablaba del riesgo que este tipo de estructura económica suponía. Se planteaban medidas de modernización, ampliación de mercados, mejora de la competitividad, redes de cooperación, y algunas cosas más. Se hizo mucho pero supongo que no lo suficiente. El que existieran muchos y variados sectores permitía que las pequeñas crisis, que podrían afectar a alguno de esos sectores, se compensaran en parte desplazándose el trabajo a los otros sectores, mejor parados. Además, muchos empresarios disfrutaron del crecimiento de los años 90 sin tomar medidas a largo plazo. Trabajaban mucho e invertían para crecer, gracias en parte a las facilidades bancarias que había. Supongo que serán los primeros que han caído. Lo que más me ha gustado es el optimismo de Amalio. Lamentablemente, sé que muchos otros caen en la desesperación y el pesimismo. Hoy he leído en la prensa que en los primeros seis meses del presente año se han evaporado más de 10.000 empresas. Yo, que trabajo en una multinacional del sector de automoción, muchos años en crisis, no veo una solución clara y mucho menos, rápida. Seguramente la actitud de Amalio extendida a empresarios y trabajadores será más decisiva a medio plazo que los lloros de los demás, aunque todos bajemos nuestro nivel de vida. Un cordial saludo. Juanqui

Pues si de alguna manera este hombre logra salir del hoyo y volver a triunfar, para mi, se habrá convertido en un heroe.......Por razones obvias y otras no tanto que no vienen al caso.

"pero exactamente como tu tio, Amalio ha conseguido este empleo precisamente porque es amigo del dueño de la empresa que le ha contratado." ¡aha! Ya decía yo...es que lo intuí Pedro, porque me parecería muy muy raro que le hayan contratado así como así. Es uno de los puntos que conozco bien. Sí, estoy de acuerdo que sin esa amistad sería imposible pero precisamente es una de las cosas que más critico de España, que para "ser alguien" o tener una oportunidad decente, tienes que estar apadrinado y eso es sencillamente, tercermundista. Es lo que hay, no se puede cambiar siglos de historia y prácticas. Y yo he visto como mucha gente joven sufre la cultura del enchufe, sobre todo los que, como tu bien dices, no están apadrinados. Por eso defender una política liberal económica a ultranza (y que conste que me considero bastante pro-capitalista) no funciona tan eficientemente en España donde en la práctica diaria se practica más el nepotismo que otra cosa. Yo a casi toda la gente que conozco que trabaja en lo que le gusta y gana buen sueldo son o funcionarios (no por el sueldo pero al menos hacen lo que les gusta) o gente apadrinada. Así nos va. Cuando leo cosas así y recuerdo esas situaciones dan ganas de no volver. Saludos

