LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

MANUEL AZAÑA (I)

 

INTELECTUAL Y POLÍTICO

 

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¿Cuál es el personaje histórico más importante de la España del siglo XX? La pregunta es difícil. Si hablamos del personaje central del siglo este sería el General Franco, hombre que permaneció en el poder casi 40 años. Sin embargo Franco es un personaje de un nivel intelectual y político mediocre, rozando la indignidad. Militarmente posiblemente sí era un gran militar, aunque hay algún estudio que niega la mayor, y por supuesto si hablamos de moral y ética no se nos puede ni pasar por la cabeza destacar a Franco, ya que hablamos probablemente del mayor asesino de la historia de España.

Franco, pues, no nos vale como personaje más importante del siglo.

 

Si para elegir a este personaje nos centramos en el terreno político, yo daría 6 candidatos: Antonio Maura, José Canalejas, Manuel Azaña, Juan Negrín, Adolfo Suárez y Felipe González.

Si por importancia consideramos la prevalencia en la sociedad de sus decisiones o acción política, quizá deberíamos elegir a Adolfo Suárez o a Felipe González, pues el resto fracasaron en sus principales objetivos; pero si hacemos un análisis global, destacando la faceta intelectual, política, su visión de la sociedad, su altura de miras, etc. Yo me quedaría sin duda con uno de ellos: Don Manuel Azaña.

 

Azaña se definió a sí mismo como “Un intelectual, un liberal, un Burgués”, y era todas esas cosas. También era un patriota, un afrancesado, un progresista y un humanista.

Miembro de una familia relativamente pudiente, Azaña estudió derecho interno en el Escorial, estudios tutelados por una orden religiosa católica. Este hecho marcó, quizá, el resto de su vida, pues Azaña abandonó el centro parece ser que por una crisis religiosa y enfrentado con los religiosos, sacándose el título por libre.

En su juventud militó en el partido reformista de Melquíades Álvarez, que proponía una democratización de la monarquía de Alfonso XIII. Fracasó en su intento de ser diputado, lo cual posiblemente le favoreció al no mezclarse con ese régimen viciado y en franca disolución. Además de su carrera política en segunda fila, Azaña fue miembro del ateneo de Madrid desde muy joven, del que llegó a ser presidente.

 

Como veis el Azaña de antes de 1930 fue un personaje bastante irrelevante a nivel político y mediático. Esto representa los 50 primeros años de su vida, años en que la mayoría de políticos hacen carrera en los puestos bajos de la política, mientras Azaña no pasó de una frustrada presentación a las elecciones generales y una ruptura con su partido al inicio de la dictadura de Primo de Rivera.

Este perfil tan diferente al de cualquier político se debe a que Azaña, más que un político, era un intelectual. Él disfrutaba de la política en tanto en cuanto esta se refiere a la mejora de la sociedad, al desarrollo de una teoría política de progreso social y a la modernización de España; disfrutaba, realmente, de la “teoría” política.  Pero en cuanto la política dejaba la teoría y el idealismo de lado y pasaba a convertirse en un empleo, ésta dejaba de tener sentido para él.

De hecho Azaña no disfrutaba en absoluto con el ejercicio del poder, quizá sí con el reconocimiento público de la magistratura que representaba pero no con el poder en sí.

 

Tras la dimisión de Primo de Rivera y la perspectiva de vuelta a un sistema de partidos, Azaña fundó Acción republicana, pequeño partido compuesto básicamente por intelectuales y funcionarios de rango medio. Acción se diluyó en una alianza mayor, la alianza republicana, que formó con distintos grupos republicanos tanto de derechas como de izquierdas.

Y esta alianza se unió a los socialistas en las elecciones del 12 de Abril de 1931 que llevaron, dos días después, a la proclamación de la II república Española. Azaña pasó a formar parte del gobierno provisional de la República como ministro de guerra, y ahí se descubrió como el mayor valor del republicanismo Español en muy poco tiempo.

No era fácil destacar en un gobierno con personalidades como Alcalá Zamora, Lerroux, Miguel Maura, Fernando de los Rios, Marcelino Domingo…sin embargo Azaña destacó rápidamente en este ministerio quizá por una razón: Porque tenía un plan clarísimo de lo que quería hacer con el ejército Español desde hacía muchísimos años.

