LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

REFLEXIONES NACIONALES

 

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La tarde del partido España-Chile circulaba por Valencia capital camino a las afueras. En uno de los semáforos vi una gran bandera de España que colgaba del letrero luminoso de un bar, en el que presumiblemente iban a televisar el partido. Parecerá una tontería, pero comencé un proceso de contemplación místico-política de aquella tela roji-gualda que ondeaba alegremente al viento.

 

Mis sensaciones fueron positivas, no por ningún tipo de emoción futbolística si no por la completa normalidad con lo que la bandera de España ondeaba. Era lo normal con un partido de la selección a escasas horas, y seguramente miles de imágenes similares sucederán en la mayoría de países de nuestro entorno. Pero esta normalidad se convierte en especial debido a la realidad social en la que viven nuestros símbolos nacionales, que arrastran una convulsión histórica.

Igual la presencia de la bandera Española no está absolutamente normalizada en el ámbito social, pero sí me parece que está absolutamente normalizado su uso en eventos deportivos, igual que lo está hace años en el ámbito de la administración. Nadie piensa que la persona X es un “facha” cuando lleva una bandera de España en un partido de la selección, por lo menos no la inmensa mayoría de personas, aunque quizá esta realidad general no sea extrapolable a Cataluña y, sobre todo, al país vasco.

Pero que los símbolos nacionales ganen espacio de normalidad me parece positivo para quitar lastre de debates políticos estúpidos que absorben nuestras energías.

 

Para mi la bandera de España es algo totalmente aceptado que asumo sin problemas como el emblema de mi país. Y ojo, lo digo yo que, si me diesen a elegir, preferiría que se restableciesen los símbolos republicanos, sobre todo la bandera tricolor. Pero eso no me hace tener animadversión a la bandera bicolor ni mucho menos, aunque reconozco que mis prejuicios eran mayores cuando era más joven.

Tampoco veo ningún conflicto con mi identidad Valenciana; ambas identidades son complementarias totalmente, y no me supone ningún conflicto identitario absurdo, como es normal en una persona totalmente opuesta al nacionalismo como yo.

Pero esta realidad no es asumida por todos. La bandera de España tiene una pesada carga detrás, que compagina con la dificultad de establecerse en un país con varios nacionalismos distintos, lo que le hace tener todavía grandes problemas de aceptación que no parece que acaben solucionarse con los años.

 

Si observamos la línea histórica de las afecciones nacionales simbólicas podemos ver como es el Franquismo el que rompe la mayoritaria aceptación de los símbolos nacionales y de la españolidad misma. Desde la dictadura se machacó a la población con la idea de que el régimen franquista representaba las esencias de España, mientras que sus enemigos representaban la anti-España. El conservadurismo, el catolicismo, el militarismo y el cutrerio político-social fueron elevados a la categoría de esencias de la Españolidad, mientras que cualquier oposición ideológica (Liberalismo, laicismo, izquierdismo) eran ideas extranjerizantes ajenas a la realidad nacional.

Además del factor político-social también tenemos el factor simbólico. El franquismo eliminó los símbolos nacionales vigentes (los republicanos) para recuperar los antiguos monárquicos, y por lo tanto generó la sensación de que esa bandera y ese himno más que los del país eran los del régimen. La bandera y el himno se convertían en algo político, y esta sensación perduró en el subconsciente colectivo y se heredó de generación en generación, aunque posiblemente de formas diferentes. Si el Franquismo no hubiese cambiado los símbolos republicanos, o bien la república no hubiese cambiado los monárquicos anteriores, estoy seguro que parte de esta desafección simbólica no existiría.

 

Una vez acabado el Franquismo los herederos de este se declararon únicos portadores de la Españolidad auténtica. Aunque fueron marginales, estas sensaciones penetraron en la derecha Española (y en la izquierda por reflejo), que se ha sentido como la que verdaderamente siente una españolidad sin complejos, cayendo alguna vez en el terrible error de intentar instrumentalizar símbolos nacionales cuando lo único que provoca eso es que los fantasmas de nuestro pasado se reactiven.

