LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

¿CUESTIÓN DE AUTORIDAD?

 

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La presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, propuso el otro día crear una ley autonómica para conceder autoridad a los profesores. Parece que se quiere conceder al profesor el estatus de autoridad legal, algo así como si fuese un policía o un juez, a quienes se les concede una autoridad extraordinaria y se pena especialmente a quien no la respeta.

Los profesores, generalmente, han recibido bien la noticia, pues esperan que esta mejore su situación. También el ministro José Blanco ha dicho estar de acuerdo con el fondo de las palabras de Aguirre, aunque no estaba seguro de que este proyecto de ley fuese el adecuado. Hasta el Rey de España, Juan Carlos de Borbón, ha reclamado un amplio consenso en materia de educación, sin saberse muy bien si lo ha dicho porque el gobierno se lo ha pedido, porque se le ha ocurrido a él, o es que simplemente ha dicho una serie de palabras vacías destinadas a la libre interpretación como suele.

 

Ante el consenso generalizado en principio podíamos pensar que no cabe discusión alguna, pero yo creo que sí es importante discutir esto, y mucho, puesto que podemos caer en unas inercias legales en materia educativa que pueden ser peligrosas.

Para empezar, lo que ha hecho Aguirre no es más que la técnica surfera de subirse a la ola de las preocupaciones sociales con el objetivo de ganar presencia pública y ponerse en la primera plana del debate público, paso previo para “botar” al Sr.Rajoy de su actual puesto y ponerse ella.

Las últimas semanas hemos oído como un catedrático ha propuesto volver al uniforme (hice un post sobre esto hace unos días), el defensor del pueblo aconsejaba volver a usar el usted en las aulas, y ahora esto. Se observa una clara tendencia a recuperar las buenas maneras perdidas, y por supuesto Aguirre se mueve como pez en el agua en este tipo de debates.

 

Pero el problema no es este. El problema es la simplicidad del debate, el axioma fácil. Tenemos violencia, falta de respeto y consumismo infantil; Antaño no lo había, por lo tanto hay que recuperar cosas del pasado para que las cosas vuelvan a ser como antes.

Esa manera de relacionar causa-consecuencia de esta manera tan simple me parece lógica para una persona de la calle, pero lamentable para un político. Pensar que el delincuente juvenil va a dejar de serlo por usar el usted, o que el consumismo se va a acabar entre los jóvenes por llevar uniforme cuando tienen un centenar de cosas más sobre las que consumir, me parece de un simplismo atroz.

 

La sociedad actual tiene un problema con la educación y con parte de la juventud. Hay demasiada frivolidad, demasiados niños que no valoran nada, demasiadas ganas de seguir modelos sociales de moda que son patéticos. Hay consumismo, excesivo egoísmo y otros problemas.

Pero la causa de estos problemas es multifactorial: Una cultura del dinero lamentable, padres que no tienen tiempo para estar con sus hijos, desinhibición de los progenitores en la educación de sus hijos volcando la responsabilidad exclusiva en el colegio, una sociedad egoísta, un modelo de televisión asqueroso (respaldado por las audiencias), etc.

 

Estos son los orígenes reales del problema y sólo se solucionará actuando sobre todos ellos, o por lo menos sobre la mayoría de ellos. Pero la sociedad, y los políticos, tienen la patética tendencia a buscar causas de cambio fácil para remediar males complicadísimos. A veces me recuerdan a estos curanderos que pretenden curar un cáncer con polvos uña de gato. Mucha gente, desesperada, se lo quiere creer, a pesar de saber que, objetivamente, esto es un fraude.

Políticos y generadores de opinión se empeñan en vendernos una poción mágica y nosotros, desesperados, se la compramos con la fe de que produzca un remedio milagroso que no puede producir.

 

Comentarios

Ufff, a mi miedo me da el Pérez Reverte. Bonito texto por cierto, en donde apunta con el dedo a todos, suelta algunas palabras malsonantes, pero decir no dice nada de nada. En mis pesadillas nos va asesisnando a todos con un gas letal que le sale de agujerillo de la barbilla. Y sobre lo de dar autoridad, pues vale, sí, es necesario y seguramente fue una cagada quitársela (no tengo muy claro quíen se la quitó ni cuál les van a devolver), pero es sólo un pasito que dado por sí mismo, tampoco garantiza nada. La autoridad principal a recuperar es la de los padres, aunque primero habrá que arrancarles la desfachatez de culpar a todos menos a sí mismos.

Es que a mi me dicen que ese texto es de Risto Mejide y me lo creo, salvo por lo de "...entre los que generacionalmente me incluyo." y porque en lugar de despreciar y hacer metáforas estúpidas constantemente, se recurre al desprecio y la descalificación constante con bastantes palabras de al menos 3 sílabas. Creo recordar que ese texto venía a responder a aquello de la ministra del "retraso histórico". Y como creo que lo que quería decir es que había retraso histórico de medios y en el reconocimiento de lo que es una buena educación y poseer una cultura media normalita (que ni lo uno ni lo otro se obtiene sólo de la escuela, sino queriendo tenerla, porque no es algo que no sirva para nada), creo que tenía razón. Saber y conocer es algo que no está muy bien visto en general. Y no está bien visto por la gente, no porque haya bajado en el hit parade, o los académicos hayan fracasado. A mi ya hace 30 años me decía "estudia, hijo, que hay que ser un hombre de provecho", o "si no apruebas, no encontrarás trabajo". De aprender en realidad no me dijeron anda jamás. Igual es que los valores ya se perdieron mucho antes. A mi me gustaría que alguien explicase qué tipo de autoridad falta, por qué falta y lo que va a solucionar, porque aún no se lo escuché ni leí a nadie. Ni a políticos ni a gente de la calle. Porque no creo que con sólo con legislación se arregle nada. Tampoco entiendo cuáles son esos valores que parecer ser que se han perdido, ni quienes son sus guardianes y por qué han parado y/o fracasado en su empeño. No me lo creo. Lo que ha cambiado (o no ha cambiado, según se vea) es la gente. Y la gente somos todos, políticos y gente de la calle. No somos razas o clases aparte. Echar culpas es muy fácil, responsabilizarse no. Claro, que estamos en un país en el que la promoción de la cultura es montar la noche en blanco (museos abiertos a las 2 de la madrugada, menuda gilipollez) o gastarse medio presupuesto municipal en contratar a la Pantoja o El Canto del Loco.

Hola, He hablado con algunas personas que me han comentado que entendían del texto que yo quería criticar la ley de Esperanza Aguirre en concreto como tesis del post. Quería comentar que la ley que pretende impulsar Esperanza Aguirre era sólo es nexo que me llevaba a la tesis principal: Que los políticos y en general toda la sociedad tendemos a soluciones simplistas para intentar solucionar complejísimos problemas que responden a una dinámica social de época y cultural. La ley que propone Aguirre no me parece mal, al contrario, puedo llegar a estar de acuerdo. Lo que me parece mal es esa manera de intentar aprovechar descontentos sociales e intentar hacer creer que con leyes así vas a llegar realmente a solucionar algo, cuando es un parche escasamente eficaz. Respecto a lo que comenta J de Pérez Reverté me ha sorprendido gratamente su opinión. A mi no me gusta Pérez Reverté. Creo que es una persona destructiva, que se sienta delante de un papel dispuesto a arrasar con todo lo que se ponga por en medio, usando su afilada lengua de manera, eso sí, muy elaborada. Creo que a los líderes de opinión se les debe exigir cierta positividad. Criticarlo todo es lo más fácil del mundo. Lo difícil es proponer cosas, apostar por cosas, intentar contener los instintos primarios. En una sociedad como la actual, que combina una mansedumbre increible ante ciertas cosas con una tendencia criticona insufrible que muchas veces linda con la ignorancia, creo que es más importante si cabe ser relativamente positivo y constructivo, sin perder nunca la crítica. Ese es el equilibrio que debemos exigir a un buen crítico y donde radica la virtud. Las posturas extremas son, en mi opinión, igualmente insufribles.

Ojalá yo supiera escribir algo como esto y tan claro. Es de Pérez Reverte, diciembre de 2007 (pero de la máxima actualidad) y publicado en xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_firma=5150&id_edicion=2687 Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas. Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones. Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo. Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Aquí hemos pasado, como dicen en mi pueblo, de Don Juan a juanillo. De una educación religiosa y represiva a lo que estamos viendo de veinte años para acá, en la que los profesores se ven maltratados, acosados, chantajeados, amenazados y agredidos por alumnos y padres de éstos. Yo estudié en la etapa franquista, en colegios religiosos donde estaba prohibido leer según que libros, donde te pegaban con una regla en la palma de la mano, donde te castigaban con los brazos de rodicllas con los brazos en cruz con varios libros mirando hacia la pared. Luego en el BUP y ya en la transisión y con la llegada de la Democracia dejó de existir ésto pero poco a poco ha ido degenerando en lo que hoy tenemos. Porque, una vez más, insisto en la misma opinión que he dejado antes por aquí en otras entradas sobre el tema: la culpa es de los padres. Unos padres acomplejados, porque como ellos han sufrido la educación represiva que han sufrido, se piensa que, aunque su niño no tenga educación y respeto hacia los demás y sea un chulo, un violento, va y se enfrenta al profesor como éstos días estamos viendo, un caso, otro más. Que los profesores necesitan urgentemente recuperar la autoridad sin llegar a los excesos del pasado, creo que es evidente y está claro. Dá igual que lo diga Esperanza Aguirre, Aznar, Pinochet o Hitler o su porcero, pero la razón sólo tiene un camino. Que Aguirre sea oportunista o no, eso no quita que esté cargada de razón. Si Charlton Heston era un ser despreciable políticamente por ser un fascista y presidir la Asociación Nacional del Rifle, eso no quita que fué un buen actor.

Estou de acuerdo con Jesus. Y repito lo que ya dije en otro comentario: no es una cuestión de recuperar normas o valores del pasado.

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