LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

DICTADURA FALLERA

http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/img/fallas.jpg 

Como cada inicio de Marzo en nuestra soleada ciudad, ha llegado la hora de las Fallas. Los más afortunados, poseedores de segundas propiedades no muy lejos de la capital, se exilian temporalmente con inusitada tranquilidad de la ciudad, antes de que llegue la vorágine. Para el resto llega el momento de disfrutar…o sufrir.

Las fallas en la ciudad de Valencia son una fiesta peculiar. Todas la fiestas patronales suponen una alteración en la vida de una ciudad, pero en el caso de Valencia no hay una alteración, lo que hay es una revolución a todos los niveles. Todo el entorno en el que sucede nuestra vida social se ve alterado. Las calles por las que circulamos están cortadas, los lugares donde aparcamos están ocupados, las zonas por las que paseamos están colapsadas por una invasión de chavales petarderos que actúan en régimen de impunidad, los exteriores de nuestras viviendas están sometidos cada noche a unos decibelios insoportables, que nos impiden dormir.  Además, podríamos hablar de los colapsos típicos de este tipo de fiestas, que impiden prácticamente cualquier visita a zonas céntricas de la ciudad. En fin, un auténtico “Estado de Guerra”.

Muchas asociaciones vecinales se quejan anualmente por esta situación, pero parece que están silenciadas ante la opinión pública. La única conquista de los vecinos fue el cierre de las verbenas callejeras a las 3 de la mañana, con lo que se consigue que el ruido cese a las 5 de la mañana, cuando se dispersa la gente, con lo que el honrado trabajador que se levanta a las 7 de la mañana consigue dormir un par de horas, ¡Gran conquista!

Esta situación se ha establecido como algo habitual e inevitable. El ayuntamiento de Valencia, gobernado por Rita Barberá, considera que la creación de una gran ciudad turística es la única prioridad de su gobierno. Por supuesto las Fallas juegan un papel clave en esta política. Que los ciudadanos vean su vida afectada de forma terrible (Recordemos que la gente trabaja estos días de fallas) es irrelevante para el consistorio, tanto en este caso como en cualquier otro. Cualquiera que se atreva a criticar la dictadura fallera será tildado de antivalenciano, y los sectores más radicales le acusarán de ser un agente a sueldo de Carod Rovira. Así pues, los valencianos capitalinos nos vemos obligados a aceptar que el caos, la guerra simulada, el frenesí constante y la destrucción de nuestro modo de vida es algo inevitable durante 15 días, y además, tenemos que aplaudir.

Aunque haya gente que piense así, hay otro modo de llevar las cosas. El la Xàtiva de Alfonso Rus, por ejemplo, no se pueden instalar carpas en las calles. Si los falleros quieren hacer fiesta, la deben hacer en el propio casal fallero, que debe estar insonorizado para no molestar a los vecinos. Los niños no pueden tirar petardos a los viandantes como en Valencia, puesto que les serían decomisados y sus padres advertidos. La verdad es que esto no se debe a un afán de protección de la vida del ciudadano, se debe básicamente a la voluntad personalísima de Alfonso Rus, al que no le gustan las Fallas. Alfonso Rus, personaje intermedio entre un cacique y un señor feudal, convierte su voluntad en ley. Las Fallas no, pero si hablamos de la Feria de Xàtiva, las cosas serían diferentes.

Espero que los 80 ó 100000 falleros que hay en Valencia se lo pasen bien estas fallas. Los otros 700000 nos aguantaremos, nos iremos o intentaremos llevarlo de la mejor manera posible, intentando aprovechar lo bueno que tiene la fiesta.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: