LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

MANUEL AZAÑA (II)

 

UN PATRIOTA EN LA GUERRA CIVIL

 

http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/img/azananegrin.jpg 

 

Aquí sigo con la vida de Don Manuel Azaña:

 

Azaña se convirtió, pues, en la cabeza del Frente Popular. La coalición de Republicanos de centro, de centro izquierda, socialistas y comunistas tuvo un programa bastante moderado y su fundamento es que la izquierda “proletaria” daría su apoyo parlamentario a los burgueses progresistas para que estos gobernasen sin que los partidos proletarios entrasen en el gobierno, algo explicitado en el programa del Frente Popular Español. Obsérvese que el Frente Popular Francés era, en este sentido, más radical que el Español.

 

El 16 de Febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones con una mayoría bastante ajustada. El presidente del gobierno en ese momento, Portela Valladares, citó a Azaña para cederle inmediatamente una presidencia de la que huía. Azaña tuvo que formar su gobierno al día siguiente, que incluyó tan sólo a republicanos burgueses.

La amnistía de los presos políticos de la revolución de Asturias, y la reactivación de las políticas del primer bienio republicano fueron las primeras medidas del nuevo gobierno. Sin embargo, el gobierno se vio desbordado por una situación de desorden a nivel de calle. Los socialistas empezaron a hacer “desfiles de la victoria”, haciendo como si la victoria electoral hubiese sido una victoria proletaria, algo que asustaba a las grandes fortunas del país y a parte de la clase media. Azaña, al ver que no cesaban, exigió a Largo caballero que parasen los desfiles, cosa que consiguió del veterano socialista que en ese momento padecía lo que Lenin llamó “La enfermedad infantil del socialismo”.

Pero el problema principal a nivel de orden público eran los asesinatos. Falange Española inició una campaña de terror contra personalidades izquierdistas, lo que le llevó a ser ilegalizada. Generalmente ante los asesinatos distintos grupos izquierdistas actuaban de la misma manera, creando un clima de venganza y terror.

El gobierno Azaña tuvo que recurrir al estado de alarma para intentar controlar la situación, cosa que no consiguió. Hay que entender que ya existían avanzadísimos planes de golpe de estado, prácticamente desde el mismo momento en que el Frente Popular ganó las elecciones, y que esta violencia de Falange respondía exactamente a crear un clima que hiciese que los militares se sublevasen.

 

Al formarse el nuevo parlamento se discutió el futuro del presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora. En un momento de estúpida venganza las cortes votaron la destitución del presidente de la república, al que casi nadie ni en la derecha ni en la izquierda defendió.

Sin Alcalá Zamora las cortes no podían ponerse de acuerdo en quien sería el nuevo presidente de la república. Martínez Barrio no acababa de gustar a los grupos proletarios, al igual que Felipe Sánchez Román que se retiró del Frente Popular cuando entraron en él los comunistas. La heterogeneidad del frente popular hacía difícil que un candidato fuese aceptado por todos sus grupos, así que finalmente se decidió que sería Azaña, único con el apoyo total del Frente Popular, aunque también de los radicales, los republicanos de derecha y el PNV; quien ocuparía la presidencia.

Azaña se vio, pues, oficialmente “ascendido”, aunque realmente este ascenso llevaba parejo una pérdida de poder real. Casares Quiroga, sustituto de Azaña, no tenía ni la autoridad ni la capacidad de Azaña, y por eso mismo sus decisiones durante la rebelión del 17 de Julio no fueron las más acertadas.

 

18 de Julio de 1936, fecha trágica en la historia de este país que perdurará en su memoria por generaciones, parte del ejército español secunda el alzamiento de Marruecos. Casares dimite y Azaña, desde su autoridad de Jefe del estado, hace un último intento para evitar la guerra civil. Encarga la formación de un gobierno de concentración nacional a Martínez Barrio, incidiendo en que ese gobierno debía contener a personalidades de la derecha republicana, y no debía incluir a comunistas.

Este gobierno hubiese representado la ruptura de facto del frente popular, justificado por la situación de emergencia. Sin embargo tanto personalidades de derecha como Miguel Maura, “Ya es tarde para todo” dijo, como los socialistas rechazaron entrar en el gobierno. El gobierno se formó con miembros de los dos partidos republicanos que ya lo componían y un miembro del partido nacional republicano.

Martínez Barrio llegó a hablar con algunos generales sublevados, a lo que intentó, sin éxito, convencer para que reconsiderasen su posición y así evitar una guerra. Las manifestaciones del partido comunista y los anarquistas contra este gobierno, al que consideraban “traidor”, dieron la puntilla al gobierno y derrumbaron el experimento. Martínez Barrio dimitió a las 24 horas de formar el gobierno, y Azaña le encargó a su íntimo José Giral la formación de un nuevo gobierno, de nuevo exclusivamente formado por republicanos Burgueses.

Muchos historiadores consideran que en intento de Azaña fue tardío. Nunca es tarde para intentar evitar una guerra civil.

 

Desde el inicio de la guerra la personalidad de Azaña cambia casi radicalmente. El político seguro y soberbio de la época de paz desaparece, y nos encontramos ante un político consternado con lo que está pasando su país y absolutamente preocupado por poner fin a la guerra, encontrándonos un Azaña mucho más humano y sentimental.

Al ver a la república convertida en una especie de estado mixto que combinaba una democracia parlamentaria formal con una situación revolucionaria de facto manejada por partidos proletarios y sindicatos, parece que Azaña pensó en dimitir, aunque su lealtad a España y a la república no se lo permitió.

Pero hay que entender a alguien como Azaña en ese momento. Asesinatos, milicias en las calles, violencia, odio, leguaje revolucionario, muerte…Para un Burgués, para un progresista con él este ambiente era deprimente. Él, que años antes discutiendo con su amigo Ángel Ossorio sobre las leyes y los castigos a los insurrectos decía “En este país alguien tiene que empezar a gobernar sin fusilar a troche y moche. Empezaré yo”, se veía envuelto en un ambiente de violencia fratricida. Él, defensor de la ley y de la reforma, veía como una revolución sin control, sin métodos, sin objetivos claros, sin coordinación ninguna se superponía a las leyes de la república. Él, que vio como su mentor político Melquíades Álvarez era fusilado por milicias descontroladas en la cárcel modelo de Madrid. Imaginad en impacto para una persona así.

 

El gobierno Giral dimitió para que Largo Caballero, el Lenin Español que le llamaban en esa época, formase un gobierno de concentración con todos aquellos que defendían a la república. Nacionalistas, comunistas y anarquistas entraban en el gobierno, ante la protesta de Azaña por la entrada de los dos últimos grupos.

La relación con Caballero fue siempre difícil. Leyendo los diarios de Azaña se observa como Largo Caballero era el único de sus ministros al que alababa en 1932 (Al resto los tenía por incompetentes, excepto a Carner). Sin embargo en 1936 Largo se había convertido el una especie de líder espiritual de la revolución Española, dejándose llevar por la corriente del momento, considerándole Azaña como un “cadáver”. Ni siquiera la rápida evolución de Caballero en el poder, que pasó en cuestión de meses de ser un revolucionario infantil a ser un hombre de estado fuertemente anticomunista, sirvió para que Azaña reconsiderase su opinión.

Las discrepancias entre ambos eran profundas. Largo aceptaba de buen grado la semi-revolución que se había dado en la zona republicana, mientras Azaña quería volver al orden republicano de antes de la guerra. Largo hablaba de ganar la guerra, Azaña quería convencer a Francia e Inglaterra para que iniciasen una mediación que trajese la paz manteniendo la democracia.

 

Los sucesos de Barcelona de 1937 provocan una especia de pacto entre socialistas anti-caballeristas, republicanos y comunistas para echar a Largo del poder y poner a Negrín. Con Negrín en el poder, mucho más moderado que Caballero, Azaña parece recuperar la esperanza. Con la revolución en retroceso, con los crímenes casi erradicados, el primer gobierno Negrín intenta recuperar cierta normalidad democrática, con la entusiasta adhesión de Azaña. Ambos comparten también un rechazo hacia como los nacionalismos Catalán y vasco están actuando.