Yo siempre he tenido una sensación que igual es equivocada, pero que me ha parecido siempre intuir. Cuando gobierna la izquierda (me refiero al PSOE, no confundir con Izquierda de verdad) la “tensión simbólica” es menor. Y no entro a valorar si la culpa es de unos o de otros, simplemente analizo un hecho que me parece observar.

 

Muchos Españoles se quejan de que en España no se pueda llevar una bandera o alguna simbología con los colores nacionales con total normalidad sin ser víctima de suspicacias maliciosas. Dicen que esto no pasa en ningún país del mundo, que somos el único país que se avergüenza de sus símbolos. Bien, esto no es verdad, no somos el único país en que pasa esto, ni mucho menos. Voy a dar un ejemplo: Japón.

En Japón existe un sentimiento respecto a sus símbolos nacionales muy parecido al que hay en España. Los conservadores los usan y aceptan sin problemas, pero los liberales y progresistas los consideran un símbolo de la época del imperialismo Japonés anterior a la derrota en la II guerra mundial.

Existe, por ejemplo, una gran polémica con la presencia de banderas en Japón y con la enseñanza del himno en las escuelas. Muchísimos profesores se han negado a enseñar la letra del himno en las escuelas (consideran que adula al emperador como a un ser divino) y han sido sancionados, incluso un maestro fue encarcelado por indicar a sus alumnos que permaneciesen sentados e indiferentes ante el himno nacional.

Este caso Japonés nos hace ver como no somos únicos en nuestros recelos, y ver donde está el problema principal que tenemos ambos países en común: Un pasado oscuro que muchos quieren olvidar, pero que otros muchos se niegan a condenar.

 

Mi famoso amigo Nihilista me decía el sábado pasado “Me da igual la selección, yo no me siento Español”, “El nacionalismo es siempre estúpido, y cuanto más pequeño más estúpido es” (lo decía por el catalán, él vive en Barcelona parte del año).

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con la segunda frase, pero le repliqué a la primera: “Ahora no te sientes Español porque vives en España, pero si vivieses en el extranjero te darías cuenta hasta que punto lo Español está presente en tus actitudes y forma de pensar”. “Quizá tengas razón” me dijo, mientras seguía declarando, ya en otros ámbitos, su irreverente e interesante nihilismo.

Y así es, porque el “ser Español” no es realmente una bandera ni un himno. Es una forma de comportarse, de pensar, de entender la vida, son unos gustos determinados, unas costumbres, un modo de viva, etc. Y parcialmente es común a muchos otros países del mundo, pero parcialmente no. Esta es la verdadera esencia de una nación; cambiante, dinámica, receptora de costumbres y gustos extranjeros, pionera en vanguardias conductuales…El “ser Español” no es algo que se pueda definir en un libro, ni que puede listar nadie. Cada uno de nosotros lo crea y evoluciona a la par con él.

 

“Son Españoles quienes no pueden ser otra cosa” dijo Don Antonio Canovas del Castillo. En aquella época la desafección nacional venía más por el anarquismo y el internacionalismo obrero, el cantonalismo y en parte por el nacionalismo, que por nuestros conflictos actuales. Sin embargo parece que es un problema endógeno de este país.

Afortunadamente parece que el tiempo está suavizando estas posturas. E insisto en mi argumento inicial: No nos dejemos embaucar por conflictos artificiales y estúpidos que no aportan nada a la sociedad. Hay demasiadas cosas que arreglar, demasiadas incertidumbres mundiales y demasiados problemas políticos y económicos como para concentrarnos en banderas y en simbolismos.