 

Estudioso de la historia militar, fundamentalmente del ejército francés, Azaña interpretó que el ejército Español era disfuncional, repleto de oficiales y de generales que lo eran por caprichos personales del rey y por reparto de ascensos a modo de regalos. Su proyecto en el ministerio de guerra fue la reestructuración entera del ejército, reduciendo el número de oficiales en gran proporción mediante un sistema de retiros forzados que solían orientarse a los oficiales que consideraba más comprometidos con la monarquía y la dictadura, consiguiendo así su segundo objetivo: Democratizarlo.

La reforma militar de Azaña fue muy respetada por la prensa de la época y ha sido alabada por historiadores de todas las tendencias. Sin embargo lo que fue un acierto en el fondo pudo ser bastante hiriente en la forma. Azaña, que creía en la supremacía del poder civil sobre el militar, no se cortaba en demostrar a los militares que quien mandaba era él, un civil. Sus formas, además, no eran precisamente suaves ni contemporizadoras. Medio siglo después, Felipe González repetía a su ministro de defensa: “No debemos cometer el mismo error que cometió Azaña” y por eso fueron cautos y respetuosos con sus reformas militares. Quizá historiadores de la siguiente generación estudien si esas cautelas pudieron tener algo que ver con el asunto de los GAL…

 

Pero el ascenso de Azaña al estrellato se produjo un día de octubre de 1931. En las cortes se estaba discutiendo qué hacer con las órdenes religiosas y con el estatus de la religión católica. Hubo un momento en que parecía que una moción del partido socialista y el partido radical-socialista sobre la expulsión de todas las órdenes religiosas de España saldría adelante, algo que el gobierno consideraba excesivamente radical. Sin embargo ningún ministro, por unas razones o por otras, se atrevió a hablar y a defender la posición del gobierno, hasta que Azaña dijo “Voy a hablar”.

El discurso de Azaña fue brillante. Defendió que expulsar a las órdenes religiosas era un error, y centró el debate en un punto: Que las órdenes religiosas no pudiesen ejercer la enseñanza. Él, que tenía una experiencia personal con la educación religiosa, consideró que esa era la clave de la cuestión sin entrar en radicalismos absurdos.

Al finalizar el discurso los propios diputados socialistas y radical-socialistas aplaudían a rabiar, lloraban o gritaban blasfemias como el bueno de Indalecio Prieto, cambiando mansa y entusiastamente el sentido de su voto para defender la postura de Azaña. Sin embargo el presidente del gobierno provisional, Niceto Alcalá Zamora, se veía profundamente consternado por el artículo aprobado (Era católico de misa y comunión diaria), lo que le llevó a dimitir.

Ante la dimisión del presidente y el enorme efecto mediático del discurso, Azaña fue convencido por sus compañeros de gobierno para que aceptase la presidencia. El 14 de Octubre de 1931 fue presidente del gobierno (del consejo de ministros se decía entonces) por primera vez.

 

Al aprobarse la constitución, dos meses después, el gobierno de Azaña sufrió una crisis. Los radicales se quejaron a Azaña de que habían sido marginados en una modificación del gobierno, quedándose sólo con dos carteras cuando eran un grupo parlamentario muy numeroso, y expresaron su voluntad de abandonar el gobierno. La jugada del líder de los Radicales, Alejandro Lerroux, era clara: Poner a Azaña en un compromiso. Un gobierno con radicales y socialistas era insostenible a la larga, por lo que Azaña debía elegir si gobernar con los socialistas o con los radicales. Si gobernaba con los radicales, Lerroux sabía que tarde o temprano la presidencia la iba a ocupar él, pues era el presidente del grupo parlamentario más numeroso a parte del socialista.

Azaña tuvo que elegir si hacer un gobierno izquierdista con los socialistas, o uno centrista con los radicales. Y eligió gobernar con los socialistas. Supongo que en esta decisión pesaría la sensación de que los socialistas eran absolutamente necesarios para las reformas que él quería efectuar, por un lado, y que no se fiaba nada de Lerroux por el otro, ya que conocía las tendencias corruptas de éste. Él sabía que gobernar con los radicales era más fácil cara a la opinión pública, aunque era más difícil para las votaciones parlamentarias, y quizá priorizó el tener una mayoría parlamentaria sólida.

 

Azaña, así, se convertía en la cabeza de una coalición izquierdista destinada a la reforma profunda de España.

El gran escritor en lengua Catalana Josep Pla, escribió entonces que Azaña era casi como la representación en persona de la república. Pla dijo que la república estaba sustentada por un trípode. La primera pata de este trípode era la reacción contra la dictadura y los militares, representando la prevalencia del poder civil sobre el militar. Azaña, personalmente, era el ministro de guerra que había hecho planes de profunda reforma del ejército para democratizarlo y evitar su intromisión en la política.

La segunda pata era la reacción contra la preponderancia de la Iglesia católica en la vida del país. Azaña, después del discurso que le llevó a ser presidente, se había convertido en la personificación de esta política secularizadora.

Y la tercera pata era la pata “social”, la república como esperanza de mejora de los más pobres de la población. Y al gobernar con los socialistas Azaña era también el referente de esta tercera pata.

Por esta razón se corre el riesgo de que Azaña sea confundido con la república misma” y “se está generando la sensación de que Azaña o hará la república o hundirá España”. Lamentablemente no le dejaron que pudiésemos comprobar si la percepción de Josep Pla era la correcta.

 

Hay otra faceta importante de la política de Azaña, y esta fue su empeño en otorgar un estatuto de autonomía a Cataluña. Azaña era profundamente patriota (patriota Español me refiero), pero entendía que el reconocimiento de la idiosincrasia especial de Cataluña y de cierto autogobierno haría que Cataluña y los catalanes se sintiesen más cómodos como españoles y que esto fortaleciese a la república.

En 1932 se aprobó el estatuto de Cataluña con especial implicación del presidente Azaña (obsérvese la similitud con Zapatero, ¿Coincidencia o imitación?). Este quizá fue el momento álgido del Alcalaíno, ya que a partir de ahí llegaron los problemas. Eternos conflictos para sacar una reforma agraria adelante, crisis internacional, y el asunto de Casas Viejas, con el que intentaron acabar con el presidente.

Cuando vio su gobierno quemado y sin fuerzas, Azaña decidió dimitir dejando paso a nuevas elecciones, que ganaría la derecha. En la oposición lo pasó mal, pues su pequeño partido fue casi fulminado, y sufrió otro intento de desprestigio, encarcelamiento por el levantamiento catalán (con el que no tuvo nada que ver), decepción por la polarización que estaba sufriendo el país., etc.

 

Sin embargo el intelectual sacó fuerzas de la decepción y vislumbró un nuevo reto: Una nueva conjunción republicano-socialista lo más amplia posible que devolviese al país a las reformas y acabase con la radicalización de parte de la izquierda. Esta idea coincidiría con un movimiento internacional de unión de las izquierdas, y desembocaría en la coalición más heterogenea e ingobernable que ha dado la política: Un frente popular.

 

Continuará…

 

Comentarios

Interesante biograf´ia. Conoc´ia de este señor, pero parece que hubiese dado la vida por España. Ya veremos la continuaci´´on. Tengo problemas con los acentos como te habras dadp cuenta Saludos

¿Cuándo viene el próximo? ¿Cuándo? ¡Venga! ¡Quiero más! Gracias, compañero. Salud y República.

Vaya, ha aparecido su comentario sobre políticos (no) intelectuales mientras preparaba el mío :-)

"destacando la faceta intelectual, política, su visión de la sociedad, su altura de miras" Coincido en que ahí destacan los ex Ptes. Azaña y Negrín. Tras leer la autobiografía del ex Ministro Ansó, escribí una reseña del libro en el que aparece, cómo no, el ex Pte. M. Azaña como una de las figuras destacadas. ---> ciudadanopublico.blogspot.com/2010/02/memorias-del-ex-ministro-anso.html Da la sensación de que hoy no hay muchos de estos políticos intelectuales y honestos. Cordialmente,

La segunda parte la colgaré el miércoles, pues mañana estaré todo el día en Madrid y no podré. Tengo que decir que la segunda parte me gusta más que esta, pues se ve al Azaña más sentimental y explico las circunstancias trágicas de su muerte, generando una reflexión colectiva sobre el triste pasado que hemos tenido como país. Y es cierto, no hay políticos como Azaña en este país, y creo que la causa fundamental es que la política se ha convertido en un Show donde importa más la imagen y la apariencia que las ideas y la inteligencia. Un intelectual no podría, hoy, ser nunca presidente del gobierno.

Muy buen artículo, Pedro, e interesantísimo. Qué pena que no haya políticos de la talla de Azaña en la política española hoy en día. Por cierto, el tiempo demostró que las alabanzas que Ansar hacía de Azaña no eran más que una fachada para ganar votos en el centro. Runaway: ¡jamás habría pensado que votaste al PP! Eso es lo que Pink Floyd llamarían "un lapsus momentáneo de la razón". Je, je.

Bueno Pedro, creo que te has quedado sorprendido con el último comentario que te dejé en la anterior entrada. Pues, sí, yo en el 2000 voté por el PP a las generales y a Aznar como presidente. Es una de las pocas cosas que me arrepiento de haber hecho en mi puta vida. Pero qué quieres que te diga, me dejé llevar por la euforia del momento, cuando la económía coyuntural iba bien (que no españa), y por aquel cuento de que el PP no era la derecha hededera del franquismo y era del centro reformista y una derecha moderada, liberal, abierta y moderna como la francesa o alemana. Un error de apreciación lo tiene cualquiera. Si no recuerdo mal, Sanchez Dragó, en su programa televisivo le hizo una entrevista a Aznar, y éste le confesó que uno de sus personajes históricos que él admiraba era Manuel Azaña. Como eran tiempos de mostrarse centrista y moderado silenció que su más profundo admirado era Jose Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. Se apropian de la bandera, de la Constitución que votaron en contra, del liberalismo, de Azaña, incluso de García Lorca cuando dijeron en la misma campaña electoral del 2000 (de eso me enteré después) que si Garcia Lorca viviera votaría al PP. Ellos que están en contra del Titulo VIII de la Constitución y que han presentado recurso contra el Estatut de Cataluña, y por ente con otras reformas de estatutos que tienen articulos similares a los del catalán, dentro de unos años dirán que los artífices de los estatutos de autonomías y en particular del catalán fue gracias al PP. Y la Democracia que ahora tenemos también. El colmo del cinismo. Pero volviendo al tema del debate que propones, hoy por hoy faltan personajes que puedan pasar a la Historia como líderes políticos que trabajan para el bien común de la humanidad, exceptuando al actual presidente norteamericano Obama. En otros ambitos intelectuales o científicos si hay algunos, pero no salen en los medios. Hoy quien sale en los medios es las belenes estébanes, los paquirrines, las pantojas ,su ex-novio por saquear el ayuntamiento de Marbella, y los excorcursante del gran hermano contando los polvos que echó en la casa debajo del endredón. En Europa no hay liderazgo, y es una de las causa por la que Obama pasa de nosotros, porque no hay una voz común, y mira más a China, Brasil, India o Rusia. La presidencia de turno de España para la UE está pasando desapercibida por una parte por la presidencia compartido con otros dos cargos, y por otro, porque Zapatero no puede con lo que tiene en casa, como para ocuparse de la Unión en que cada uno tira para un lado. En fín, qué quieres que te diga. Estamos viviendo un tiempos muy desconcertantes y deprimentes. Yo diría que muchísimo peores que los que se vivieron en el siglo XIX o la primera mitad del siglo XX. En aquellos tiempos había mucha ignorancia, mucha incultura y poca información. Hoy en día con una sociedad muchísimo más avanzada, con multitud de medios de comunicación, en un mundo globalizado y en la era de internet, siento que la ignorancia y la incultura es muchísimo mayor. Bueno, Pedro, si te digo la verdad, llevo una temporada en que me resulta triste y deprimente todo lo que está pasando. Soy una persona inquieta, sensible y con mucha consciencia social y preocupada, no por mí, ni por mis intereses particulares, sino por todo lo que ocurre a mi alrededor. Y toda ese ambiente tóxico que estamos viviendo me afecta en mi estado de ánimo. Hace una semana dimítí del empleo que tenía en una empresa en la que trabajé durante tres años. No lo hice porque me trataran mal ni por estar a disgusto en ella, y tengo las puestas abiertas para volver en un futuro. Simplemente son ciclos vitales míos y necesito oxigenarme. un cambio, una renovación. En un plano más general también necesito estar un tiempo desconectado de todo. Pásate por mi blog, lee mi última entrada con los enlaces y vídeos correspondientes lleno de metáforas y encontrarás muchas claves para entender lo que quiero decir. Hasta la próxima.

Hola, Como el post era muy largo, he decidido partirlo por la mitad. El martes o el miercoles colgaré la continuación, que tiene más o menos la misma extensión que este texto.

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