Sin embargo con el tiempo Azaña y Negrín se distancian enormemente. Azaña quería que el gobierno forzase una mediación internacional para acabar con la guerra, pero Negrín se convence de que eso es imposible y se presta a seguir la guerra hasta el final. Cada vez más el presidente Azaña considera a Negrín un hombre irresponsable, un aventurero, una persona que no sabe analizar la realidad. Sobre todo desde la destitución de Prieto como ministro de defensa nacional (forzada por los comunistas) su relación se vuelve insoportable. Sus conversaciones en Pedralbes son durísimas, diciéndole Azaña que no le destituye porque el Frente Popular le apoya y no debe hacerlo pero que si por él fuese lo haría ipso facto, y respondiendo Negrín que le destituya si se atreve, que él en su situación usaría esa prerrogativa, pero que sabe que no lo puede hacer.

Negrín y Azaña, Azaña y Negrín. Dos grandes personalidades que ven la guerra desde puntos de vista radicalmente distintos, que sienten la responsabilidad sobre sus espaldas, y que eso les lleva a enemistarse fuertemente.

 

Desde el corte de la zona republicana en dos por Vinaroz, Azaña da la guerra por perdida. Espera los días que queden hasta que, o bien sea la república derrotada, o bien el gobierno pida abiertamente una mediación internacional.

Después de la batalla del Ebro, Cataluña comienza a ser ocupada. Gobierno y presidente son evacuados y se dirigen hacia Francia. Una vez cae Cataluña los gobiernos Francés e Inglés reconocen al gobierno de Burgos, lo cual provoca la dimisión del presidente Azaña (que se encontraba en Paris) y la negativa del presidente de la cortes, Diego Martínez Barrio, a ocupar el puesto tal y como indicaba la constitución. La república quedaba descabezada.

Aún así Negrín intentó continuar la resistencia en la zona centro-sur, hasta que el golpe militar del coronel Casado puso fin a las hostilidades y preparó la rendición.

 

Exiliado y retirado de toda actividad política las desgracias persiguieron a Azaña hasta el final de sus días. En España se le aplicó la ley de responsabilidades políticas, calificándolo como “enemigo del ejército, la religión y la patria, pervertido sexual, masón y marxista” y confiscándole todos sus bienes.

La guerra mundial y la invasión alemana de Francia provocó que Azaña, ya bastante enfermo, tuviese que cambiar de residencia ante el avance Alemán. Ya en ese momento una obsesión circulaba por su mente, que repetía constantemente: “Si Franco me captura, me paseará por Madrid con una soga al cuello”. Temía, más que la muerte, que le mostrasen como trofeo de guerra.

Estuvieron cerca de hacerlo. Perseguidos por la Gestapo, que llegó a asaltar la casa donde vivía cerca de Burdeos cuando afortunadamente ya se había ido de allí (y donde detuvieron a su cuñado Cipriano Rivas Cheriff quien fue deportado a España),  se trasladó a Montauban, donde encontró la desinteresada y valiente protección del embajador Mexicano, Luís Rodríguez, quien decide alquilar unas cuantas habitaciones del hotel Midi de esa localidad donde iza bandera mexicana para darle estatuto de extraterritorialidad y así proteger al presidente Azaña. Las precauciones del embajador no son casuales, pues es conocedor de que hay un comando de Falangistas enviado desde Madrid con el objetivo de secuestrar a Azaña. De hecho, la comitiva que llevaba a Azaña al hotel Midi es parada por la policía secreta de la Francia de Vichy, que se tiene que retirar forzosamente al ver las credenciales del embajador Mexicano.

 

Tanto el embajador como directamente el presidente mexicano General Cárdenas intentan mediar ante las autoridades de Vichy para que Azaña, muy enfermo, pueda salir del país y recibir atención médica adecuada, pero es inútil. Cercado por los Falangistas no podrá salir nunca del hotel Midi y allí morirá.