Hola a todos, Cabrit0, No sé muy bien cual es el grado que este hombre debe alcanzar para cumplir con tu concepto de "triunfar", pero me temo que no lo hará. Amalio no tendrá nunca una empresa con muchos trabajadores como tuvo antaño. Lo que él sabe hacer, el negocio que él domina, está hundiendose poco a poco. Ya es bastante mayor para reciclarse a nivel empresarial, y también para poder conseguir trabajos bien remunerados. Lamentablemente con más de 50 años ni consigues préstamos (y menos con propiedades hipotecarias) para ser empresario ni eres interesante como asalariado por mucha experiencia y tecnificación que puedas tener. No sé la realidad en otros países, pero en este no se valora la experiencia y parece valorarse sólo la juventud, fundamentalmente porque lleva asociada bajos salarios, dedicación casi exclusiva y quizá porque se le supone entusiasmo. Moderado, Hombre mis conclusiones generales las he expuesto ahí (en los pensamientos que me vienen asociados), pero lo que quería decir con esta frase es que en análisis de realidades como las de Amalio son las que me hacen defender las ideas que defiendo. La historia de Amalio me hace ver como el pequeño empresario es parecido al asalariado en cuanto a debilidad frente a la actual situación de las cosas y que comparten, aunque muchos no lo entiendan así, intereses comunes. Creo que la historia de Amalio demuestra porque el trabajador, de todas las clases, debe de ser protegido y como las ganas de trabajar por si solas no bastan para poder ganarte un nivel de vida decente. Creo que la historia de Amalio rompe ciertas teorías cándidas sobre que el "emprendedor",el esfuerzo y el trabajo llevan a alguien irremediable y automáticamente al éxito. Demuestra, para mi, hasta que punto un error de percepción, de inversión o simple mala suerte puede hundir la vida de una persona, sin darle una segunda oportunidad. Y finalmente demuestra, como punto optimista, que casi siempre hay una salida ante las malas situaciones. "Eres muy pesimista Pedro, Amalio ha conseguido una segunda oportunidad" me podrás decir. Y sí, es cierto, pero exactamente como tu tio, Amalio ha conseguido este empleo precisamente porque es amigo del dueño de la empresa que le ha contratado. ¿Qué sería de Amalio sin esa red de amistad que ha tejido durante años? Convengamos que sería muy difícil que encontrase un trabajo, por lo menos en las actuales circunstancias. Esta cultura del enchufe suele ser un muro para la gente joven sin "padrinos" que muchas veces no puede encontrar un trabajo donde desarrollar sus posibilidades, pero en el caso de estas personas es prácticamente su tabla de salvación para no caer en la depresión y en la ruina económica. Juanqui, Tienes razón en lo que dices sobre la falta de modernización de estas industrias. Muchos no han hecho nada para modernizarse y han querido seguir trabajando como sus abuelos, eso lo he visto yo y me lo han defendido dueños de empresa con una impactante calma que adivinava un futuro negro. Otros, en cambio, han fallado en sus intentos de cambio. En el caso de Amalio en concreto fue víctima de la propia realidad productiva de la comunidad Valenciana. El sector del mueble está muy deslocalizado. Muchas empresas compran en China y luego importan para vender, sin realizar casi ningún proceso produtivo aquí. Esta realidad arrastra al hoyo a toda la cadena de empresas auxiliares del mueble, que se quedan sin clientes ni servicios que ofrecer. Y todo esto ha pasado incluso cuando la industria del mueble ha conseguido durante años bloquear el establecimiento de IKEA en la comunidad Valenciana, su gran fantasma, que finalmente se implantará en un par de años. Siempre me quedará la sensación de que realmente no ha habido ningún programa potente generado en las distintas administraciones públicas para defender nuestras industrias tradicionales (mueble, calzado, textil) y para conseguir adaptarlas a los nuevos tiempos. Fuera de institutos tecnológicos de gente enchufadídima que no suelen valer para nada, y programas de subvenciones absurdas que, además, suelen ser caldo de cultivo para el fraude, no he visto que se haya hecho nada. Se ve que alguien decidió que lo que importaba en la comunidad Valenciana era el turismo, y que esto era una rémora del pasado. A quien no haya sabido ver la importancia de la diversificación habría que pedirle responsabilidades. Veo que trabajas en el sector de la automoción y, aunque no es un sector tradicional como puede ser el mueble, es un importante foco de diversificación que necesitamos en la comunidad Valenciana. La verdad es que hay muchas cosas parecidas a lo que he comentado. Recuerdo a finales de2008, tú también lo conocerás, que hubieron unas subvenciones extraordinarias para el sector. Se subvencionada prácticamente todo, pululando por ahí las consultoras que convertían cualquier previsión de gasto, hasta el más absurdo, en algo subvencionable mediante el engaño y la manipulación de los proyectos. En ese momento yo estuve metido en ese "ajo", y te digo como algunas empresas de Almussafes, que es seguramente donde trabajas, como de la zona del Camp de Morvedre se dedicaban a "colar" cualquier reparación u operación de mantenimiento como proyecto de mejora para sacar dinero. Era verdaderamente esperpéntico. Pero a pesar de las enormes subvenciones, del plan renove, y de todo lo que están haciendo para mantener la industria de la automoción en España estamos sometidos, lamentablemente, a un proceso de deslocalización difícilmente parable, porque estamos siempre con la espada de damocles de la deslocalización a países del este sobre la cabeza. Algo tendremos que hacer, ciertamente, para intentar evitar esto, pero por ahora lo único que se le ha ocurrido a nuestros magníficos teóricos de la economía es que nos bajemos los sueldos y renunciemos a nuestra protección social. Las medidas en la búsuqeda de competitividad fuera de estas brllan por su ausencia en la mayoría de sectores, no sé si en la automoción también. Y esto es un problema terrible porque con menos sueldos y menor seguridad vamos a extender estas apreturas a la cadena de consumo provocando un efecto dominó. Ganar competitividad minimizando sueldos nos puede llevar a una depresión económica. Esa, que debe ser la última de las opciones, se ha convertido en la primera y única. Ahora miramos al pasado y observamos los años perdidos, las enormes posibilidades de modernización, la mentalidad de la ganancia rápida y del pelotazo, el gasto público en asuntos absurdos y no en mejoras de eficiencia y rendimiento... Bueno me he puesto a divagar, perdona, pero creo que todo esto está muy relacionado con lo que ha vivido Amalio. Saludos,

"Que cada uno saque sus propias conclusiones. Yo ya las he sacado" Pues...........compártelas hombre. Lo que cuentas es una realidad bastante arraigada. Tengo un tio en una situación muy parecida y es curioso porque ahora también pudo encontrar trabajo como comercial, a través de un conocido suyo. Realmente es otro de los problemas que hay en España, que muchas veces para conseguir un buen empleo tienes que conocer a alguien y no te valoran tus méritos ni tus estudios, un país donde todavía funciona el "tengo un amigo que...." No le veo una salida fácil dado la cultura de España y las pocas perspectivas de crecimiento de cara al futuro. Realmente no sé qué decirte Pedro pero estoy seguro que has podido sacar más conclusiones que yo. un saludo

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