 

Comentarios

Yo creo que existe rechazo de la bandera rojigualda porque fue impuesta tras la sublevación de 1936 allí donde triunfó el golpe y ya en 1939 en todo el territorio, sustituyendo con ello a una bandera legítima. Si tras la muerte del dictador se hubiera diseñado una nueva bandera que ni fuera la rojigualda ni la tricolor, creo que hoy en día todos sentiríamos los colores de la bandera, pero la causa de que no se cambiaran los colores se debió al hecho de que durante la Transición, los afines al régimen no permitían que se cambiaran los colores de la bandera del 18 de julio, que aunque utilizada antes de la república por los borbones desde Carlos III, el fascismo se encargó de mancillar. Por tanto, es lógico que muchos rechacen por completo esa bandera que simboliza a día de hoy el fascismo español, por las razones anteriormente expuestas. Tan sólo no es rechazada por los hijos de quienes simpatizaron por aquel régimen o en su defecto por los desconocedores de la historia. saludos.

Hola, Gracias a todos por vuestros comentarios. Vamos a ver si consigo que mi amigo nihilista se pase por aquí y pueda aclarar a qué se refiere, pero por lo que le conozco creo que se refiere a que un nacionalismo cuanto más limita su campo de aceptación de la realidad, el entorno que considera suyo y el tamaño de la realidad que pretende construir, más absorbido está por la filosofía nacionalista y mayor es la miopía de su existencia y de sus planteamientos políticos. El próximo post va a ser muy "friki", espero que os guste en este fin de semana caluroso. Saludos.

Vaya, desconocía el caso japonés. Sabía que tras la II Guerra Mundial había cierto pacifismo o, por decirlo de alguna forma, que tener un ejército o participar en guerras exteriores se consideraba una especie de tema tabú. Aunque no sabía que existiesen recelos hacia los símbolos nacionales. Al igual que a su amigo Nihilista, la selección me importa poco, más allá de ser una buena excusa para tomar unas cervezas con los amigos. Aunque, obviamente, uno no es de piedra, y una vez que me siento a ver un partido es difícil no dejarse llevar y sufrir. Respecto al tema del nacionalismo, sería interesante que su amigo se pasara por aquí y explicase la segunda parte de la frase “El nacionalismo es siempre estúpido, y cuanto más pequeño más estúpido es”. Sin ser algo que haya meditado mucho, le veo más sentido al "pequeño", ya que cuanto más pequeño, más cercano y, por tanto, mejor lo conozco. No es que precisamente sea un modelo a seguir, pero Hitler escribió "Lucho por lo que amo, amo lo que respeto, y a lo sumo respeto lo que conozco". Saludos

Un saludo ,Pedro, Yo desde fuera de España veo, muy subjetivamente, que no hay una forma única de ser español, que por ejemplo se puede ser español siendo gallego o andaluza, aunque realmente no nos parezcamos mucho. Quizá en esa variedad resida la esencia de lo español. En cuanto a lo de la bandera, me parece bien, y me duele que no todos sientan la bandera española como suya, pero también es cierto que hay razones detrás.

Buenísimas reflexiones Pedro. Yo siempre he pensado que la bandera no debe ser exclusivista de la derecha y que todos los españoles deberían o mejor dicho podrían sentirla como propia. Creo, de hecho, que gran parte del problema en la actualidad es el tema de la monarquía - muchos españoles no es que rechacen tener bandera pero sí rechazan el escudo monárquico que lo ven como heredero del franquismo. A mí eso me parece una tontería pero como bien dices, con el tiempo se está superando. un saludo

A mí esto de las banderas, los himnos, la patra, el patriotismo...como que me la pela. Me parece una gran estupidez el patriotismo primitivo de la gente, que lo único que ha conseguido a lo largo de la historia es "sembrar el huevo del odio y de la guerra" por parte de algún ambisioso o algún "salvapatrias". Por otra parte nadie es mejor ni peor porque sea de una nación o de un país u otro. Cada persona es de un país- o de un pueblo, comarca o región dentro del mismo- por pura casualidad, por lo tanto yo no soy superior-ni tampoco inferior- a quien haya nacido o vivido a 10, 500 0 8000 kilómetros a la redonda.

Vamos a necesitar más tiempo para normalizar esta situación. Se quiera o no la dictadura fue anteayer.

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