El embajador Mexicano intentará que se le entierre con honores de Jefe de estado, a lo que el gobierno colaboracionista se negará tajantemente. Tampoco permitió que se le enterrase cubierto por la bandera tricolor republicana, sugiriendo patéticamente que se usase la bandera rojigualda (entended que significado tenía en ese momento). Finalmente Luís Rodríguez decide que el presidente Azaña sea enterrado cubierto por la bandera Mexicana, “Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza y para ustedes una dolorosa lección” le dijo Rodríguez al prefecto militar de la región.

 

Cuando analizas la vida de Azaña parece representar simbólicamente la vida de España reflejada en la vida de una persona. Plá dijo que Azaña se podría llegar a confundir con la república misma, pero yo creo que realmente se puede confundir con la época misma.

Intelectual, político idealista, decepción por la evolución de los acontecimientos y muerte trágica. Estos cuatro conceptos son los componentes de la tragedia Española de la primera mitad del siglo XX. Dos generaciones de asombrosos intelectuales, un país muy dinámico políticamente y ansioso de cambios; una radicalización de la sociedad, un país que decide arreglar sus problemas con la fuerza, un gusto obsceno por la sangre; y finalmente un terrible genocidio y una herida violentísima en la nación que la devuelve al oscurantismo de su pasado.

Azaña era la república, sí, pero sobre todo era España, era la representación de los conflictos y dilemas de la época, su vida es el reflejo de lo mejor y lo peor de este país. Por eso Azaña es el personaje, con mayúsculas, de la España del Siglo XX.

 

 

Comentarios

En las memorias de el ex Ministro Ansó se hace hincapié en que el llevar a Dº M. Azaña a la Presidencia de la República desde la del Gobierno era un movimiento táctico del P.S.O.E. buscando desactivarlo políticamente. El Pte. de la Rep. Azaña sufrió mucho durante la guerra. Él era un excelente político para la paz, un demócrata convencido. Para la guerra la figura más apta de Negrín tardó demasiado en llegar. Y además, les costó compenetrarse. También se cometieron errores y excesos de confianza en los momentos iniciales, comparando esta sublevación con la del 32, que fracasó muy rápido. Ver, a medida que avanzaba el conflicto, que Portugal, Italia y Alemania apoyaban abiertamente a los traidores y que, en cambio, Francia e Inglaterra no querían hacer lo propio con el Gobierno democrático para no adelantar la guerra europea que ya se preveía, fue constatar que la República correría una suerte muy negra y dolorosa para la Democracia. Todo eso sin contar las deslealtades a las instituciones de la República de los revolucionarios de extrema izquierda de cada tipo. Con amigos como ésos quizá no hacían mucha falta los enemigos como los fascistoides que avanzaban por el Sur. La combinación de ambos en el mismo tiempo, es algo imposible de resistir por cualquier Estado. Ansó también hablaba en su autobiografía de que el Gobierno de México fue muy leal y valioso en su defensa diplomática de la República Española durante la evacuación tras la victoria de los traidores. Desconocía la intervención del embajador para proteger al ex Presidente Azaña. Una historia dura. Aunque menos que las de los que se quedaron atrapados en la cárcel-país que fue la España franquista fascista. También menos, claro, que las de los que fueron apresados, martirizados y asesinados. « Finalmente Luís Rodríguez decide que el presidente Azaña sea enterrado cubierto por la bandera Mexicana, “Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza y para ustedes una dolorosa lección”. » Menuda frase. Se me eriza el vello de leerla. Enlazaré en mi reseña sobre las memorias del ex Ministro Ansó sus dos escritos sobre el ex Presidente Azaña. Mi más cordial saludo,

Muchas gracias, Pedro. Un par de posts de mucho valor, y emocionantes, además. Si en Españs hubiese habido unos cuantos Azañas, antes, durante y después de la guerra...

Creo que te lo comente la vez anterior. Conoc´ia poco de Azaña, quiz´´as lo que escriben los vencedores y algo m´as, pero poco. Ha sido interesante ver porque lo crees el personaje del siglo XX Saludos (tengo problemas con los acentos)

Sin duda un político fascinante en una época fascinante. Gracias por estos artículos, compañero.

Añadir un Comentario: