LA SUERTE SONRÍE A LOS AUDACES

MEMORIA HISTÓRICA

La decisión de juez Garzón parece haber abierto la caja de los truenos de la interminable confrontación de las viejas dos Españas. La derecha social y política presenta la decisión como la reapertura de las heridas de nuestro convulso pasado, presentando a quienes promueven y defienden esta decisión como agitadores que pretenden devolver el odio a las calles españolas. Sin embargo nada más lejos de la realidad.

Las heridas de la guerra civil en este país, nos guste o no, no están cerradas. Se realice o no se realice un proceso reparador de las víctimas y la memoria republicana, la confrontación ideológica entre las dos españas seguirá presente en nuestra sociedad durante más tiempo. Evidentemente no estamos hablando de una confrontación violenta, ni de las mismas dos Españas de hace 70 años. Se trata de una evolución a través de generaciones de las ideas que germinaron la división entre las dos Españas: Por un lado Catolicismo, unidad patria, orden y conservadurismo social; por otro, Laicismo, descentralización administrativa, libertades sociales y ruptura con la "tradición española". Estos dos modelos existen en España de mucho antes de los años 30, aunque fue en ese momento cuando alcanzaron su máximo grado de división al calor de las ideas totalitarias que recorrían Europa. Parece que irremediablemente estos dos bloques de ideas se mantienen en el tiempo, con aplicaciones diferentes y adaptadas a cada momento histórico, pero manteniendo sus "esencias". Las nuevas generaciones de españoles generalmente "heredan" una de las dos tradiciones, y se empeñan en mantener estas esencias, justificar las actuaciones de "los suyos" en el pasado y aceptar las proclamas de éstos en el presente.

Durante bastante tiempo he intentado buscar el porqué de esta situación, en la cual hay dos bloques monolíticos con poco drenaje generacional entra ambos. No es comparable a otras situaciones de países de nuestro entorno, dónde también existen dos bloques diferenciados, pero no se trata de una herencia histórica que parece marcar al ciudadano como ocurre en España. La situación española es especial, especial por muchas circunstancias que podrían dar para escribir un libro, pero creo que hay una de un gran peso, y esta es la ausencia de una versión "Oficial" de la guerra civil.

Quizá el lector se asuste al leer el término versión oficial, como si se tratase de algún tipo de totalitarismo ideológico que pretenda imponer una versión de estado sobre la historia. A pesar de que estos temores sean intelectualmente muy adecuados, entiéndase lo que quiero decir. Todos los países del mundo tienen una historia oficial. Los países más democráticos la tienen. Eso no quiere decir que se tenga que imponer de forma indiscutible, si no que en función de la ética y la filosofía que rige nuestra convivencia (que son los valores democráticos) se le de una perspectiva a la historia, analizando sus hechos, y judgándolos (permítanme la osadía).

Francia tiene una versión oficial de la historia. Durante la segunda guerra mundial la resistencia y las tropas del general De Gaule eran los defensores de los valores de la Francia republicana; mientras los colaboracionistas y el gobierno de Vichy eran los "malos". Que muchos miembros de la resistencia cometiesen crímenes, o que hubiesen muchas buenas personas entre los colaboracionistas no cambian el análisis general. Francia interpreta así su historia desde el prisma de sus valores actuales y, siempre que no se caiga en el maniqueísmo, me parece una posición acertada. Lo aplicable a Francia también lo puede ser a los EE.UU, con su guerra de secesión, a Italia, con los partisanos y la república social italiana, o a otros muchos países.

¿Que ocurre en España?. En España la versión oficial es "no hablo". No hay diferencia entre un defensor de la república o un sublevado. Nos escondemos detrás de que todos cometieron crímenes, y que ninguno tenia la razón absoluta. Cierto es que nadie tiene nunca la razón absoluta, y que hubieron crímenes en ambos bandos, pero esono puede llevar a la reducción absurda de que igual de aceptable (o rechazable) era defender la república o sublevarse contra ella.

Desde el punto de vista de los valores actuales, era en bando republicano quien tenía la legitimidad. Luchar por la república era lo correcto entonces, y así debe reconocerse actualmente. Y todo esto con todos los peros que se quiera. La condena a las patrullas de partidos políticos, sindicatos y grupos sin filiación clara que cometieron crímenes contra personas inocentes (o culpables, en este caso no importa), la feroz crítica a la actitud del PCE de aniquilación de otros grupos republicanos, las penas de muerte aceptadas por el gobierno republicano, etc. Todo esto debe ser contado, debe saberse y debe ser condenado; pero que las leyes y valores de la república eran parecidos a los actuales, y esto debe ser reconocido.

Como puntualización creo que también sería interesante dar a conocer a muchos personajes importantes de la derecha de entonces que, o bien fueron neutrales, o bien se declararon prorepublicanos, como Miguel Maura, Portela, Alcalá Zamora, Manuel de Irujo, Luís Lucía o Ángel Ossorio. Quizá sea necesario que este pais sepa que existió otra derecha, conservadora como la anterior, que estuvo formada por aquellos que nunca aceptaron militar al lado del odio, ni pervertir las libertades democráticas. Esta derecha debería ser el referente histórico de una derecha actual.

Si la actual investigación del juez Garzón llega a buen puerto no hay que tener miedo; al contrario, es un excelente momento para lavar todos los trapos sucios de la historia, ahora que no existe un ejército ni un búnquer franquista que lo hace imposible. Todos los muertos (de ambos bandos) deben ser identificados. La historia debe ser explicada como fue. Todos tenemos que aceptar que el abuelo igual luchó en el bando "malo", y que eso no nos convierte en peores personas. Tenemos que aceptar que la Iglesia Española fue criminal es esa época, igual que lo fue la FAI, por mucho que luchase nominalmente bajo la bandera de la república. Enfrentémonos con valentía a nuestro pasado, sin miedo a lo que se pueda encontrar, y de esta manera, quizá, por doloroso que sea, se pueda crear una convivencia mejor en el futuro.

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