LAS PREBENDAS DE LOS POLÍTICOS
¿Seguro que es un político?
Una de las quejas que comparten las personas de todas las ideologías es que los políticos cobran mucho. El ciudadano medio se escandaliza, no ya de los sueldos, si no de todos los beneficios de los políticos: Coches oficiales, dietas, viajes, pensiones muy altas una vez jubilados, salarios de transición, etc.
La población suele ver el trabajo de político como un chollo. Los políticos son vividores y gentes que no quieren trabajar y que viven del erario público. Si preguntas a la gente, te dirá que los políticos no tienen que cobrar (algo que sería peligrosísimo, pero bueno) o deberían ser mileuristas, que nada de beneficios y que son unos corruptos.
¿Son los políticos realmente aprovechados? En muchos casos sí. ¿Tiene la población el derecho, entiéndase, la razón moral para criticar estas actitudes como sociedad? La tendencia de todos es decir que sí, que es un deber del ciudadano criticar este aprovechamiento de la política. Pero yo no lo tengo tan claro. Criticar a los políticos está bien, pero ¿Es justo que lo hagamos selectivamente? Yo creo que no, creo que somos excesivamente demagogos y populistas haciendo estas críticas y, una vez más, tenemos una miopía brutal que hace que no miremos a nuestro alrededor.
Los políticos usan coches oficiales, bien del estado bien del partido. De acuerdo, pero cualquier cargo medio o alto de cualquier empresa usa coches de empresa. El director de ventas, o el jefe de planta de cualquier empresa tienen un coche de empresa. La mayoría lo usan para su vida cotidiana: Viajan con él, ponen gasolina con la tarjeta de la empresa… Y no lo hacen por un mal uso, lo hacen porque la propia empresa les dice que pueden hacerlo y se lo permite. Y se lo permite porque el coche de empresa es un “extra” adicional al salario que permite a la empresa beneficios fiscales, desgravaciones, y se usa como un complemento al salario para pagar menos, con lo que también se paga menos cotización a la seguridad social, o menos costes de despido si se tercia el caso.
Lo que se dice los coches se puede decir de las tarjetas de gastos de la empresa. Muchísimos directivos las usan para los gastos más variopintos, que muchas veces tienen poco que ver con la empresa. Y no me refiero a los cargos medios, quienes tienen los gastos controladísimos, si no a gerentes y directores.
Recuerdo en una empresa en la que trabajaba que un gerente entró por la puerta dando gritos diciendo: “Tengo 7.000 euros que tengo que justificar, así que conseguidme tickets de comida o lo que sea para que los pase”. Este caso es real, y no es una excepción, es la regla.
Otro caso que me llamó mucho la atención fue ver en las cuentas de gastos de las empresas, junto con las maquinarias y reformas, conceptos tales como “Apartamento en Torreblanca”. Esta es otro de las actividades habituales, el uso de las empresas familiares o unipersonales para evitar pagar el IVA, ya que a la empresa le devuelven el IVA gastado.
Podríamos hablar también de cómo se falsean ciertas cuentas de resultados para que los directivos cobren sus enormes primas y variables. La captación de clientes al precio que sea, la realización de operaciones perdiendo dinero o de alto riesgo. En la banca, uno de los principales problemas que hemos tenido ha sido que los directivos han hecho peligrosísimas operaciones para ganar sus primas y variables, provocando un riesgo altísimo en el sistema bancario que ha acabado por explotar.
¿Y si hablamos de los blindajes? Porque eso es otro clásico. Blindajes de cientos de miles o millones de euros que protegen a los altos directivos de cualquier eventualidad.
Muchos me diréis: “La empresa privada puede hacer lo que quiera, pero los políticos cobran del dinero de todos y es a quien hay que mirar”.
¡Cuidado!, este argumento es peligrosísimo por dos razones fundamentales. Primero, porque el pensamiento segregador entre una empresa privada y el ciudadano como algo independiente el uno del otro es un error: La economía está interconectada, y las actitudes generales de los grandes ejecutivos de la banca, las empresas eléctricas, las constructoras y otros sectores claves tienen consecuencias directas sobre la vida de la población. La ambición y los errores estratégicos acaban por afectarnos a todos de forma indirecta pero muy intensa. Eludir a las personas que trabajan en empresas privadas de responsabilidad más allá de su propio negocio nos ha traído enormes problemas, sólo hay que mirar a la banca.
Pero fundamentalmente este argumento es peligroso porque no se puede segregar a los políticos de la población en general. Los políticos son parte de la sociedad y son un reflejo de ella.
Seamos crudos. Si los políticos son corruptos es porque la sociedad es corrupta. Si los políticos solo quieren medrar y aprovecharse es porque la mayoría de la sociedad medra y se aprovecha en cuanto puede. Si los políticos mienten, es porque la sociedad tolera la mentira y probablemente también la use de forma general en su vida.
En una sociedad honesta, que respeta la legalidad, que es ética y moral, los políticos serán honestos y honrados. Pero en una sociedad deshonesta y aprovechada, los políticos serán iguales.
En este país la mayoría de personas solo piensan en si mismas, se aprovecha la mínima oportunidad para defraudar impuestos, los funcionarios públicos aprovechan sus cargos para obtener beneficios de las empresas con las que tienen trato, se intenta hacer la trampa en cuanto se puede bien sea a tu jefe, a tu empleado o a tu cliente.
En un país así, ¿De verdad esperamos tener políticos honestos, desinteresados y desprendidos? No seamos ilusos. Y no le pidamos a los representantes públicos que no hagan lo que nosotros hacemos, o lo que le aplaudimos al vecino cuando lo hace.
Berlusconi dijo que, en el fondo, los italianos querían ser como él, y realmente tenía razón. La mayoría de italianos querrían ser súper empresarios inmunes a la ley, millonarios excéntricos y perdonavidas y organizadores de orgías. Y por eso le votan.
Berlusconi no es más que el reflejo de los peores instintos de su sociedad, y nuestros políticos no son más que el reflejo de la nuestra.
No lo olvidemos: Cada país tiene al gobierno (y los políticos) que se merece. Y si no nos gustan, si queremos cambiarlos, quizá lo primero que debemos hacer es cambiar nosotros mismos como sociedad, poniendo cada uno nuestra alícuota parte para conseguir cambiar la mentalidad colectiva.

